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Espejito, espejito...


Por Daniela Calabró.


Espejito, espejito...
¿Por qué las mujeres de esta era están tan disconformes con su imagen? Las especialistas ponen el foco en los estereotipos que instalan los medios, en los problemas de autoestima y en el poco contacto con la belleza interior.  

Que los labios de Angelina Jolie, que el rostro de Araceli González, que la sonrisa de Julia Roberts… las mujeres más lindas siempre están lejos y nunca en el propio espejo. Ya sea por el estereotipo de belleza que presentan los medios, por las propias inseguridades, por la presión social o por los problemas de autoestima, la realidad es que son pocas (poquísimas) las mujeres que se sienten atractivas. 

Un estudio llevado a cabo durante el año 2012 por la consultora D’Alessio IROL, arrojó que el 98% de las argentinas no están del todo conformes con su imagen. Frente a la pregunta acerca de cómo se calificarían a partir de su aspecto, solo dos de cada cien mujeres dijeron sentirse lindas, mientras que un 45% se definió como “una mujer promedio”. Las que aseguraron ser poco atractivas ascendieron al 18%. 

“El espejo en el cual se miran las mujeres es, en realidad, la mirada de los otros, de la sociedad… una mirada crítica. Por otro lado, hay una gran inseguridad interior. Es una especie de vacío, y, como no nos damos tiempo ni silencio para reflexionar al respecto, lo llenamos rápidamente con las creencias de los demás”, asegura Tini de Bucourt, exmodelo y actual entrenadora en talleres sobre actitud femenina. “Cuando priorizamos la necesidad de complacer, nuestro deseo real queda excluido y nos alejamos cada vez más de nuestra verdadera belleza”, agrega. 

El 45% de las mujeres prefiere ver figuras “reales” en los avisos publicitarios.

Alejandra Stamateas, escritora, conductora y conferencista sobre temas de la mujer, coincide: “Lo que nos empuja a esa disconformidad es, en primera instancia, la presión social, pero la mayor exigencia viene desde dentro de nosotras mismas. A todas nos gusta tener buen aspecto, pero tendemos a creer que no damos la talla; queremos estar delgadas, pero consideramos que nunca es suficiente”.

Los números avalan esto. Cuando se les preguntó a las mujeres en qué momento se sentían más incómodas con su cuerpo, setenta y una de cada cien dijeron que era frente al espejo, es decir, cuando se sometían a su propio juicio. Y un porcentaje un poco menor de las encuestadas relacionó la disconformidad con el momento de comprarse ropa (otra instancia en la que la mujer se juzga a sí misma). Solo un 25% sostuvo sentirse mal cuando se comparaba con otras mujeres; un 22%, al momento de seducir, y un 18%, cuando estaba frente a su pareja. 

El mandato de la caja boba 

Si bien las especialistas coinciden en que las mujeres suelen ser sus propias verdugas, no se puede dejar de lado que el modelo de belleza establecido suele meter la cola en el asunto.
“Los medios de comunicación, sobre todo la televisión, han puesto mucho énfasis en el cuerpo perfecto. La mujer es influenciable, y la comparación que se genera es hostil”, asevera la doctora Patricia Dermer, directora del centro de medicina estética Lidherma. 

“La glorificación que se hace de la belleza física nos da la sensación de que nunca alcanzamos la talla correcta, de que siempre estamos fuera del sistema. Y eso genera mucha angustia y culpa. Hoy no tenemos modelos de cuerpos femeninos de más de 50 años. Hay un único modelo de cuerpo que es el de la adolescente. Pareciera que todas debiéramos imitar ese modelo; las de 15, las de 20, las de 30, las de 40, las de 50, las de 60. Y eso es absolutamente imposible”, se suma Stamateas. 
Por otro lado, cuando la presión de los medios se combina con la vida vertiginosa de las sociedades actuales, genera aún más conflictos internos.

El 91% de las mujeres argentinas considera que la belleza influye en el éxito laboral y personal.

“Hay mujeres muy activas, orientadas a lo laboral, con mucha actividad mental, que se angustian porque no tienen tiempo para ellas y para satisfacer esa creencia de que tienen que ser de una determinada manera para ser consideradas lindas”, agrega de Bucourt. 

Las causas más profundas 

Es cada vez más vox pópuli que la angustia, los problemas emocionales, el estrés y la falta de motivación se reflejan en la salud. Por ende, el cuerpo y la estética no quedan exentos. “La mirada sobre nosotras mismas está influenciada por los hechos cotidianos que vamos viviendo. Si una mujer tuvo que enfrentar una situación de enojo, tal vez cuando llegue a su casa y se mire al espejo se vea horrible. Esto también tiene un condimento cultural: a la mujer le enseñaron que enojarse no era femenino. La mayoría de las mujeres trasladamos a nuestra imagen corporal todos los sucesos cotidianos. Por eso, un día nos levantamos bien y a las cuatro horas nos sentimos las más feas del mundo”, detalla Stamateas. 

En el mundo, solo una de cada ocho mujeres se siente linda.

La doctora Dermer, por su parte, pone el foco en la independencia: “De acuerdo con mi experiencia en el consultorio, las mujeres que dependen económicamente de su pareja tienen más inseguridades y buscan más parecerse a un modelo idealizado en vez de aceptar los rasgos que tienen y resaltar su propia belleza. Las mujeres independientes suelen sentirse más seguras”. 
Para Tini de Bucourt, el problema más grande y que más se refleja en la estética es la constante postergación de los sueños: “Muchas mujeres tienen un vacío grande por no estar poniendo en acción sus deseos profundos, que son postergados día tras día, igual que los sentimientos. La mejor actitud es la acción. No es importante parecer joven, pero sí ser vital. El placer de lograr los deseos da un brillo especial que no tiene nada que ver con la altura, el peso o el pelo. Simplemente aparece el ser, que no se puede comprar, ni copiar, ni operar. No hay ropa ni maquillaje que te lo dé”.

La forma de brillar

La primera herramienta para frenar el alud de exigencias e inseguridades es detenerse a pensar, llevar el problema al plano consciente y dejar que la razón intervenga: “Tenemos que cuestionar los parámetros de belleza que nos enseñaron con una pregunta simple: ‘¿Quién dijo que…?’. ¿Quién dijo que ser bajo es malo, quién dijo que ser gordo es feo, quién dijo que mi nariz es desproporcionada? La idea es cuestionar la autoridad externa a la que le creímos por mucho tiempo y comenzar a enunciar nuestros propios parámetros de lo que es bello para nosotras”, recomienda Stamateas. 

A partir de allí, una empieza a verse a sí misma de otro modo, a moldear su propio estilo de belleza y a aceptarse tal cual es: “Cada una puede ser su propia obra de arte –dice de Bucourt–. Para ello tenemos que conectarnos con nuestro coraje y poner en marcha nuestros deseos, más allá de lo que los otros opinen. Ser vos te conecta con tu verdadera belleza. Con una belleza que impacta en todos los sentidos, que es inolvidable, que no hace ruido ni tiene gestos superfluos, que es relajada, cómoda y, sobre todo, llena de confianza”.

A cualquier edad 

El cuestionamiento sobre la propia imagen es un tema que comparten las mujeres de todas las franjas etarias. Pero, en cada etapa, el trabajo para resolverlo es diferente: “Las adolescentes tienen la edad ideal para trabajar el concepto de que son únicas. En los talleres les enseño el potencial que cada una tiene. Cuando logran manifestar un estilo propio, pareciera que el cuerpo comienza a sonreír”, comenta Tini de Bucourt. Para las adultas, recomienda: “Que dejen de lado esa necesidad de parecer siempre jóvenes. Que les dejen el espacio a sus hijas, que se transformen en mujeres centradas y llenas de confianza, que pongan en marcha sus deseos, ¡y que no posterguen más!”.

A la hora de verse linda

Desde el centro Lidherma, la doctora Patricia Dermer cuenta que la principal preocupación de las mujeres de hoy son las piernas y la cola. “Suelen verse peor de lo que están y hasta vienen con sus hijas para que se traten desde chicas. ¡Pero no lo hacemos! Por otro lado, las jóvenes se preocupan por el acné y la piel grasa. Es muy atendible y mejoran totalmente. Entre lo más elegido por todas las edades están los tratamientos para la celulitis y la flacidez, y las técnicas con láser y botox”. En cuanto a la elección de productos, el maquillaje es la categoría fetiche de las teenagers y jóvenes de hoy, mientras que el cuidado del cabello es la categoría amada por las jóvenes de más de 30. 

Por último, las mujeres que las especialistas llaman seniors optan por las cremas, tanto por sus efectos antiage como por la sensación de relax que generan. Para verse linda hay que nutrir los cuatro planos del ser, como dice Tini de Bucourt: el intelectual, el espiritual, el emocional y el corporal. La belleza exterior es un reflejo de la belleza interior.

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