ENTREVISTA


Siempre quise ser campeón olímpico


Por Alejandro Duchini.


Siempre quise ser campeón olímpico
El medallista de oro de taekwondo en los últimos Juegos Olímpicos, el argentino Sebastián Crismanich, habló de sus sueños personales y deportivos y de por qué la perseverancia fue el valor fundamental para alcanzar sus logros.

Sebastián Crismanich bebe agua de una pequeña botella y toma aire. Acaba de terminar su entrenamiento matutino y comenta a modo de reflexión: ”No hace falta tocar fondo para lograr algo. De hecho, hay quienes alcanzaron sus objetivos o sueños sin haber tocado fondo. Pero en los malos momentos es cuando uno se demuestra si puede ser campeón de la vida”. Hace más de un año que logró la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Londres. El 10 de agosto de 2012 se impuso en la final de taekwondo ante el español Nicolás García Hemme. “No volví a ver esa pelea porque me emociono mucho ver alguna foto, pero no más que eso”, comenta al recordar aquel episodio que le cambió la vida y su carrera para convertirlo en el taekwondista más importante de la historia argentina.

Desde entonces, su nombre es una referencia para el deporte nacional. Se le abrieron puertas que ni imaginaba. “Esa medalla me permitió estar con gente que de otra manera no habría conocido. Gente de la que aprendí cosas. Desde conductores de televisión hasta deportistas de primer nivel”, se alegra. Correntino nacido el 30 de octubre de 1986, conserva aún el tono litoraleño. Eso, a pesar de haberse ido a vivir a Córdoba cuando apenas tenía 7 años. Habla rápido y seguro. Transmite serenidad. Lleva una larga inactividad que, espera, se termine lo antes posible. Una fractura en la tibia derecha durante aquel combate inolvidable lo mantuvo alejado de las competencias oficiales hasta ahora. 

Aprovechó el tiempo para recorrer el país y brindar clínicas deportivas junto a su hermano, Mauro, también taekwondista. “Les cuento a los chicos mi historia de vida. Les digo cosas que creo que les pueden servir. Yo también necesité eso en mis comienzos”, sintetiza cuando se le pregunta cómo sobrellevó estos doce meses. Finalmente, en diciembre, cuando se dispute en la ciudad inglesa de Manchester el Grand Prix de la especialidad, Sebastián volverá a la alta competencia.

–¿Cuál es tu prioridad: ser campeón de la vida o del deporte?
–Primero, campeón de la vida; después viene lo deportivo. El sentirme campeón de la vida es algo que fui construyendo día a día, desde que empecé las prácticas de este deporte. De chico siempre tuve una visión: quería estar en el podio de un Juego Olímpico. Desde entonces, empecé a construir ese campeón de la vida, porque cada esfuerzo estaba basado en ese objetivo. Después, con el tiempo, vienen los grandes resultados.

–¿Qué te pasa cuando no podés alcanzar alguno de tus objetivos?
–Hay veces en que los golpes psicológicos son muy fuertes, pero siempre intento levantarme. 

–¿Un mal momento?
–El clasificatorio olímpico a Beijing (Juegos Olímpicos 2008), donde quedé eliminado en la primera ronda. Fue un golpe psicológico muy fuerte, porque le había dedicado mucho; entonces, duele más. Ese fue el momento más doloroso de mi carrera. Y después están las lesiones, que no permiten hacer lo que uno hace todos los días.

–¿Cómo hacés para no perder incentivos cuando ganaste una medalla de oro nada menos que en un Juego Olímpico?
–Mi sueño de la vida era uno. Y ya lo cumplí al lograrlo. Tal vez el día de mañana tenga otro. Justamente es ahí donde está el gran desafío. Conozco muchos atletas que tras alcanzar su sueño decaen en su rendimiento y también en lo personal, que es lo más importante. No quisiera que me pase eso a mí. Para que eso no me suceda es que elaboré nuevos objetivos, que deben ser más grandes que el anterior. Una carrera siempre ascendente.

–¿Y en tu caso?
–Sé que mi medalla de oro es la décimo octava en la Argentina, pero también sé que no hay un atleta en el país que tenga una de oro y otra olímpica, de plata o de bronce; o dos olímpicas de oro. Así que voy por eso. Me desafío a mí mismo a ir detrás de eso. De esa forma intento seguir de pie cada día.

La admiración 

–¿Qué les decís a los chicos que te admiran y participan de los talleres o clínicas que das por el país?
–Siempre les cuento cómo empecé en este deporte, cuáles eran las herramientas que tenía a mi alcance. Hoy los chicos tienen más herramientas. Y les digo que si yo pude lograr mi sueño, ellos también pueden lograrlo. También les recalco que la perseverancia es muy importante en la carrera deportiva, sumada al autocontrol, al espíritu y a la disciplina. Para mí fueron siempre fundamentales en mis logros, además del apoyo de mi familia. El apoyo de mi entorno es importantísimo. 

–¿Qué te pasa al ver a aquel chico que fuiste?
–Siempre trato de que estén firmes en mí aquellos pensamientos que tenía cuando era chico. Teniéndolos presentes es posible que pueda ayudar a los chicos que tienen mi mismo sueño, para quienes puedo ser un referente. Trato de darles la palabra justa, la misma palabra que yo necesité y que recibí en su momento. Dar y recibir.

–¿Qué te da el hecho de recorrer el país para hablar de tu pasión, el taekwondo?
–Encontrarme con culturas diferentes. En cada uno de los lugares nos atienden de manera distinta, así que hay que ser maleable. Estoy acostumbrado a verme con mucha gente: eso me ayuda a mostrar la mejor versión de lo que soy.

–¿Qué te significó la medalla de oro en lo personal?
–Creo que va más allá de la medalla de oro. Se trata de la experiencia que adquirí en los últimos años, que me enseñó a tomar con más madurez las cosas. Pero, sin duda, este año he madurado el equivalente a diez. Viví cosas que no pensaba vivir y que no creía que me iban a pasar. Todo lo que aprendí en las prácticas de este deporte me sirvió para desenvolverme en la vida personal, en la vida cotidiana. La filosofía que me enseñó el taekwondo me hizo mantener los pies sobre la tierra. 

–¿Y al taekwondo que le significó este logro?
–Conocimiento, difusión. Quienes antes no conocían este deporte hoy lo mencionan. Eso es algo que me llena de orgullo, porque se ha difundido, y mucho, y me siento responsable. Si la medalla de oro la hubiese conseguido en otro deporte, es posible que la respuesta no habría sido la misma. Pero lo cierto es que el taekwondo tuvo una gran explosión y eso se ve en una nueva camada de gente que lo practica. Tengo en claro que quiero aportarle todo lo posible a este deporte.

–¿Y qué te parece que pensarán de vos tus colegas, que son, al mismo tiempo, tus eventuales rivales deportivos?
–Por experiencia, soy consciente de una cosa: que en mi categoría soy el rival por vencer, el más estudiado. Por eso, debo prepararme cada vez mejor. Sabiendo, sobre todo, que en el 2016, cuando se disputen los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, llegaré con el mejor rendimiento de toda mi carrera. Sé que todos me van a querer ganar.

–¿Quién sentís que sos?
–… Alguien que se tiene mucha confianza. Alguien que sabe que las cosas son difíciles pero que, si se persevera, se pueden lograr. Alguien que aprendió a disfrutar de lo que le pasa y que tiene la tranquilidad de haber hecho un gran trabajo en lo suyo. Alguien que, pase lo que pase, siempre mira hacia delante.

La perseverancia, su valor más importante

“Haber tenido siempre perseverancia es uno de los factores más importantes de los que me acompañaron en la vida. De hecho, en este regreso a la actividad después del oro olímpico, ese valor es muy importante, al igual que la disciplina”, dice Crismanich. Y arremete: “Es lo que más me distinguió. Porque yo siempre fui una de esas personas que luchan contra viento y marea en un camino al que muy pocos llegan pero muchos desean”. Según este taekwondista, que llevó su actividad a un nivel que nunca antes había tenido en nuestro país: “En la vida hay que aguantar siempre un fuerte ritmo y empujar por un sueño.

Eso es lo que me hace ir hacia delante”.¿Qué tienen en común la perseverancia y las convicciones?, le preguntamos. Entrecierra los ojos, toma aire y, tras pensarlo un poco más, dice: “Las convicciones son fundamentales porque deciden el paso siguiente que vas a dar. O el que no vas a dar. Deciden si avanzás o te caes a un pozo. Muchas veces, gracias a las convicciones, uno puede tocar fondo para llegar luego a lo más alto”.

Crismanich, un chico de oro

Sebastián Eduardo Crismanich nació el 30 de octubre de 1986 en Corrientes. A los 7 años empezó a practicar taekwondo para acompañar a su hermano, Mauro. Además, su papá, Daniel, los había incentivado a ambos, ya que también incursionaba en las artes marciales. En 2007 se fue a estudiar Agronomía a Córdoba, donde continuó con el mismo arte marcial en la Universidad Nacional local. Poco a poco su nombre fue ganando un lugar en esa disciplina. Sobre todo, cuando logró un lugar para los Juegos Olímpicos de Londres 2012 al ganar el preolímpico de Querétaro, en México, ante el estadounidense Steven López. 

Era la esperanza argentina en la máxima competencia. Y superó cualquier tipo de expectativas al quedarse con la medalla de oro tras vencer en la final al español Nicolás García Hemme. Entre sus títulos figuran también el Campeonato Panamericano Juvenil de Río de Janeiro (2003), el Campeonato Panamericano de Buenos Aires (2006), el Abierto de Alemania en ese mismo año, los Juegos Panamericanos de Guadalajara y el mencionado preolímpico de Querétaro (ambos en 2011), el Sudamericano WTF de Buenos Aires y el Abierto de Holanda (los dos en 2012), además del oro olímpico en la categoría de hasta 80 kilos.

“Mis próximos objetivos son los Juegos Odesur y los Panamericanos. Pero antes debo perder cualquier tipo de temor ante mi lesión, que es algo que quedó en el pasado”, sostiene al hablar de esos proyectos que pueden cambiar, pero nunca abandonarse.

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Quinta consigna 

Ayuda desinteresada a quienes lo necesitan. Tender una mano y arrimar el hombro sin esperar nada a cambio.


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