INVESTIGACION


Los idiomas lejos del aula


Por Tamara Smerling.


Los idiomas lejos del aula
Las escuelas y los institutos de idiomas proponen enseñar idiomas fuera del aula. Todo es válido, desde un grupo de teatro hasta cursos de gastronomía, pasando por un café literario o clases de canto.

Las escuelas y los institutos de idiomas buscan nuevas maneras de atraer a alumnos que quieran aprender otra lengua pero fuera del aula. En los últimos tiempos se crearon desde un grupo de teatro que realiza obras para alumnos que desean conocer la lengua de Roma hasta cursos de gastronomía donde, entre ollas y sartenes, solo se conversa en español o inglés, pasando por un café literario que propone leer y discutir obras clásicas y contemporáneas del francés, y clases de canto para mejorar la fonética y la pronunciación cadenciosa del portugués. Todos quieren lograr que los alumnos aprendan a decir yes, oui o sim lejos de un pupitre, un pizarrón y un docente del otro lado de un enorme escritorio.

En el Centro Universitario de Idiomas (CUI), que depende de la Universidad de Buenos Aires (UBA), hay alternativas para todos los idiomas, los dialectos y las lenguas. Las clases de fonética en portugués se hacen a través del canto, hay también un grupo de teatro que ensaya guiones en italiano y un ciclo de cine en francés. Otras alternativas son los denominados “clubes de conversación”, que se llevan a cabo fuera del aula para adquirir confianza y naturalidad en la lengua. El CUI es uno de los centros más importantes en Buenos Aires –y uno de los más grandes de América latina para estudiar idiomas–: solo por cuatrimestre, 20.000 alumnos pasan por sus aulas.

El director del CUI, Roberto Villarruel, dice que el abanico de alternativas aumentó de manera considerable a medida que los estudiantes se mostraban interesados en aprender otra lengua fuera de clase: “En los idiomas más tradicionales –inglés, francés, portugués e italiano– propusimos clases de teatro. También ofrecemos talleres de inglés temáticos, sobre problemáticas específicas, y los combinamos con visitas a las embajadas, empresas o centros culturales de cada uno de los países. En portugués, por ejemplo, continuamos con las clases de fonética y canto, además de proponer clases especiales de capoeira, teatro o música. La idea es aprender y pensar cuáles son las problemáticas culturales, las experiencias, la gastronomía de cada una de las naciones, para ofrecer alternativas a la hora de estudiarlas”. 

También continúan los ciclos de cine en todos los idiomas y se organizan visitas guiadas a museos y exposiciones, en inglés, francés o italiano, para aprender términos específicos del arte, la pintura o la fotografía en paseos por Buenos Aires. Este año, los talleres de comidas típicas para extranjeros fue otro de los éxitos del CUI: se organizó un curso donde a los alumnos que provenían de otros países se les enseñaba a preparar unos ricos tamales, un buen guiso de lentejas o las clásicas empanadas tucumanas mientras aprendían a decir “buen día”, “hola, ¿cómo estás?” o “muchas gracias”. “Los estudiantes aprenden sobre los ingredientes de cada comida, la historia de cada plato y su rol en nuestra cultura”, explica Villarruel. 

En el British Study Centres de Londres, en Inglaterra, se les ocurrió lo mismo. Una buena forma de enseñar el idioma es a través de la cocina ensayando algunas recetas sobre la hornalla. Se trata de un programa de veinte clases de inglés general y seis de gastronomía. Una de las responsables del programa, Jessica Black, comentó que la iniciativa llamó la atención de una gran cantidad de estudiantes –en su mayoría mujeres, pero también varones– de un sinfín de nacionalidades, que llegan para estudiar en la capital británica. Las respuestas de los estudiantes resultaron elocuentes. “Disfruté mucho de las clases y preparé unos platos deliciosos que nunca había hecho antes”, comentó una de las alumnas. 

Los bares, el teatro y la literatura

El grupo de teatro Quadramais trabaja su “proyecto pedagógico intercultural” como una herramienta más de apoyo para los profesores de español y portugués. Su director, Carlos Vega, dice que se trata de una iniciativa donde los estudiantes pueden practicar el idioma mientras actúan en una obra de teatro: “Frente al advenimiento de la enseñanza del portugués en los colegios secundarios de la Argentina, percibimos que era el momento para desarrollar una propuesta pedagógica diferente y que fuera usada por los profesores como herramienta de trabajo en el aula. Fue así como comenzamos el proyecto QM y lo presentamos en diferentes instituciones”. 

Vega propone que la historia de Brasil sea contada mediante una obra de teatro, y que luego se puedan trabajar en clase distintos conceptos y términos propios de la cultura y el idioma. “Nuestros países conocen muy poco de su propia historia. Por eso buscamos narrarla a través del teatro. Nos parece una experiencia fascinante y un gran desafío”, resume su director. Hasta ahora, propusieron tres obras de teatro a distintas escuelas: Marília, A Inconfidente O amor en busca da liberdade; Terra nova, aqui nasceu meu carnaval y 1808. O Império está aqui (basada en la llegada de la familia real portuguesa a Río de Janeiro). Para el año que viene tienen previsto comenzar a contar algunas historias de la Argentina pero en Brasil. 

En una propuesta más intimista, hace más de cinco años la profesora Natalia Massei le dio forma a un café literario, donde los alumnos reparten sus horas entre lecturas de las grandes obras clásicas y algunas contemporáneas del francés tomando un café: “El café literario en francés surge de una combinación de deseos y motivaciones: por una parte, mi necesidad de alternar la enseñanza tradicional del francés con otras dinámicas, otros materiales, otros espacios, y, por la otra, mi afición a la literatura y el deseo de generar espacios y tiempos de lectura, en este caso, compartida”, dice la docente. Natalia Massei reconoce que, desde el punto de vista pedagógico, advirtió que no existen ámbitos donde el idioma se aborde desde una perspectiva que no sea el estudio o la práctica de la lengua tradicional. 

“En el caso del taller, hay una doble relación con el idioma: la lengua es el medio para acceder a los textos en idioma original y, a la vez, un espacio para consolidar la práctica de esa lengua en quienes desean profundizar su dominio”. En su café literario se reúnen estudiantes avanzados de francés, amantes de la lectura –que manejan el idioma y, además, desean seguir ejercitándolo–, y algunas personas que vivieron en países donde se habla esa lengua y temen perder el contacto cotidiano y olvidar las palabras: “El público es variado y los intereses son diversos, lo cual enriquece el espacio”. La docente, por último, comenta: “Después de la experiencia de estos cincos años de taller, el interés de un curso con estas características, en lo que respecta a la enseñanza de lenguas, es la práctica y el uso integral de la lengua con otro fin que no sea exclusivamente el de aprender el idioma. Esto significa que hay un objetivo funcional auténtico; en este caso, acceder a un libro en su idioma original mientras se comparte esa lectura con otros”. 

La música de las ciudades

En la Alianza Francesa de Buenos Aires existen una gran cantidad de propuestas con cursos temáticos, que pueden ser presenciales o a distancia. Uno está dedicado al tango: se puede bailar el dos por cuatro mientras aprendemos algunos de los trucos del francés. También hay cursos destinados a niños pequeños (de 4 a 6 años, a través de un espacio de juegos con canciones, bailes y títeres), chicos (de 7 a 11 años, también con actividades lúdicas), preadolescentes (de 11 a 13 años) y adolescentes (de 13 a 16 años) con trabajos y competencias también propias para la edad. El director de cursos de la Alianza, Bruno Lopisteguy, explica que este tipo de iniciativas proponen un sistema de juego donde los estudiantes aprenden la lengua casi sin darse cuenta. “Más allá de los cursos regulares –que son más de 236– en la Alianza Francesa ofrecemos alrededor de ochenta talleres anuales, que van de abril a noviembre. En algunos trabajamos temáticas relacionadas con la literatura, el teatro, la música o las ciudades”. 

En el coro de música, donde los alumnos entonan canciones en francés, se logra la expresión de un modo más desenfadado que en una clase tradicional, lo que permite repetir más fácilmente la pronunciación, la dicción, la fonética. “Lo que llamamos también ‘la música de esa lengua’”, explica, apasionado, el docente. “Además, contamos con un taller sobre los barrios de París, en el que estudiamos la historia de la ciudad a través de los edificios más emblemáticos, las estaciones de subterráneo, los puentes, las esculturas, las calles y las avenidas, los jardines o sus plazas. En teatro, se trabaja a partir de creaciones originales de los alumnos, o bien sobre adaptaciones de obras clásicas. También contamos con talleres sobre vinos, donde aprendemos acerca de las uvas que se cosechan en las diferentes regiones de Francia. Ahora que lo pienso, hasta podríamos hacer un taller sobre degustaciones de esos vinos, en el bistró de la Alianza Francesa”, concluye Lopisteguy, riendo. 



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