INVESTIGACION


Si puedo puedo


Por Revista Nueva.


Si puedo puedo
Puedes hacer todo lo que piensas que puedes, pero nunca más que eso”, dijo el poeta Edgar Guest. La cita abre el capítulo que pretende enseñar a programar la mente para el éxito en el libro Desafiando imposibles. 7 pasos para derribar obstáculos y alcanzar tus metas, de las autoras Verónica y Florencia de Andrés (madre e hija, respectivamente). Ambas entienden que la mejor manera de encarar los distintos desafíos que se presentan a lo largo de la vida –encontrar pareja, poner en marcha un proyecto, comprar una casa, mejorar las relaciones sociales, bajar de peso o hasta superar la pérdida de un ser querido– es poner en práctica el método que llaman “confianza total”, nombre del best seller que publicaron con anterioridad y las catapultó en la industria editorial. 

Es sencillo decirlo, ¿pero llevarlo a la práctica? Existen técnicas y estrategias para alcanzar nuestras metas, a fuerza de perseverancia, optimismo y pasión. Claves para lograrlo.  

En este caso, parten de la premisa de que todas las personas tienen recursos internos que podrían funcionar como una ayuda importante para alcanzar las metas, pero el problema –según las autoras– es que en la mayoría de los casos no se los aprovecha al máximo porque se desconoce que modificando actitudes mentales cambian los resultados externos. Ambas sostienen que las palabras crean realidades y que habría que prestar atención a aquello que se repite con frecuencia en el cerebro porque interfiere en la manera de experimentar todo lo que sucede en la vida. “Cuando nos repetimos a nosotros mismos ‘No puedo hacerlo’ es muy probable que nuestra mente encuentre todas las maneras posibles para llevarnos a realizar acciones que nos confirmen que, efectivamente, no podemos”, puede leerse en Desafiando imposibles. 

Toda persona tiene recursos internos que podrían funcionar como una ayuda importante para alcanzar las metas.?Hay que aprovecharlos al máximo.

Para las coaches (entrenan a personas o grupos para alcanzar sus objetivos, valiéndose de técnicas de neurociencias, medicina y management), detrás de las ambiciones frustradas se ocultan “creencias limitantes”. Un ejemplo sería: “Quiero adelgazar, pero no tengo tiempo de hacer ejercicio”. Así es como plantean que es necesario desarmar este tipo de pensamientos engañosos que obstaculizan la realización personal, para dedicarle tiempo a visualizar el deseo cumplido (enfocando los sentimientos hacia eso también). 

Otro consejo es no centrar todas las energías en mejorar las falencias que cada uno tiene porque, si bien se puede crecer, implica un desgaste excesivo. Madre e hija coinciden en que es más productivo esmerarse en explotar las áreas de fortaleza natural. Es decir, no hacer de la debilidad el centro de la preocupación. 
 
–Verónica, en el libro hablan de plantear estrategias para lograr objetivos. ¿Hay sueños o metas incorrectas?
–Nosotras no evaluamos los sueños y metas como correctos o incorrectos. Lo que sí creemos es que hay metas que están bien definidas y otras no tanto. Explicamos la diferencia entre una “buena idea” y una meta inteligente. Si alguien dice: “Quiero bajar de peso”, es una buena idea. Si en cambio lo plantea diciendo: “Quiero bajar 5 kilos antes del 31 de septiembre de 2013”, es un objetivo inteligente.

–¿Cualquier objetivo se puede alcanzar con solo proponérselo?
–No, no se trata solo de proponérselo. Nosotras no somos de las que piensan en fórmulas mágicas ni en recetas únicas. Creemos que para alcanzar metas y sueños hace falta contar con las estrategias personales adecuadas y saber cuándo echar mano de ellas. Depende, a la vez, del momento de la vida en el que uno se encuentre.

“Cuando las cosas no salen como esperábamos, solemos hacernos una pregunta muy común y poco efectiva:?‘¿Qué hice bien y qué hice mal?’.?Proponemos reemplazar el cuestionamiento:?‘¿Qué funcionó y qué no?’.?La primera pregunta habla de uno como persona; la segunda pone el foco en el resultado de mis acciones”.

–¿Cómo hacer para mantener el optimismo ante los nuevos emprendimientos cuando uno se choca con la realidad una y otra vez?
–Cada vez más las personas se enfrentan con desafíos económicos, laborales, familiares. Tal vez no podamos modificar la realidad externa, pero sí podemos hacerlo con la interna, que, paradójicamente, repercute en la externa. Si pensamos en personas que quizá se sientan frustradas porque su emprendimiento no funcionó, una estrategia podría ser “identificar lo que no funciona”. Cuando las cosas no salen como esperábamos, solemos hacernos una pregunta muy común y poco efectiva: “¿Qué hice bien y qué hice mal?”. Este interrogante puede dañar la confianza en nosotros mismos. Entonces, proponemos  reemplazar el cuestionamiento: “¿Qué funcionó y qué no?”. Parece un cambio sutil, pero es fundamental. La primera pregunta habla de uno como persona, lo que nos puede hacer enojar con nosotros mismos. En cambio, la segunda es una manera mucho más efectiva de analizar la realidad donde el foco del análisis no es mi persona, sino el resultado de cada una de mis acciones.

–¿Qué hacer cuando sentimos que nos falta suerte para alcanzar nuestros propósitos?
–La suerte no es un factor determinante en la consecución de una meta. Nosotras nos basamos en la regla de las diez mil horas. Es una investigación profunda que demostró que hasta las personas más talentosas y exitosas pasaron, al menos, diez mil horas trabajando en lo suyo antes de triunfar. No por conocido, el dicho de Picasso es menos cierto: “La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando”. Más claro...

–La línea que divide los pensamientos optimistas de mentirse a uno mismo y negar la realidad es muy delgada. ¿Cómo hacer para no pasarla?
–El optimista no es una persona que niega la realidad y se miente a sí mismo. El optimista es aquel que viendo la realidad se detiene a reflexionar: “¿Dónde estará la salida? ¿Cómo hicieron otros para sortear esta situación?”. Al plantearlo, el cerebro empieza a buscar la solución. El pesimista se queda en frases como “¿Por qué me pasa esto a mí?” o “¿Por qué siempre me pasa lo mismo?”. 

–¿Cómo saber cuándo es momento de dar marcha atrás y replantear la estrategia que se está utilizando?
–Hay que saber separar perseverancia de obstinación. Perseverar es no dejarse vencer por los primeros obstáculos que aparezcan, es seguir en movimiento incluso cuando los resultados tarden en aparecer y es darse cuenta de que hay objetivos que implican más dedicación que otros. Perseverar es estar atento y abierto a recibir el feedback que la vida o los demás nos dan. Obstinarse es accionar sin detenerse a reflexionar. Es perder contacto con la realidad y terminar en acciones desesperadas. La obstinación muchas veces nos lleva al autoengaño y a emprender acciones que creemos que son cambios de estrategia cuando, en rigor, son modificaciones para que nada cambie. La obstinación puede inducirnos al pensamiento mágico: “En algún momento alguien me va a descubrir”, “Ya llegará la ayuda”, “La situación ya cambiará”. La obstinación puede disfrazarse de perseverancia pero, en nuestro interior, somos conscientes de cuándo seguimos “buscando el queso donde ya no está”. Si no huimos de nosotros mismos, nos percataremos de cuándo es momento de dar un golpe de timón y cambiar, por fin, el rumbo.

–¿El trayecto tiene que ser placentero?
–El camino hacia las metas implica un denodado esfuerzo. No solo no será todo placentero, sino que es importante  saber de qué manera transformar crisis en oportunidades, sobreponerse a la frustración cuando las cosas no suceden tal como lo esperábamos. Uno comete muchos errores hasta alcanzar los objetivos. Es parte del aprendizaje. Los obstáculos son más fáciles de sobrellevar cuando tenemos en claro para qué estamos haciendo lo que hacemos. 

–¿Hay una predisposición natural hacia los pensamientos positivos o es algo que se puede ejercitar?
–La idea es tener como norte el ser positivos. No siempre se puede, pero hay ciertas formas de lograrlo: destacar lo que está bien, agradecer por lo que vamos logrando, agradecerles a las personas que colaboran con nosotros para que así sea, elegir todos los días una frase o una idea constructiva para poner en alguna de nuestras redes sociales… Todo eso hace que, de alguna manera, nos volvamos más positivos. Esto es como un búmeran: Todo lo que damos nos vuelve con creces, y eso aumenta nuestra autoestima. Y si estamos negativos, basta recordar un dato científico: Si nos regodeamos un minuto en un pensamiento negativo… ¡eso disminuye nuestra inmunología por seis horas! Por lo tanto, permanecer en la negatividad o buscar la salida es una elección que depende de nosotros.

Ejercicios que favorecen la lucidez, las respuestas certeras y la claridad de pensamiento

•Marcha lateral cruzada: Favorece la comunicación de los hemisferios del cerebro. Se trata de hacer un cruce: tocar la rodilla derecha con la mano izquierda y a la inversa. Se puede hacer de pie o sentados; los movimientos deben ser lentos y hay que repetirlo al menos diez veces. 
•Índice-meñique: Al principio puede resultar complicado. Se deben intercambiar simultáneamente los dedos índice y meñique de cada mano. Se levanta el índice de la mano derecha y al mismo tiempo el meñique de la izquierda. Luego se bajan los dos dedos y se realiza el ejercicio de manera invertida.  
•Reprogramar la mente a través de la visualización: Antes de salir de la cama, visualizar en detalle cómo deseamos que sea nuestro día. Lo mismo a la noche, pensando en el día siguiente.

“Uno comete muchos errores hasta alcanzar los objetivos. Es parte del aprendizaje y no será todo placentero. Los obstáculos son más fáciles de sobrellevar cuando tenemos en claro para qué estamos haciendo lo que hacemos”.


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