INVESTIGACION


Oda al optimismo


Por Revista Nueva.


Oda al optimismo
“Cualquier tiempo pasado fue peor y cualquier período del futuro será mejor”, dice el escritor español Eduardo Punset. En su último libro, defiende la importancia de los sentimientos en la toma de decisiones, el trabajo en equipo y el hecho de encontrar la verdadera pasión.

La cita con Eduardo Punset es en el LoiSuites de la porteña Recoleta, en su jardín de invierno donde domina un estilo ecléctico mediterráneo. Es un ambiente luminoso, con sillas y mesas de esterilla blanca, rodeado de distintos tipos de palmeras de la especie de las arecas, con distintas alturas y hojas palmadas colgando. En algún rincón, una trepadora puesta cerca de una cascada de agua evoca un aire tropical. El escenario del encuentro da una ilusión de ubicuidad, en coincidencia con la idea de universo planetario, de espacios y tiempos sin fronteras, presente en su más reciente libro –Viaje al optimismo. Las claves del futuro–, que el autor presentó en Buenos Aires.

Desde su punto de vista, cualquier situación puede remitirse a las conductas más lejanas: “Si hoy usted y yo podemos estar charlando aquí confortablemente tomando un té –dice– es porque algún antepasado suyo y mío de la época de las cavernas no quedó paralizado de miedo frente al ataque de una hiena, o un lobo hambriento; de alguna manera, los dos pudieron sobrevivir”. Los distintos eslabones en la cadena de coincidencias que él cita en su obra para explicar nuestra civilización son claves para entender su pensamiento.

–¿El título de su libro expresa un deseo suyo o cree que es una realidad?
–Creo que es muy difícil negar el optimismo. Hay un hecho muy sencillo e indiscutible: el aumento sostenido de la esperanza de vida desde 1840. Cada década, se ganan dos años y medio de vida. El resultado es que  pasamos de tener una esperanza de vida de no más de 30 años, lo cual implicaba no tener tiempo para nada salvo para elucubrar si había vida después de la muerte, a la situación presente, en que ¡hay vida antes de la muerte! Ahora, el promedio de vida es de 80 años. Es decir, ganamos tiempo de permanencia en este mundo, hecho que, de por sí, debería llenar de optimismo al planeta.
 
–¿Otro motivo de optimismo?
–Varios. Gracias a una serie de experimentos científicos, hoy llegamos a la conclusión de que nuestro poder o capacidad de invención es casi infinito, lo mismo que nuestra mente. La científica británica Eleonor Maccoby dirigió una importante investigación gracias a la cual, por azar, se supo que el hipotálamo –órgano cerebral de la memoria– de los taxistas de Londres tenía un volumen muchísimo mayor al del ciudadano promedio. ¿Cómo explicarlo? El esfuerzo que debían hacer esos taxistas para aprobar el examen endiablado que les iba a permitir conducir sus taxis por las calles londinenses hizo que el hipotálamo de cada uno de ellos aumentara su tamaño de modo considerable.  

–Eso probaría que el entrenamiento mental, así como el físico para desarrollar los bíceps, hace crecer la capacidad mental…
–Exacto. Y?el optimismo debería duplicarse si a este descubrimiento le añadimos otro logrado gracias a un estudio efectuado en la Universidad de Columbia por el psicólogo y neurólogo Walter Michel, acerca de cuándo los niños deberían ejercitar su capacidad emocional y social.

–¿Cómo es eso?
–La cuestión es que después de veintiséis años de estudio sobre el comportamiento de los niños –primero llevado a cabo con los propios hijos y después con los hijos de sus hijos–, este hombre concluyó que entre los 4 y los 10 años es cuando más fácilmente se pueden dominar los instintos primarios. Eso permitiría, en la adolescencia, dominar la oferta de distintos consumos perniciosos para la salud, como las drogas.

–Usted dice que en esta era les dimos lugar a las emociones, y que ahora que pueden expresarse, deberíamos aprender a gestionarlas. ¿Cómo?
–La intuición y la emoción ocupan un espacio muchísimo mayor en nuestro inconsciente que el pensamiento racional. La mayor parte de las decisiones que tomamos son fruto de los sentimientos, las emociones y la intuición. Para la gente esto es difícil de aceptar, pero es así. A través de investigaciones se comprobó científicamente la importancia del inconsciente: aceptar que los pensamientos están compuestos de estos rasgos es un paso fundamental. Esto no quiere decir que nos dejemos guiar por las intuiciones sin interpretarlas. Requieren cierto tratamiento para no cometer errores.  

–¿No descartar el lado emocional nos hace más libres?
–Cuando uno descubre que las intuiciones y las emociones son un componente mayoritario en la toma de decisiones, es un valor agregado para inculcar a las nuevas generaciones cuáles son las características de este aprendizaje social y emocional. Es nuestro deber como gente grande que atravesamos otros períodos señalar las diferencias de los tiempos. No es el pensamiento analítico y los cálculos fríos –despreciando los sentimientos– los que ayudarán a integrarse mejor a las demandas actuales. No son las competencias que nos sirvieron en la Revolución Industrial para encontrar trabajo las que hoy ayudan para lo mismo. En España hay una ignorancia absoluta acerca de estas competencias adecuadas a la sociedad imperante.

Una de las primeras reglas es que lo que importa no es tanto competir con el vecino, sino trabajar en equipo. Pero no tenemos idea de cómo se hace. La facultad de trabajar en conjunto es fundamental. Luego está la educación emocional, que apunta a salir del analfabetismo de los sentimientos para poder reconocerlos y saber cómo gestionarlos. ¿Para qué? Para lograr los objetivos que cada uno se proponga. Hay varias competencias que hoy en día ayudan a la integración y no se enseñan. 

–¿Cuáles serían?
–Las demandas instigadas por el sentimiento de empatía y de ayudar a los demás son mucho más importantes que las demandas instigadas por el egoísmo y la competencia. Reconocer las capacidades y requerimientos actuales, darles entidad, favorece el trabajo en equipo. Una vez les pregunté a mis nietas si les enseñaban estas cosas en el colegio y me dijeron:?“Abuelo, no tienen tiempo para eso, hay cosas más importantes”. A los jóvenes no se les enseña lo esencial, que es descubrir el elemento propio, aquello que hace vibrar a una persona… No importa cuánto se tarde en encontrarlo, pero hay que ayudar a encontrarlo, porque así la vida les será más sencilla y el trabajo no será un castigo, sino un motivo de alegría. Si los jóvenes conocieran ese elemento, tendrían medio camino asegurado. Luego, hay que enseñarles a gestionar esa pasión.

–El tiempo es otra de sus preocupaciones: nos acosan con los minutos, los segundos. ¡Es un apremio constante hacia ninguna parte!
–Vivimos acosados por un tiempo falso. No termino de entender por qué no hicimos caso a la idea del diseñador de computadoras Daniel Hillis, cuando propuso construir un reloj que hiciera tictac una sola vez al año, que sonara solo cada siglo y cuyo cucú apareciera únicamente cada milenio. Cuando no se tiene una idea pausada del tiempo, se vive dominado por el pesimismo o el optimismo en partes iguales. 

–Usted enfatiza sobre el optimismo…
–Solo cuando se contempla el pasado y el futuro en perspectiva, se comprende que cualquier tiempo pasado fue peor y que cualquier período del futuro será mejor. ¿Sabe por qué nuestra especie sobrevivió? Por la continuidad del optimismo, por entender que el futuro puede cambiar, mejorar el presente… Pero no todos lo entienden, en especial los que les temen a las transformaciones.

–¿En qué piensa? Deme un ejemplo.
–Un día le pregunté a uno de mis mejores alumnos a qué le tenía miedo. “A dejar de ser yo mismo”, me respondió. Él tenía miedo a cambiar, a flexibilizar su manera de sentir y de pensar.

–Quizá tenía miedo al rechazo…
–Lo contrario del amor no es el odio, sino el desprecio. Ser rechazado por la manada, la tribu a la que uno pertenece, ser echado de la cueva, es como el destierro: el peor castigo. 

–¿Usted a qué le tiene miedo?
–A mi edad, me quedan pocos temores. Hace poco me descubrieron un cáncer y tuve que operarme. Mis amigos me preguntaron si estaba preocupado, y les dije que para nada. Me operé y sigo mi vida normal. 

–En esa actitud influyó haber descubierto su “elemento” y desarrollarlo…
–Trato de mirar la vida desde la perspectiva infinita de una estrella: eso hace bien para equilibrar los sentimientos. De alguna manera, asimilamos el descubrimiento de Copérnico de que no tenemos domicilio fijo… 

Quién es Eduardo Punset

Académico multifacético, es el autor de divulgación científica con más lectores en España. También dirige Redes, programa que se emite desde hace quince años por TVE –Televisión Española– y que lo convirtió en un referente destacado de la comprensión popular de la ciencia. Por otra parte, fue ministro en la transición española durante el gobierno de Adolfo Suárez y, a la vez, consejero de Finanzas de la Generalitat con Josep Tarradellas. Con esa amplia gama de experiencias y conocimientos acumulados, su reflexión sobre el mundo actual exhibe la mirada global de un filósofo de nuestro tiempo.

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