ENTREVISTA


“El éxito es ser feliz”


Por Mariano Petrucci.


“El éxito es ser feliz”
Con esta filosofía, Elena Roger triunfó en la Argentina y en los escenarios más emblemáticos del mundo. De gira por el país y mientras espera la llegada de su primer hijo, la cantante, actriz y bailarina repasa sus mejores personajes y su brillante presente.

Si la anécdota no es digna de aquellas personas que nacen con buena estrella o que están signadas por el destino… ¿qué sería estar “tocado por la varita mágica”, no? La cuestión es que era la tercera vez que concursaba en el recordado Feliz Domingo para quedarse con el tan ansiado viaje de egresados. Y el dicho lo dice: la tercera es la vencida. Ella, con 17 años, cantó y ganó su prenda –obvio–, lo que le permitió acceder al “cofre de la felicidad”. Sí, adivinó: tomó la llave correcta y lo abrió. Soldán saltó por los aires, con la musiquita de fondo (“tararará”, ¿se acuerda?), y vociferó: “¡Barracas viaja a Bariloche!”.

La variable azarosa llegó hasta ese punto. De ahí en más, todo fue a fuerza de talento, por supuesto, pero, asimismo, de perseverancia. De querer y, esencialmente, de creer. De creer que se puede empezar siendo una más del pueblo en el El jorobado de París 2 –bajo el ala de Pepe Cibrián Campoy– y terminar encabezando sobre las tablas de Londres (Evita y Piaf) y Broadway (otra vez con Evita). De creer que, alguna vez, podía alzarse con el prestigioso premio británico Laurence Olivier a la “Mejor Actriz en Obra Musical” (por la magistral recreación de la francesa Édith Piaf) o que podía convertirse, para sus compatriotas, en una embajadora, en un orgullo nacional. “Pasé por experiencias fuertes, difíciles, pero muy gratificantes.

Gracias por lo de orgullo nacional. ¿Realmente considerás que lo soy? Si se trata de hacer feliz a la gente, ¡allá vamos!”, exclama Elena, embarazadísima de… quién sabe. Junto a su pareja, el actor Mariano Torre, decidió enterarse del sexo del bebé en la mismísima sala de partos. “Suponemos que es un ser humano”, bromea, fiel a su exquisito sentido del humor.

Pese a esa revolución interna que, por primera vez, la cantante, actriz y bailarina de 38 años atraviesa puertas (panza) adentro, su agenda no se liberó ni un casillero. Recientemente, fue madrina de Iguazú en Concierto, el festival internacional de orquestas y coros infanto-juveniles, y ahora está de gira por la Argentina interpretando canciones clásicas, amén de las piezas de sus obras más emblemáticas. “Lo de Iguazú… fue muy intenso, lleno de emociones. Fue maravilloso ver a esos niños tratar a los instrumentos como si fueran sus mejores amigos. 

Es una experiencia que van a guardar consigo por el resto de sus vidas y estoy segura de que les servirá para los momentos más complejos. En cuanto al tour, lo bautizamos Tiempo Mariposa porque me pareció importante unir el concepto del show al hecho de que estoy embarazada y todo en mí se transforma y se seguirá transformando. Me siento como un capullo que lleva dentro a un pequeño ser que, pronto, será mariposa. Y la mariposa es fragilidad, fortaleza, muerte, vida, metamorfosis, cambios, libertad, reciclado, naturaleza… y todo esto está reflejado en los temas que hacemos”, cuenta?Elena, entusiasmada.

–Últimos años = sinfín de aplausos de los entendidos y del público. ¿Cómo es consagrarse, la sensación de “llegar”?
–Es que no creo que se llegue a ningún lado. El camino es infinito, las cosas van mutando y uno puede seguir jugando sin llegar a ningún lado. La vara se va subiendo y nunca se llega. Quizá se abandone, pero “llegar”… no.

Es la respuesta más cabal de alguien a quien nadie le regaló nada y que tuvo que soportar algún que otro mal trago, como el cantito “Al Colón, al Colón, a pasar el papelón”, que le dedicaba su hermano mayor cuando la bocharon en el ingreso para estudiar en el teatro más simbólico de estos pagos. 
Pero si algo no le faltaba a esa mujer que de niña se paseaba por su casa entonando óperas en italiano y que fue a aprender danzas a un club de Barracas motivada por sus padres, Ricardo y Mimí, era tesón. 

Pasó por los conservatorios Silvestri y Manuel de Falla, y concluyó su formación con maestros particulares. En 1995 fue el turno de El jorobado…, de hacer una versión de Drácula y de pasar por  otras compañías hasta encarnar su primer protagónico, en el 2000, en Los miserables. La hoja de ruta continuó con Fiebre de sábado por la noche, Jazz, swing, tap y Mina, che cosa sei?!?, intercalando, a la vez, participaciones en telenovelas, como El sodero de mi vida, Floricienta y Hombres de honor. Merece un párrafo aparte el homenaje a la italiana Mina Ana Mazzini. Por varios motivos: porque fue coautora del espectáculo y porque… que lo diga ella misma: “Fue la primera vez que vibré, como nunca, arriba de un escenario”. 

Pero, sobre todo, porque su amiga Ana Moll le entregó un DVD del espectáculo a Andrew Lloyd Webber (Jesucristo Superstar y Cats) para que analizara la posibilidad de que Elena se postulara para el personaje de Eva Perón. Resultado: se tuvo que mudar a Londres. “Hacer de Evita me demandó muchísima responsabilidad y así fue como me preparé: con gran seriedad y haciendo lo mejor que estaba a mi alcance para que en el exterior pudieran, a través mío, apreciar la personalidad de esta mujer y su relación con el pueblo, la alta sociedad y los militares”, acota. 

Todo es enseñanza

Piaf en Londres, con sus respectivas reposiciones en Buenos Aires y otra fallida en Madrid (la repercusión entre los españoles no fue la esperada), y el desembarco en Nueva York –una vez más en la piel de la “Santa de los descamisados” y codeándose con Ricky Martin en el papel del “Che”– pulieron su consolidación en el ambiente de las celebrities. 

El éxito y el fracaso son las dos caras de la misma moneda. “Siempre hay complicaciones, ya sea en un proyecto o en la vida misma. Pero no puedo mencionar ninguna en especial, porque, sea más o menos abordable, suele desaparecer para darle espacio a la calma. Lo de Piaf en España me enseñó que no hay fórmulas en el teatro. Estuvo bueno que pasara. A las dificultades hay que tomarlas como un juego y aprender de ellas. No es sencillo, claro, pero afrontar esa tarea es divertido. 

Todo pasa y hay que dejar fluir y soltar las cosas; es más sano que aferrarse a las ideas y renegar constantemente por lo que no salió como uno deseaba. El éxito es ser feliz. Es, justamente, correrse de lo que todos llaman éxito y vivir la vida como a uno le plazca y no como les gustaría a los demás que la vivas”, sostiene, clara y contundente. 

–¿Así tomás las críticas?
–No las leo, excepto que alguien me comente algo puntual. Y cuando lo hago, trato de ponerme en una postura neutral. Sean buenas o malas, no deja de ser la opinión de una persona que puede ser distinta de la mía. 

–¿Cómo te seduce un proyecto?
–Depende del momento de mi vida en el que me lo ofrezcan. Intento que me represente un desafío. Y otro requisito es que, de antemano, tengo que verme divirtiéndome con ese trabajo.

–Breve ping pong. ¿Una canción?
–Llegué a lugares de emoción totalmente nuevos para mí cuando ensayaba “Soñé un sueño”, de Los miserables.

–¿Y un estilo musical?
–El que más me armoniza y me alegra es el clásico. Voy a ser más específica: ¡Mozart me mata!

–¿Sos rigurosa con tu cuerpo y tu voz?
–Sí. Cuando tengo un trabajo diario y de gran exigencia, lo mejor que puedo hacer es no gritar, no hablar sin parar y dormir, por lo menos, ocho horas.

–Los chicos de Iguazú... estaban encantados con vos. ¿Qué les aconsejarías a quienes sueñan con ser artistas?
–Que si disfrutan del arte, y de cantar, bailar o actuar, lo hagan. Que crucen la barrera del miedo a que les vaya mal. ¡Eso ya es un éxito! Les recomendaría que estén ávidos de incorporar conocimiento y se llenen de arte por todos los costados. Que estudien, se entrenen, vayan a ver obras y que emprendan. 

–¿Tus próximos pasos?
–No lo sé aún. Quiero ver cómo me siento siendo madre y qué es lo mejor para hacer teniendo un bebé que cuidar. Pero me gustaría grabar el álbum de Tiempo Mariposa. ¡Seguro encuentro un lugarcito!

–¿Qué significa cantar?
–Tener voz, poder emitir sonidos, vibraciones… Es algo que todos deberíamos desarrollar en profundidad. El canto puede ser muy sanador y ocasionarnos mucha felicidad. Yo soy una afortunada de tener una profesión que tenga a la voz como uno de los medios de expresión, así como de poder subirme a un escenario y tener ese intercambio energético con mis compañeros y el público. La ilusión, la magia, todo ese mundo de imaginación y de increíbles sensaciones es, para mí, insuperable.

Y pensar que veinte años atrás, después del “cofre de la felicidad”, Soldán le preguntó: “¿Cantar es tu vocación real? Mirá que estás muy bien orientada”. Y ella, con cierto desdén, le contestó: “No sé, a lo mejor…”.  

Conciencia ecológica

“Siempre me hizo muy feliz conectarme con la naturaleza”, confiesa Elena. “Aprendí y me informé bastante cuando tenía 15 años y éramos, con mi hermana, parte de un grupo de la Fundación Vida Silvestre Argentina. Pero no hacía mucho, más allá de no usar aerosoles, no comprar pieles y no tirar papeles en la calle. De todas maneras, evidentemente, esto daba vueltas en mi cabeza. Si uno sabe que un producto es dañino para el medio ambiente o para los animales, no hay que consumirlo. 

Es muy simple: si no te parece bien que maten a palazos a las focas recién nacidas para sacarles las pieles, no las uses”, agrega quien es vegetariana y creó, junto a Mariano Torre, la Fundación Naturaleza Aplicada a la Tecnología (NAT), dedicada al estudio e implementación de tecnologías que permitan un sistema de vida autosustentable. “Ayudamos y fomentamos actividades orientadas a este tema. Quizá tuve que alejarme de todos para que me cayeran algunas fichas y desarrollar mi propia forma de vivir. Tenemos que ser conscientes de que cuando consumimos algo afectamos al planeta o apoyamos para que otros lo afecten. Hay cosas de supervivencia que no se pueden cambiar, pero hay muchas otras que uno puede modificar para aportar su granito de arena. Cada vez somos más”, se esperanza.

Una anécdota, en su propia voz

“Estábamos haciendo La fiaca con Diego Reinhold y en el final teníamos una pelea tremenda. Yo estaba enojada con él en la vida real y todavía no habíamos discutido el tema. Debía de ser que el problema estaba muy presente en mi mente porque en la mitad de la escena le dije ‘Diego’ en vez de ‘Néstor’, su personaje. Y él me respondió: ‘Marta, debés de estar muy enojada, ya que nunca me llamás por mi segundo nombre’. En ese momento lo quise matar, pero después nos reímos mucho”.

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