INVESTIGACION


Z2 Generación Touch


Por Mariano Petrucci.


Z2 Generación Touch 

Nacieron entre 2003 y 2010, están conectados  full time e híper estimulados. Su forma de pensar y actuar está influenciada por la tecnología, y tienen más amigos virtuales que reales. Opinan, exigen y hasta enseñan. Radiografía de los hombres del mañana.  

Chiara conversaba con Victoria (ambas de 8 años) sobre su intranquilidad porque su mamá no encontraba los muñequitos que tanto anhelaba. Muy suelta de cuerpo, Vicky le contestó: “Lo mejor es comprarlo on-line. Siempre se consigue”. Chiara procedió, pero sin contarle a su mamá, que se enteró cuando el vendedor le envió un e-mail para confirmar la transacción. Nicolás (9) está súper empapado con la fluctuación del dólar. Cada tanto le pregunta a papá, Mariano: “¿A cuánto está el blue?”, para después explicárselo a sus amigos (amén de que, cuando puede, pide que le dolaricen su mesada). Y a los dieciocho meses, Martina exigió: “Mamá ame e aipa”. Con casi 2 años, llora e intenta manotear cualquier teléfono apenas lo divisa. Es consciente de que es un aparato con infinidad de posibilidades para entretenerse y conoce cómo desbloquearlo. Ella toca “a ver qué pasa”.

Victoria, Nicolás y Martina no son hermanos, pero tienen algo que los identifica: pertenecen a la Generación Z2 (GZ2); es decir, nacieron entre 2003 y 2010. Y no se trata solamente de una mera etiqueta y una estadística fría. El lugar común afirma que “los chicos no vienen como los de antes”: esto es mucho más que una frase. Opinan, se imponen, exigen y hasta enseñan. “La GZ2 será criada por padres X –son aquellos que nacieron entre los años setenta y los ochenta– con un estilo de mayor compromiso. Estos padres vivieron con más asiduidad procesos en los que, por ejemplo, la disolución familiar era aceptada socialmente. A eso se le deben sumar algunas nociones ‘heredadas’, como la ética del trabajo, las buenas costumbres y la recuperación ante las adversidades. Por eso, concluimos en una generación infantil que, gracias a una mayor cantidad de información accesible, será más tolerante, respetuosa y responsable. 

En contraste, los padres del baby boom (N. de la R.: término con el que se describen los altos índices de natalidad después de la Segunda Guerra Mundial) siempre estuvieron orientados a su carrera profesional y motivaron a sus hijos a ser exitosos, más allá de sus inclinaciones. Además, a medida que más mujeres hicieron pie en el mercado laboral apareció el sentido de la culpa, lo que hizo que muchos niños –no todos– fueran más consentidos”, aporta el licenciado Alejandro Mascó, autor del libro Entre generaciones: no te quedes afuera del futuro y socio de Oxford Partners, una empresa de Grupo RHUO. 

Seguramente escuchó hablar de los “nativos digitales”, familiarizados con chips y bytes. Bueno, lo que tiene correteando delante de usted es a uno de ellos. “Nacieron conectados a Internet, viendo dibujitos en YouTube o Netflix –a cualquier hora y sin tener que esperar el comienzo del programa de televisión–, y pasando imágenes a través de la pantalla de un teléfono inteligente. No esperan a que llegue un amigo de visita: lo miran por Skype. Muchos, con 3 años, ya utilizan las cámaras digitales y se sacan fotos que chequean en el momento. Tienen una experiencia totalmente distinta en comparación con los que somos ‘inmigrantes digitales’ –los de 30 para arriba–. Para ellos, lo virtual es una extensión del mundo físico: no hay contradicciones entre ambos mundos, sino una línea de continuidad armónica. Todo es ya, aquí y ahora, al instante”, asegura Hernán Botbol, director de la plataforma social Taringa!

No hay duda de que los niños del siglo XXI son diferentes de los de hace veinte o treinta años atrás –inclusive, diez–. Con la tecnología como punta de lanza (aunque no es la única pata de la mesa), atravesamos un cambio de paradigma infantil trascendental. “Esto implica que son muy curiosos y participativos; que no se quedan contemplando pasivamente lo que acontece. No temen probar y hacer para aprender. Están muy informados y saben un poco de todo. Cambian de tema o de foco a gran velocidad, lo que puede hacer mermar su capacidad de prestar atención: para ellos, un texto si no es breve es tedioso. Quieren ver todo y mucho, pero sin profundizar porque los aburre; son impacientes. Hablan de amor, sexualidad y dinero con soltura, y se agreden sin regularse por la mirada directa del prójimo. Son capaces de realizar varias actividades simultáneamente y se frustran cuando tienen que interrumpir algunos de sus quehaceres. Llevan a cabo una comunicación mediatizada y virtualizada, que los desinhibe para decir lo que jamás se animarían a comentar cara a cara”, destaca la licenciada María Zysman, que es directora de Libres de Bullying.

Lo que pone sobre el tapete la coordinadora del III Congreso Internacional sobre Conflictos y Violencia en las Escuelas es lo que los expertos bautizaron “Generación Touch”. “Los Z2 son producto de la hipermodernidad caracterizada por la hipercomunicación. Esta generación llevará consigo las huellas que les dejará la cultura y el entorno familiar, así como los procesos sociales y naturales, que serán menos ‘estables’ y más ‘líquidos’”, esgrime Mascó. Y prosigue: “Las tecnologías se volvieron mucho más intuitivas. Pensemos en el touch screen de cualquier smartphone o tablet: posibilitan que los movimientos físicos más comunes se repliquen en el plano virtual, lo que facilita la capacitación y el aprendizaje de su utilización”. 

Por su parte, Botbol es cauto respecto de ser muy drástico en cuanto a sostener que Internet o las consolas, por caso, reemplacen las formas más tradicionales de desandar la niñez. Lo que sí comparte es la idea de complejización de un estadio que se hace cada vez más corto. “Los  e-books no sustituyeron al libro de papel, ni Netflix desplazó el hecho de sacar una entrada para ir al cine. No hay que ser tan extremistas”, sugiere.

No todo lo que reluce…

Con menos de 3 años, Mateo ya le tomó el pulso a su mamá para almorzar o cenar. Le bastó empacarse un par de veces para descubrir la “fórmula” que le permite alimentarse mirando los dibujitos en la notebook. “No come si no le pongo un DVD”, se resigna Laura. El licenciado Alejandro Schujman se escandaliza con la anécdota. “Se da lo que llamo ‘fenómeno de la tiranía’: padres rehenes, hijos tiranos. Cuando los adultos no asumen su lugar desde una posición clara, firme y desde el amor responsable, los hijos comienzan con reclamos en pos de obtener lo que necesitan. Así, el vínculo se desnaturaliza. Hoy, la cabecera de la mesa la ocupa el plasma”, diagnostica el autor del libro Generación NI NI. Jóvenes sin proyectos que ni estudian ni trabajan y Es no porque yo lo digo; padres rehenes de hijos tiranos.

Zysman coincide en esto de avizorar en los Z2 cierta solvencia, por lo menos, preocupante: “Ellos creen que todo surge mágicamente, hasta sin esfuerzo. La plata ‘sale’ del cajero y nadie les aclara que antes tuvo que ser depositada y ganada con trabajo. Las familias entran en esta vorágine consumista para no quedarse desactualizados: si ‘todos lo tienen’, ¿por qué sus hijos serían diferentes? Hay una gran dificultad para mantener la ingenuidad de los chicos: desde pequeños los visten incluso como adolescentes y los ubican en ese lugar. No es de extrañarse que, luego, los niños actúen como tales. Esto les otorga cierto poder: el derecho a la rabieta, la exigencia constante y la permanente insatisfacción. En muchas familias son los chicos quienes deciden qué se compra o cuál será el destino de las vacaciones. Hay ítems que no pueden ser opinables… ni negociables”.

En esa “paridad”, emerge una polémica: la mimetización entre chicos y adultos. Cuando Paula le avisó a su hija de 8 años que se iría de viaje a Nueva York, la pequeña la sorprendió: “Dejame ver en la página de H&M qué hay para mí. ¡Qué bueno este jardinero de jean! ¡Siempre lo quise! Sale veinticinco dólares… baratito, ¿no má?”. “La GZ2 está comprando y desarrollando afinidad por las mismas marcas –muchas de las importantes ya tienen su versión ‘kids’– que sus padres”, señala el licenciado Mascó. 

No solo eso. La taba hasta puede darse vuelta. “Los niños terminan enseñando a sus padres cómo usar la computadora o cómo ser parte de una red social”, dice Botbol. Diego Noriega, Chief Representative y Co-Founder de alaMaula, ahonda en este concepto: “La Web estuvo al alcance de cincuenta millones de usuarios en solamente cuatro años, el iPod en tres y Facebook en dos. Los niños crecen en medio de esos avances. Los comprenden y los internalizan mucho mejor que nosotros”.

Tecnodependientes

Las organizaciones sin fines de lucro Joan Ganz Cooney Center y Sesame Workshop publicaron un informe en el que reflejaban que casi el 80% de los niños estadounidenses menores de 5 años navegan on-line diariamente (a la vez, pueden estar con la televisión prendida, lo que se puede denominar como consumo multitasking). 

Analicemos lo que ocurre por estos pagos. En la Argentina, según la Encuesta Nacional sobre Acceso y Uso de Tecnologías de la Informática y la Comunicación, el 40% de los hogares tiene una computadora con acceso a Internet y más del 85% posee celular. Y del Centro de Investigación para la Industria de Medios y Entretenimiento en Latinoamérica (Cimel) surge que un 35% de nuestros peques de entre 6 y 9 años cuenta con uno propio. ¿Qué es lo que hacen con ellos? Menos charlar… Según KidBox, entre sus prioridades está visitar sitios web, buscar juegos y videos. Para la aplicación de seguridad y entretenimiento para niños, ellos se pasan, en promedio, treinta minutos por día conectados. 

“Hay que considerar la dependencia extrema o los comportamientos adictivos con respecto al uso de dispositivos. Si un chico no puede estar desconectado o muestra signos de ansiedad y angustia por no poder hacerlo, estamos ante un problema. El riesgo es a qué contenidos acceden –y en qué etapa evolutiva– y qué hacen para procesar la información que incorporan. Muchas veces dialogo con chicos colmados de ‘pantallazos’, que ‘linkean’ en sus cabecitas datos inconexos que tal vez vieron en YouTube de manera atolondrada y solos, sin una guía que los auxilie. Dan por ciertas cosas no confiables, asimilan cuestiones tóxicas… Las ‘pantallas chupete’ dejan a los chicos solos. Entretenidos, pero solos”, sentencia Zysman.

Para Noriega, el rol de los padres es fundamental. Son los que tienen que acompañar, parar la oreja, poner límites y estimular el contacto con la naturaleza, los juegos al aire libre, las actividades artísticas… “Hay que combatir el modo ‘multiventana’, que los hace tener alta dispersión y ser menos eficientes. Lo que hay que intentar es que la tecnología aporte a la cotidianidad de los niños y no la perjudique”, aconseja Noriega. Botbol apela a la “educación digital”, con consejos como que la computadora se ubique en un espacio compartido del hogar. Eso sí, nunca debe encararse desde la prohibición: “Hay que enseñarles qué es el grooming –cuando un adulto quiere, deliberadamente, ganarse la amistad de un menor–, que hostigar a un compañero a través de Internet –‘ciberbullying’– tiene sus consecuencias, que detrás de un usuario de una red social hay una persona que hay que respetar, que es necesario cuidar la privacidad y tener claro qué mostrar y qué no…”.

Así y todo, la tecnología debe ser un aliado porque su injerencia es inevitable. “Hasta modificará la forma de pensar de los chicos. Las viejas generaciones fueron instruidas a través de los libros y programas que ponían el foco en el desarrollo secuencial –un capítulo atrás de otro, una bolilla en el examen oral–, mientras que para la GZ2, el aprendizaje virará hacia la simultaneidad –sincronía–, las multitareas y un enfoque panorámico de los temas”, cierra Mascó, quien augura muchos otros cambios para aquellos que nacieron a partir del año 2010: son la generación Alfa o los Google Kids. Pero eso será otra nota. 

Un guiño a la nostalgia

Lo que varió en la GZ2 es el nivel de conectividad. He visto a un niño en una consulta debido a un sobrehueso en la muñeca por usar la computadora… ¡más de doce horas diarias! La comunicación cara a cara es una especie en extinción, reemplazada por los mensajes de texto. La comunicación prevalece desde un lugar de “multitud”. Pero tras la máscara de la virtualidad y de tener el mundo en una consola, la esencia de la niñez no cambió. Cuando mis pacientes cuentan momentos maravillosos de sus vidas, escucho historias que tienen que ver con padres que armaron una barrilete con ellos, sabores que recuerdan la infancia… No recuerdo ningún relato del tipo de “La emoción me embargó cuando tomé contacto con el disco rígido externo que adquirí”. De hecho, yo recuerdo los mates de leche en la cocina de mi abuelo, las carreras de autitos en el pasillo de mi casa con mis amigos, el fútbol en la vereda… No había bytes en aquella época. Y aunque hubieran existido, no habrían podido con la intensidad de esas vivencias.
*Por el licenciado Alejandro Schujman.

Identikit de la GZ2 

•Marcada por: La guerra de Afganistán, la ejecución de Saddam Hussein, las revoluciones islámicas, el movimiento mundial de los Indignados en Europa, el brote de la gripe aviar o la porcina, el huracán Katrina, el tsunami en Asia, la crisis nuclear en Japón, los terremotos de Haití y Chile o el derrame de petróleo en el Golfo de México. 
•Compromiso ideológico: La vida política carece de importancia para ellos. Su juicio lo ejercerán a través de sus identidades on-line. 
•Preocupación: El medio ambiente.
•Configuración familiar: Familias ensambladas, mono/homoparentales.
•Personalidad: Optimistas.

Saber esperar* 

La “diferencia generacional” no la constatamos ya de padres a hijos, sino entre los mismos chicos, insertos en constelaciones distintas si nacieron en 1995 o en 2005. ¿Cuál es la diferencia? La relación con el tiempo. Lo instantáneo existe. Por lo tanto, es fundamental fomentar la espera. ¿Por qué? Porque, aun hoy, cuando los chicos piden Facebook a los 6 años y celular a los 7, la espera inaugura esa dimensión del tiempo sobre la que se basan la tolerancia, la flexibilidad, la creatividad. Incluso cuando a un chico que recién se levanta en su día libre le decimos que deberá esperar para encender la consola, lo que está implícito es hacerle captar que siempre habrá un desajuste entre su demanda y su satisfacción. Ellos exigen y toman posiciones más rápido que generaciones anteriores. Pero por más híper tiranos que sean, deben aprender que no saldarán todas sus demandas y, menos, cuando quieran. Ese es el desafío con los chicos made in siglo XXI. 
*Por la licenciada Adriana Martínez, psicoanalista y coordinadora asistencial de Fundación Buenos Aires.

La mimetización de los niños con los adultos puede tener, a veces, consecuencias indeseables. Por ejemplo, en el caso de los chicos que, lejos de padecer patologías, quieren operarse estéticamente. Según la Sociedad Española de Medicina Estética (SEME), se estima que alrededor de un 10% de los pacientes son menores de edad, con la foto en la mano para parecerse al ídolo de turno. El diario El País publicó que España es el país europeo que más intervenciones de este tipo registra, y es el tercero del mundo, detrás de los Estados Unidos y Brasil.

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