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¡Feliz aniversario, chei!


Por Mariano Petrucci.


¡Feliz aniversario, chei!
El indio Patoruzú, uno de los más famosos y legendarios personajes de la historieta argentina, cumple 85 años. Vida, obra y expresiones entrañables de un cacique que marcó infancias y se metió en el corazón de todos.

Quien pasó los 30 entenderá sin demasiadas explicaciones esa sensación, única e indescriptible, al recibir (por qué no de la mano de alguna tía lectora) esa revista apaisada y rectangular donde un indio aguerrido y bonachón era el protagonista de hazañas increíbles que siempre dejaban con ganas de más a los guríes y gurisas. Ya pasó tiempo desde aquel 19 de octubre de 1928 cuando debutó en la historieta Las aventuras de don Gil Contento del diario Crítica. Por ese entonces, su nombre era impronunciable: Curugua-Curiguagüigua. 

Dante Quinterno, su creador, lo rebautizó con un apodo que provenía de una de las golosinas más populares por aquella época, las pastillas Oruzú. Sí, señores: hablamos de Patoruzú, que en este 2013 sopló las 85 velitas, siendo uno de los más longevos entre sus colegas, Hijitus, Mafalda y Clemente, por mencionar solo algunos de los que se anotan en la carrera para hacer podio. ¡Huija!

Su aparición, el 27 de septiembre de 1930, en Julián de Monte Pío, del diario La Razón, fue un verdadero boom, a punto tal que, rápidamente, se adueñó del rol principal de la tira. En 1935 se destacó en el diario El Mundo, y en 1936, gracias a la fundación de la editorial Dante Quinterno S. A., logró tener su propia revista, que, a lo largo de las décadas del cuarenta, cincuenta y sesenta, vendió hasta trescientos mil ejemplares por semana. El éxito hizo que se diera un hito inédito: que un diario norteamericano contratara una historieta argentina. Así fue como, de 1941 a 1948, este héroe indígena pobló las viñetas del PM de Nueva York. 

El fenómeno, que lleva divirtiendo a más de cinco generaciones de fanáticos, se extiende hasta la actualidad. Es que todavía continúa intacta la empatía con este cacique tehuelche fiero, de nariz pronunciada y olfato imbatible, dedos gordos del pie erguidos mirando al cielo, con poncho amarillo sobre el torso desnudo, pantalones arremangados, ojotas y vincha con pluma para su larga cabellera negra. Su mentor describió así su perfil: “Dentro de la imperfección humana, Patoruzú configura el ser ideal que todos quisiéramos ser. Su bondad puede alcanzar límites insospechados, pero no confundamos su credulidad y su ingenuidad con la necedad del ‘lelo’. Generoso hasta el asombro, su inmensa fortuna es, antes que suya, de todo aquel que la necesite. Patoruzú sale en defensa del débil y por una causa noble se juega íntegro, sin retaceos. 

Es puro, sencillo, sobrio, estoico, buen creyente y, aunque seguro de sí mismo, sumamente modesto. Es amante de la naturaleza y protector del medio ambiente”. Hay varios datos curiosos en la vida de Patoruzú. Para empezar, es solo la segunda generación americana de su estirpe. Todo nace con Patoruzek I, un joven faraón egipcio que se enamoró de una princesa de Napata, Patora la Tuerta. Su primogénito, Patoruzek II, durante una crecida del río Nilo, se extravió con su nave y terminó en la Patagonia. De él desciende Patoruzú I, el Tata, padre de Patoruzú y de sus hermanos, Upa y Patora. Por otro lado, ¿de dónde surge esa fortaleza física que lo hace capaz de levantar él solito un automóvil, contener una avioneta en el aire, correr a velocidades inverosímiles, soplar y provocar vendavales y hasta frenar disparos sin siquiera acusar un rasguño? Su poder inquebrantable emerge de una misteriosa fuente de energía que proviene de lo más recóndito de sus orígenes. 

Y se combinan tres componentes diferentes: el hueso del sagrado buey Apis que su padre le legó como herencia, sus baños en las aguas termales de las tierras patagónicas y el espíritu de sus antepasados que acuden a su auxilio cuando precisa de esa energía para vencer al mal. Eso sí, si bien utiliza solo sus puños a la hora de combatir a jue’puchas que se aprovechan de su inocencia para robarle sus millones de patacones (el patrimonio de sus ancestros es incalculable, lo que lo transforma en el dueño de la mitad de la Patagonia), Patoruzú es un experto en el arte del arco y flecha, y maneja con notable destreza las boleadoras. Pero solo las usa para detener a los maulas y sotretas, nunca como arma contundente. 

Con sus antagonismos a cuestas, las características de cada personaje (ver recuadro) estuvieron delimitadas desde un comienzo. “Si Patoruzú es ‘el campo’, Isidoro Cañones es ‘la ciudad’. Uno encarna la austeridad y la nobleza; el otro, los vicios terrenales y la conveniencia. Lo interesante en Isidoro, que es lo que hace que no lo consideremos malo, es que, finalmente, siempre muestra su conciencia y sale airoso, con su carisma, de los hechos que lo inculpan”, nos dice Walter Quinterno, hijo del genial Dante y presidente de Los Tehuelches S. A. 

¡Por muchos años más, canejo!

Ininterrumpidamente desde 1936 (¡son setenta y siete años!), Andanzas de Patoruzú, Correrías de Patoruzito y Locuras de Isidoro siguen publicándose semanalmente. “Recordemos que Patoruzú, además de haber obtenido numerosos reconocimientos a nivel nacional e internacional, es el protagonista del primer dibujo animado a color del cine argentino: Upa en apuros, que fue producido por mi padre en 1942”, evoca Walter. La salud de la que goza este mito se refleja en la escultura que el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires inauguró hace unos meses, debido a su emblemático cumpleaños. Ubicada en la esquina de las avenidas Belgrano y Paseo Colón, compatriotas y turistas hacen cola para tomarse una fotografía abrazados a un Patoruzú que es un eslabón más del nostálgico Paseo de la Historieta, conformado por las figuras de Mafalda, Isidoro, Larguirucho, el Loco Chávez, Matías, Clemente, la Jirafa de Mordillo, Chicas Divito, Don Fulgencio y Gaturro. 

En 2008, el Museo de Artes Plásticas Eduardo Sívori ya había montado la exposición “Patoruzú: una revista, una época” y en la República de Los Niños de La Plata hay otro monumento en su honor. De forma clásica, aunque también aggiornado a los avances tecnológicos, este digno paladín de la moral (súper vergonzoso cuando se tratar de entablar vínculo con una mujer) tiene el futuro asegurado. “Luego de las películas Patoruzito en 2004, Patoruzito 2 en 2006 e Isidoro en 2007, y los cortos animados de Patoruzito e Isidoro en el canal Cartoon Network –allá por 2008–, tenemos previsto lanzar una colección a todo color de Andanzas de Patoruzú, que saldrá opcional con el diario Crónica. 

Y en 2014, los lectores podrán adquirir digitalmente las historietas, a través de una aplicación para tablets y smartphones”, adelanta Walter y concluye: “Patoruzú y sus historias son el símbolo del bien, sustentado en valores y principios como la justicia, la familia y la Patria. Aun aparentando ser un modelo ideal, admirable y casi inalcanzable, Patoruzú, en realidad, busca evidenciar el poder de la fuerza social y no el de la individual. Patoruzú no es lo que personalmente aspira a ser un hombre, sino el conjunto de todos los hombres. Si como sociedad nos uniéramos y constituyéramos una alianza para el bien, conseguiríamos ser confiables y solidarios. Patoruzú no es una idea de hombre, sino de país”.  

Quién es quién

•La Chacha: Es el costado maternal, ya que Patoruzú perdió a su madre a temprana edad. Además, es la que cuida su estancia en la 
Patagonia. Temperamental y eximia cocinera de empanadas. 
•Ñancul: Fiel capataz, no muy lúcido, que Patoruzú mantiene en el cargo por cariño y tradición. Con 
La Chacha se lleva a las patadas; parecen un matrimonio, sin serlo.
•Hermanos menores: El enorme y simpático Upa, que admira a Patoruzú, y Patora, una enamoradiza bien fulera, cuyo único objetivo en la vida es casarse. 
•Pampero: Un caballo noble, inteligente y bravo, que solo se deja montar por su amo, quien tardó dos días y dos noches para domarlo. 
•Isidoro Cañones: “Padrino” de Patoruzú. Miedoso, sibarita y holgazán, tiene debilidad por el whisky, las mujeres, el casino de Mar del Plata y el Hipódromo de Palermo. Quiere vivir a costa de la fortuna del indio. 
•Villanos: “Mandinga” representa al Diablo y quiere robar el alma de Patoruzú. Otros: Gastón y el gitano Juaniyo.
•Versiones infantiles: Patoruzito, Isidorito y Pamperito.

El padre de la criatura

Dante Quinterno nació en Buenos Aires el 26 de octubre de 1909. Con solo 15 años, ingresó en el diario Crítica como ayudante del caricaturista Diógenes Taborda y del dibujante Arturo Lanteri. Publicó su primera tira, Panitruco, en El Suplemento. Después fue el turno de Andanzas y desventuras de Manolo Quaranta para La Novela Semanal. En 1927, en Crítica, le llegó el éxito con Don Gil  Contento. En ese mismo año, creó a Don Fermín.

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