ACTUALIDAD


Cuna de lo cool titulo


Por Victoria Pérez Zabala.


Cuna de lo cool 
Eso es Williamsburg, el barrio semiindustrial de Brooklyn que se transformó en un reducto de tendencias, donde mandan los hipsters y lo vintage. Péguese una vuelta.

Si durante un viaje a la vibrante y enloquecida Manhattan uno necesita bajar un par de decibeles, alejarse del continuo bocinazo de los camiones de bomberos neoyorquinos o del consumo frenético que tienta desde cada una de las logradas y tentadoras vidrieras de la Quinta Avenida, el lugar para hacerlo es Williamsburg.

Son solo unos minutos arriba del subte, unas pocas paradas, pero la diferencia es palpable. Al emerger a la superficie, uno percibe no solo que la arquitectura es diferente (más abierta por sus construcciones bajas), sino que el aire es distinto. Ahora estamos en Brooklyn, donde el ritmo con el que la gente camina y vive es más acompasado y placentero. En Williamsburg, adonde se llega tomando la línea L del subte que sale desde el Downtown neoyorquino, se respira.

Los negocios que amontonan discos de vinilo y ropa vintage, y los bares y cafés que se extienden sobre su avenida principal, caracterizan a este destino turístico, que atrae a los cazadores de tendencias. Es que aquí, donde tiempo atrás había solo almacenes portuarios y cervecerías, está “lo nuevo”. Aquí, donde antes únicamente funcionaban astilleros, nace “lo cool”. ¿Un nuevo Soho??Quién sabe...

Mientras uno camina por la avenida Bedford, el corazón de Williamsburg, puede absorber toda la moda que visten los hipsters, término que se utilizó por primera vez en 1940 para señalar a los aficionados al jazz y, hoy, se recicla para aquellos jóvenes de fuerte inclinación musical que prestan una atención casi obsesiva a su estética, y que defienden una cultura alejada de los estilos predominantes y cercana a la vida alternativa.

De hecho, dicen que Williamsburg es la capital de los hipsters. Aquí los vemos en cada esquina. Se observan pantalones chupines en casi todos los hombres y prendas de tiempos pasados en cuerpos de mujeres jóvenes. En esta comunidad bohemia y chic, se adora lo usado, se compra vintage.

El color negro es el que manda y oscurece la mayoría de las remeras, solo alterado por los tatuajes, grandes y coloridos, que se ven en la mayoría de los brazos y escotes de quienes caminan por estas callecitas tan cautivantes.

“Do It Yourself” 

“Hacelo vos mismo”. En este barrio semiindustrial de Brooklyn, convertido en enclave artístico, ese es el espíritu predominante, que se refleja en organizaciones creativas de aspiración artística tan innovadoras como la llamada “3rd Ward”. 

En los últimos años, el desembarco masivo de la bohemia, con los músicos, artistas y escultores que avizoraban en Williamsburg un nido poco explotado y una oportunidad única para crear con mayor libertad, trajo de la mano la apertura de nuevas galerías de arte, bares, boutiques y restaurantes. A la vez, esta revitalización del barrio llevó a un encarecimiento del costo de vida, por lo que es común escuchar a algún vecino de antaño quejarse por los elevados precios.

Aquí se concentran también recitales grandes y chicos, de artistas reconocidos o de aquellos que aspiran a serlo. Basta una rápida mirada a la guía cultural por excelencia, la revista Time Out, para confirmar la sospecha: ahora, un gran puñado de los mejores shows los ofrece Williamsburg. Los lugares clave para ser parte de la dinámica escena musical del barrio son Music Hall Of Williamsburg, Pete’s Candy Store y Knitting Factory.
Vale la pena acercarse a Williamsburg Waterfront para disfrutar de una inmejorable vista al East River mientras se escucha a una de las bandas de indie rock que suelen acompañar los atardeceres. Si el clima acompaña la visita, se puede hacer una parada en Berry Park, un salón que cuenta con un deck donde se puede saborear alguna de las más de quince variedades de cerveza que ofrecen allí.

Uno de los lugares más atractivos para hacer una visita gastronómica es el restaurante Julliette, con una terraza tenuemente iluminada que invita a comer al aire libre. La sugerencia del mozo, un sándwich vegetariano, no defrauda y permite continuar con el paso ligero para seguir descubriendo Williamsburg.
Para los amantes de los vinilos, “el” local es Earwax Records,  provisto de una amplia y cuidada colección de discos y CD. En cambio, si la velada exige una buena película, se puede terminar la visita en el Nitehawk Cinema, donde estrenan largometrajes independientes.

En bici, mejor 

Muy cerca de la zona neurálgica de Williamsburg y su avenida madre, siguiendo la pista de una decena de bicicletas (el transporte por excelencia de los hipsters), llegamos al McCarren Park, una zona de frondosos árboles y bancos amigables, donde se juegan interminables partidos de béisbol, basquetbol, handball y fútbol, entre otros deportes.
Cuando en la avenida Bedford se esconde el sol, muchas actividades comienzan. Sobre esta calle repleta de bares, cafés y negocios donde se venden perfumes artesanales, juguetes sexuales y ropa usada, hay varias puertas que se abren gratuitamente.
Una de ellas invita a una muestra de arte en la que se exponen mapas imaginarios; otra conduce a un salón oscuro donde un haz de luz ilumina a una joven que rasguea una guitarra y entona canciones folk compuestas por la canadiense Joni Mitchell.

A las once de la noche, uno avanza por la iluminada avenida esquivando grupos de jóvenes artistas. Algunos deambulan con sus guitarras al hombro; otros, con sus platillos de batería en las espaldas. Pero ya debemos regresar al hotel del Midtown de Manhattan y nos despedimos de Williamsburg, donde el arte se respira en cada esquina y en todas sus formas.

Tierra de oportunidades

A fines del siglo XIX, Williamsburg recibía barcos atestados de inmigrantes procedentes de diversos rincones del mundo (por ejemplo, Al Capone nació por estos pagos). Por esa razón, hoy es común toparse con puertorriqueños, dominicanos, polacos, afroamericanos e italianos, amén de los judíos ortodoxos que, en la actualidad, siguen manteniéndose fieles a sus costumbres: hablan yiddish, lucen sus típicos atuendos y atienden sus negocios con productos kosher.

Imperdibles de Williamsburg 

*La vista de Manhattan desde sus parques a orillas del río (recomendación: picnic en el East River).
*Sus graffiti.
*Sus exposiciones y galerías de arte.
*Sus recitales.
*Sus anticuarios.
*¡No deje de hacer paseos en bicicleta!
*Son muy conocidas sus ferias gastronómicas de los sábados, con productos agrícolas, como la de Smogasburg.
*Los domingos se organizan mercados de pulgas, como el Brooklyn Flea, donde uno puede encontrar artículos vintage, productos artesanales, velas, jabones, indumentaria, muebles antiguos, objetos de decoración y bicicletas. 
*La cervecería Brooklyn Brewery.
*Bar Berry Park: ideal para fanáticos de Los Simpsons. Hay juegos sobre la serie animada. El ganador se lleva una caja de donuts.


nueva, todos los domingos con:


El Norte La Capital Nuevo Diario El Día La Gaceta Rio Negro Primera Edición Uno - Mendoza Uno - Entre Ríos Uno - Santa Fe Diario Norte Puntal - Córdoba La Nueva Diario Democracia El Independiente Diario Norte