ENTREVISTA


El plato fuerte del arte contemporáneo


Por Marianela Insúa Escalante.


El plato fuerte del arte contemporáneo 

Juliana Laffitte y Manuel Mendanha conforman el dúo más irreverente y talentoso del arte argentino: Mondongo. Sus obras, hechas de comida, hilos o plastilina, son un éxito en todo el mundo. Mientras exponen en el MAMBA, revelan algunos detalles de un trabajo soberbio.

La plastilina desparramada a lo largo y a lo ancho de quince paneles de tres metros de largo cada uno, y cuarenta y cinco metros de extensión en total, dibuja un paisaje del Delta del Paraná repleto de secretos. Lo bello, lo siniestro, la calma chicha de esos charcos, ramas y pastizales se aprecian en tres dimensiones que exceden el marco. Juliana Laffitte y Manuel Mendanha se sientan a charlar en medio de esa medialuna de colores emplazada en un salón del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (MAMBA) y dan ganas de preguntarles por cada centímetro cuadrado de semejante obra. Pero, no, mejor dejar algo de misterio.  

Lo que sí se sabe es que Mondongo son Juliana y Manuel (en sus comienzos, también formó parte la artista plástica Agustina Picasso), que son marido y mujer, que tienen una hija de 6 años que se llama Francisca, y que hace cuatro años partieron de vacaciones a Entre Ríos y allí descubrieron una fuente de inspiración maravillosa. Es Manuel quien cuenta parte del proceso: “Cuando decidimos que esta obra iba a ser realmente grande, empezamos a investigar la zona y nos enteramos de que había sido habitada por unos indios que se llamaban chanaes. La zona del Delta que comienza en Entre Ríos y termina en el Tigre es única en el mundo y está repleta de historias. Los chanaes eran caníbales, de los pocos que hubo en la Argentina”. 

“No obstante, lo interesante es que la gente interprete lo que le parezca, aunque todas nuestras cosas son parte de un proceso de investigación”, aclara Manuel, quien también dice que hay una gran cantidad de detalles que pensaron, probaron y no entraron. Pero hay un montón que sí; solo hay que estar más atentos. “Al ver verás”, decía el tema de Luis Alberto Spinetta, y de eso se trata Mondongo. “Nos equivocamos un montón de veces, tiramos a la basura muchísimos cuadros; esto es ensayo y error”, confiesa Manuel.

–Esta muestra se desprende de unas vacaciones en Entre Ríos. ¿En qué momento empezaron a pensar en la obra?
–Manuel: Los momentos de ocio son muy pequeños en nuestra vida y esto surgió en un pequeño momento de ocio cuando fuimos a este lugar y quedamos impactados con la geografía y las posibilidades alegóricas que tenía este paisaje. 
–Juliana: Lo encontramos con el tiempo, pero en ese primer viaje quedamos como fascinados después de haber estado tanto tiempo encerrados, porque no salíamos de vacaciones a otros lugares; solo lo hacíamos por trabajo, sin conexión con la naturaleza. 

Entonces, en ese primer viaje, quedamos impactados por la naturaleza y por la lejanía que habíamos tenido durante todos esos años, y sacamos un montón de fotos. Volvimos sin ninguna consciencia de que iba a ser una serie tan grande. Pensamos que iba a ser un cuadro.

–Manuel: Cuando uno empieza algo, está siempre como buscando un camino que te permita ahondar más profundamente. Por suerte, aquí se dio, ya que empezamos por una punta, que es como el retrato de una vida. Viste que comienza en una cárcava seca y tenés distintos pasajes en lugares más sombríos, más alegres, un lugar bucólico para relajarte hasta llegar al agua dulce que es la vera del río Uruguay. 

–¿Sienten que, a diferencia de tiempos pasados, los artistas modernos no miran tanto a la naturaleza para crear?
–Manuel: Sí, el paisaje es un género bastante olvidado dentro del arte contemporáneo. También nos parecía divertido revisitarlo desde una óptica contemporánea. Tratar de traer algo que se hizo durante toda la historia del arte y acercarlo a nuestra realidad, a la gente que vive en la actualidad. 
–Juliana: Tampoco la idea fue: “Rescatemos tal género que está en desuso”. Nos encontramos envueltos en esto que fue una experiencia de trabajo alucinante. Siempre lo cuento: yo tengo una relación con la pintura bastante tortuosa. No disfruto mucho pintando; sufro bastante. Esto, en cambio, me permitió disfrutar; fue uno de los motivos por los cuales se extendió tanto. 

–Este trabajo también es diferente de otras obras de Mondongo, ya que suelen trabajar mucho con humanos. 
–Manuel: Hay cosas que te llevan a otro tipo de reflexión… Hay una búsqueda de la belleza en los paisajes. 
–Juliana: Esa es una de las búsquedas básicas en cualquiera de nuestros proyectos. En el paisaje es más visible.

–¿Cómo es trabajar y buscar la perfección con materiales que nadie exploró antes, como en este caso la plastilina?
–Juliana: Hemos estado trabajando con la plastilina sin parar desde hace once años. Ya la tenemos incorporada. 
–Manuel: Alguien lo debe de haber trabajado antes que nosotros, pero creo que la técnica es lo esencial. En el arte  no solo es importante qué se dice, sino cómo. Cuando apareció el óleo en el Renacimiento flamenco, cambió la manera de ver la realidad. Y con el paso del tiempo, el uso indiscriminado que hicimos de la plastilina resignificó las cosas. 

La plastilina es como un óleo corpóreo, el cual te permite no solo pintar con pigmentos, sino también modelar y crear volumen; entonces, estamos buscando siempre un quiebre en el sistema de producción que permita generar un paso adelante. Por ejemplo, con la obra de las monedas fue muy complejo lograr que las monedas se sostuvieran, dar con el sistema para unirlas. Eso implicó un proceso de ensayo y error bastante arduo, y que duró mucho tiempo.

–Y lo fabuloso es que el resultado se aprecia inmediatamente cuando uno se para frente a la obra.
–Manuel: Trabajamos para que la pueda apreciar tanto la gente de la elite,  acostumbrada a ver arte, como los que no son tan entendidos. Una de las buenas pautas que tenemos es cuando los niños empiezan a sentir cosas, se paran enfrente, vuelven… Esa es una buena señal para nosotros.
  
–¿Y cómo se llevan trabajando juntos siendo marido y mujer?
–Manuel: Tantos años trabajando juntos indican que es productiva la unión. –Juliana: ¡El día a día te la regalo! 
–Manuel: En el proceso, además de nosotros, participa otra gente que nos ayuda. Tenemos un grupo de trabajo y esta serie es bastante inclusiva, ya que gente que no tiene tanta habilidad manual puede dejar pequeños recuerditos. Incluso, hay sectores donde pintó mi hija. La energía de toda esa gente que participó está. Le da una visión más caleidoscópica y es un poco lo que pasa con la naturaleza. 

–¿Han viajado mucho para exponer?
–Manuel: En general, cuando exponemos afuera, muchas veces ni viajamos; nos quedamos trabajando.
–Juliana: Lo paso muy mal en las exposiciones, no me gustan. 
–Manuel: Este tipo de trabajo exige estar encerrado trabajando casi todo el día. 

–Tienen una hija cuyo retrato también está expuesto en esta muestra. ¿Cómo se lleva con sus padres artistas?
–Juliana: Bien.?Tiene conflictos cuando viene la gente y ella quiere ser protagonista, pero le encanta todo esto.

–¿Cuánto les lleva hacer un retrato?
–Juliana: Según el material. Los de hilo los hacemos en etapas; algunos los dejamos reposando meses; otros, años. Los de hilo son muy densos, ya sea por la técnica ­­–se pega con un spray volátil que es tóxico– o por los tamaños. El de mi hija estuvo parado un año y medio hasta que lo terminamos. 
–Manuel: La serie del Paraná nos llevó cuatro años, mientras hacíamos otras.

–Hicieron muchos retratos por encargo. ¿Rechazaron algunos?
–Manuel: A muchos les dijimos que sí porque nos servía para poder vivir. 
–Juliana: Nosotros trabajábamos de otra cosa y a partir de eso pudimos empezar a vivir de los retratos por encargo durante varios años. 
–Manuel: Fue una etapa muy interesante porque nos permitió experimentar muchísimo con los materiales; casi todos nuestros retratos estaban hechos de cosas distintas. Cuando pudimos dejar de hacerlo, lo dejamos de hacer.

–Entre los retratos más importantes que hicieron, están los de los reyes de España, Juan Carlos y Sofía, y el de su hijo, el príncipe Felipe. La obra estuvo hecha toda de espejitos de colores…
–Manuel: Con los reyes de España invertimos el sistema colonial: cambiamos espejitos de colores por euros.

–¿Ellos tomaron conciencia de la ironía escondida en una obra hecha de espejitos de colores?
–Juliana: Tuvimos que escribir una carta explicativa con respecto al material utilizado y al concepto.

–¿Y les dijeron la verdad?
–Juliana: ¡No! Les dijimos una de las verdades que veíamos en torno de los reyes y que tenía que ver con que el pueblo los idolatraba en ese momento. Así que les dijimos que los retratos eran de espejo porque el pueblo se reflejaba en ellos, en esa imagen de adoración. Para muchísimos españoles, los reyes son como Mick Jagger, son estrellas de rock. Así que esa también era una verdad… 

Polémica en el museo 

Los Mondongo son exitosos en muchísimos países, pero ¿fueron rechazados en algún lugar por trabajar con comida en sus comienzos? Manuel lo niega y alega: “Es muy normal en otros países trabajar con materiales degradables, hacer obras efímeras. Donde más conflictos tuvimos fue en la Argentina, ya que nosotros aparecimos inmediatamente después de la crisis de 2001. Era un país en el que la mitad de la población estaba bajo la línea de la pobreza y se producía comida para doscientos millones de personas. 

Entonces, hacer obras suntuarias con alimentos hablaba un poco de lo que sucedía en el país. Incluso es más barato pintar con esos alimentos que pintar con óleos, que es carísimo”. “Fuimos muy criticados”, agrega Juliana. De todos modos, ese impacto inicial sirvió para que se fijaran en ellos, porque, como dice Manuel: “Fue controversial y era parte de la idea poner en el tapete una discusión”. Vaya que lo lograron.

En la variedad está la diversión 

Monedas, plastilina, hilos, comida, balas, cadenitas de oro, perlas… Casi no hay material ni objeto que los Mondongo no se hayan atrevido a probar en una obra. ¿Qué les falta? Manuel dice que lo que más le gustaría en el futuro es trabajar con acuarela y tinta china: “Estamos tratando de volver a los medios tradicionales. Queremos volver a las raíces, pero hay que ver cómo volvemos, porque seguramente volveremos transformados”. Juliana sí se da el lujo de soñar en grande y apuesta al más brillante de los metales preciosos. “A mí me gustaría trabajar con oro, que es un color único. 

Es el color del poder. Tuve una experiencia en Miami hace un par de años: iba caminando en el medio de los pasillos de la galería Basel y, de pronto, veo una cosa así como… ¡uf!... de poder y color. Era una vitrina de oro del artista contemporáneo Damien Hirst. Me impactó el poder del color, porque es único. Es magia”, describe.

La muestra de Mondongo se extenderá hasta agosto, todos los días, de 11.00 a 20.00, en el 1º y 2º piso del MAMBA (Av. San Juan 350, CABA).

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