INVESTIGACIÓN


Mundo virtual educación


Por Cristina Noble.


Mundo virtual educación
La tecnología revolucionó el mundo, y el idioma digital ya está instalado: el digitalés. El uso de las distintas herramientas digitales, como las diversas plataformas educativas, modifican la educación en el aula.
 
Qué padre o madre no aspira a que sus hijos se acerquen al conocimiento con el entusiasmo de emprender una aventura? Por ejemplo, que la historia no sea un fastidio, las matemáticas, una pesadilla, y que dejen de sentir, en general, al estudio como una tortura. Bien, según dicen los especialistas, esa posibilidad es ya un hecho gracias a la revolución que genera el uso de distintas herramientas digitales, como las diversas plataformas educativas, e incluso Twitter y Facebook, para la comunicación en el aula virtual. El lenguaje digital se incorpora cada vez más a la vida cotidiana modificando las relaciones entre las personas, cambiando el lugar del saber, democratizándolo, volviéndolo accesible, incluso transformando en atractivas materias con fama de impenetrables, como matemáticas o química, impartidas en general de manera rutinaria.

“Para mí, comunicarme por Facebook con mi profe de Matemática y que me pase una explicación  de lo que vimos en clase, o incluso que chatee conmigo para aclararme algo, es lo más –dice Carolina F., alumna de cuarto año de un secundario privado–. Mis amigas me cargan, me dicen que le tiro onda (se ríe), pero no es eso; al profe le encanta enseñar y usa las redes, hace foros, y a mí me reentusiasma participar. Antes, los números eran chino básico para mí; ahora hasta pienso en seguir Ciencias Exactas”.

Compus para todos 

Facebook y Twitter, las redes más populares, no son ningún misterio para los jóvenes ni para los grandes. Pero si preguntamos a quienes nos rodean qué son las plataformas educativas, seguramente escucharemos algunos titubeos o frases inconexas. Porque muy pocos saben cómo se arman, en que consisten y cuál será su llegada en un breve tiempo. “Una plataforma educativa es un sistema complejo de personas y máquinas”, sintetiza Antonio Battro, miembro de la Academia de Ciencias y de la Academia Nacional de Educación, y un sabio en la materia. “Una parte está diseñada para asistir a docentes y alumnos de todas las edades y capacidades. Debe ser inclusiva, comenzar desde los primeros años de vida y seguir paso a paso el desarrollo cognitivo y emocional del alumno. Por otro lado, debe permitir una expansión constante de recursos de hardware y de software, de conectividad a Internet con acceso libre y gratuito y de robótica y videoconferencias”. Hablamos de algo mucho más complejo que el envío de mensajes y la divulgación de fotos o videos personales. 

En la Argentina hay muchas iniciativas entre las que se destacan el plan Conectar Igualdad del Gobierno nacional, dedicado a alumnos y docentes de escuelas públicas de enseñanza especial, secundaria y escuelas técnicas. “Cada plataforma tiene sus características pedagógicas y sus métodos de evaluación”, aporta Antonio Battro. El programa Conectar Igualdad, por ejemplo, lleva repartidas más de tres millones de computadoras en todo el país. “Pero, ¡ojo!, no son netbooks vacías de contenidos”, comenta la pedagoga Silvina Gvirtz, que es la Directora General Ejecutiva del Programa. “Les pusimos desde juegos electrónicos que contuvieran problemas matemáticos hasta experimentos de física y química. 

También incluimos tres mil libros. Con esto buscamos mejorar los modelos de enseñanza y hacer que la tecnología no sea un privilegio para los sectores sociales con más poder adquisitivo. Es una experiencia fundamental”. Cuando llega la computadora es un gran alboroto. Al principio, los chicos las usan para jugar, para chatear, para experimentar, para enseñarles a sus padres el uso de Internet. “Después, poco a poco, van incorporando la búsqueda y la investigación. Al final, llega el momento en que empiezan a elaborar, a construir conocimiento”, asegura Silvina. Hasta ahora, todo muy bien y muy lindo. Pero ¿dónde están los docentes? Y más importante que eso, ¿cuáles son las herramientas virtuales que podrían reemplazar la función del maestro?

El maestro comparte, no imparte

“El docente es irreemplazable”, asevera Fabio Tarasow, director del Proyecto Educación y Nuevas Tecnologías de Flacso, Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales. “La plataforma es motivadora dependiendo de cómo se la use. Es motivadora en los primeros cinco minutos, pero si damos como tarea de redacción el tema la vaca, va a ser aburrido. La actividad tiene que sostener el interés, y esto depende del que enseña. De ese modo, lo importante es qué se hace con la tecnología virtual. Si en una escuela hay una gran biblioteca y no se prestan libros, si no circulan, de poco sirve esa biblioteca. Los libros solos no alcanzan. Lo mismo pasa con las TIC (Tecnologías de la información y comunicación). La función de las plataformas es generar espacios educativos en la virtualidad”, concluye Fabio.

“Hay pibes que se la pierden –dice Diego S., alumno de una escuela de especialidad técnica–. No quiero ser un buchón, pero en vez de usar la compu para investigar, saber más, la aprovechan para cortar y pegar, y a veces hay profesores que no controlan nada…”. Tal como dice Diego, si no hay planificación y trabajo del docente, las TIC aportan poco y nada y se desperdicia su enorme potencial. “Es que educar para la enseñanza virtual no significa solo subir un PDF, un archivo y ya está”, asegura Tarasow. De lo que se trata es de pensar cómo hacer para que los estudiantes se apropien de los contenidos, estudien, trabajen en línea y produzcan nuevos contenidos. Las plataformas muchas veces complementan lo que no se puede hacer en el aula, amplían las herramientas de expresión de los alumnos. Por ejemplo, a veces el docente puede traer un asunto para debatir, y en lo presencial, a lo mejor participan los chicos que son más rápidos para expresarse oralmente, los más desenvueltos y menos tímidos, mientras otros permanecen callados porque no se animan a dar su opinión en público. En esos casos, la virtualidad permite que lo hagan por escrito, un espacio en el que se pueden sentir más seguros y menos urgidos. La expresión escrita les permite dar mejor sus opiniones. Muchas veces los que piensan más y los que elaboran son los más calladitos. En un espacio virtual tienen la oportunidad de expresar lo que vienen elaborando. Por eso, las plataformas se complementan muy bien con los espacios presenciales. 

 Lo nuevo: el digitalés

“El mundo digital se expande con nuevos recursos en todo el planeta –se entusiasma Antonio Battro–, y los equipos se renuevan permanentemente con recursos móviles, celulares, tabletas, notebooks, laptops. Se puede decir que estamos asistiendo a un nuevo lenguaje común, que podríamos llamar ‘el digitalés’ y cuanto más precozmente se aprenda esta lengua, mejor”. Battro menciona el caso de la plataforma del Plan Ceibal en el Uruguay, que este año incorpora tabletas en la enseñanza para niños de 4 y 5 años.“De la misma manera que la imprenta revolucionó la educación a partir del Renacimiento, las nuevas tecnologías digitales están revolucionando nuestro siglo –explica-. Hay muchísimos trabajos e investigaciones sobre este tema y todos coinciden en que estamos en los comienzos de una nueva era digital, que ya está cambiando el mundo. La educación digital es parte constituyente de este cambio”, agrega.

“Una plataforma educativa es un sistema complejo de personas  y  máquinas. Una parte está diseñada para asistir a docentes y alumnos de todas las edades y capacidades. Debe ser inclusiva”. Antonio Battro

Pero ¿no hay resistencias al cambio? ¿No se añoran los cuadernos, los lápices y las gomas? Algunos estudios de hace unos años señalaban la desconfianza de muchos docentes a los instrumentos digitales, un territorio en el que imaginan (con alguna razón) que los alumnos, nacidos y criados en la era de las redes, les pueden sacar ventajas y, eventualmente, erosionar así su autoridad en el aula. 
“Ahora no hay tanta resistencia a usar las tecnologías educativas por parte de los docentes como ocurría hace una década”, asegura Tarasow. “El problema es que si se usa el espacio virtual en el aula, eso significa que se multiplica la labor del docente y esto no se contempla en el salario. Entonces, hay docentes que se embarcan en un proyecto y después dicen: ‘No, un momentito, es mucho más trabajo’, lo cual es verdad”, concluye. De este modo, la aplicación de estas herramientas virtuales en los colegios públicos depende mucho del entusiasmo de la dirección de la escuela, o de un docente en particular. “Los elementos, las plataformas y todo eso en mi cole los tenemos –cuenta Diego– pero no todos los profes se copan, hay algunos que siguen siendo rutinarios y todo sigue igual… Pero otros se reentusiasman y la verdad que se aprende mucho, y hasta te dan ganas de estudiar”.

 ¿Qué son las plataformas y para qué sirven?

Las plataformas educativas son herramientas específicas que tienen distintas posibilidades según cuál se elija. En principio, todas son softwares que ayudan a los docentes a crear cursos en línea y formas de aprendizaje virtuales. En nuestro país, la plataforma más usada es Moodle, que se hizo sobre la base de la idea del conocimiento como construcción. El educador lo usa para que los alumnos elaboren, de acuerdo a la práctica, –virtual y presencial– los diversos saberes. Moodle permite crear cursos virtuales y sirve como complemento virtual de cursos presenciales. Por otra parte, permite tener diversos métodos de evaluación. Otra plataforma, la Knewton, fue pensada para recabar datos de los alumnos, desde su participación en clase, como preferencias, dificultades, y otra información que le servirá al docente para elaborar un perfil personalizado. Estas herramientas sirven para que cada alumno pueda aprender en función de sus propias características (hay quien tiene inteligencia emocional más o menos desarrollada, otros que aprenden más con la visión que con el oído, etc.).

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