ENTREVISTA


El humor es cómo uno ve la vida


Por Agustina Mussio.


“El humor es cómo uno ve la vida”
Alegre, simpática, talentosa y con la buena onda a cuestas, la actrizAnita Martínez se prepara para un verano a toda máquina: deleitará al público en Mar del Plata y Entre Ríos.

Parada en la puerta del bar, Anita Martínez (38) aprovecha el primer contacto visual para soltar una enorme sonrisa, de esas que anticipan una excelente noticia. Apura el paso hacia la mesa y apenas se acerca cuenta orgullosísima: “Vengo de la colación de mi hijo. ¡Fue abanderado! Estoy chocha”. Saca el celular y muestra fotos: “Es un gordo divino”, dice, babosa, la mamá de Lorenzo (5), y cuenta que se las ingenia para combinar los ensayos de sus obras con los actos escolares. A partir del 6 de enero, Anita estará los lunes en Mar del Plata, con su unipersonal De vuelta al barrio, y de martes a domingo en Colón, Entre Ríos, con Estrellas de varieté. 

–¿Por qué De vuelta al barrio?
–Voy a hablar de todas las cosas del barrio que pasaban antes y ya no pasan, de las cosas que cambiaron: los cumpleaños de 15, los casamientos, las parejas, los partos. En este espectáculo hay monólogos, hago stand up, un sketch en un supermercado chino y también aparecen títeres: uno es mi hijo, por ejemplo, y me dice cosas tremendas. Trabajo con títeres para adultos, estudié un montón y hace bastante que lo vengo haciendo porque me encantan. Soy una agradecida por este trabajo, que además me permite llevar una vida digna y seguir estudiando.

–Además de los ensayos de las obras, estás filmando una película. ¿Manejar varios hilos a la vez es común en tu vida o es un momento atípico?
–Siempre estuve a full, aunque cuando dejás de hacer tele el trabajo baja un poco. Trato de trabajar mucho los veranos, así cuando empieza el año puedo acompañar más a mi hijo con sus cosas… Por ejemplo, este año no falté a ningún acto. Soy tremenda con eso. Sé que si no estoy, para él es un dolor. Así que quiero estar, y voy a todas las reuniones de padres (risas). De todas maneras, ya terminé de filmar la película. Es una comedia muy divertida (Socios por accidente) con Pedro Alfonso y Listorti. Creo que se va a estrenar en julio. Hice poco cine, así que estoy contenta con el resultado.

–¿Alejarte de la tele fue una decisión personal o no aparecieron propuestas que te interesaran?
–Fue una decisión, principalmente por un tema de horarios. Me llamaban para hacer muchas tiras, pero me cuesta estar catorce horas encerrada en un lugar. Siento que me aplasto. Además, soy fanática del teatro. Lo hago como sea. Quiero hacer humor. Me gusta Sin codificar, por ejemplo.

–¿No te encontrás con el drama?
–Me encuentro pero hay grandes actores de drama; entonces, para qué hacerlo si tengo una veta humorística. Ese es mi fuerte, aunque tengo una formación integral. Una tampoco puede ser un payaso todo el día. Pero también la tele se puso muy voraz… una fuerza que te usa y te traga. Este año hice un programa en Utilísima, Mi bebé, con Paula Colombini. Cuando me ofrecieron les dije: “Mirá, soy una mamá separada, hago giras, no doy con los cánones”… Pensé que no me llamaban más, pero me equivoqué. “Te queremos. Sos vos”, me dijeron. En ese espacio me sentí muy cómoda. Algo piola para chicos me encantaría.

“El humor es mi fuerte, aunque tengo una formación integral. Una tampoco puede ser un payaso todo el día. Pero también la tele se puso muy voraz… una fuerza que te usa y te traga”.

–¿El humor siempre fue parte de tu personalidad o lo incorporaste en determinado momento de tu vida?
–Apareció cuando viví situaciones complejas. Fue como un mecanismo de adaptación para mí. Mis padres se separaron y no teníamos dinero. Teníamos que trabajar de cualquier cosa para pagar las cuentas. Tengo una imagen muy humorista y patética de lo que fue la vida en esa época: no teníamos para comprar ropa y me acuerdo de que arreglaba los zapatos que se me rompían. Mi abuelo me regaló unos billetes, y como mi mamá no tenía ningún abrigo, le compré un tapado. Un día me acompañó a la parada del colectivo para que fuera a clase de danza. Cuando se fue, vi que del tapado salía una estela de papel higiénico laaaargo… Se había llevado el rollo puesto (risas).

–¿El humor es un recurso para desdramatizar situaciones complejas?
–Creo también que el humor es cómo una ve la vida. Tengo esa dualidad y por momentos me pongo trágica y la vida me parece dramática, y en otros estoy contenta y veo todo con alegría. Mi madre también tiene mucho humor, un humor muy inteligente, es mucho más preparada y culta. En general, soy muy divertida, creo que antes era una humorista más despierta. Las hormonas me traicionaron porque era mucho más rápida. 

“Creo también que el humor es cómo una ve la vida. Tengo esa dualidad y por momentos me pongo trágica y la vida me parece dramática, y en otros estoy contenta y veo todo con alegría”.

–¿Es el único cambio que vino con los años?
–Ahora soy más reflexiva que antes. Cuando te ponés más grande, empezás a tener más miedos. Sentís que se van acortando algunas cosas. Creo que lo importante es no dejar de jugar.

Anita empezó a bailar clásico a los 6 años y hasta los 23 le dedicó su mayor esfuerzo. Aunque el entusiasmo por la danza no disminuyó, tuvo que resignarla por la situación económica que atravesaba su familia y terminó como productora y notera en TyC Sport. Un ejecutivo del canal notó sus cualidades para la actuación y la incentivó. La humorista profundizó sus estudios actorales y se lanzó con todo: Pinti y aparte, Todo por dos pesos, El show de la divorciadas, Confesiones de mujeres de 30, El gran burlesque e Histerio tipos fueron algunas de las muchas obras de teatro en las que participó. Y también hizo televisión: Vale la pena, Yago, pasión morena y Panadería los Felipe, entre otros. 

Ya con mucho prestigio dentro del ambiente actoral, en 2007 patinó en el programa de Marcelo Tinelli y consiguió la popularidad mediática que le faltaba. “Fue como el salto al mundo, tuvo una gran repercusión. Me acuerdo de que aparecía en el programa con mi perro, Aldo Bonzi, y al día siguiente cuando salía a pasearlo –vivía en Flores en ese momento–, la gente me paraba y decía: ‘Ah… ese es el perro que patinó ayer’. Ahí tomé dimensión del programa. Me dio un gran espaldarazo. Fue una experiencia bárbara”, recuerda la actriz. 

–¿Abandonaste el baile para siempre?
–No estudio más, pero ahora voy a hacer una revista en Entre Ríos y tengo un número de baile clásico. Cuando me llaman, me pongo las puntas. Además el bailarín es muy actor. Hice la Escuela Nacional de Danza y allí, entre otras cosas, te exigen estudiar teatro.

–¿Cómo te las ingeniás para combinar el trabajo con la maternidad?
–A veces me vuelvo loca porque vivo muy lejos, en Ituzaingó, y en nuestra casa tenemos como una especie de hogar para perros. Vienen perros de la calle y los curo y los tengo a veces en tránsito. Además, tengo una huerta muy grande; me gustan mucho las verduras porque no como carne. Dejé de hacer un montón de cosas para estar con mi hijo y para que al menos en sus primeros años de vida pueda estar rodeado de animales y plantas. 

–¿Te fuiste a vivir a Ituzaingó para que tu hijo pueda tener contacto diario con la naturaleza?
–Sí, además a mí no me gusta la ciudad, aunque nací en Caballito. Cuando estoy en la ciudad estoy muy enchufada, y estar allá me ayuda a escribir mis monólogos. Además, me gusta estar en contacto con la tierra. Soy bastante hippie en ese sentido. 
–¿Te adaptaste fácil o costó el cambio?
–Yo me iría a vivir al campo, con caballos, vacas, gallinas. A mí dame naturaleza, aire libre. 

–¿Cómo hacés con tu hijo cuando estás de gira?
–Me lo llevo siempre. Hace cuatro años que estoy separada, pero me llevo muy bien con la familia de él y su mamá me acompaña a las giras para cuidarlo. El año pasado se quedó conmigo en Carlos Paz los tres meses de la temporada. Es una re abuela. El papá (Jorge Parodi) también me ayuda, pero tiene un trabajo muy parecido al mío: produce teatro y tiene giras. Por suerte, pudimos acomodarnos. Mi hijo tiene una veta artística muy fuerte, le gusta mucho cantar. 

–¿Te ves reflejada en él?
–Sí, aunque no quisiera que sea artista por mí. Es muy hiperquinético, como yo. Cuando era chiquita era muy parecida a él. Yo lo veo lindo como el papá.  (risas).

–¿Cambió en algo tu percepción del amor desde que te separaste?
–Cambié con la maternidad. Creo que entendí que el amor no se puede poseer, porque los hijos son hijos de la vida, no nos pertenecen. Revaloricé la idea de que el amor es libertad y que el compromiso es algo muy interno. Nunca me quise casar, porque no creo en los papeles, creo en el afecto. Y de hecho la relación que tengo con el papá es para toda la vida. Pienso que de los vínculos del buen amor crecen personas sanas. Es importante que los vínculos sean sanos. Cuando uno comienza a tener como esa cosa posesiva o absorbente, se empiezan a entorpecer los vínculos. Creo que la vida es un devenir en donde uno va compartiendo el camino con personas. Entonces, hay que ver quién se parece más a uno.

–¿Por qué no estás en pareja?
–Me cuesta armarme, por mi hijo y por la dinámica que tengo: soy muy independiente (lo remarca). 

–¿Te cuesta darle lugar a otra persona?
–No solo darle lugar, sino que para mí mi hijo es prioridad en todo. Tendría que ser alguien que entienda mi trabajo y cómo pienso. Por otro lado, vivo allá, entre los perros… tiene que ser un hombre al que le gusten los perros, la naturaleza… Además, madre con un niño… muy complicado (risas).

–¿Creés que hay hombres solteros interesantes o compartís la queja de millones de solteras?
–Creo que hay pocos, y los pocos que hay están capturados, y jamás buscaría un señor que está con otra señora. Creo que hay una crisis grande entre hombres y mujeres… las mujeres estamos muy independientes. Además ahora todo es mucho más rápido, hasta separarte; hay menos compromiso. La libertad tiene sus cosas, y hay que aprender a manejarla. Necesitaría un compañero que entienda profundamente cómo soy: tengo mucha sensibilidad y percepción y ya no quiero tener problemas. 

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