INVESTIGACIÓN


La fidelidad vale la pena


Por María Alvarado.


La fidelidad vale la pena 

En tiempos de escepticismo, parece que la fidelidad no está de moda. La historia de lealtad de un perro hacia su amo nos sirve para reflexionar sobre un valor que es necesario recuperar.

La infidelidad está de moda, no así la fidelidad. Parece que el infiel es el hombre ideal pues da la impresión de que es más libre. ¡Justamente porque no está atado a nada ni a nadie! Por el contrario, el hombre fiel no sería libre porque está ligado a un montón de cosas”, introduce Ernesto Alonso, psicólogo social. Para este profesor de la Universidad Austral, la infidelidad no es una buena idea. Y explica que, contrariamente a lo que el clima cultural nos quiere hacer creer, el hombre nació para ser fiel: “Desde su nacimiento el hombre está vinculado a personas, a instituciones, a lugares, a historias y a tradiciones.

Y no hablo solo de las tradiciones mayores, como son el terruño, la política, la cultura o la religión. Tanto argentinos como norteamericanos, por ejemplo, nacen bajo la tradición del fútbol y el béisbol. Y nadie pone el grito en el cielo por esas ‘fidelidades’. Hay una pasión humana allí. Hay un corazón palpitante que quiere ser fiel”. Alonso sostiene que el hombre está hecho para grandes amores. “Es convocado a grandes fidelidades. Debe ser así porque ser fiel es ser un ‘buen amador’. Y prefiero la palabra ‘amador’ a la palabra ‘amante’”. En esta época teñida por el escepticismo, Gabriel Zanotti, profesor de Epistemología de la Comunicación en la Universidad Austral, elige un ejemplo para reorientar hacia la verdad: “A mis alumnos les propongo que piensen en la amistad y que luego reflexionen si la fidelidad al amigo es algo esencial a la amistad.  Hay una ‘verdad’, más allá de lo que ‘nos parezca o no’ que relaciona amistad con fidelidad”.

Zanotti pasa de la fidelidad en la amistad al amor matrimonial. “¿Alguien podría sentirse verdaderamente amado si el otro condiciona ese ‘estar con’, ese ‘estar en’ el otro? Supongamos que le digo a la persona que me atrae: ‘Bueno, estemos juntos, siempre que….’, y a partir de allí enumero una serie de condiciones, las que fueren. Nuestra vivencia del amor advierte que eso es ridículo: el amor implica una entrega incondicionada. Y en esa entrega, total, la fidelidad es la misma que la de cualquier amistad real: ambos buscan el bien del otro y no traicionan esa amistad”. 

¿Qué implica, entonces, ser fiel? Alonso responde: “El hombre fiel es el que sabe amar de un modo permanente y duradero. Los amigos, la mujer o el hombre que amo, la familia, la tierra en la que he nacido, los frutos que me han alimentado, el suelo que me ha enriquecido, la patria; todos ellos son los amores que piden mi fidelidad. ¿Y por qué yo les debo dar mi fidelidad? Muy sencillo: porque ellos me han dado todo lo que soy; por ellos yo soy lo que soy. Mejor o peor. No importa. Soy y, por lo tanto, valgo. 

Como reza el dicho: ‘nobleza obliga’”. Alonso comparte la idea de que la fidelidad implica “constancia en el amor cotidiano y concreto”. Y describe: “Los hombres y las mujeres fieles son grandes personajes, aunque no sean héroes. Son hombres consistentes, con rostros y surcos en la frente, con gozos, fatigas y audacias. Ellos están sembrando ahora para las próximas generaciones”. Y reflexiona sobre los que se animan a ser fieles en todos los ámbitos: “Si ese puñado de valientes no lo hace, entonces, desaparecerá nuestra nación, se extinguirá nuestro grupo como comunidad de estirpes y tradiciones. La nación, tal vez, seguirá conservando su nombre, su bandera; pero no tendrá alma, sangre ni espíritu. Y lo peor, no tendrá hijos ni nietos que quieran jugarse por ella, como un hombre entero sabe jugarse a fondo por la mujer que ama”.

Una gran historia de fidelidad

Son muchas las historias y casos que demuestran una y otra vez la fidelidad de los perros hacia sus dueños, hacia sus “amigos”. Hace poco conmovió hasta las  lágrimas la historia de una perra ovejero alemán que salvó a una niña de 4 años luego de que cayera en una pileta y quedara semiinconsciente, en Cañada de Gómez, cerca de Rosario. Y más emocionó saber que la perra lloró durante dos días mientas la pequeña estuvo en el hospital, del que salió sana y salva. 

Otra historia conmovedora, que invita a reflexionar, es la de Capitán, o “el Rengo”, como primero bautizaron los empleados del cementerio de Villa Carlos Paz, Córdoba, a un simpático perrito que un día apareció herido en el lugar. “Fue un fin de semana. Doña Marta, la señora que vende flores, nos avisó que había un perro herido, echado ahí. Era medio cachorro y lloraba y lloraba. El veterinario lo atendió”, recuerda con acento cordobés Miguel, el sereno del cementerio, quien en las noches frías le lleva un plato de comida caliente. Entre todos los empleados, se ocuparon de cuidarlo; él se recostaba siempre en una tumba, arriba de un nicho.

 Pasó un tiempo hasta que descubrieron el porqué. “Un día, la viuda Verónica Moreno vino al cementerio junto a su hijo a traerle flores a su marido. El hijo fue el que descubrió a Capitán”, cuenta Héctor Baccega, el director del cementerio. El perro, que había notado la ausencia de su dueño, se escapó a buscarlo, y nadie sabe cómo llegó al cementerio. Se quedó allí. Para siempre.“Capitán sigue acá, con los alientos pobres. Sus ojitos están pidiendo irse con su amigo. Ya tiene ocho años, pero el estrés de la tristeza que tiene encima lo ha avejentado mucho más de lo normal”, comenta Baccega sobre la mascota, que recibe todo el alimento necesario y el cariño de la gente del lugar.

“El Capi”, como lo apodaron, sigue una misma rutina, todos los días. “A las siete y media de la mañana baja por la calle central y nos vamos caminando a ver las obras. Cuando viene la esposa de Miguel a ponerle unas flores a su marido, se va con ella hasta la casa. Regresa a la hora de irse a acostar con su dueño en el cementerio. Siempre, cuando empieza a bajar el sol, se lo ve irse con su tranco lento hacia la tumba de su amigo. Por los días muy fríos le dejamos abierto un vidrio para que se pueda acostar adentro del nicho”.

Todavía es un misterio cómo encontró a su dueño, aunque los veterinarios lo atribuyen a la mezcla de razas. “Unos franceses vinieron a filmar un documental sobre el perro y le traían comida, pero a él no había forma de moverlo. El veterinario me explicó que, debido a la mezcla de razas, tiene los sentidos mucho más desarrollados”. Miguel murió hace siete años y el perro sigue fiel a su compañero. “Mirá lo que es la fidelidad de este perro, que va más allá de la eternidad. Capitán ha demostrado con su actitud el amor a su amigo”, finaliza Baccega, quien tiene en su hogar a un hijo del perro más fiel. 

La fidelidad en la pareja*

Podemos ser fieles a valores, ideales, personas, o a la palabra. Somos fieles a todo aquello que encontramos genuino y que representa algo del orden de lo sagrado. La fidelidad de la pareja es un fenómeno complejo y apasionante, que se degrada cuando queda limitado, solamente, al hecho de no tener relación con nadie más que con la pareja. Fidelidad al vínculo significa entrega y compromiso, no solo ausencia de terceros en la ecuación afectiva. Implica tener en cuenta al otro y ofrecer lo mejor de uno mismo, en clave de respeto recíproco. Fidelidad es honrar esa afectividad y sexualidad con generosidad. *Miguel Espeche, coordinador general del Programa de Salud Mental Barrial del Hospital Pirovano.

La fidelidad se siembra con minúscula y se cosecha con mayúscula*

“La fidelidad es una virtud poco argentina. ¿Por qué? Porque es una virtud pequeña, sencilla, cotidiana, casi oscura que ni se nota. Y, sobre todo, exige una laboriosa paciencia y una mirada de largo plazo. A nosotros, los argentinos, nos han hecho ‘cortoplacistas’. Y se nos hace difícil entender y practicar que es preciso ser fiel en lo poco para llegar a ser fiel en lo mucho. Exige una paciencia olvidada que hemos de rescatar: sembrar sin esperar ver los frutos. Sembrar y esperar que otros hayan de recoger aunque yo no lo vea. También eso es fidelidad”. 

*Ernesto Alonso

Recuerde que tiene que resolver la segunda pista y llenar el crucigrama en www.revistanueva.com.ar antes de las 20.00 del sábado 5.

Segunda consigna 

Cuando Pitaco, rey de Mitilene y uno de los Siete Sabios de Grecia, dejó en libertad al asesino de su hijo, expresó: “El (…) es mejor que el castigo”.

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