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Hijos confiados y motivados


Por Daniela Calabró.


Hijos confiados y motivados
La palabra “educar” es muy amplia e incluye acompañar a los hijos en el camino hacia una autoestima sólida que les permita confiar en sí mismos, tener motivaciones y desenvolverse con seguridad. ¿Cómo lograrlo en los tiempos que corren?

Los canguros nacen luego de un mes de haber sido concebidos. Sin pelaje y con los ojos y los oídos aún en desarrollo, trepan hasta alojarse en un cómodo bolsillo (llamado “marsupio”) que las mamás canguro llevan en su vientre. Es que, claro, todavía no están preparados para salir a la vida. 

Quizá sea por esta historia que Maritchu Seitún, licenciada en Psicología y autora del libro Criar hijos motivados, confiados y seguros, haya elegido ilustrar su texto con canguros (diseñados nada más y nada menos que por su propia hija). Es que las mamás humanas, según explica la especialista, generamos un marsupio virtual, en donde cobijamos y cuidamos a nuestros hijos desde muy cerquita durante su etapa de mayor indefensión. 

“Este período dura unos nueve meses, es como un segundo embarazo que culmina cuando el bebé empieza a desplazarse y puede alejarse de la madre y volver a acercarse cuando lo desea”, introduce Seitún, en su libro, y agrega: “Esa etapa no termina en ese momento, ya que nuestros cachorros humanos siguen dependiendo de sus padres por largos años, en los que debemos no solo atender a sus necesidades básicas, sino también acompañarlos en ese convertirse en personas adultas, independientes, autoportantes, con una autoestima adecuada y con confianza y esperanza en el mundo, en la vida y en la gente”. He aquí, el quid de la cuestión. ¿Cómo se crían niños seguros de sí mismos que puedan enfrentarse al mundo airosamente?

“Si tuviera que nombrar un solo factor para la autoestima de los chicos sería el amor incondicional de sus padres. Los niños necesitan nuestra mirada enamorada. Con ella crece la imagen de sí mismos, su confianza de seres valiosos y de que el mundo los va a recibir amorosamente. Esto, de ninguna manera, implica dejarlos hacer todo lo que quieran. Es tarea de los padres impedir la mala conducta cuando son chiquitos, de modo que vayan armando su propia conciencia moral y puedan ir autorregulando su conducta”, asegura. 

–En tu libro hablás de que los padres buenos son, en realidad, padres malos. ¿Qué querés decir? 
–Que una de nuestras tareas como buenos padres es poner límites, es decir, ser “malos”. Padres buenos son padres que, sin enojarse, logran ser obedecidos mientras sus hijos sí se enojan con ellos. Esta es la mejor ecuación para una autoestima sólida en los hijos. Pero en esta tarea no hay que dejar de lado el amor incondicional que nombraba antes, porque él es el que nos permite mostrarles cuánto los queremos "a pesar de” que sientan celos de los hermanos, no hagan caso, no tengan ganas de ir a bañarse o de hacer la tarea, etcétera. De esa forma, les confirmamos que aceptamos lo que sienten, aunque delimitemos sus conductas. 

–¿Son diferentes los roles de la mamá y del papá en esta tarea? 
–Hasta hace poco tiempo los padres solían ser los autoritarios y las mamás las más permisivas. Freud llamaba al papá el “portador de la ley”. Hoy a veces los roles están mezclados. Lo importante es que los padres traten de ponerse de acuerdo, que no se desautoricen delante de los chicos, que no se superpongan (cuando uno reta, el otro no lo hace, salvo graves faltas de respeto), que los dos sepan retar y también mimar, y que cada uno se ocupe de lo que pasa con sus hijos. La mamá que dice “¡Vas a ver cuando venga tu papá!” o el papá que dice “Mamá no nos deja” está renunciando a su papel de autoridad. 

Tiempos modernos

Así como sucede con los adultos, los avatares de la vida de hoy también hacen mella en la calidad de vida de los chicos y, por ende, en la seguridad en sí mismos. Algunas de las cuestiones a las que hay que estar atentos son la falta de tiempo que tenemos como padres, el mayor índice de separaciones conyugales y el hostigamiento escolar que padecen muchos niños.
“En el caso del acoso escolar, los chicos deben saber que el que tiene un problema es el hostigador, que no tienen por qué creerle. Que el hostigador es débil porque, si no, no estaría ocupándose de tratar de disminuir a otro para verse fuerte él. Tiene que quedar claro que vale defenderse en esos casos, y que hablar del tema con los adultos no es ir con cuentos, sino pedir ayuda”, explica Seitún. 

–¿Qué podemos hacer desde casa para ayudarlos a sobrellevar estas situaciones?
–En la medida en que permitamos a nuestros chicos expresar lo que sienten, especialmente el enojo, defenderse entre hermanos y conectarse con  sus emociones sin miedo de perder nuestro amor, podrán defenderse también de otros chicos que los molesten, ya sea retirándose sin hacer caso o contestando con palabras o con acciones. Pero eso se practica primero en casa.

–Estimo que las separaciones conyugales deben haberse convertido en un tema de mucho trabajo para psicólogos y psicopedagogos. ¿Cómo se puede manejar este tema para que repercuta lo menos posible en los niños? 
–Las separaciones de los padres influyen muy negativamente en los chicos solo cuando los adultos no logran conservar la pareja de padres al romperse la pareja conyugal. Los chicos tienen que saber que los padres no se separaron por su culpa, ya que el egocentrismo infantil puede hacerlos creer que es así. También deben saber que no tienen que hacer nada para que vuelvan a estar juntos. Por su parte, los adultos deben evitar mostrarse como víctimas delante de los chicos. 

–¿Cómo se debe manejar con los niños la relación con una nueva pareja?  
–Para integrar personas y que la familia ensamblada funcione, hace falta tiempo. ¿Para qué? Para conocerse, para acostumbrarse y para encariñarse. A los niños no hay que forzarlos. También es importante que los chicos conserven siempre un rato a solas con su progenitor.

–¿Es posible todo este modelo educativo cuando la actualidad hace que solamos tener poco tiempo para compartir con los chicos?
–No alcanza con poco tiempo de buena calidad, los chicos necesitan pasar tiempo con sus padres. Para eso, la pareja tiene que ponerse de acuerdo para volver más temprano por turnos, para tender puentes de presencia telefónica, para postergar otros temas (cursos, deportes, amigos), de modo de estar presentes durante los primeros años de la vida de los chicos. Y ofrecerle todos los días un rato de total disponibilidad a cada uno de los hijos, así se acostumbran a que, por lo menos una vez por día, tanto papá como mamá detienen su ritmo febril para estar plenamente con ellos.

Vos no podés, dejame a mí 

Cuando los padres dicen esto, el hijo lo cree y no se anima a intentarlo solo. Otras veces, los padres, apurados, no pueden esperar, o les cuesta verlo hacer ensayos no siempre exitosos y le resuelven el problema. Vale la pena invertir (no gastar) ese tiempo, ya que estaremos fortaleciendo la confianza en sí mismo de nuestro hijo. Dejémoslos hacer y equivocarse. Cuando permanentemente les decimos que no y no les permitimos probar, les cortamos las alas y les enseñamos que solo nosotros sabemos. No los ayudamos a pensar, ni a aprender a resolver. 
*Fragmento del libro Criar hijos confiados, motivados y seguros.

TV y computadora

La sobreinformación que los niños reciben a través de Internet y la televisión, los vínculos virtuales y el uso permanente de las redes sociales deben estar muy bien manejados para que no distorsionen la percepción que los chicos tienen de ellos mismos y de la vida. “Internet, Facebook, el chat son herramientas de comunicación, pero, lamentablemente, se prestan para que chicos con un yo no suficientemente fuerte y un pensamiento crítico poco desarrollado se tienten de ver cosas que superan su capacidad de entendimiento, o a escribirse cosas feas porque, como no están viendo a la otra persona, no registran el daño que hacen. Los chicos tienen que llegar a las redes con un yo fuerte y con mucha información sobre el comportamiento de los otros en la Web. Para eso, debemos estar presentes cuando navegan o ven televisión; de esa forma, podemos ofrecer nuestra mirada”, aconseja la especialista.

Sufrir los hace crecer 

Uno quisiera sufrir por ellos y evitarles cada lágrima. Sin embargo, los momentos de angustia son necesarios para su crecimiento.
“Los padres debemos acompañar el dolor de los hijos: no es nuestra tarea evitarlo. El desconocer este concepto es una de las grandes dificultades que tenemos cuando se trata de poner límites, porque necesariamente implica hacerlos sufrir”, explica Maritchu Seitún en su libro, en donde pone el foco en escuchar a los chicos, no minimizar sus tristezas y enfrentar sus dolores con el mayor realismo posible. Frases como “ya va a pasar”o “no es tan importante” deben quedar fuera del vocabulario. “Aunque decimos esas cosas por amor, porque no queremos verlos sufrir, la realidad es que sufren igual, pero solos”, concluye.

Mi gran amigo

Los amigos son muy importantes para la autoestima de los niños.  “Cuando encuentran un amigo íntimo, se sienten indestructibles porque están juntos. De todas formas, si no lo encuentran no es motivo para preocuparse. Por otro lado, debemos estar atentos a cuando alguno de los dos es muy posesivo, cuando uno manda y el otro se somete o cuando están tan encandilados que no miran más allá de su relación. Si estas formas de relacionarse perduran en el tiempo, pueden traer dificultades”, asevera Seitún.

Para saber más

Maritchu Seitún es licenciada en Psicología. Trabaja con niños y adolescentes en terapia individual y en orientación para padres, además de coordinar los equipos de Psicología de la Niñez y Adolescencia del Centro Médico Domingo Savio. En su libro Criar hijos confiados, motivados y seguros brinda las herramientas que todo padre necesita para acompañar a sus niños en ese “convertirse” en personas con una autoestima sólida. Además, está escribiendo un nuevo libro sobre la capacitación emocional de los hijos. 

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