INVESTIGACIÓN


Poder Elegir


Por Agustina Tanoira.


Poder Elegir
Ser una buena madre y una profesional exitosa es posible. De hecho, cada día hay más mujeres que lo logran. Sheryl Sandberg es una de ellas. Por eso, en su último libro, anima a las mujeres a no renunciar a sus sueños más ambiciosos. Por primera vez en la historia del país, hay más mujeres profesionales que hombres graduados. La noticia salió en los principales medios nacionales y no pasó inadvertida para nadie. En especial, para las mujeres. Y no solo porque son más, sino porque tienen un mejor rendimiento, esto es, sacan mejores notas. Este hecho, sumado a que –a nivel mundial y más que en cualquier otro momento– más mujeres llegan a ocupar cargos en la alta dirección lleva a pensar si acaso estamos viviendo un cambio cultural acerca de la concepción de los roles de las mujeres en la sociedad. Sin embargo, a pesar de estos cambios, los puestos jerárquicos siguen en manos de los varones y los que representan mayores ingresos también. 

¿Por qué? Porque la historia cambia cuando llegan los hijos. “La maternidad y la educación son dos fenómenos mutuamente interrelacionados”, explica Carina Lupica, directora ejecutiva del Observatorio de la Maternidad (www.o-maternidad.org.ar). “Si los hijos llegan, se hace más difícil continuar con los estudios terciarios o universitarios, puesto que se incrementa la necesidad de trabajar para el mercado y/o para el hogar y el cuidado de los hijos. Basta señalar que por cada dos mujeres sin hijos que completan los estudios superiores, solo una madre lo logra”. Una de estas madres parece ser Sheryl Sandberg, una norteamericana que, con 44 años, dos hijos y un par de licenciaturas en Harvard, es la directora operativa de Facebook y, en consecuencia, una de las mujeres más poderosas del mundo. Como si todo eso no fuera suficiente, esta exitosa ejecutiva encuentra el tiempo para escribir libros en los que, a partir de su propia historia, sostiene que es posible tener y querer a los hijos y al trabajo, y hacer las dos cosas bien. Y ella es el mejor ejemplo de esto.

¡Basta de súper mujeres! 

“Las mujeres recibimos desde la infancia el mensaje de que, tarde o temprano, tendremos que elegir entre tener éxito en el trabajo o ser una buena madre”, afirma Sandberg en Vayamos adelante: Las mujeres, el trabajo y la voluntad de liderar (Editorial Conecta), su último libro. “Cuando fui a la facultad, mis padres hacían mucho hincapié en los logros académicos, pero mucho más en el matrimonio”, confiesa. Así fue como luego de graduarse no tardó mucho en casarse, ni mucho en divorciarse. Unos años más tarde, no solo reincidió en el matrimonio, “con inteligencia y muy felizmente”, con Dave Goldberg, un empresario de tecnología, sino que también renunció a la idea de ser una súper mujer. Y de ahí su primer consejo: “Debemos matar a la superwoman que no hay en nosotras (ni en nadie)”, afirma. Hay que sacarse esa idea de la cabeza. “Nadie consigue hacer todo bien, es imposible”. Defensora de las políticas que permitan a las madres trabajadoras cuidar a sus hijos pequeños y negociar licencias por maternidad, Sandberg considera esto algo esencial para que una empresa, del tipo y el sector que sea, pueda competir en la economía moderna. Pero esto, sabemos, no se logra de la noche a la mañana.  

El equilibrio justo 

En los primeros capítulos de su libro, Sandberg habla de compartir responsabilidades y cita una publicación de Sharon Meers, una ex ejecutiva de Goldman Sachs: Getting to 50/50: How Working Parents Can Have It All (Lograr el 50/50: cómo los padres que trabajaban pueden tenerlo todo), que sobre la base de una revisión exhaustiva de información y datos estadísticos afirma:“Los matrimonios pueden florecer cuando ambos progenitores desarrollan carreras profesionales completas” y “Compartir las responsabilidades económicas y el cuidado de los hijos da como resultado madres que se sienten menos culpables, padres más implicados y niños que se crían bien y se desarrollan mejor”. En la misma sintonía, Sheryl Sandberg le dedica su último libro a su marido “por poder hacer que todo sea posible”. Aunque si bien es cierto que hoy en día los padres están más involucrados en el cuidado de sus hijos y hacen más tareas domésticas que en generaciones anteriores, la mayor responsabilidad en la esfera doméstica sigue cayendo en las madres. 

Carina Lupica explica: “Como resultado de esta asignación de roles entre varones proveedores y mujeres cuidadoras se ha producido una desigualdad en el mercado de trabajo en detrimento de las mujeres y una subvaloración de las tareas del hogar”. Y agrega que si bien hoy las mujeres comparten con los hombres el tiempo de trabajo remunerado, no sucede lo mismo en la redistribución de las tareas domésticas. Hacer de la pareja un verdadero compañero es clave y es el segundo gran consejo de Sandberg. “Estoy segura de que las mujeres hemos progresado mucho más en nuestras carreras que en nuestros hogares”, afirma, y brinda ejemplos concretos: si marido y mujer trabajan exactamente la misma cantidad de tiempo, y tienen un hijo, la mujer hace el doble del trabajo que el hombre en la casa y dedica al hijo en común tres veces más tiempo que él. En síntesis: ella tiene tres trabajos y el hombre solo uno. “Entonces, ¿quién creen ustedes que va a abandonar la carrera si alguien tiene que estar más tiempo en su casa?”, interpela.

Cambiar las cabezas 

Compartir tareas es clave pero no suficiente. Hace falta más: es necesario cambiar nuestra manera de ver las cosas y permitirnos aceptar que pueden ser las mujeres las que van todos los días a la oficina y los varones quienes se quedan en casa cuidando a los hijos. Tal es el caso de Angela Ahrendts, por ejemplo, que con tres hijos adolescentes es, desde 2006, la CEO de Burberry y desde el año pasado la persona mejor pagada del Reino Unido –un verdadero récord histórico–. Confiesa que esto nunca habría podido suceder si su esposo no se hubiese animado a renunciar a su empresa en Nueva York para mudarse a los suburbios de Londres y convertirse en un padre full time. ¿Por qué no? “Las identidades y roles de mujeres y hombres que se consideran como ‘normales, esperables, habituales’ tienen su origen en las definiciones sociales y culturales”, explica Lupica. “Estas se transmiten de generación en generación a través de la socialización y la educación”. Y agrega que para un cambio social y cultural son clave la familia, las instituciones educativas y los medios de comunicación. 

“El estereotipo de la mujer trabajadora rara vez resulta atractivo”, escribe Sandberg. “La cultura popular ha retratado en numerosas ocasiones a las mujeres trabajadoras de éxito como personas tan consumidas por sus carreras que carecen de vida personal”. Ella propone crear más retratos de mujeres como profesionales competentes y madres felices, “o incluso como profesionales felices y madres competentes”. ¿Cómo lograr esto? Eliminando el miedo de nuestras vidas, y en especial, “la santísima trinidad de los miedos: el miedo a ser una mala madre/esposa/hija”, afirma, y asegura que no es necesario estar sobrevolando siempre a los hijos para ser una buena madre. Reconocer que los hijos pueden desarrollarse con más independencia es de gran ayuda a la hora de equilibrar la vida familiar y la profesional. Y hay suficiente bibliografía que demuestra que no hay diferencias significativas entre el desarrollo de los hijos de las mujeres trabajadoras y las que se quedan en sus casas. Al final, y de acuerdo con la Academia Norteamericana de Pediatría, lo importante es un niño emocionalmente sano –amado y bien cuidado–, al margen de que su madre trabaje fuera de la casa. Porque como decía la famosa filósofa francesa Elizabeth Badinter: “La mejor madre es la madre feliz”.

Mujeres libres

Sheryl Sandberg se levanta antes de las seis de la mañana y todos los días abandona su trabajo a las cinco de la tarde para cenar con su familia. Después de acostar a sus hijos, termina con aquello que no pudo hacer en la oficina. “Todos los días sigo luchando con el equilibrio entre el trabajo y el hogar, es una lucha diaria”, reconoce esta mujer que se siente afortunada por no haber crecido en la época en que lo hizo su madre –que comenzó un doctorado en la década de 1960 pero lo abandonó al quedar embarazada–. Para ella, el éxito consiste en tomar las mejores decisiones posibles y aceptarlas. Pero, sobre todo, en poder tomarlas. “Mi mayor esperanza es que mi hijo y mi hija sean capaces de elegir lo que desean hacer con sus vidas sin que haya obstáculos internos o externos que hagan cuestionarse sus elecciones”. Y concluye: “En mi generación no va a haber un 50 y 50 en la cima de ningún sector, pero cifro mis esperanzas en las generaciones futuras. Creo que un mundo gobernado en la mitad de los países y en la mitad de las empresas por mujeres sería un mundo mejor”. 

Críticas y metas

Aunque fue duramente criticada por las feministas por “culpar a la víctima” en lugar de denunciar las causas estructurales y sociales que impiden el acceso de la mujer a puestos de poder, Sheryl Sandberg reconoce estos obstáculos externos y denuncia el sexismo, la discriminación, el acoso, la falta de flexibilidad laboral, la imposibilidad de negociar licencias por maternidad y paternidad, entre otras cosas. Pero en este libro, aclara que ella se propone concientizar acerca de las barreras interiores. “Las mujeres eliminaremos las barreras externas una vez que consigamos ocupar cargos de liderazgo”, escribe. “O mejor aún, nosotras seremos jefes y nos aseguraremos de que todas las mujeres tengan lo que necesitan”, concluye.

No abandonar

Sandberg reconoce que no puede afirmar que el mercado laboral es el lugar para todas las mujeres, pero sí se siente calificada para transmitir qué hacer para permanecer en él.
No subestimarse: Un estudio que se realizó durante dos años con estudiantes que ingresan en el mercado laboral demostró que mientras que el 57% de los hombres negocia su salario, solo el 7% de las mujeres lo hace. Y no solo eso. Mientras que los varones se adjudican a sí mismos los éxitos, las mujeres los atribuyen a factores externos. “Debemos sentirnos merecedoras del éxito”, aconseja.
Hacer de la pareja un auténtico compañero: “Ponemos más presión a nuestros hijos para que tengan éxito que a nuestras hijas”, afirma. “Un padre que se dedica a cuidar a los hijos no está bien visto y esto es algo que debemos dignificar, ya que se trata de un trabajo muy difícil, el más difícil del mundo”.  
No irse antes de tiempo: Cuando las mujeres empiezan a pensar en tener hijos, automáticamente dejan de poner energía en sus carreras, de pensar en ascensos, proyectos y oportunidades. “Yo les digo una cosa: el trabajo tiene que ser realmente apasionante para dejar a su hijo todo el día en casa. Para que eso suceda, mantengan el pie en el acelerador hasta el día que efectivamente tengan que irse a tener a su hijo. Ahí tomen las decisiones, no lo hagan antes”.

Datos

•Según los datos del último censo, de los 1.929.813 argentinos que completaron su formación universitaria, 1.050.662 son mujeres y 879.151, hombres.
•Las mujeres profesionales mantienen la mayoría en distintos puntos del país. Por ejemplo, en la Ciudad de Buenos Aires, por 55% contra 45%; en Córdoba, por 57% contra 43%, y se imponen también en La Rioja. En Formosa, las universitarias representan el 54% de los profesionales, y en Salta, el 53%.

Voces aliadas

“La experiencia me ha enseñado que no existen límites en cuanto a las capacidades de las mujeres para lograr cualquier objetivo que se propongan”, escribe en el prólogo Michelle Bachelet, expresidenta chilena y actual directora de ONU Mujeres. Al igual que Sandberg, ella entiende que es fundamental la participación de todos para crear un mundo pacífico y próspero y que para ello “debemos mostrar a las mujeres y a las niñas que no existe motivo alguno para poner límites a sus sueños y aspiraciones”. También Condoleezza Rice, ex secretaria de Estado de los Estados Unidos, y Chelsea Clinton suman su apoyo y recomiendan los consejos prácticos de Sandberg para que las mujeres podamos afrontar los retos del siglo XXI.


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