ENTREVISTA


El humor es mi lenguaje para la vida


Por Guadalupe Treibel..


El humor es mi lenguaje para la vida
Mientras encanta al público con su Daniela en Solamente vos y lanza su carrera solista como cantante, la completísima Lali Espósito continúa consolidándose como uno de los jóvenes talentos del star system argentino.

Entre las muchas loas que pueden obsequiársele a la petite Lali Espósito, el desparpajo y la simpatía no pueden quedar por fuera de una descripción cabal donde, además, habría que sumar un talento excepcional para resolver situaciones de comedia. Y aunque ya lo había demostrado en sus recordados roles para Casi Ángeles o Cuando me sonreís, es en Solamente vos, la tira de Pol-ka, donde saca a relucir a diario la aceitada gracia actoral que lleva más de una década entrenando. Porque, con apenas 22 años, la joven que conoció la fama de la mano de Cris Morena no ha dejado de ponerles el pecho a variopintos desafíos en la pantalla chica, el teatro y el cine. 

Es ecléctica y arriesgada, pero para nada improvisada. La joven Espósito, que de niña prefería ver Olmedo antes que dibujitos animados, que hace uso a diestra y siniestra de la pregunta “¿Por qué?” –porque de todo quiere saber: backstage de shows, luces, sonido…–, y que mata las pocas horas libres pintando grandes lienzos, ahora se ha encomendado a la tarea de ser, tal vez, la nueva estrella pop que la Argentina andaba necesitando. Esto se advierte en su primer disco solista, Lali, cuyo corte difusión ya ha recibido miles de clics adelantando que Espósito quiere hacer bailar. “Si aprendo a hacer luces y a los 40 pretendo dedicarme a eso, no se me van a caer las uñas por ser actriz”, avisa.

–¿Es cierto que te fugaste para hacer tu primer casting?
–Es cierto. Tenía 10 años y me acompañó mi hermana de 15 sin que mi mamá supiera. Viajamos desde Parque Patricios hasta Palermo por un casting para una serie que se iba a llamar Corazones en banda. Nos bajamos mal del bondi, caminamos y caminamos, sin encontrar el lugar, hasta que vimos una fila larga con chicos y asumimos que era ahí. Hice la cola, me atendieron, dieron Rec a la cámara y me preguntaron de dónde venía. “De mi casa”, les dije. “No, no, de qué agencia”, replicaron, y agregaron “¿Cuáles son tus experiencias previas?”. Lo más que había hecho era bailar frente al espejo al son de un tema de Queen… Me fui pensando que no me iban a llamar. A la semana sonó el teléfono y atendió mi mamá; con cara de asesina serial, cortó, me miró y me dijo: “Quedaste para el taller de Cris Morena”. “Pero ¿cómo? Si yo fui al de Corazones en banda”, pensé. Y después descubrí que por error, me había metido en el casting de Cris Morena. 

–¿Pero estabas familiarizada con los productos de Cris Morena?
–Fanática total de Chiquititas. ¡Quería matar a mi madre para ser huérfana y vivir en ese hogar increíble! 

–¿Desde aquel momento tenías la certeza que querías ser actriz?
–En realidad, ahora sé que quiero hacerlo para toda la vida; en ese momento, me mandé de atrevida, para ver qué pasaba. 

–¿Podría decirse, entonces, que la vergüenza o la timidez nunca fueron un problema en tu vida?
–Para actuar o bailar, no. Y la poca que tenía me la quitaron los miles de shows de Teen Angels, que me ayudaron a que la exposición de estar sobre un escenario me resultara normal por hábito o por costumbre. Igual, trato de que no me resulte tan normal. El día que pierda la capacidad de asombro, dejo todo y me pongo un parripollo.  

–¿El fenómeno Casi Ángeles superó tus expectativas?
–Absolutamente. Creo que las de Cris también. Pensá que el programa iba a durar un año y la banda ni siquiera estaba contemplada al comienzo. Pero creció y se convirtió en lo que fue… 

–Un gigante con pies de plomo que revolucionó a Israel… ¿Por qué creés que hicieron tantas olas en ese país?
–Creo que Casi Ángeles caló hondo porque los adolescentes abrazaron la esperanza del mundo Cris Morena, con la ilusión de que su propia realidad cambiara. En la tira, se habló mucho de la guerra, de lo que pasaba en el mundo, de los buenos, de los malos, y pasábamos imágenes de noticieros reales. Y en Israel, donde un adolescente va al ejército, el peligro de una bomba es parte del cotidiano. 

¿Sabés que allá tienen un canal dedicado a productos argentinos y que los chicos piden tener castellano en los colegios por las novelas de Cris?Cuando alguien trabaja con jóvenes, tiene que saber muy bien qué se quiere contar, cómo decirlo y con qué palabras. Por eso, el mensaje de Cris llega. Todavía no se le ha dado todo el reconocimiento que merece. En parte, creo que lo que muchos no le perdonan es que sea una mujer exitosa en un ámbito –el de los productores– que es básicamente masculino. Cris es el ejemplo de cómo ser una mujer e ir contra el mundo.  

–Durante el tiempo que duró, la banda y la tira tuvieron fans muy fieles. ¿Seguís sintiendo el apoyo de ellos?
–Sigo. Todavía me mandan fotos de shows y suben videos de Casi Ángeles. Me simpatiza mucho, porque estoy muy orgullosa de haber formado parte de eso; nunca renegaría del lugar que se me dio. No solo por una cuestión de respeto, sino porque disfruté mucho esos años.

–Arrancaste muy chica. ¿Cómo aprendiste a lidiar con la fama y mantener los pies en la tierra?  
–Para ponerlo en porcentajes, diría que un 50% se lo debo a Cris y un 50% gracias a mi familia, que, cuando me veía derrapar, me bajaba los humos. Y no porque no creyeran que tenía pasta de actriz –mis papás lloran cuando me ven actuar y transmitir una emoción–, pero algo de lo real prevalecía: llegar a casa, hablar con mis hermanos sabiendo que su día era tan importante como el mío… Si yo no tuviese la suerte de tener este trabajo, seguiría teniendo la suerte de tener esta familia que, para mí, es lo más importante y de la cual estoy muy pendiente. Porque está la vida y, después, la profesión. El problema con muchos chicos es que no entienden que este trabajo es una máquina y uno es elegido para formar parte de ella.

–Según he leído, tu papá tiene una profesión no tan habitual: es entrenador de fútbol infantil. 
–¡Sí! Mi papá es un DT de corazón; ama trabajar con chicos. Y mi hermano jugó profesionalmente fútbol de salón cuatro años en Italia. 

–Familia futbolera. ¿Vos también jugaste alguna vez?
–Cuando era chica, mi papá no me dejaba; decía que era cosa de hombres. Igual, me metía en sus prácticas y, aunque me echaba de la cancha, yo seguía haciendo lo mismo que los chicos, pero desde afuera. ¡Así no me podía decir nada!

–Al que te toca hacerle la contra ahora es a tu papá ficcional, Adrián Suar, en Solamente vos. Al principio tu personaje era el que calmaba las aguas, y ahora ha virado hacia el humor… 
–Daniela mostró sus primeras rebeldías, comenzó a contestar. Abrió la canilla y ahora deja salir todo. Y es cierto: ha virado hacia el humor. Cuando empezó la tira, era un personaje conciliador, que contenía a la madre, que lidiaba con el lío familiar, pero la curva que ofrece la tira diaria me permitió dar un giro. Tenía ganas de hacer comedia y muy respetuosamente empecé a buscar ese camino. Pensaba: “¿Por dónde puedo explotar la comedia en estas situaciones?”. No me desesperé, no lo pedí; trabajé para. Confío mucho en el resultado del trabajo arduo; da resultados. Por eso, con el tiempo, encontré el color para decir algo en serio sin dejar la comedia. Ojo, el humor no es para todo el mundo ni todo el mundo tiene humor… 

–En tu caso, pareciera darse muy naturalmente. Tenés un timing muy aceitado y un manejo privilegiado para las situaciones de comedia. No solo puede apreciarse ahora en Solamente vos; en Casi Ángeles o Cuando me sonreís ya te movías como pez en el agua en ese registro…
–Se ve que tengo pasta para eso. En lo personal, tengo un enamoramiento con la comedia, porque está buenísimo lo que pasa con la risa en general. Por algún motivo, mis personajes siempre se corrieron para ahí. Con los Teen, por ejemplo, mi personaje había arrancado como una chica de reformatorio, mala onda, peleadora, jodida, triste, y terminó siendo el personaje gracioso que distendía y ayudaba a procesar. 

–¿Siempre fuiste el payasito de tu grupo de amigos? 
–¡Sí! ¡Era la que imitaba a los profesores! Igual, toda mi familia es graciosa. Podemos estar horas muertos de risa. Es el idioma que manejo: mi lenguaje para la vida. No me tomo nada muy en serio, no me hago mucho drama, no me engancho en esa. Será que no quiero contaminarme de cosas, y, en ese sentido, el humor me salva.

–Ojo, a veces el humor también sirve para evadirse…
–No es mi caso. Enfrento lo que tengo que enfrentar, pero naturalmente agradezco las distracciones. 

–Sin embargo, también te animaste a personajes dramáticos de peso. El año pasado, sin ir más lejos, protagonizaste Las brujas de Salem, el clásico de Arthur Miller, interpretando a la legendaria bruja Abigail Williams en teatro. ¿Cómo fue esa experiencia?
–Como actriz joven, que te convoquen para hacer una Abigail, una Julieta, una Rosaura, una hija de Bernarda en teatro es un sueño. Pero la propuesta era tan enorme (en el elenco estaban Juan Gil Navarro, Roberto Carnaghi, Carlos Belloso, Rita Cortese, Julia Calvo) que durante un tiempo pensé que no lo iba a poder hacer. Hasta que me animé, salí de mi zona de confort y quedé en ese elenco increíble. Después trabajé como loca: me comí miles de libros para saber cómo se vivía en esa época, qué nivel de importancia tenían las mujeres (era nula), por qué esa mujer necesitaba llamar la atención de esa manera. En una sociedad tan cerrada, tan careta, lo único que quedaba era la locura. 

–Una de las preguntas con la que te bombardearon todo el año fue si tenías ganas de ser madre (comparando tu situación con la de la China Suárez, que fue mamá). ¿No te resultó por lo menos insólito que, con apenas 22 años, todos te quisieran ver embarazada? 
–La gente proyecta mucho. Es lindísimo verla a ella como madre, pero ¿por qué tengo que estar embarazada yo también? La respuesta, cortita y al pie: “Por el momento, no”. Quiero que sepas que mi vida se redujo a dos preguntas este año: “¿Querés tener un hijo, como la China?” y “¿Es copado Suar?”. 

–Lali… ¿es copado Suar?
–(Se ríe). ¡La verdad que sí!

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