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Respetar...


Por Mariano Petrucci..


Respetar...

… las diferentes opiniones, las elecciones personales, los derechos individuales, las diversas creencias, la ecología… En más de una película, el cine reflexionó sobre el respeto como valor. Como sociedad, ¿lo hemos perdido? ¿Cómo recuperarlo? 

En la Misisipi de los años sesenta que recreó Kathyn Stockett, Eugenia “Skeeter” Phelan es una veinteañera de familia acomodada que empieza a analizar a su entorno social desde otra perspectiva. Y comprueba la dura cotidianidad de las tantas mujeres afroamericanas dedicadas al servicio doméstico que no tienen voz ni voto. Que padecen las ataduras y los prejuicios típicos de la época. 
La novela desembocó en la pantalla grande con el nombre de Historias cruzadas. Octavia Spencer, quien ganó el Oscar como mejor actriz de reparto, encarnó con maestría a una de esas mujeres que no gozaban del respeto de sus empleadores. Y ya lo enunció Jean-Jacques Rousseau: “Siempre es más valioso tener el respeto que la admiración de las personas”. 

“El respeto es la atención valorativa que ponemos en una persona, una institución, un acontecimiento o en cosas particularmente significativas. Es contemplar a ese individuo o esa realidad con una intensidad que demuestra todo lo que le reconocemos”, explica Julio César Labaké, licenciado en Psicología y doctor en Psicología Social, que acaba de publicar, precisamente, el libro Valores y trascendencia, con prólogo de Jorge Bergoglio –antes de ser Papa–. Y agrega: “El respeto es un valor, es decir, una cualidad sustantiva que perfecciona al ser humano. Un valor propio de nuestra naturaleza, a tal extremo que no podríamos vivir ‘humanamente’ sin él. Respetar a alguien es asumir que él es un ser tan importante como nosotros y que merece nuestra consideración. Emmanuel Levinás supo decir: ‘El Otro nos compromete antes de todo pacto’. Por todo ello, es esencial para la sociedad. El respeto es el comienzo de la superación del egocentrismo para alcanzar la solidaridad”.

El séptimo arte tocó este tema en diversas oportunidades: el respeto a uno mismo, a las elecciones, a los derechos personales, a las diferencias con el prójimo, a las creencias familiares, a la ecología… y la lista continúa. Por caso, en Milk: un hombre, una esperanza, Sean Penn interpreta brillantemente a Harvey Milk, un activista gay estadounidense que pelea por los derechos de su comunidad. Ambientada en los setenta, el personaje es el primer homosexual declarado que obtiene un alto cargo político (concejal de San Francisco). Por otro lado, en Invictus, se narra cuando Nelson Mandela utilizó la Copa Mundial de Rugby de 1995 para reducir las tensiones e intolerancias raciales en Sudáfrica, que podían haber llevado a ese país a una guerra civil. “Madiba”, que pasó casi treinta años en la cárcel, se convirtió en un símbolo de lucha contra el apartheid. Premio Nobel  de la Paz, su prioridad como presidente fue la reconciliación de sus compatriotas. 

El partido entre los locales y los neozelandeses fue una excusa perfecta para recuperar el respeto entre blancos y negros. Problemáticas como las planteadas por el largometraje dirigido por Clint Eastwood (basado en el libro de John Carlin) siguen aconteciendo. Tal vez maquilladas, con otro disfraz, más o menos graves. Pero hay deudas pendientes que todavía no se saldaron.  “Si somos coherentes con lo que muestra la ‘posmodernidad’, en cuanto al crecimiento de la fragmentación, el individualismo, el culto del ‘yo’ y la violencia, habrá que admitir que, efectivamente, hay una degradación del respeto. Hoy estamos tan acelerados que, por momentos, no queda tiempo para ‘re-spectare’: para ver en serio al otro y reconocerlo”, define Labaké, miembro de la Academia Nacional de Educación. Y ahonda: “El vértigo y la competitividad en que vivimos son enemigos de la disposición interior para el respeto. Asimismo, es necesario subrayar que la educación que estamos brindando a nuestros niños y adolescentes no es, justamente, una moción concreta y fuerte hacia el respeto, que implica un cierto renunciamiento para dar lugar al otro. Tenemos padres que no se respetan entre sí, padres que no respetan a los docentes de sus hijos... Son todos puntos que hay que repensar”.

Vos, yo, nosotros 

“Serás lo que debas ser o no serás nada” se le atribuye a José de San Martín. En La sociedad de los poetas muertos, uno de los jóvenes alumnos de John Keating nunca logra que su padre respete su pasión por actuar.
Existen barreras que entorpecen el camino a la meta, como las que tienen que sortear la griega “Toula” Portokalos y el anglosajón y protestante Ian Miller en Mi gran casamiento griego. Presos de sus desemejanzas culturales, ambos deben acercar posiciones, dejando atrás mandatos paternos y aceptando costumbres ajenas. “Si no tomamos conciencia de lo insoportable que es vivir sin ser reconocidos y valorados por nadie, posiblemente no lleguemos a descubrir a ese ‘otro’ que nos necesita tanto como nosotros a él. Como sostuvo Martin Buber, lo primordial no es el ‘yo’, sino el ‘yo-tú”’, especifica Labaké.

Para el autor de Valores y límites, la brújula pérdida, los valores no se inventan ni se construyen, sino que se (re)descubren desde nuestra vida interior. Y se asumen si son advertidos en nuestra familia, en el barrio, en la escuela... “Es inconcebible un mundo sin justicia, sin lealtad, sin igualdad, sin respeto… Los valores son aquello que nos llama a la hermandad. Lo indispensable es que todos creamos en esos valores, que nos obligan a experimentarlos para edificar un futuro virtuoso en el que se realice la condición humana”, concluye Labaké. 

El medio ambiente… también 

Las películas animadas infantiles son la excusa perfecta para entretener a los más chicos y, de paso, concientizarlos sobre la importancia de cuidar la salud del planeta. Eso es lo que sucede, por ejemplo, en Las aventuras de Sammy, que no solo trata sobre la solidaridad, el amor y la amistad, sino también sobre el respeto a la naturaleza. Ben Stassen, director y productor belga del largometraje, sostuvo: “Elegimos mostrar algunos problemas ecológicos de la actualidad, ocasionados por las actividades del hombre. Habría sido un error intentar esquivar esto. Nuestros protagonistas no pueden comprender cómo los humanos derraman petróleo en el océano, pero en la superficie sí se ocupan de limpiar lo que ensucian. Resaltamos esa ambivalencia, desde la mirada de los animales”.  

Me caigo y me levanto 

El trabajo dignifica. Pero cuando una fábrica de acero de Yorkshire cierra y deja sin empleo a gran parte de la población masculina, los protagonistas de The Full Monty quedan “a la buena de Dios”. Así es como un grupo de desocupados desesperados optan por una salida insólita para recaudar dinero: montar un espectáculo de striptease. De esta manera, el director Peter Cattaneo ahonda sobre cómo “salir del pozo”, recuperar las ilusiones, pelear por sacar a la familia adelante, recobrar la autoestima… y respetarse a uno mismo.

Recuerde que  tiene que resolver la décima pista y llenar el crucigrama en www.revistanueva.com.ar antes de las 20.00 del sábado 30.

Décima consigna 

Primera palabra del título del disco que Andrés Calamaro editó en 1999.

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