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No dejes para mañana


Por Mariano Petrucci.


No dejes para mañana
El cambio empieza hoy. Un libro reflexiona sobre cómo hacer para concretar nuestros emprendimientos, no rendirse ni autoboicotearse y convertir los imprevistos en oportunidades. A intentarlo.

Aquellos que suelen pensar que una tormenta o un apagón de luz vienen a arruinarnos el día tienen que abandonar la lectura en este momento. ¡Vamos que con ese ánimo no se arriba a ningún puerto! Y lo que aquí intentaremos es que usted no sienta dentro de diez años que esta era una inigualable ocasión para empezar a cambiar. Casualmente, esto es lo mismo que plantea Guillermo Echevarría en su libro Cómo hacer que las cosas pasen, en donde modifica el remanido dicho “El que no arriesga, no gana” por “El que no arriesga, no vive”. 

Así es como este licenciado en Comercialización y coach ontológico (sus videos motivacionales superan el millón de visitas en YouTube) invita a cobrar valor y dar el salto, más allá de la edad, la formación o a lo que uno se dedique. La clave, amén de intentarlo, es incorporar conceptos que se nos pasan por alto y entrenarse para poder tratar con personas difíciles, decir cosas incómodas constructivamente, crecer profesionalmente, superar el autoboicot y la postergación, edificar un futuro que nos apasione, e inspirarnos una y otra vez para ofrecer nuestra mejor versión. 

“La llave para transformar lo que hoy no podemos cambiar está escondida en lo que sí podemos cambiar. Hay que animarse al desafío y considerar que no hay problemas sin miradas problemáticas. Cuando uno se queda en el reproche, no se da cuenta de que lo que no funciona puede deberse a que, precisamente, destinamos todo el tiempo a la queja. Y el cambio no está lejos nuestro: muchas veces, somos nosotros los que estamos lejos de tener una verdadera actitud de cambio”, opina Echevarría. Y continúa: “Permanentemente tenemos que estar revisando nuestras recetas para asegurarnos de que aquello que emprendemos nos está dando los frutos que buscamos. En este sentido, hay varias fórmulas que son efectivas para no lograr las metas. Hay maneras de razonar que nos convierten en parte central del problema: cerrarse a aprender lo nuevo, buscar culpables en vez de soluciones, mirar el futuro desde el día a día y no desde la perspectiva que nos dan los sueños… Para combatir esto se pueden emplear distintos ejercicios y herramientas, pero lo más valioso es sembrar semillas de actitud que nos provoquen unas ganas arrolladoras de conseguir lo que nos proponemos”.

–Suena muy lindo, Guillermo. ¿Pero es posible?
–Sí, pero hay que comenzar a erradicar ciertos puntos de nuestro accionar. Por ejemplo, dejar de querer tener razón. Cuando eso pasa, no nos importa romper una relación con tal de ganar una discusión. Sin embargo, con una mano en el corazón: ¿ese vínculo no vale mucho más que una disputa? Y no siempre peleamos con otras personas, que sería lo menos grave: a veces nos pasa que estamos peleados con la vida. Y por eso las cosas no funcionan. Los resultados que obtenemos hablan de los lazos que construimos. Para tener una cotidianidad que fluya y avance es necesario hacer las paces con la vida.  

–Otro máxima optimista, pero, a simple vista, impracticable: que los imprevistos se tornen una oportunidad. 
–Les propongo lo siguiente: aceptemos que la realidad es neutra. Que las cosas, simplemente, ocurren y que somos nosotros los que podemos complicarnos si nos enojamos con lo que acontece en lugar de plantearnos qué oportunidad podría surgir de esto para nuestros propósitos. Ojo: no se trata de encontrarle lo positivo a lo que pasa, sencillamente porque no existe el lado bueno, ni el malo. Hay que reflexionar sobre cómo puedo aprovechar mi flexibilidad, para que lo que nos sucedió sea funcional a mis objetivos. Aconsejo salir de esa emoción que nos embarga cuando estamos frente a un inconveniente y conectarnos con la satisfacción que tendremos cuando no solo hayamos sorteado los contratiempos, sino que estos terminen colaborando con nuestros fines e, incluso, los potencien.

Conversaciones frente al espejo 

“En la vida, para ser felices, hay que poner siempre lo que falta”. El dueño de la frase es Gustavo Zerbino, uno de los sobrevivientes de la mítica tragedia de los Andes. A propósito, Echevarría enarbola una teoría interesante sobre la perseverancia: “Cuando hace falta mucha fuerza de voluntad, es posible que sea el instante de tener una conversación frente al espejo para que el proyecto en el que estamos involucrados esté minado de aquello que nos atrae. ¿Por qué lo digo? Porque nadie necesita perseverancia para postergar. El ser humano tiene una fuerza impresionante que se renueva diariamente; así que si lo que nos falta es, justamente, eso, podríamos sospechar que nos obligamos a emprender algo de lo que no estamos muy convencidos. Ahí hay que barajar y dar de nuevo, escucharnos y replantear ese proyecto, para sentirlo realmente nuestro, que nos haga vibrar y que no sea un mandato o algo que es así porque ‘es lo correcto’”.

–¿Cómo no rendirse ante los reveses?
–Una vez que chequeamos que caminamos por el camino correcto, hay numerosas estrategias para reconectarnos con nuestro entusiasmo: podemos visualizar el proyecto terminado; llevar a cabo acciones pequeñas que nos resulten sencillas y motivarnos creyendo que el proyecto es tan simple como concretar muchas de esas acciones; premiarnos reconociéndonos el esfuerzo que hicimos hasta ahora; o comunicarnos con individuos que ya hayan materializado lo que nosotros soñamos. Todo lo que implique salir de casa y contactarnos con otros nos ayuda a encender los motores. Pero vuelvo a lo mismo: cada uno tiene que descubrir qué tácticas le son más eficaces. Lo que funciona conmigo está dentro mío.

“Me parece mucho más efectivo sospechar que no es lo mismo lo que pasa que lo que yo digo que pasa. Uno puede ir volviéndose mucho más hábil en la manera de diagnosticar la realidad”

–También uno puede ser su propio enemigo… 
–Hay variables que explican el autoboicot: pretender replicar lo que a otros les dio ganancia; no disfrutar de los logros anteriores; nunca tomarnos unas buenas vacaciones; exigirnos grandes resultados al primer intento, no permitiéndonos ir probando y progresando… El peligro que conlleva esta postura es postergar la acción para evitar el fracaso. En la medida en que nos presionemos menos buscando la excelencia, más nos permitiremos accionar; y cuanto más accionemos, más rápido aprenderemos. ¿Y si nos tomamos los proyectos como un juego? ¿Y si aceptamos que elegir triunfar en algo es optar por errarle mil veces al blanco? Yo aseguro que, con una sonrisa, el triunfo llega mucho antes.

–¿Cómo es eso de que los sueños necesitan climas para desarrollarse?
–Nosotros somos nuestro propio microclima, somos los comentaristas de nuestra propia vida y le ponemos subtítulos a todo lo que pasa. Lo que ocurre es que no somos conscientes de esto y creemos que los subtítulos nos son ajenos. Me parece mucho más efectivo sospechar que no es lo mismo lo que pasa que lo que yo digo que pasa. Uno puede ir volviéndose mucho más hábil en la manera de diagnosticar la realidad, interviniendo en ella cada vez más eficazmente. 

–¿Existen las segundas oportunidades o cuando el tren pasa…?
–Mirando nuestra vida desde el futuro, podemos tener muchas oportunidades de hacer todo de una forma diferente. Podemos viajar hasta nuestros 80 años y jugar a arrepentirnos de lo que nos habría gustado alcanzar a esa edad. Tal vez funciona esto de trasladarse hasta el instante en el que nuestra existencia está por terminar, para observar el horizonte con claridad. Luego de este ejercicio, aparecerá esa “segunda oportunidad” para vivir de acuerdo con lo que descubrimos que nos eriza la piel, aquello que nos hace encender el motor que hizo que hombres y mujeres consigan propósitos con los que ni siquiera fantasearon. 

Parte I 

Tips para que los imprevistos nos tengan miedo:
• Ver lo que sucede solo como un problema es olvidarnos de que las circunstancias en sí mismas no son ni buenas, ni malas, sino neutras; simplemente son.
• Enfocarnos en que las cosas deberían haber sido de otra manera nos desgasta, porque nos invita a gastar nuestra energía en enojos, protestas, culpas y autocastigos, y así echamos por tierra cualquier posible romance con la señorita oportunidad.
• Los planes no se hacen para seguirlos ciegamente, sino para conseguir algo. Cuidado con aferrarse al plan y perder de vista el objetivo.

Parte II 

Tips para que los imprevistos nos tengan miedo:
• Cuando las circunstancias cambian abruptamente, la primera reacción de la mente es apurarse: hacer lo mismo, pero más rápido. Consejo: deténgase y rediseñe el plan pidiendo ayuda a más personas o cambiando el método de trabajo.
• Hacerse esta pregunta: ¿Para cuál de mis objetivos podría ser perfecta esta situación?
• Convertir imprevistos en oportunidades no consiste en ser positivo negándose a mirar lo que no está funcionando. Se trata de aceptar que algo no funciona como se esperaba y, sin embargo, preguntarse con insolencia: “¿Y si este cambio fuera una ocasión de llegar aún más lejos en mi objetivo original?”.


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