ENTREVISTA


Somos totalmente multitasking


Por Ana Claudia Rodríguez.


“Somos totalmente multitasking” 
Parece mentira, pero no: 52 años tiene Andrea Frigerio, modelo y actriz, que hace acrobacias en su vida para cumplir con todos sus roles. Equilibrista feliz, suma ahora otra faceta a su rol de emprendedora.

Andrea dice que no tiene tiempo ni para irse de vacaciones. Que no para de trabajar. Asiste a presentaciones, hace kilómetros con su auto (pide por Twitter: “Coordinen los semáforos en la Avenida del Libertador, por favor”), elige nuevas fragancias para su línea de belleza, mira el reloj, estudia ofertas para cine y teatro, firma contratos para representar varias marcas, filma anuncios para la televisión. Tiene prioridades y, sobre todo, dice, una agenda repleta. 

Por eso, elige rechazar algunos de los papeles que le ofrecieron últimamente (en las obras de teatro La dama de negro, con Fabián Gianola, o en Adictas a vos, de Marcos Carnevale). Pero para 2014 tiene un compromiso con el cine: en marzo del año próximo, la Frigerio se pondrá bajo las órdenes del tándem Mariano Cohn y Gastón Duprat en su película Ciudadano Ilustre. Se trata de la historia de un escritor argentino que vuelve a su pueblo años después de triunfar en Europa. Ella, en la pantalla, será “su antagonista”.

–¿Sos la mala?
–No, no dije “mala” (risas), dije “antagonista”. Pero no hago de mala siempre, aunque la verdad es que me gusta. Me encanta. Es un lindo juego, te divertís más. Te lucís más. La buena es siempre la tonta y la mala parece que tiene permiso para hacer cualquier cosa. Es interesante. 

–¿Y en qué te inspirás? 
–A los personajes los vas componiendo poco a poco, los vas imaginando, lo charlás con el director, con los compañeros. A mí también me gusta mucho observar. Observar cómo se comporta la gente. Y lo que me convence lo tomo para el personaje. Hago lo que se dice un Frankenstein: de alguno copio una cosa, de otro algo más…

Andrea Frigerio se mueve glamorosa esta tarde, sobre unas sandalias con tacos de vértigo. Cuando baja del auto muestra sus piernas larguísimas tapadas apenas por un espléndido vestido rojo-anaranjado. Y esa faceta estética, nos dirá luego, es solo uno más de sus aspectos como “mujer multitasking”. Además de su nutrida trayectoria profesional (que empezó hace tres décadas en las pasarelas para más tarde saltar a la televisión, como presentadora y actriz), la Frigerio se desempeña, a sus soberbios 52 años, como esposa (del empresario Lucas Bocchino), madre de dos hijos (Tomás, de 32; Josefina, de 17) y abuela de Olivia. 

Esta mujer de cuerpo envidiable que desafía al tiempo enfrenta ahora también los retos de su nueva función. Esta máquina multirubro suma una nueva faceta a su rol de empresaria ocupación: la de empresaria. “Las mujeres de ahora hacemos de todo. Es igual que en el circo, cuando en el juego de los platitos se tiene que conseguir que todos den vueltas al mismo tiempo y que ninguno se caiga. Todos, además, son muy trabajosos. La familia, los hijos, el trabajo, estar linda, ser sexy, ser inteligente, parecer inteligente, tener tiempo para las amigas, tener tiempo para una… Totalmente multitasking”.

–Tenés el fuego de tu abuela paterna, Memé. ¿Podés hacer girar todos los platitos gracias a esa energía?
–(Risas). Tengo mucha energía, es verdad. Desde muy chica siempre fui así: una persona con mucha fuerza y mucha energía. Un poco porque soy de características apasionadas, por personalidad; otro poco porque lo he heredado de mi familia. Son mujeres también con mucho fuego. Y, aparte, a mí me encanta ser así. 

–En 2009 abriste un nuevo frente en el que volcar esa energía: inauguraste Roses are Roses, una empresa de productos de cuidado personal. ¿Cuándo te sentiste atraída por desarrollar esta nueva faceta de emprendedora?
–En realidad, era un sueño que tenía hace muchos años. Estudié biología y la vida en el laboratorio siempre fue mi pasión, en especial todo lo que tiene que ver con la cosmética. En mi familia las mujeres han sido muy, muy coquetas. Y esa parte en mí siempre la desarrollé: tener buenos perfumes, cremas, productos para el pelo… Eso sí, sin exageraciones, porque no soy una persona que ocupe mucho tiempo en su cuidado. No me miro mucho al espejo, ni estoy mucho en la peluquería, ni hago mucho hincapié en la parte estética, porque me falta el tiempo y además me aburre. 

La entrevista transcurre en una confitería. Ella no toma nada. Juega con su melena, una melena castaña, elegante y perfectamente alisada e iluminada por reflejos sutiles. De los pies a la cabeza, su aspecto es impecable. “De chica me preguntaban: ‘¿Qué vas a ser de grande?’. Y respondía: ‘¿Yo? Como Helena Rubinstein’ (una de las pioneras en tratamientos de belleza, fundadora de la marca de éxito mundial que lleva su nombre). Luego empecé a trabajar de presentadora, de actriz, que es otra de mis grandes pasiones. Y siempre quedó esto en mí: las ganas de desarrollar una empresa de cosmética y perfumería”. 

–¿Cuáles son los impedimentos más grandes que has encontrado para desarrollarte como emprendedora?
–Ninguno. No siento los obstáculos. Siento lo que quiero hacer y lo hago. Me cuesta, claro: cuesta mucho hacer una marca de cero. Es como subir una montaña empinada. 

–¿Y cuál es el aspecto que más empina la montaña?  
–Obstáculos hay siempre en la vida, pero de eso se trata: de ver de qué manera se pueden sortear, de verlo, abrirlo, desmenuzarlo y traspasarlo. Es lindo eso. 

–Naciste un 30 de agosto... dicen que las Virgo son muy metódicas.
–Bueno, soy prolija, ordenada, metódica, sí.

–Y que siempre quieren tener la razón. 
–(Risas). No, no soy así. 

–Pero tenés las ideas muy claras. 
–Cuento lo que me pasa, pero no pretendo que los demás comulguen con mis ideas. 

En cada respuesta, pasa un segundo eterno antes de que Andrea conteste. No es que se disperse. No. Porque en ese inquietante lapso de tiempo clava las pupilas en las tuyas, concentrada. Ahora, además, las tiene diminutas porque el sol, de cara, las contrae. Y entonces un verde inmenso te atrapa antes de que separe los labios brillosos para continuar. 

–En tu trayectoria se destaca tu participación en publicidades: cremas, bebidas, medias, champús… ¿Cuál es tu criterio para elegir las marcas que se asocian con tu imagen?
–La verdad es que, en mi carrera, me he dado cuenta de que son más importantes los “no” que los “sí”. He dicho mucho que no. Nunca he representado cigarrillos, por ejemplo…

–¿Y alcohol?
–Alcohol, sí. Hice una publicidad para una marca de cerveza, a pesar de que no tomo alcohol. Muy poco. Un buen vino, sí. Hay cosas que he hecho y cosas que no. Recuerdo que cuando mi hijo tenía 7 u 8 años me convocaron para ser la cara de una marca de ropa interior muy famosa. Me pagaban un montón de plata. Y la verdad es que pensé en Tomás, caminando por el shopping con los amigos y yo en ropa interior. Y dije: “No, eso no le va hacer bien”. No fue una cuestión de pudor, sino de cuidar a los que están conmigo. Muchos años después me llamaron de nuevo. Él ya tenía 25 y a mi hija más chica no le importaba. Porque yo lo consulto todo, ¿eh? ¿Les molestaría si…? A veces puede molestar. 
 
–Hace poco hiciste un anuncio de jabón para lavar (aparece junto a su hija, Josefina Bocchino). El feminismo diría que las mujeres siempre representan papeles domésticos. 
–Lavo la ropa en mi casa y soy yo quien va al supermercado. Mi marido también lo hace si se lo pido. Pero no lo vivo como una carga, ni lo veo injusto. Me parece que no está mal que cada uno se ocupe de algo. Si a alguno le molesta… yo soy libre y ejerzo mucho la libertad. Cuando no estoy de acuerdo con algo, lo digo. Soy de corazón gitano. No me guardo nada. 

–Y cuando hay alguna opinión contraria a algo que vos hacés, de qué manera te afecta?
–No me pasó mucho. Pero si me pasara, no me afectaría lo que opinase el otro. Es que yo puedo equivocarme, por supuesto, pero no suelo hacer nada de lo que no esté muy convencida. Si tomo una decisión o acepto algo, es porque lo pensé muy bien. 

–Existe una tendencia creciente en el mundo del espectáculo al rechazo del retoque de fotografías y un rechazo a las cirugías. ¿Te parece que volvemos a lo natural?
–Me parece que eso es muy personal. Que cada uno elige su propio destino y su propio camino.

–¿El medio no nos condiciona?
–Tomé la decisión de no operarme nunca la cara. La tomé hace un tiempo porque me dijeron:“Si te vas a operar, mejor ahora, porque si no todo junto es mucho”. Me lo propusieron hará unos cinco años. “Se trata de operarse poquito a poco, suavemente”. Lo pensé y luego les dije: “No lo voy a hacer ahora ni nunca”. Hay mucha gente que vive la vida como si llegara un momento en el que empieza la decadencia. Como si hubiera una curva que sube, sube, sube, llega a una meseta, queda allí un tiempo y después empieza a caer. Y yo la vida no la vivo así. Internamente, mi filosofía es que uno aprende, aprende, aprende gracias a los años. Son ellos los que te dan la oportunidad de sacarle el jugo a la vida.  

–Pero cuando caminás por la calle, la gente se da vuelta para mirarte. ¿Pensaste alguna vez qué ocurrirá cuando eso deje de pasar? 
–¿Cuando me haga transparente?

–Cuando cambies para los otros, pero también para vos misma, frente al espejo. ¿Te preparaste para eso?
–No me parece un tema; al contrario. Me parece que voy a estar enriquecida a tal punto que eso no me a interesar... cambian las prioridades

–¿Enriquecida en qué aspectos?
Con todo lo que me pasa. Estoy en Disney con mi vida, me encanta, estoy bien. La vida me sorprende todo el tiempo, todo el tiempo. No puedo creer que me esté pasando esto, es espectacular. 

–Qué bueno. ¿Y desde cuando es así?
–Siempre fui como una niña, con una gran capacidad de asombro. Además, me cuido: no me dejo contaminar por cosas que siento que me pueden ensombrecer el ánimo. 

–¿Cómo qué cosas: las noticias, algunas compañías…?
–Todo eso, sí, pero no tengo una fórmula. Me manejo por intuición con las personas, las situaciones, los momentos. Obviamente me pasan cosas como a todo el mundo, dolores, muertes y cosas irreversibles que me entristecen. Mi madre murió hace dos años y a mí me duele en el alma, pero sé que la voy a volver a ver, que me voy a encontrar en un jardín con ella, nuevamente. Y así lo vivo. 

–¿Creés en Dios?
–Sí. 

–Un gran apoyo.
–No lo siento como una tabla en el mar. Siento como una energía enorme con la que hay días que me puedo conectar más que otros. 

–¿Hacia dónde mirás ahora?
–Tengo un solo objetivo: ser feliz y vivir con alegría. Luego todo lo demás es aleatorio. Me apasiona hacer los perfumes, me gusta toda mi actividad artística, me gusta ayudar a otras personas, pero todo en función del goce que me provoca la vida. Si algo de esto no me permitiera disfrutar, si se me hiciera muy pesado, me aburriera o me diera fiaca, lo dejaría sin duda. No te digo instantáneamente, porque tengo responsabilidades, pero trataría de ir desarmándolo. Hago lo que quiero y eso no se puede modificar ni con todo el oro del mundo.

Antiestrés 

Con tanto trajín, ¿cómo se cuida la Frigerio? Además de no intoxicar el cuerpo, intenta –dice– “vivir con alegría”. Las nubes negras las aparta a través de un razonamiento que, en la teoría, parece sencillo: “Las personas somos mente, cuerpo y espíritu, pero esas tres partes las controlo yo. Si la mente me lleva por lugares oscuros, yo le digo: ‘No, portate bien, por ahí no’. Los tres son instrumentos que nosotros podemos manejar a favor nuestro o en contra”, explica. Para mantenerse en forma, además, practica técnicas de estiramiento. Pero su remedio infalible para estar equilibrada lo toma en horizontal: “Duermo mucho, me encanta dormir. Lo que puedo; a veces no llego a diez horas. Pero si no me despierta un despertador porque tengo que trabajar…”.

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