ENTREVISTA


Me encanta reinventarme


Por Agustina Mussio.


“Me encanta reinventarme” 

Interpretar a la poetisa Alejandra Pizarnik en la obra de teatro La mujer de los huesos de pájaro es el gran desafío de Fernanda Callejón. Una actriz versatil que sabe cómo rediseñar su vida.

Fernanda Callejón está sentada en un bar palermitano. De repente, con los ojos húmedos de lágrimas, la actriz dispara frases como estas: “¿Quién no se sintió sola aun estando acompañada? ¿O desesperada por ese beso que te corte la respiración”. Fue en los sentimientos de soledad donde encontró un puente para adentrarse en el mundo íntimo de Alejandra Pizarnik, la poeta a quien encarna todos los viernes en La Casona del Teatro con la obra La mujer de los huesos de pájaro. Cuesta reconocer a la actriz que fue estrella en el teatro de revista, hizo tapas de Playboy y a sus 47 mantiene un cuerpo envidiable. 

–Siempre fuiste muy femenina. ¿Fue difícil acostumbrarse a los movimientos varoniles para la obra?
–No me cuesta porque me amalgamo con el personaje. Me empecé a sentir cómoda con ropa más masculina porque comprendí a Alejandra y lo que la motivaba. De hecho, yo en mi casa no vivo de taco aguja; soy muy del jean y las zapatillas. Igual creo que Alejandra era una mujer muy sensual, pero desde niña le hicieron creer que era fea. 

–¿Te costó dar con el personaje?
–Lo saqué en tres meses, pero además de los ensayos me armé un búnker en mi propia casa: ponía fotos de ella, espejos, y estudiaba el libro escuchando música de Édith Piaf. Es la primera vez que estudio con ruido y corriendo. Todos los días hago cinta en casa. Nunca escribí un libreto y ahora, en cambio, lo escribí todo. Tuve que trabajar mucho, pero ella me fue llevando.

–Era una mujer muy conflictuada en su vida personal. ¿Sentís que lograste comprender sus emociones?
–Logré conectarme muy fácil con sus emociones. Mi lema no fue imitarla, sino encontrar su esencia y poder hacer un bosquejo de ella. Por eso, era muchísima la responsabilidad. Elegir cómo se iba a vestir: cada camisa y cada pantalón, los colores. Hice una búsqueda exhaustiva de este personaje y al principio encontraba cosas sueltas, pero después apareció una entrevista que para mí fue clave. Esa nota la pintó de cuerpo entero. 

–¿Tenés algún punto de identificación?
–Sí, con el tiempo. Tal vez ahora que estoy disfrutando más la obra. Me siento identificada con su profundidad y con la importancia que les da a las palabras. Para mí son muy importantes y me cuido mucho cuando hablo. Trato de usar las palabras correctas porque considero que tienen mucho peso y poder. También me identifico con algunas partes de su vida, cuando habla de la soledad, con lo que también se identifica mucha gente. ¿Quién no se sintió sola aun estando acompañada, o desesperada por ese beso que te corte la respiración? O cuando dice: “Que frías son las noches de invierno que me encuentro abrazando la almohada desesperadamente”. Me emociona. Eso habla de una soledad, un desamparo, una fragilidad... En esas cosas sí me identifico porque he vivido muchos años sola. Y me parece que ella es una mujer libre y yo también soy libre de pensamiento, no me gusta cumplir con los mandatos sociales. 

Cuando todavía era una adolescente, Fernanda Callejón dejó Villa Carlos Paz para instalarse en Buenos Aires y estudiar teatro en el Conservatorio de Arte Dramático. Pero el destino le hizo tomar otro camino: el coreógrafo de Moria Casán de ese momento la invitó a participar de un casting. A partir de ese encuentro fue ascendiendo peldaños en el teatro de revista hasta convertirse en una reconocida vedette. Trabajó con Jorge Porcel, Pepe Parada, Jorge Guinzburg y Emilio Disi, entre otros humoristas argentinos. Después de una temporada exitosa con Gerardo Sofovich decidió abandonar el mundo de las plumas para abocarse a la actuación: El hombre, 099 central, Costumbres argentinas, El puntero, Dulce amor y Solamente vos fueron algunas de las tiras en las que participó. En la actualidad, la actriz se luce en su primer unipersonal. 

–Empezaste como vedette y ahora estás en el escenario vestida con look varonil sosteniendo un unipersonal. ¿Cómo generaste este cambio ? 
–Se fue dando. No fue que me levanté un día y dije: “Me voy a reinventar”. Siempre fui actriz, pero muchos años actué de vedette. Sin embargo, no reniego porque me ayudó a formarme. Para mí no existen los géneros menores y, por otra parte, trabajé con los más grandes cómicos. 

–¿Cómo lo recordás a Jorge Porcel?
–Tengo muy buenos recuerdos. Mucha gente habla mal de él, pero yo siempre tuve muy buena relación. 

–Después de una temporada exitosa con Sofovich dejaste... ¿Por qué?
–Me pareció una etapa cumplida. Quería dedicarme a mi verdadera vocación, que era ser actriz. Quería rediseñar mi carrera. 

–¿Enfrentaste prejuicios para ganar un lugar dentro de la actuación?
–Sí, pero también hubo mucha gente que me dio una oportunidad, como Adrián Suar, que me ofreció la posibilidad de hacer mi primer papel dramático en televisión, en la serie El hombre. Para la película Sofacama hice un casting de cinco horas, pero fue una bisagra en mi carrera. Gracias al film con Cecilia Roth gané varios premios. El prejuicio lo padecí, pero no me molesta porque es algo cultural. Todos tenemos preconceptos. Einstein decía que es más fácil disolver un átomo que un prejuicio, y es verdad. Yo creo en la construcción del personaje y no solo en el physique du rol. Hice Confesiones de mujeres de 30 a los 42 años... 

–Te tenés confianza 
–Mucha. Como decía El Negro Olmedo: “Si no me tienen fe…” (risas). Creo en mí porque me gusta aprender y crecer. Porque soy curiosa y quiero saber hasta dónde doy; por eso me gustan los desafíos. Es muy fácil ser actriz en un lugar donde te sentís cómoda y podés hacer siempre lo mismo. Pero no me gustan las actrices que se repiten y detestaría repetirme porque siento que aburro al resto. Me encanta reinventarme, ir por varios lados. Hacer cine, teatro. Como no me formé en un conservatorio, a través de mi carrera aprendí de mis colegas. Además leo y soy una gran observadora. 

–¿Cómo te mantenés en forma?
–Corro una hora por día, hago un plan de ejercicios muy simples en casa y voy a una nutricionista que me ayuda mucho porque también me hace nutrición en la piel. No me gusta tocarme la cara, ni ponerme ni sacarme nada. Me gusto así, con las líneas de la vida; si no, es como un libro con hojas blancas. 

Hace tres años que la actriz convive con el músico Ricky Diotto, de 33 años. Se conocieron por Internet y después de chatear durante meses se encontraron: “Nunca había aceptado una cita a ciegas, pero son cosas de la vida… Apareció en mi compu, seguramente por algún amigo mío que lo aceptó. No me seduce nada lo virtual necesito el contacto, pero me habló muy bien. Me di cuenta de que me pasaba algo con él porque me tuvo entretenida durante dos horas. Cuando nos encontramos, vi en esos ojos el resto de mi vida. Y nunca más nos separamos”, recuerda Callejón.

–Él es doce años menor. ¿Te costó entregarte o nunca fuiste prejuiciosa con las edades?
–No soy  prejuiciosa. 

–¿Te asusta pensar que te pueda dejar cuando se note la diferencia de edad?
–Cero problema. El tiempo es amigo mío. Nada nos pertenece en la vida y menos el envase. Yo vivo el aquí y el ahora. Elijo lo que realmente me hace bien y lo que no lo alejo de mi vida. Al dolor lo transformo en algo positivo aunque me duela. Eso es lo que la vida me enseñó. Y creo que uno se va como viene. 

–¿Sos fácil para la convivencia?
–Soy muy adaptable. Tengo mi carácter y soy muy independiente. En esta relación me siento muy bien. Somos muy compañeros y artistas los dos… Cada relación te pone en un lugar distinto: hay hombres que pueden sacar lo mejor de vos y otros lo peor. 

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