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El arte sub-30


Por Tamara Smerling.


El arte sub-30
En la última década, una gran cantidad de artistas menores de 30 años logró montar su primera muestra en un galería, exponer y vender sus trabajos en ferias. Hasta hace unos años esto era algo impensado. Solo los artistas de renombre o con grandes colecciones podían acceder al exclusivo circuito comercial. Hoy ese “club” se renueva con la llegada de una generación que tiene otros hábitos y nuevas inquietudes.

Hasta hace algunos años, montar una muestra propia o vender una obra de arte costosa era una tarea exclusiva de artistas reconocidos, de “nombre” o medianamente exitosos. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, resultó que los jóvenes –menores de 30 años– proponen un circuito comercial donde sus pinturas, dibujos o esculturas están colgados en una galería muy de moda y usan otros artilugios acerca de cómo posicionarse ante nuevos compradores. Los especialistas reconocen que, solo en la última década, el número de artistas menores de 30 años creció un 28% y que ya a partir de los 18 hay jóvenes que comienzan a mostrar sus primeros trabajos. 

Solana Finkelstein tiene 27 años y estudió la orientación en Escultura de la carrera de Artes Visuales del Instituto Universitario Nacional del Arte (IUNA). Desde hace cuatro, reparte su tiempo entre su trabajo en el programa que el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba) propone para niños y adolescentes en el área de Educación, y las exposiciones en las galerías que Cecilia Caballero montó para sus muestras de arte contemporáneo. Si le queda tiempo libre, también participa en espacios independientes y estudia y se prepara en talleres. “Apenas salí del secundario, me metí en el IUNA. Hace dos años terminé la carrera. En los últimos años realicé también distintos talleres, desde joyería contemporánea hasta bordado, y ahora voy a uno de cerámica. Todas esto forma parte de mis herramientas de trabajo”, dice la joven. 

La primera muestra de Solana fue en una galería que ya no existe: Chez Vautier, y a partir de entonces, a veces por algunos concursos, otras veces por invitación de artistas o galerías, comenzó a participar en muestras de arte. “No suelo mandar obras a todos los concursos, pero si alguno me interesa en especial, por el espacio o la propuesta, intento ponerme las pilas. No es fácil tener un espacio para exponer, pero a veces se trata de que te inviten, y otras, de que uno proponga armar algo. Lo importante es no dejar de producir obra, trabajar y pensar y repensar en lo que uno hace, en cuál es el sentido”. En otras oportunidades, junto a su novio –que también es artista– organizan muestras colectivas en espacios no comerciales: la última fue en un centro cultural de San Miguel de Tucumán. Solana también suele dar talleres para niños o trabajar en escenografías. 

En la Asociación Argentina de Galerías de Arte (AAGA) dicen que la tendencia abarca a una gran cantidad de estudiantes en las carreras relacionadas con el arte, además de la participación de los artistas menores de 30 en galerías comerciales. “Sin duda, se está produciendo un cambio fundamental. Hace un tiempo se esperaba que el artista desarrollara su producción antes de incorporarlo en el circuito comercial, entre los 25 y los 30 años. Ahora, hay cada vez más galerías dirigidas por jóvenes que trabajan con artistas contemporáneos de ellos y que atraen a compradores que realizan sus primeras inversiones en arte”, explica Solange Guez, que forma parte de AAGA y además dirige su propia galería de arte contemporáneo. 

Martín Lanezan tiene 30 y es un poco tímido. Llegó a Buenos Aires, hace algunos años, desde General Madariaga. Ya desde chico mostró que le gustaban las acuarelas, las témperas y los pinceles: participó en todos los cursos de pintura de su pueblo. En 2003, después de un intento en Psicología, se anotó en el IUNA. “No vengo de una familia en la que se consuma mucha cultura, más allá de que se escucha mucha música folclórica, y fue aquí, en Buenos Aires, donde me enteré de que existía una licenciatura en Arte. En la facultad participé en clínicas con Eduardo Basualdo, Eduardo Molinari y Gabriel Baggio”, explica. Fue así como, mientras estudiaba y pintaba en el IUNA, llegaron algunas oportunidades y comenzó a mostrar sus trabajos. La primera muestra colectiva y la más importante, la individual, fue en Crimson. 

Lanezan, además de algunas muestras, obtuvo también sus premios: el año pasado ganó el primer puesto en Barrio Joven ArteBA, destinado a artistas y galerías emergentes. Este año trabaja en el colectivo de artistas S.A. Oficina de Estampas y en Cumbia Beuys. “Se fueron dando muestras individuales y otras colectivas donde pude conocer a artistas. En relación con mi obra, con el tiempo fui priorizando el momento de producción más allá de la imagen; me gusta pensar en el hombre primitivo y sus primeras manifestaciones, el acto de rayar y hacer imágenes; me gusta observar las cosas que cambian con el tiempo, organismos, animales, plantas y piedras. En algunas obras planteo situaciones de personajes con el medio que los rodea. En otras, intento representar el cambio y la energía de los objetos pintados”, cuenta el joven, que asegura que todas sus obras están ligadas al campo, como cuando era chico y buscaba hongos en las plantas, se pasaba horas mirando a los animales o juntaba algún objeto en desuso o oxidado. 

El arte, siempre relacionado con el lujo o el dinero, aparece entonces como un valor accesible y con cierto desparpajo, con la suma de estos artistas jóvenes a bienales y concursos, exposiciones y muestras donde la gestión cultural se yergue de un modo más llano, con variedad de precios y ofertas, artistas de todo tipo y lejos de la exclusiva aura que tuvo hasta ahora. Entre las propuestas, están la Bienal de Arte de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) –que sumó una nueva categoría de 14 a 18 años–, la que organiza el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, la Bienal de la Frontera de México o la Feria EGGO, donde se creó un programa,Galerías Recientes, destinado a impulsar espacios nuevos que representen a artistas jóvenes en el mercado.

La mayor feria de arte joven: EGGO 

EGGO es el nombre de la feria de arte joven que este año reunió cincuenta galerías y las obras de unos trescientos artistas. El lema: “Una feria audaz e innovadora. Democratizar el mercado proponiendo artistas emergentes a precios accesibles”. Solange Guez, una de sus organizadoras, explica que surgió como un gran semillero de estas nuevas galerías de arte joven porque notaron que era preciso generar un espacio de encuentro para que el público pudiera adquirir obras de arte a precios accesibles. Los precios rondaban entre los 1000 y 25.000 pesos como máximo. Otra de las consignas de la propuesta fue: “La idea es que cualquiera puede comprar y coleccionar arte y que empezar una colección es mucho más fácil y accesible de lo que se imaginan”.

Orly Benzacar, la directora de uno de los espacios de arte más prestigiosos de Buenos Aires –Ruth Benzacar Galería de Arte– cree, sin embargo, que la tendencia no es nueva y que artistas jóvenes y con talento hubo siempre: “Recuerdo que Guillermo Kuitca empezó a trabajar antes de los 20 años, que artistas como Adrián Villa Rojas, Jorge Macchi o Leandro Erlich comenzaron a exponer desde muy chiquitos en nuestra galería, cuando tenían 22 o 23 años, y hoy están consagrados en la escena internacional, con muestras en los mejores museos y colecciones del mundo”. La especialista recuerda, además, un premio que durante diez años (2002-2012) propuso su galería, denominado Currículo Cero, donde se convocó de manera abierta a artistas que tuvieran entre 15 y 30 años.

“En la galería recibíamos quinientas carpetas por año, llamaba a un jurado –que todos los años era diferente– y el premio que otorgábamos era el montaje de la primera muestra individual del artista en nuestra galería”. Por esa razón, Orly Benzacar sostiene: “No es que ahora haya más artistas. Sí me parece que el mundo cambió y hay una mayor visibilidad, lo que produce un cambio también en el mercado del arte que debe llenarse con cosas novedosas todo el tiempo. El mercado se ha amplificado mucho al haber más ferias, más visibilidad; me parece que todo ese fenómeno va de la mano”. Solange Guez, una de las organizadoras de la Feria EGGO, nota que los jóvenes, ahora, se preparan, se forman en esto, y que se dio un cambio general en los proyectos vinculados al arte. Además dice que, antes, las galerías esperaban hasta cierto tiempo para poner a la venta en el mercado la obra de un artista. “Ahora, son las mismas carreras de arte las que plantean la necesidad de que los chicos se sumen al circuito comercial. 

Entonces, ya son los mismos jóvenes quienes se lo proponen como un objetivo marcado, lo que genera un cambio de hábitos en la gestión de una carrera. De hecho, hay galerías de jóvenes que se encargan solo de promover a artistas de su generación y eso va creando realmente nuevos emprendimientos y nuevos espacios”.   

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