INVESTIGACIÓN


Reflexionemos juntos


Por Mariano Petrucci.


Reflexionemos  juntos
Un crucigrama, una serie de notas y un premio, todo con el mismo fin: tomar conciencia.

Para recordarlos. Para reivindicarlos. Para tomar conciencia de su importancia. Y, finalmente, para recuperarlos. Para eso, revista NUEVA encara esta serie: para levantar la bandera de los valores. Y como no hay mejor manera de aprender que hacerlo con una sonrisa y divirtiéndose, es que proponemos un crucigrama para que, semana a semana, vayamos descubriendo, nosotros y ustedes lectores, aquellos valores que no deberían pasarse por alto para cualquier sociedad que se precie de tal y desee crecer, sanearse, mejorar, alcanzar su versión más lograda. Serán diez entregas con propuestas diferentes que nos inspire a pensar en ellos. Una historia de vida, un libro, canciones que sabemos todos, un juego, un cuento, fotos, tuits y películas figuran entre las iniciativas.

¿Cómo jugar al crucigrama?
 
En cada edición previa a que se publique cada valor, daremos pistas para que los lectores puedan descubrir de cuál se trata. El paso siguiente es ingresar en la página web de la revista y completar cuál es el valor en cuestión antes de cada sábado a las 20.00. El domingo podrán corroborar si acertaron… o no. Aquellos que descifren los diez valores participarán de un sorteo con importantes premios. ¡A participar!

Hay que animarse. No sentirse andando como bola sin manija –como se dice–, ni temer ser excluidos del entramado social. Mucho menos, darles la derecha a aquellos que consideran que uno es un ingenuo o, peor aún, un anacrónico. Para Sergio Sinay, las personas tienen que atreverse a vivir con una ética iluminada con la luz de la moral. Y creérselo, ya que si uno “compra” ese discurso despectivo que tantas veces nos encontramos al poner la otra mejilla, corremos el riesgo de paralizarnos y perder la oportunidad de saber cuántos son los que piensan como nosotros, dispuestos a encender las luces que se apagaron.

Es que para este especialista con formación en sociología, psicología gestáltica y transpersonal, vivimos sumergidos en la penumbra. Todos manoseaos en El apagón moral, como tituló a uno de sus últimos libros, donde reflexiona sobre cómo el divorcio con el prójimo y el utilitarismo trajeron consigo dolorosas consecuencias sociales, políticas, vinculares, familiares y educativas. Allí, Sinay propone caminos concretos para reinstalar los valores en la vida individual y colectiva. O sea, nos viene como anillo al dedo para inaugurar esta serie de notas.

“Habitamos un mundo y una época en los cuales la intolerancia, el fundamentalismo, el materialismo extremo, el egoísmo, la indiferencia, la violencia, la pobreza del lenguaje, la incomunicación emocional, la manipulación de conciencias, de públicos y de información, el no reconocimiento del otro, la depredación ambiental, y la crueldad son ‘valores’ hegemónicos y referenciales. Vivimos en una época y en una sociedad en las que, cada vez más, y en muchos aspectos, ‘solamente sobrevivir’ parece haberse convertido en el único valor considerable”, escribe Sinay en Elogio de la responsabilidad, otra de sus publicaciones, como lo fueron La masculinidad tóxica, La sociedad de los hijos huérfanos, El riesgo de vivir. 

Respuestas a la incertidumbre de la existencia y La palabra al desnudo. El diálogo, la lectura y la escritura nos cambian la vida. Y ahonda en el diagnóstico actual: “Encuentro en las actitudes una suerte de pereza moral, de búsqueda de la ley del menor esfuerzo, la menor respuesta y el menor compromiso en un mundo donde todo es urgente y necesario. El silencio moral permite, en lo público y en lo privado, y en lo social y en lo individual, la proliferación de la violencia, la injusticia, la inequidad, la corrupción. En el egoísmo ético, los valores sobran, estorban, perjudican al ‘más apto’, al ‘más fuerte’, ‘al mejor’. Aquí, los únicos valores que cuentan son los materiales y los así llamados morales son tenidos en cuenta en tanto puedan ser tergiversados”.

Pero aunque la mirada sea escéptica o poco optimista, no hay que desesperar, ya que vivir con valores no es una experiencia inaccesible, al alcance de unos pocos. “Los valores nos permiten convivir e interactuar. No hay valores sin el otro. Aunque hay personas que dicen ‘Yo tengo mis valores’, quizá la frase no sea correcta. No se trata de tener valores propios. Lo que acaso resulte más adecuado sea decir: ‘Yo tengo una actitud ante los valores’. Es oportuno señalar que la razón no existe solo en quienes respetan los valores y está ausente en quienes no lo hacen. Quienes los transgreden, los ignoran o los desvirtúan lo hacen como seres racionales y es, por lo tanto, una evaluación racional –basada en la preeminencia del interés y la conveniencia propia– la que guía sus conductas”, señala el experto en vínculos. 

Los valores necesitan de tierra fértil en donde arraigar o crecer: los vínculos humanos son esa tierra. Es en la relación entre personas en donde se ponen en juego los factores de la moral –¿qué debo hacer?– y de la ética –¿qué elijo hacer?–. Los valores agonizan y los tiempos oscurecen cuando el otro desaparece de nuestra escena existencial”.

La vivencia de los valores

Recuerda Sinay que, en los albores de nuestra civilización, a los valores se los llamaban virtudes. Según Aristóteles, un atributo se convertía en virtud cuando se hacía algo habitual. Por lo tanto, no bastaría con una acción honesta para ser un individuo de bien, sino que esa acción debería ser, sin excusas, la conducta permanente.

“No podemos enseñar valores, debemos vivir valores. No podemos dar un sentido a la vida de los demás. Lo que podemos brindarles en su camino por la vida es un ejemplo: el ejemplo de lo que somos”, afirmó, allá por 1970, el neurólogo y psiquiatra austríaco Víctor Frankl, uno de los más luminosos pensadores del siglo XX, fundador de la logoterapia (psicoterapia que propone que la voluntad de sentido es la motivación primaria del ser humano). 

“Vivir con valores, o vivir los valores, no sería tema de ningún conflicto si no fuese, justamente, porque existimos vinculados –subraya Sinay–. No podemos hacer lo que se nos antoja. Hay límites que pone la vida y hay límites que surgen con la presencia del otro: sus necesidades, sus derechos, sus opiniones, sus actitudes”. Hay que convencerse de vivir con valores o vivir los valores. Pero, al mismo tiempo, por su carácter intangible, no podemos desembocar en una verdad fáctica sobre ellos. En un ensayo filosófico, el sociólogo e historiador Juan José Sebreli afirma que los valores están unidos a la realidad, pero que gozan, a la vez, de una relativa autonomía. No solo expresan la realidad tal cual es, sino que sugieren lo que no es aún; esto es, lo que se aspira, lo que se piensa que debería ser.

En consonancia con esto, Sinay destaca: “La jerarquización de los valores será siempre una responsabilidad personal, una decisión de la que deberemos hacernos cargo y por la que tendremos que responder. No existe una jerarquía de valores universal y aplicable a todos los individuos y por todos ellos. Sí es universal la existencia de los valores tanto como el sentido de ellos en la vida. Su función es la de ayudarnos a tomar decisiones ante las circunstancias que la vida nos plantea, permanentemente, a manera de preguntas”.

“No podemos enseñar valores, debemos vivir valores”.

Como si fueran títulos a revalidar constantemente, los valores morales y nuestra relación con ellos se ponen a prueba cada día, muchas más veces de lo que lo percibimos. “Desde que somos humanos no podemos escapar a nuestra condición de agentes morales. Los valores que nos convierten en tales agentes no son caprichosos, temporarios, ni pueden relativizarse. En rigor, sí pueden, pero no deben”, advierte Sinay. Y concluye: “El presente es un tiempo de omnipotencia, de insensibilidad e indiferencia que se manifiestan en las ambiciones desbordadas. Entramos en un cono de sombra profundo. 

En un apagón moral. En materia de valores no es tiempo de especulaciones, de sofismas, de pereza ni de cobardía. Es tiempo, en cambio, de recordar el origen de los valores. No nacieron en los árboles, no son opcionales, no sobreviven por sí mismos, sino porque se los honra y se los vive. Nacieron respondiendo a necesidades humanas: la necesidad de vivir, de hacerlo con dignidad y cooperando, en un ámbito que permita a cada quien llegar a convertir en acto su potencialidad, para poder explotar el sentido de su vida y vislumbrarlo. Como nunca, los valores necesitan ser una certeza, no una hipótesis”.

“No hay valores sin el otro”

Lo dice Sergio Sinay, quien sostiene que vivimos en una época de apagón moral y egoísmo ético. Sin embargo, para el especialista hay una salida: “Los valores necesitan de tierra fértil en donde arraigar o crecer: los vínculos humanos son esa tierra”.

Sergio Sinay, en primera persona*

“Nací en Buenos Aires el 10 de agosto de 1947. Viví mi infancia y mi adolescencia en La Banda (Santiago del Estero). Regresé a Buenos Aires al finalizar el colegio secundario. Estudié sociología, me formé en psicología gestáltica, en psicología transpersonal, en autoasistencia psicológica. Estudio astrología. Estoy convencido de que en esta vida somos eternos aprendices que nunca se gradúan (afortunadamente).     Cuando escribo me siento feliz. Porque amo la palabras me hice periodista a los 18 años, y lo seguí siendo aun cuando incursionaba en otras áreas. Escribí crítica de cine (amo el cine) y de libros, hice entrevistas, crónicas, investigaciones. 

Creé revistas propias y dirigí otras que no eran mías. También me siento pleno cuando puedo hablar con otros y ante otros, cuando puedo construir un puente de palabras y cuando puedo cruzar por él hacia un público con el que me encuentro y con el cual, juntos, continuamos creando puentes y haciéndonos preguntas. Creo en la pregunta como una herramienta fundamental de la conciencia.     Admiro a quienes sostienen sus valores y declaraciones con acciones y actitudes, a los que perseveran detrás de un propósito, a los que reniegan del facilismo, a los que hacen del amor un verbo”. 

*Fragmento de su biografía extraída de su sitio web: www.sergiosinay.com

Recuerde que tiene que resolver la primera pista y llenar el crucigrama en www.revista-nueva.com.ar antes de las 20.00 horas del sábado 28.

Primera consigna 

Lealtad que se debe a otra persona, a principios y a creencias.


nueva, todos los domingos con:


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