INVESTIGACIÓN


Una pareja exitosa


Por Mercedes Colombres.


Una pareja exitosa
Un gen que inyectado a una vaca produce leche materna humana. Toros que tienen mil hijos. Computadoras que, con ayuda de satélites, hacen un verdadero ADN del suelo. De la mano de la tecnología, nace una serie de nuevos oficios del campo. 

Armados de GPS y tubos de ensayo, una nueva camada de expertos está haciendo historia en el país a la hora de producir alimentos en forma más sana y eficiente. “La Argentina es un país líder en adopción de tecnología agropecuaria. Y eso implica que tenemos técnicos de primer nivel en las universidades, en el INTA y en asociaciones como el Movimiento de Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (CREA)”, explica Gabriel Vázquez Amábile (45), ingeniero agrónomo de la UBA y doctor en Manejo de Sistemas Agrícolas de la Universidad de Purdue (Estados Unidos). 

“Para darse una idea de cuán importante es que la Argentina sea un país avanzado en esta materia, según el INTA el 68% del crecimiento de la producción de 1968 a 2008 se explica gracias a la adopción de tecnología”, acota el experto en agricultura por ambientes, una especialidad que está revolucionando la forma de producir. El GPS fue la clave porque les dio a los expertos herramientas como el mapeo de rendimiento, que permite ver metro a metro la variabilidad de rinde dentro de un lote y ayuda a llevar a cabo una agricultura a medida de cada hectárea. 

“Mi trabajo implica planificar el tratamiento que se le da a cada lote según la época del año y ajustar los parámetros en función de la información nueva que voy recolectando con imágenes satelitales. Para procesar esta información usamos programas de computadora que permiten analizar distintas capas de información y hacer análisis estadísticos. Es una herramienta muy interesante”, explica Vázquez Amábile, coordinador del Proyecto Ambiente de CREA.“Lo que hacemos en la agricultura por ambientes es aplicar dosis diferentes de fertilizantes o agroquímicos según las características del lote y del cultivo. 

Antes de tener esta arma, le indicábamos al tractorista qué dosis aplicar en el campo y él lo hacía de forma manual. Hoy tenemos un pendrive con la información de las dosis lote por lote, en una especie de Google Map. Se coloca el pendrive en la maquinaria y el GPS instalado en el tractor que decodifica esos mapas y le ordena al mismo tractor las dosis que debe aplicar en cada lote. Esto permite ser más eficiente en la administración de los insumos, lo que implica mejorar el negocio y reducir el impacto ambiental”, explica Santiago González Venzano, miembro de CREA y fundador de la consultora Solapa4, especializada en el tema.

Mariano Bulos (39) encarna otro ejemplo de los oficios innovadores del campo. Este licenciado en Biotecnología de la Universidad Nacional de Rosario e investigador del departamento de Biotecnología de Nidera forma parte del equipo que logró un gen de resistencia a herbicidas en girasol, que en la actualidad está siendo usado por semilleras de todo el mundo. Al mejor estilo Sherlock Holmes, pero de cultivos, expertos como Bulos, María Laura Ramos, Emiliano Altieri y Raquel Sensolini, y casi una veintena de asistentes del laboratorio de Biotecnología de Nidera, dedican sus días a descifrar el ADN de las plantas y, a través de herramientas moleculares, localizar los genes responsables de las características agronómicas del cultivo (como la resistencia a enfermedades); de esta manera los siguen a través de generaciones.

Estas investigaciones permiten al mejorador, que es el encargado de hacer que el cultivo produzca más, decidir con qué plantas continuar adelante sus proyectos.“Nos apasiona la investigación y descubrir cuáles son los genes que controlan esas características de las plantas y poder localizarlos, modificarlos y evaluar sus efectos”, destaca Bulos. El trabajo de estos investigadores que trabajan en el país permite el desarrollo de nuevas variedades e híbridos, con mayor rendimiento y mejor resistencia a hongos, insectos y situaciones de estrés hídrico. 

Orgullo nacional

En 2009 los veterinarios Nicolás Mucci (39) y Germán Kaiser (43), y el biotecnólogo Adrián Mutto (41), en el INTA Balcarce, iniciaron el camino hacia una gran revolución: la generación de Rosita ISA, el primer bovino bitransgénico del mundo con capacidad para producir leche maternizada humana. Un logro cien por ciento argentino cuyo puntapié inicial fue una propuesta de Rodolfo Ugalde, de la Universidad Nacional de San Martín, de producir leche humanizada en cabras. La creación de Rosita implicó que Mucci, Kaiser y Mutto se instalaran a vivir en el INTA Balcarce y pasaran seis meses sin dormir para velar por ella.

“Pese a que Rosita ISA es un animal criado en el INTA, ella no entendía de horarios de oficina y necesitaba atención más allá de las 16.30. Le dábamos pasto verde cortado a cuchillo y deshidratado, o balanceado, en paquetes de papas fritas porque le gustaba el ruido del papel. Los meses pasaron,y las mismas manos que armamos la construcción genética y los embriones, que hicimos la cesárea de Rosita y que la alimentamos por seis meses, descubrimos la presencia de las proteínas humanas en su leche”, relató Mucci. El esfuerzo llevó varios años de trabajo, incluyendo varios estudios, como la construcción de células bovinas transgénicas, la realización de siete transferencias embrionarias y el armado de una sala de neonatología y de los corrales de Rosita por parte de los propios técnicos. 

Este descubrimiento implica, entre otros varios beneficios, la posibilidad de producir nutriceúticos, como leches modificadas capaces de aportar a las personas beneficios nutricionales una vez consumidas. “Los beneficiados del proyecto serían aquellos bebés que por distintas razones no tienen la posibilidad de consumir leche de sus madres. Nuestros trabajos apuntan a obtener una leche con las mismas características de una leche bovina común, con el plus de presentar dos proteínas de origen humano producidas por la glándula mamaria que mejorarían sus aspectos funcionales, reforzando el tracto digestivo de los bebés y ayudando en la absorción de hierro”, explica Mucci.

Revolución genética

La genética bovina argentina, considerada de punta a nivel mundial, le ha dado varios logros científicos al país. Por ejemplo, el de la familia Barberis, de Cabaña La Lilia, de Rafaela, Santa Fe, que en 2008 decidió clonar a uno de sus mejores ejemplares, la vaca lechera Blanca Armonía Florero, por cuatro, a partir de células de la oreja de Blanca. Si bien el veterinario Fabián Barberis, uno de los responsables del logro, reconoce que en su momento fueron pioneros, aclara que las performances de los clones de Blanca no fueron similares a la vaca original. “En nuestro centro genético hoy privilegiamos la transferencia embrionaria y la fertilización in vitro para obtener animales de alto valor”, dice Barberis, que es docente en la Facultad de Veterinaria de la Universidad Nacional del Litoral (UNL). 

Sin llegar a la clonación, técnicas como la transferencia embrionaria, la fertilización in vitro, el uso de semen sexado o del análisis genómico, que utilizan los genetistas  locales, están provocando una revolución. Barberis explica que la transferencia de embriones, una suerte de alquiler de vientre entre vacas, permite multiplicar por diez o por cinco la producción de terneros por vaca. El semen sexado, por su parte, posibilita generar más machos o hembras de acuerdo con la necesidad del productor. Esto último resulta muy útil en el caso de un tambo.  

Otro genetista y cabañero con varios logros para exhibir es el ingeniero agrónomo y zootecnista Gonzalo Vidal (52), criador, cabañero, coordinador del Foro Argentino de Genética Bovina. “A los que no trabajan en esto puede parecerles raro, pero debido a los avances que logramos, ya hay toros que tienen mil hijos, a partir de la inseminación artificial, y madres de cien hijos gracias al trasplante embrionario”, cuenta Vidal. La rutina de trabajo de Vidal, creador del reglamento de clonación animal vigente en el país, incluye elegir las combinaciones de animales que darán como resultado a los mejores terneros. 

Vidal recopila datos genealógicos para armar la esperanza de la progenie o DEP (diferencias esperadas de progenie), que no es otra cosa que lo que un productor puede esperar de los terneros hijos partiendo de un toro en particular, comparado con los hijos de otro u otros toros dentro de una misma raza, según un sistema de medición estándar que hoy se apoya también en análisis de ADN. “Hoy se pueden armar ejércitos de terneros con la misma base genética, sabiendo que se transfieren buenos índices de producción, para que sean derramados en la cadena de los criadores comerciales.

 Así, se eleva la calidad generando terneros que dan mejores producciones, que a su vez terminan siendo novillos o nuevas vaquillonas para las mejoras en los rodeos de cría convencionales”, explica. Clonadores de vacas, diseñadores de toros con capacidad de producir la mejor carne, expertos en una agricultura más eficiente. Ellos son los protagonistas de un nuevo estilo de producción en el país.

Innovación con perfume de mujer

Así como las personas van al médico, los cultivos tienen quien vigile su “salud”, a través de los responsables de seguimiento de sanidad de cultivos, como es el caso de Rita Robledo (38), una ingeniera agrónoma de la Universidad Nacional de La Plata. “Nuestro trabajo es ir a los lotes una vez por semana para ver la evolución de las malezas, plagas y enfermedades y hacer un diagnóstico de situación, con la recomendación que haga falta”, comenta Robledo, que trabaja para la empresa Solapa4. Con la difusión cada vez mayor de la agricultura de precisión, el trabajo de Robledo se hizo más complejo. 

“Varios de nuestros clientes tienen sus campos con agricultura por ambientes, así que hacemos seguimiento de cultivos georeferenciados para realizar aplicaciones sectorizadas. Así se reduce el impacto ambiental de las aplicaciones y se aplica eficientemente cada producto. Esto es importante porque creemos que hay que promover una agricultura sustentable que permita obtener buenos rindes protegiendo el medio ambiente y a la gente”, dice Robledo, para luego agregar que la empresa en la que trabaja forma parte de la Asociación Argentina de Protección Profesional de Cultivos Extensivos, que promueve la producción agrícola responsable con el medio ambiente.
 

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