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Psicodélica Star


Por Mariano Petrucci.


Psicodélica Star
En una época en la que no abundan las propuestas originales, Morbo y Mambo es una excepción a la regla. Su música, instrumental, ecléctica y con mucho swing, suena cada vez con más fuerza en el país y en el exterior. Conózcalos. No solo es cíclico, sino que también tiene una pizca de gatopardismo; esto es, cambiar algo… para que nada cambie. El ambiente del rock argentino lo sabe a la perfección: basta que se mueva una baldosa para que emerja una nueva banda parecida a tal, con aires a cual, o que emule a aquella otra…Por eso, encontrar, hoy, a alguien que se corra –un poco al menos– de los cánones preestablecidos puede tornarse una misión cuesta arriba. No obstante, siempre hay sorpresas. Y de las buenas. 

Un caso: Morbo y Mambo (MyM, a partir de ahora), un grupo fundado en 2006 –un tantito en Mar del Plata y otro en San Telmo–, que viene pisando fuerte tanto en los escenarios locales como en los internacionales (amén de una crítica especializada que cada vez se encariña más con ellos; para muestra basta un botón… o lo que publicó la Rolling Stone: “Dueños de una de las performances más poderosas de la actualidad, MyM se apoya en un gran conocimiento musical para crear un espacio sonoro donde hay mucho lugar para el vuelo, ejecutado con precisión quirúrgica”). 

Después de conquistar “La Feliz”, sus siete integrantes desembarcaron en Buenos Aires con la misma suerte y, como son de espíritu inquieto, llegaron con su talento a Uruguay y a Brasil, donde los recibieron con los brazos abiertos. Los meses recientes fueron ajetreados para su agenda: cerraron el II Festival de Jazz de Mar del Plata, hicieron una presentación en el Centro Cultural Konex y tocaron en los reductos más prestigiosos de Río de Janeiro (como La Fundiçao Progresso y el Circo Voador), en la Bienal de Sao Paulo y en un festival de música independiente donde se les sumó Oghene Kologbo, el guitarrista de Africa ‘70, la banda de la leyenda nigeriana Fela Kuti. 

Sin embargo, enumerar sus logros no alcanza. Porque el verdadero secreto de MyM radica en sus actuaciones “en vivo”, ya que su obra –esencialmente instrumental– es una invitación a los sentidos, como lo supieron hacer The Flaming Lips, Color Humano, Almendra u Os Mutantes. Es que asistir a uno de sus recitales es emprender un viaje atemporal, ecléctico y experimental, con paradas obligadas en el afrobeat (padre de este género, ¡oh casualidad!, Fela Kuti), el funk, el pop, el rock, el stoner, el reggae, el dub y un tantito de free-jazz (aunque renieguen de este último). 

En definitiva, mucho swing e improvisación –lo que hace que un tema puede extenderse durante tres o doce minutos, según la ocasión y las ganas lo dispongan–. Por lo tanto, la entrada viene con un seguro incluido: la imposibilidad de quedarse sentado en la butaca.  Así que si todavía no tuvo el gusto, anímese a la aventura original que proponen los hermanos Manuel (bajo) y Mateo Aguilar (batería), Fermín Echeveste (trompeta), Maxi Russo (trombón), Carla Flores (guitarras y voz), Mauro Alberelli (multiinstrumentista) y Fer Barrey (percusión). Ah, ¿por qué se llaman MyM? 

Manuel, que aunque toca el bajo es la voz cantante del grupo, lo explica con humor: “Supongamos que había dos personas entre nosotros: una con muchísimo morbo y otra con unos mambos terribles (risas). Así como esas dos palabras conjugan un sinfín de significados, diferentes para cada uno, lo mismo pasa con la música que hacemos”. 

–Si tuvieses que señalar una influencia en MyM, ¿cuál sería?
–Nos define el groove (N. de la R.: El término tiene varias acepciones; se refiere al swing, a la “sensación rítmica”, a la “incitación al movimiento”). Si tengo que ser más específico, cada uno es consciente de que aquel verano en el que nos juntamos a tocar, Bitches Brew (N. de la R.: Parte II: disco del trompetista estadounidense Miles Davis) marcó el humor del que partimos.



–¿Por qué “banda afrobeat”?
–Eso es por los ritmos por los que buceamos y por cómo empleamos los vientos, pero lo cierto es que somos extremadamente libres en cuanto a estilos: podemos movernos por el funk, el rock, el dub… o lo que dé. Es clave, por ejemplo, lo que estamos escuchando en ese momento. Si hay un disco nuevo que nos gusta, se nota directamente en los ensayos. En esta etapa, estamos empezando a usar una batería electrónica, buscando tamizar el sonido, para darles más preponderancia a la guitarra y a los sintetizadores. Sí, estamos más electrónicos.

–Manuel, ¿por qué le escapan a etiquetas como la del jazz? 
–Porque aunque nos valemos de él para componer, no queremos encasillarnos. Aspiramos a que cada uno le ponga el nombre que quiera a lo que hacemos. Ojo, que nos sentimos muy identificados con el jazz, pero en lo que respecta a la improvisación. El jazz está relacionado con la música académica, con el estudio y la técnica, y más de un jazzero, si nos viera agrupados dentro ese género, pensaría que somos medio chantas (risas).

Detrás del telón 

Se lo adelantamos: lo que resalta en MyM es la atmósfera que genera al prender el amplificador. De hecho, cuando grabaron su primer disco, lo hicieron en tan solo ¡dos días! Fue a la vieja usanza: en una sala grande, todos juntos a la vez, con piezas sabidas de “requetememoria”, pero otras resultado de puras zapadas. Una marca registrada de MyM. “Fue una experiencia increíble en la que tomamos muchos riesgos. Asumimos nuestras limitaciones una vez en el estudio, y eso nos hizo tomar decisiones profundas, como grabar a la banda en vivo. ¿Por qué? Porque como la misma canción nunca suena idéntica, dejamos elementos librados a ese instante en el que se aprieta ‘Rec’. Analizamos bastante las canciones, podamos las estructuras para no aburrir ni reiterar fórmulas ni caer en mesetas”, ahonda Manuel.

–¿En qué se inspiran para componer? 
–Es amplio el proceso. Muchas veces nos ponemos a tocar sin decir mucho ni darnos referencias, y pasamos un rato largo dándole vueltas a lo que surgió espontáneamente. En otras ocasiones, alguien tiene una idea y la probamos y la pulimos. Lo que tomamos en cuenta es que hay que estar mucho tiempo interpretando una misma base como para provocar el terreno en donde aparecen las melodías.

–¿La voz es solo un anexo en MyM? 
–Digamos que es una textura más. Tal vez, nuestras voces son los vientos. Pensamos que son ellos los que cantan. Pero le estamos dando más participación a la voz de Carla. 

–La puesta en escena, audiovisual cien por ciento, es fundamental para ustedes. ¿Cómo estructuran los shows?
–El plan es seguir una línea de intensidad en la que no debemos reincidir. A partir de allí, elegimos los temas, que encastran, como piezas, unas con otras. Por otra parte, estamos trabajando con uno o dos VJ (videojockey) que nos operan in situ. Para nosotros es muy importante lo que pasa en el aquí y ahora, lo que es irrepetible. Por eso, precisamos del VJ en el escenario, para que pueda vivenciar lo que sucede ahí arriba, aunque no haga sonido, sino imagen o luces.

–¿Los enorgullecen los elogios? 
–Está buenísimo que nos valoren, aunque intentamos guiarnos por el instinto, y la crítica personal es la más dura de todas, con lo cual siempre hay algo para mejorar o cambiar. Pero fue “groso” cuando Lucas Santtana (N. de la R.: Cantante, compositor y productor brasileño) afirmó que nuestros sonidos eran hermanos. Pasamos de conocerlo por sus álbumes a compartir escenario con él. ¡Y encima comentó eso! Nos emocionó. Es reconfortante el reconocimiento, y más si proviene de los colegas. 

–¿Sus sueños para el futuro?
–No dejar de viajar nunca con nuestra música. Nos interesa descubrir nuevos lugares, abrir nuestro público y esparcir el sonido por la mayor cantidad de destinos posibles. O sea, tender redes por todo el mundo. Y si de fantasear se trata, queremos hacer música para una película. Veremos qué pasa…


Más de MyM 

• Oriundos de Mar del Plata, desde 2008 están establecidos en San Telmo (CABA). Llegaron a vivir cuatro bajo el mismo techo. Ahora, solo dos conviven, aparte de Manuel y Carla que son pareja (bueno, Fermín vive en el mismo PH que ellos, a una casa de distancia).
• En la actualidad, comparten sala con sus amigos de Mompox y son habitués de un reducto alucinante donde tienen contacto con un sinfín de artistas, como La Fábrica. 
• Vida de músico argentino: si bien están dedicados cien por ciento a los avatares de la banda (giras incluidas), algunos de ellos tienen, paralelamente, trabajos fijos. Lo que allí ganan económicamentelo reinvierten en el grupo.
• Todo el material está disponible para ser escuchado y descargado gratuitamente –o al precio que cada usuario desee– desde su propio bandcamp (es una tienda de música on-line, además de ser una plataforma de lanzamiento y promoción para artistas independientes). 

Rock in Río 

Las puertas de Brasil se abrieron, en mayor medida, por la excelente relación que MyM entabló con Do Amor (también, claro, con Lucas Santtana). “Con ellos generamos un vínculo muy bueno. Su base rítmica es la de la Banda Cê, armada por Caetano Veloso con Pedro Sá para sus últimos discos de estudio. Aprovechando que Caetano venía al país, pudimos hacer un show juntos en marzo de 2010, a modo de after de los conciertos que dio Caetano en el Gran Rex. Fue un éxito y así Do Amor desembarcó y se hizo conocida en la Argentina. Luego los invitamos varias veces más, sacaron una edición nacional de su CD, y nos dieron una mano enorme para concretar nuestra primera visita a Brasil, en enero de 2011”, se enorgullece Manuel.

“Somos extremadamente libres en cuanto a estilos:?podemos movernos por el funk, el rock, el dub... o lo que dé. Es clave, por ejemplo, lo que estamos escuchando en ese momento. En esta etapa, estamos empezando a usar una batería electrónica, buscando tamizar el sonido, para darles más preponderancia a la guitarra y a los sintetizadores. Estamos más electrónicos”, dice Manuel.

Más información:

morboymambo.bandcamp.com

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