INVESTIGACION


¿Por qué a mí?


Por Ana Paula Queija.


¿Por qué a mí? 

Cada vez hay más casos de bullying; ocurren en los colegios, tanto en nivel primario como secundario, y sin distinción de sexo. Los chicos quedan marcados con una cicatriz que, cuando crecen, puede manifestarse en ansiedad social.

El niño es un pequeño salvaje, pero se espera que en la edad escolar sea más o menos civilizado”, escribió Anna Freud en la década del cuarenta, en su libro La guerra y los niños.  Si bien en la Argentina no existen estadísticas sobre la magnitud del problema, los especialistas afirman que en los últimos cinco años, los docentes se asombran cada vez más por la cantidad de casos de bullying. “Años atrás, este mal existía de algún modo y en hechos aislados, pero hoy se ha vuelto más común”, comentan los maestros, y agregan que los episodios son cada vez más violentos. 

Todos los niños se pelean y es frecuente naturalizar las cargadas entre chicos: ellos no cuentan con el filtro entrenado de los adultos para seleccionar palabras o ponerse en el lugar del otro. Todavía no han pasado por el proceso de sociabilización que los convierte idealmente en lo que una comunidad necesita para poder convivir. 
¿A qué llamamos bullying? “Bullying es la palabra inglesa para describir el acoso escolar, hostigamiento o matonaje. Se da tanto en niños como en adolescentes”, comenta Alicia Fagliano, directora del Departamento de Niñez y Adolescencia de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires (APdeBA). 

Por su parte, Elvira Giménez de Abad, orientadora familiar y directora de Coppsi (Centro Orientador Psicológico y Psicopedagógico Integral), explica que el bullying puede tomar varias formas iguales de dolorosas: “Dejar al chico de lado, no permitirle participar en las actividades grupales, criticar su forma de hablar, de vestir, sus gustos… hasta llegar a golpearlo. También pueden reírse de sus dificultades de aprendizaje, así como burlarse de él si es muy buen alumno. En otra época se decía ‘tomarlo de punto’”. 

Entender el problema

Las causas que han encontrado los profesionales son múltiples y se refieren tanto a fenómenos de índole social como individual. Estos últimos no excluyen a los anteriores. “Desde el punto de vista social, el bullying se relaciona con la creciente ‘naturalización’ de la violencia como una forma de lograr un ideal deseado de protagonismo social sin mirar los métodos para lograrlo, y sin comprometerse en esfuerzos o en trabajar para ello. Por otra parte, la tendencia cultural del ‘ya está’, inmersa en la aceleración, impide que los individuos puedan reflexionar y sentir”, explica la especialista en niños y adolescentes de APdeBA.

“Otro de los factores que influye es la pérdida de vínculos estrechos con los padres y las figuras de autoridad, quienes muchas veces dejan de ser modelos válidos de identificación”, dice, y agrega que la creciente falta de esperanza de las generaciones jóvenes de lograr un lugar social adquirido por medios legítimos, como el estudio y el trabajo, y la pérdida de confianza en el prójimo son también consecuencias de la vida posmoderna. En cuanto a los factores individuales de los protagonistas del bullying, Fagliano afirma: “El agresor, muchas veces sin llegar a presentar trastornos graves de personalidad o una enfermedad mental, carece de empatía –situación propia de la edad– para ponerse en el lugar del otro y, por ende, tiene deficiencias cognitivas que le impiden pensar acerca de las consecuencias de sus acciones.

Tiende a responsabilizar a los otros de sus propios actos”. Respecto del agredido, sostiene:“Suele ser estigmatizado por su modalidad de carácter, por tener algún tipo de inhibiciones o porque él mismo se siente diferente por algún ‘defecto’ que lo pone en desventaja frente a los demás y se cree merecedor del trato violento. Muchas veces acepta las agresiones desde el exterior porque esto se anuda con conflictos en su mundo interior. No olvidemos que la pubertad es una época de tremenda crisis donde el principio de realidad se encuentra arrasado por el empuje pulsional”, especifica. 

Elvira Giménez de Abad, quien escribió Chicos enchufados, agrega: “Los acosadores, sin duda, tienen pocos valores y carecen de límites precisos. Son los docentes los que deben prestar especial atención a la relación entre los chicos, al igual que a su tarea académica; deben estar atentos a estas situaciones para poder trabajar con los alumnos y revertir estas situaciones”.

Ciber bullying

Las redes sociales conectan a millones de personas las veinticuatro horas del día y se volvieron fundamentales en la vida cotidiana de todos. Laura Jurkowsy, que es directora del sitio web Reconectarse, un centro donde se tratan las adicciones y el uso de la tecnología, indica que son varios los riesgos de los menores con Internet: “Hacerse amigos de desconocidos con los potenciales peligros que esto conlleva, subir información personal, hablar de sexo, mandar o subir imágenes provocativas, compartir o revelar contraseñas con amigos, hacer clic en ventanas emergentes de publicidad que pueden llevar a sitios inapropiados para la edad, entretenerse con juegos violentos, navegar por páginas pornográficas y convertirse en tecnoadictos”. 

Un peligro que surgió en los últimos años es el ciber bullying, o el hostigamiento en el que se utilizan las tecnologías para humillar, ridiculizar, acosar o molestar a otras personas, en forma deliberada, repetitiva y hostil. “A diferencia del hostigamiento escolar, el afectado no se puede escapar, no tiene refugio y cuando llega a su casa el maltrato continúa digitalmente. Los chicos toman a alguien de punto y mandan mensajes de texto, hacen comentarios, suben fotos privadas, componen videos y los distribuyen on-line”, advierte Jurkowsky. 

Como consecuencia de esto, muchos chicos se sienten deprimidos, tristes, enojados y frustrados. “Al igual que en el bullying, las investigaciones muestran una relación entre el ciber bullying y la baja autoestima, problemas familiares, problemas académicos, violencia escolar y comportamientos delictivos”, explica la especialista. Según ella, hay que identificar los signos de alerta en el niño: “En general, ocurre un cambio en su comportamiento, como dejar de usar la compu o el celular, ponerse nervioso al recibir un mensaje, no querer ir al colegio o salir. 

Se lo puede notar enojado, nervioso o frustrado después de usar la compu. Puede evitar las charlas acerca de qué está haciendo con los dispositivos tecnológicos o aislarse de algún amigo. Un signo claro es cuando el chico cambia rápidamente la pantalla o cierra el programa que está utilizando cuando uno pasa cerca de él”. En esos casos, la especialista aconseja a los padres que los hagan sentir seguros y les transmitan contención. “Lo ideal es demostrarles con palabras y acciones que ambos quieren el mismo resultado y que el ciber bullying va a detenerse”, agrega.

Además, sugiere consensuar con el chico cómo encarar el tema en el colegio y con los padres de los chicos que lo están molestando. “Muchas veces es necesario hacer una consulta terapéutica, para ayudar al chico y a la familia a salir de la situación. Los padres deben educar a sus hijos mediante la palabra y con el ejemplo. El comportamiento virtual de los padres modela el comportamiento virtual de sus hijos”, concluye. 

Cargar con una situación traumática

Un estudio que publicó recientemente la revista JAMA Psychiatry saca a la luz que las personas que padecen acoso verbal o físico en la niñez luego presentan porcentajes considerablemente elevados de sufrir trastornos como pánico, agorafobia, depresión y personalidad antisocial. Para Fagliano: “La experiencia del bullying es sumamente angustiosa y puede considerarse dentro de la categoría de situación traumática intensa. El sufrimiento es insoportable y puede traer síntomas en la adultez”. 

Sin embargo, aclara que el riesgo está tanto en la víctima como en el acosador, al igual que en cualquier fenómeno que ocurre en los adolescentes tempranos. Los padres de los chicos que molestan también deberían estar atentos: “En todo acosador hay un germen de personalidad antisocial que puede generar desarrollos patológicos en el futuro”, concluye la especialista.

Los adultos y su rol fundamental

Los profesionales coinciden en que la única manera de prevenir y tratar el fenómeno del bullying es actuando sobre la familia y las instituciones educativas. “La escuela, los docentes y los padres no pueden quedar al margen porque eso los colocaría en un lugar de testigos silenciosos de estos hechos de violencia”, opina Fagliano, y detalla: “Ellos deben denunciarlos ante las autoridades escolares y asumir el rol de la autoridad poniendo límites, dando consignas claras y adoptando actitudes firmes pero no rígidas. Organizar grupos de reflexión de padres, maestros y alumnos suele ser un buen remedio”. 

Giménez de Abad, desde un enfoque similar, indica: “Es muy importante que los padres revisen el tipo de trato que tienen como familia, si son agresivos, si hacen bromas de mal gusto o si la descalificación es una forma de comunicarse. Un tono agresivo y un comentario de desvalorización generan angustia y dolor en los niños, quienes pueden volcar ese sufrimiento en el colegio, siendo acosadores o no pudiendo defenderse del acoso de los demás”.

Consejos para padres de un niño acosado* 

• Protegerlo de la agresión, anticiparse a situaciones de riesgo que pueda atravesar. Escucharlos y reflexionar acerca de los comportamientos y verbalizaciones adquiridas, de conductas  o palabras que puedan molestar a los demás.
•Aconsejarle que no muestre que se siente molesto. 
•Enseñarle respuestas verbales ante el acoso. Puede ser a través de una dramatización de las situaciones frecuentes en donde él actúe lo que le hacen. 
•Sugerirle que se mantenga alejado de sus acosadores y que no trate de agradarles.
•No intervenir hasta que el niño haya denunciado a los agresores en el colegio, ante sus docentes y los directivos.
•Jamás minimizar las cosas por las cuales el niño se queja, burlarse o reírse de ellas. 
*Por Elvira Giménez de Abad.

Ciber bullying: Consejos*

1. Hacerles preguntas como estas: ¿Alguna vez fuiste ofendido? ¿Cómo respondiste? ¿Alguna vez ofendiste vos? ¿Está bien reenviar un mensaje burlándose de alguien? ¿Por qué? ¿Con quién te sentirías cómodo para hablar de estas cosas?
2. Enseñarles a:
• No responder 
• Guardar mensajes o imágenes que pueden servir como pruebas 
• Bloquear al contacto 
• Hablar con el colegio y con los padres del hostigador 
• Los padres deben prestar atención a las actividades que realizan sus hijos por Internet y con los celulares.
3. Facebook. Trece años es la edad mínima legal para abrir un perfil, pero muchos chicos mienten su edad para abrir uno. Si a pesar de esto, el chico abre su perfil, el padre debe obligarlo a que lo acepte como amigo. Es muy importante que los padres controlen quiénes son los amigos de los chicos en las redes sociales, de la misma manera que lo hacen en la vida real.
*Por Laura Jurkowsky.


 

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