INVESTIGACIÓN


Yo me amo


Por Agustina Tanoira.


Yo me amo 
La vida on-line promueve el individualismo y la cultura del ego y la imagen. O, lo que es lo mismo, centrarse cada vez más en uno mismo. Por eso, el narcisismo ya es uno de los rasgos más característicos de la vida moderna. Aunque nadie está exento de padecerlo, los jóvenes son los principales afectados y los que más sufren la dificultad de mostrarse vulnerables.

Jasmine era una mujer rica y glamorosa. Un día, su marido millonario –un estafador– perdió toda su fortuna y ella se vio obligada a mudarse a la casa de su hermana, una mujer de clase trabajadora que vivía con su novio y sus dos hijos en un pequeñísimo departamento en un barrio marginal de San Francisco. Jasmine, una mujer absolutamente centrada en sí misma, imposibilitada de escapar de la hipocresía de su propia imagen, es incapaz de ver otra cosa que su propio ombligo. Por eso, cuando su vida se rompe en mil pedazos, solo le queda tomar antidepresivos y aferrarse a una imagen que ya no existe. 

En el padecimiento de este personaje de la película Blue Jasmine –interpretado por Cate Blanchett–, el genial Woody Allen logra plasmar lo que para muchos pensadores y especialistas es uno de los síntomas más característicos de nuestra época: el narcisismo, un trastorno que se caracteriza por una exagerada necesidad de admiración y una completa falta de empatía. Un rasgo que, a la sazón, se encuentra exacerbado en las generaciones más jóvenes, razón por la cual el marketing no encontró mejor rotulo para denominarlos que el de “Generación Yo”.

Jóvenes narcisistas 

Las cifras son contundentes: la incidencia del desorden de personalidad narcisista es casi tres veces más alto en las personas que rondan los 20 años en relación con las que tienen más de 60. “Sí, actualmente hay más narcisistas que nunca”, afirma la psicóloga Jean M. Twenge, autora del libro Generation Me (Generación Yo), en el que sostiene: “Vivimos en una época en la que la alta autoestima es estimulada desde la infancia, cuando los jóvenes tienen más libertad e independencia que nunca, pero también hay más depresión, ansiedad, cinismo y soledad. Más que en ninguna otra generación en la historia”. Pero a la vez anticipa las consecuencias: “Los hijos de los baby-boomers están decepcionados por lo que encuentran cuando llegan a la adultez”. 

Se trata de jóvenes sociales, híper materialistas, fascinados por la tecnología, los reality shows y las celebridades, para quienes la “gestión” de la propia imagen es su preocupación fundamental. En otro de sus libros, La epidemia del narcisismo –escrito junto con W. Keith Campbell–, Twenge asegura que nos estamos convirtiendo en criaturas para quienes lo más importante es el yo, y esto ha venido de la mano de la Web con herramientas como Facebook y otras redes sociales que permiten mostrarse al mundo, hablar de uno, enseñar cuán felices salimos en las fotos. Estos medios súper individualistas que valoran lo hedónico y lo rápido claramente estimulan el narcisismo. 

Y advierte: "No hablamos de un desorden mental que requiera atención psiquiátrica, sino del perfil de una generación en términos generales”. El “culto al yo” es tan generalizado en los jóvenes que ya se considera una característica de época, por lo que en marzo de este año la revista Time tituló en su portada: “The Me Me Me Generation” (La generación yo yo yo). Twenge se pregunta cómo es posible que una generación que, por lo general, ha crecido entre algodones –no ha vivido ninguna guerra ni ha tenido que luchar por sus derechos– y que además goza de todas las ventajas de la tecnología sufra más ansiedad y tristeza que ninguna otra. Para ella la primera causa es que los padres hicieron creer a sus hijos que eran “especiales”. La mala noticia es que ellos, con sus desmesuradas expectativas, su dificultad de escuchar a los otros y su propensión a rechazar críticas lidian con un altísimo potencial de frustración.

Empatía y vulnerabilidad 

Una de las características fundamentales del narcisismo es la carencia de empatía. En su libro Why Is Always About You. The Seven Deadly Sins Of Narcissism, la psicoanalista Sandy Hotchkiss afirma: “La habilidad de empatizar, de comprender con precisión cómo se siente otra persona, y sentir compasión por ella en respuesta, requiere que nos salgamos de nosotros mismos temporalmente con el objetivo de sintonizar con alguien más”. Las personas narcisistas poseen una autoestima muy vulnerable y esto lleva a que se construyan máscaras para evitar involucrarse demasiado, así como para mostrarse excesivamente vulnerables. “Cuando no se confía en las personas que nos rodean, lo mejor es esconder las vulnerabilidades, ya que no sabemos qué puede hacer el otro con semejante manifestación”, confirma la psicóloga Iris Pugliese. “Si no se conoce bien al interlocutor que tenemos enfrente, convendrá no mostrarse débil”, sostiene la especialista.

“Vivir una vida plena requiere mucho coraje y mostrar el coraje exige hacer cosas que nos exponen, nos hacen sentir vulnerables”, concuerda Brené Brown, una trabajadora social e investigadora de la escuela de Trabajo Social de la Universidad de Houston (Texas). La vulnerabilidad es, precisamente, el tema al que llegó por casualidad –y al que luego se dedicó cuando empezó a estudiar la empatía–. ¿Qué entiende por vulnerabilidad? Es la esencia, el corazón, el centro de todas las experiencias humanas significativas. En su charla de TED –una de las más exitosas de todos los tiempos, traducida a más de treinta y ocho idiomas y vista por más de seis millones de personas– ofrece la solución contra el narcisismo: dejar de preocuparse por ser perfectos, aceptarse a uno mismo tal cual uno es y conectarse profundamente con los demás. 

“Cuando nos pasamos la vida esperando ser perfectos o inmunes antes de salir al ruedo, sacrificamos relaciones y oportunidades que quizá sean irrecuperables, derrochamos nuestro valioso tiempo y tal vez les damos la espalda a nuestras aptitudes, a esas contribuciones únicas que solo nosotros podemos hacer”, escribe Brené Brown en el prólogo de su último libro, Frágil, el poder de la vulnerabilidad (Urano). Sir Ted Robinson, otro experto en educación confirma: “Una de las trágicas paradojas de la vida moderna es nuestra tendencia a aislarnos los unos de los otros a causa, precisamente, de los sentimientos que todos compartimos, incluidos el miedo al fracaso y la sensación de no dar la talla”.

La dosis justa 

Una cierta dosis de narcisismo es necesaria para la formación de la propia identidad. “El narcisismo es parte de la condición humana”, explica la licenciada Pugliese. “Sin una buena dosis de narcisismo, seríamos incapaces de cuidarnos a nosotros mismos, poner límites a los demás”. Pero, si bien es cierto que es fundamental para la supervivencia, también sucede que en exceso puede tener consecuencias negativas para la sociedad ya que, a largo plazo, el narcisismo puede llevar a malas relaciones con los demás, a quienes culpan por sus problemas. Soledad, individualismo, inseguridad, miedo son solo algunas de estas consecuencias. “Si tales características se ven incrementadas en la conducta individual de las personas, muy probablemente esa sociedad sea violenta, inestable, poco solidaria y corrupta”, explica Pugliese.

Por eso, cuando el narcisismo es un impedimento para relacionarse con los otros hay problemas. “El narcisismo es una característica del ser humano que tiene que ver con la autoestima. Si una persona está conforme consigo misma, va a demostrar seguridad, autoafirmación, pero también receptividad y cuidado por el otro, ya que el otro no va a ser tomado como alguien peligroso que nos puede hacer tambalear en nuestra autoestima, sino como alguien diferente con sus propios puntos de vista”, concluye Iris Pugliese.

Hace unos años, en su libro El narcisismo: la enfermedad de nuestro tiempo, el conocido médico y psicoterapeuta estadounidense Alexander Lowen –creador del análisis bioenergético– explicaba que, en contra de la creencia popular, el narcisismo no es un amor excesivo por uno mismo –y mucho menos por los demás–, sino que en realidad se trata de personas que, al no poder aceptar su verdadera personalidad, se construyen una máscara permanente que esconde su carencia de sensibilidad emocional y su incapacidad para sentir. Allí también advertía: “Es importante no dejarse atrapar en el narcisismo de la sociedad, que identifica la realización personal con el éxito en el mundo profesional. En este último caso, el ego obtiene satisfacción, pero así no se llenan las necesidades del cuerpo, y solo se pueden satisfacer en el plano corporal”. Porque, como cuenta el mito, Narciso no se ama a sí mismo sino a la imagen de él que ve reflejada en el agua. Por eso, muere al caer atrapado por ella.

Los medios 

Para Brené Brown los medios de comunicación tienen una enorme responsabilidad en esta cultura capaz de convertir cualquier situación de la vida cotidiana en un espectáculo. Si bien es cierto que esta es la generación de la gratificación inmediata, no significa necesariamente que sean egoístas, ya que pueden observarse otras formas de relacionarse con el otro y nuevas formas de pensar lo social y lo político, así como otras formas de comprometerse. Se trata de compromisos más particulares, a través de ONG, por ejemplo. Pero, si bien es cierto que son personas mucho más autónomas, también lo es que son mucho más vulnerables.

¿Cómo reconocer a un narcisista?

En su libro Why Is Always About You…, la psicoanalista Sandy Hotchkiss enumera las siete características capitales de narcisismo. Vergüenza: Es el sentimiento que se esconde debajo de todo narcisismo saludable y la incapacidad para procesarlo de una manera saludable.
Pensamiento mágico: Se trata de la ilusión de considerarse perfectos y utilización de la proyección para atribuir la vergüenza a otros.
Arrogancia: La emplean para menospreciar a otros cuando ellos se sienten menoscabados. 
Envidia: Es un recurso para minimizar el mérito o los logros de otros y mantener así su fantasía de superioridad.
Derechos:Los narcisistas tienen expectativas irracionales de recibir tratamiento preferencial porque se consideran  especiales. Para ellos el incumplimiento se concibe como un ataque a su superioridad, y la persona que no acata es calificada de “torpe” o “difícil”. Una herida narcisista puede desencadenar la rabia narcisista.
Explotación: Aunque puede tomar muchas formas, siempre implica la explotación de los demás sin tener en cuenta sus sentimientos o intereses. A menudo, el otro está en una posición subordinada donde la resistencia sería difícil o incluso imposible.
Desborde: En la mente de un narcisista, hay dificultad para diferenciar entre sí mismo y los demás. Ellos no reconocen que los demás no son extensiones de sí mismos.

Palabras reveladoras 

El doctor Nathan DeWall, de la Universidad de Kentucky, también se abocó a estudiar el narcisismo en nuestra sociedad pero eligió como material de trabajo la letra de las canciones más escuchadas. Para ello, analizó las diez primeras canciones del ranking Billboard y descubrió que mientras que los hits de fines del siglo pasado eran los de Michael Jackson, que invitaba a los mejores músicos para cantar “We are the world”, ahora los jóvenes prefieren canciones del tenor de las de Justin Timberlake, que entona “I’m bringing sexy back” (Yo volví a traer lo sexy). No solo eso; además, mediante el Linguistic Inquiry, un programa de computación que cuenta el porcentaje de palabras dentro de un texto y las agrupa por categorías, descubrió que las palabras “mío”, “mí” y “yo” se repetían en buena parte de las letras y que el uso de los pronombres “nosotros” y “nuestro” disminuía a medida que iban pasando los años. ¿Un dato inquietante? Términos como “odiar”, “matar” y “maldición” eran mencionados un mayor número de veces que otras palabras más sociales, como “hablar” o “compartir”. Lo mismo ocurría con aquellas que dan cuenta de emociones positivas, como “amor”, “bien” y “dulce”.

NARCISISTAS HIGH TECH 

Un estudio que se publicó en la revista especializada Computers in Human Behavior comprobó que hay distintos tipos de narcisistas de acuerdo con la redes sociales que más frecuentan. Así catalogó a tres tipos: los narcisistas exhibicionistas, los narcisistas con sentimientos de superioridad y los narcisistas autoritarios. Los estudiantes universitarios –con altísimas tasas de narcisismo– corresponden al primer grupo y suelen frecuentar Twitter (definido como una gran tribuna). Las personas de entre 40 y 50 años prefieren Facebook (entendido como un patio de vecinos) para revelar opiniones y, de alguna manera, encontrar validación en los demás. Estos últimos pertenecerían al grupo de los exhibicionistas. Es un hecho: la vida on-line promueve el exhibicionismo y el hablar todo el tiempo de uno mismo. Para los expertos, las redes sociales son un increíble indicador de los niveles de autoestima. Aquellos que la tienen más baja suelen frecuentar con más asiduidad el muro de Facebook y eliminar los comentarios que no los dejan bien parados.


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