ENTREVISTA


Oye mi canto


Por Marianela Insúa Escalante.


Oye mi canto
Gloria Estefan  presenta un disco en el que interpreta clásicos de las décadas del veinte, treinta y cuarenta. En él, se animó a traducir al inglés El día que me quieras, una canción que la acompañó el día de su boda y que hoy le dedica a su nieto. Muy mamá y muy abuela, la estrella latina más importante de los Estados Unidos habla de todo. Espera un momento que traigo mi iPhone y te muestro un video de mi nieto, verás qué lindo es”, dice Gloria Estefan mientras le pide a su asistente que le alcance el celular. En medio de la entrevista, esta artista de fama mundial se olvida por un instante de los flashes, los grabadores y los ejecutivos de la discográfica. Se olvida de que lleva ganados siete Grammy’s, entre decenas de otros galardones. Se olvida de que el 17 de octubre se presentará en el Royal Albert Hall de Londres. 

Artista enorme, compositora, música… Gloria también es mamá (de Nayib, de 33 años, y de Emily Marie Consuelo, de 19), abuela (de Sasha Argento, de 1 año) y esposa. Justamente, junto a su marido, Emilio Estefan, construyó una carrera sólida y fuera de lo común?(el dúo es una marca registrada). Cuando se le pregunta si es recomendable trabajar en pareja, se sincera entre risas: “A nosotros nos funciona… pero a nosotros. También me pasó de querer quejarme de mi manager con mi marido y ¡resulta que eran la misma persona!”. Por estos días, Gloria está lanzando The Standards, un álbum en el que rinde homenaje a las grandes melodías del cancionero americano. Por si fuera poco el desafío, en la lista incluye, además de composiciones en inglés y español, temas en italiano y francés. Ella cree que habría sido imposible sacar este disco en otro momento que no fuera el presente, que ella considera de “plena madurez”. Lo cierto es que más de tres décadas de carrera la avalan y puede darse el gusto.

–¿Por qué dijiste que para encarar este CD debías tener cierta cantidad de años vividos?
–Porque estos temas, que se hicieron entre 1920 y 1949, tenían mucho subtexto. En esa época, uno no podía hablar abiertamente sobre todos los temas; entonces, había muchos mensajes que uno comprende cuando ha vivido la vida y ha pasado ciertas cosas. Obviamente, tú puedes dárselo a cantar a una mujer de 20 años, pero es posible que pase que, primero, no le interese esa música; y, segundo, que lo cante pero no lo interprete. Lo único que yo podía hacer nuevo con estas canciones era interpretarlas a mi manera, porque ya las hicieron grandes como Sinatra, Nat King Cole… Por lo tanto, era importante para mí expresar algo íntimo con cada una de estas canciones. No podría haber encarado este disco hace diez, veinte o treinta años. Experimentar tantas emociones, como ser abuela por ejemplo, te cambia todo.

–¿Qué cosas cambian?
–A ver… Quería incluir El día que me quieras,  que fue mi canción de bodas con Emilio hace treinta y cinco años, pero versionada en inglés, por el reto que significaba llevar las metáforas de Gardel a otro idioma. Aquí la infidencia: cuando la grabé, lo hice con mi nieto en brazos. Hacía cuatro días que no lo veía y nosotros somos súper apegados porque él vive enfrente de mi casa. Así que la llamé a la madre y le pedí que por favor me lo trajera al estudio porque no podía más de tanto extrañarlo. ¡Se iba a olvidar de mí! (risas). Entonces, toda la primera parte de El día que me quieras la canté con él encima. Por eso, mi canción de bodas ahora es su canción. Y eso profundizó más mi interpretación. 

–¿Cómo elegiste esta lista de temas entre los cientos que deben gustarte?
–Fue muy difícil. Primero pensé más de mil, luego los bajé a cincuenta. Este disco nace hace dos años, cuando estábamos con Shelly Berg, mi arreglista, en una comida de la Universidad de Miami, donde él se desempeña como director de la escuela de música. Allí me pidió que me sentara junto a él al piano para cantar. A mí no me gusta ser el centro de atención, pero no iba a “hacerle un feo”, así que le dije: “¿Conoces ‘Good Morning Heartache’?”. Y arrancamos. Mientras él tocaba y yo cantaba, sentí tantas cosas que me dije: “¡Esto es lo que quiero hacer!”. Así surgió la idea de The Standards. Ensayamos esos cincuenta, me hizo llorar, lo hice llorar, y nos quedamos con los quince temas finales. Fue difícil la decisión. Pienso que vamos a tener que hacer un segundo volumen. Todo tiene que ver con mi vida personal, con mi mente y mi corazón.

–¿Te resulta natural interpretar en otros idiomas?
–Sí, estudié francés, así que me sale muy bien porque sé lo que estoy diciendo. Por ejemplo, no hablo portugués, pero si me hablan en ese idioma, lo entiendo perfectamente. ¡Es tan sexy y sensual! El francés es muy romántico también. El italiano es apasionado: pasé Smile a esa lengua con mi consuegro que tiene esa nacionalidad. ¡Se lo mostré para estar segura de que mi acento estaba bien! Lo mismo hicimos con el profesor de Francés de Emily. Como verás, hago mi homework para asegurarme de que todo salga perfecto. Me preparo, pero tengo facilidad para los idiomas, tengo muy buen oído. 

–¿Qué recuerdos guardás de tus primeras giras como profesional?
–Desafortunadamente, cuando estaba de gira lo que menos veía era el lugar adónde iba. Todo era muy rápido: del aeropuerto al hotel, del hotel al show, del show no podía salir e ir a un restaurante, porque cuando tú vas a un restaurante, hay un nivel de ruido que es fatal para los cantantes. Entonces, estaba como en el ejército: era dormir, hacer ejercicios para tener la fuerza suficiente para poder sobrellevar el concierto y, luego, el show propiamente dicho. Lo único que me permitía en los días libres era llevar a mi hijo a algún museo o a donde él quisiera ir. Una de las cosas que no dejo de hacer en mis visitas a Latinoamérica es escuchar a músicos locales y comprar sus discos, ya que me enriquece llevarme algo de cada lugar. 

–¿Qué shows viste en Buenos Aires?
–Fui con mi hija a Señor Tango, ya que a ella le encanta Gotan Project. Ella es muy musical. Y, por otro lado, el tango es espectacular, tan bello. 

–¿Cómo es convivir en el seno de una familia de artistas?
–Nosotros lo pasamos muy bien, pero no porque seamos artistas. Nos reímos mucho, nos gusta estar el uno con el otro. Viajar juntos como familia es importantísimo; yo no podría estar deambulando por el mundo sabiendo que me estoy perdiendo la vida de mi hijo. No lo habría hecho. 

–¿Siempre llevaste a tus hijos con vos?
–Siempre. Con su tutora, claro, pero yo no iba a ser madre de lejos ni iba a ponerlo pupilo en una escuela. La primera vez que me fui de gira, le dije a Emilio que el niño no podía ir porque, justo en ese momento, había empezado la escuela. Así que Emilio dejó de tocar en la banda y se quedó con él. Yo sabía las fechas importantes del niño para no perderme ninguna. Hasta que, un día, cambiaron una de esas fechas en el colegio y no llegué a volver para un momento cumbre de su vida. Ahí le dije a Emilio: “O vamos todos o yo no voy”. Y nunca más nos separamos. Con mi hija fue diferente, porque ella era parte del equipo de básquet y estaba en la orquesta del colegio. Entonces, me adapté yo: dejé de hacer giras para disfrutar de ella también. No menos cierto es que ya estaba en una posición donde me podía dar el lujo de escoger lo que hacía. ¡Pero qué placer era todos los días llevarla y retirarla del colegio con Emilio! Me aislé de los escenarios por un largo tiempo, pero no dejé de hacer música. Grababa mucho. 

–¿Vas a ver shows en Miami?
–Miami es un lugar muy extraño, no hay mucha música en vivo. Vivo allí desde los 2 años, pero siempre estamos en la casa. Es difícil que salga porque como todo el tiempo estoy viajando... Sí solemos ir a comer, al cine, pero no mucho más. La verdad es que hacemos una vida muy tranquila.

–¿Qué momento del día le dedicás a hacer música?
–No me pongo horarios, pero la mayoría de las canciones las escribí entre las doce de la noche y las seis de la mañana. Esa es “la” hora para mí: ya no suena el teléfono, no tengo otras cosas que hacer, ya fui madre y esposa. La familia duerme y es como que se me abre un poco más el campo y todo está más claro. Si tengo ideas las anoto, hasta lo hice con un lápiz labial en una caja mientras manejaba. Hoy, el iPhone, escribo notas. La inspiración viene cuando sea.

Sensaciones

Gloria Estefan se ve espléndida. A pesar de haber pasado los 50, la cubana luce una piel envidiable y una figura armoniosa. ¿Cómo se mantiene? “Hice yoga hace dos años, pero actualmente hago más que nada cardio para estar fuerte, ya que tengo hierros en la columna”, cuenta. Su problema apareció luego del accidente automovilístico que sufrió en 1990 y que casi le cuesta la vida. Luchadora como pocas, salió adelante y sigue entrenando su cuerpo. “Es muy importante para mi columna hacer cardio, up work y straightening, aunque el yoga es fabuloso. Pero no siempre tengo tiempo para hacer todo, así que priorizo los ejercicios que me mantienen fuerte”, confiesa.

Contacto directo

La cantante se comunica con sus fans vía Twitter pero, a veces, aparecen excesos de confianza. “Una muchacha estuvo rogándome que tenía que hablar conmigo, así que le envié un mensaje: ‘¿Qué está pasando contigo? Estoy preocupada’. Yo pensé que tenía un hijo enfermo o algo así, pero no, me pedía dinero. Fui muy honesta y le dije que Twitter da una sensación de cercanía que no es tal. Yo no puedo ayudar a cada persona que me lo pide, ya que sería imposible. Me agradeció por no bloquearla y prestarle atención. A veces, es solamente eso”, revela.

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