INVESTIGACIÓN


Y ahora, ¿qué?


Por Mariano Petrucci.


Y ahora, ¿qué? 

¿Qué pasa cuando la rutina se rompe y dejamos de hacer la tarea a la que nos dedicamos toda la vida? Para algunos, la jubilación es la panacea. Para otros, una caída libre. Cómo afrontar esta etapa.

Lo que se dilataba, por papeleríos y demás yerbas, finalmente llegó. Después de derramar sudor y lágrimas por esa empresa a la que le puso el pecho en más de una ocasión, la impiadosa letra de la ley le confirmó lo que venía eludiendo: 65 años, firma, sello, palmada en el hombro = jubilación. Para Ernesto, la secuencia era lógica, esperable. Tan inevitable como que el golpe sea certero, directo.
Para los que aguardan con ansias este momento de su calendario personal, no es más que el pasaporte hacia todas aquellas asignaturas pendientes que nunca pudieron hacerse un lugar en la agenda diaria. Pero están los de la vereda de enfrente, que, en una primera instancia, también experimentan una sensación de jolgorio y excitación… que, luego, deviene en una duda existencial: Y ahora, ¿qué? 

“Dependiendo del individuo, la jubilación puede ser un premio o una condena. En función de cómo se la enfrenta, puede resultar un ciclo de alegría y llena de oportunidades, o representar un declive, producto del epílogo de una vida entregada al trabajo. Muchas veces, la jubilación es pensada como un mazazo para el que uno no se encuentra preparado, dejándonos sin nada que hacer y, fundamentalmente, inmerso en un mar de dudas: ¿Tendré dinero para mantenerme? ¿Ya no sirvo? ¿Me estoy poniendo viejo? Asimismo, el abandono del rol profesional conlleva el hecho de que merman los reconocimientos, lo que se asocia a una pérdida de estatus con la consecuente reducción de ingresos. Así, la autoestima queda en jaque”, plantea Alberto Sabella, licenciado en Psicología y gerontólogo. Y sugiere: “Para evitar que esto suceda, es importante entender que este no es un estado final, sino una transición del trabajo al no trabajo. Aceptarlo implica saber planificarlo; eso otorgará más posibilidades de realizar una integración positiva a esta nueva era”.

El aumento de la expectativa de vida hizo que la gente se jubile a una edad en la que psíquica y físicamente está súper activa. ¿Por qué arrumbar esa experiencia que se puede ganar desde las seis o las siete décadas? “La medicina y la ciencia avanzaron de tal manera que permitieron que los seres humanos vivamos más tiempo y nos mantengamos enérgicos durante más años. Si uno hablaba de este fenómeno en los cincuenta, los hombres y mujeres de sesenta años ya eran considerados ancianos. Ahora, esa edad es una fase de plenitud y el seguir ejerciendo la profesión significa  mantenerse en contacto con los compañeros, tener una obligación cotidiana… sentirse útil”, opina Roberto Ré, especialista en Psiquiatría, miembro fundador de la Asociación Argentina de los Trastornos de Ansiedad (AATA) y director de la Red Sanar.

“Necesidad de descansar”, “mayor esparcimiento” y “disfrutar sin horarios” suelen ser frases que se caen de la boca de quienes atraviesan esta situación. Algunos logran mantener la postura y zambullirse en las redes del ocio, del estudio y de los viajes. “Retirarse de la actividad laboral no quiere decir hacerlo de la vida, ¡todo lo contrario! Es una circunstancia única para aprender a vincularnos a otras cosas, de una forma diferente”, dice Sabella. Y acota: “El trabajo no lo es todo; también está la familia, los amigos, la diversión. ¿Por qué no podemos pensar que un mayor no puede enamorarse de algo nuevo que quiera emprender? La creatividad es un proceso y no un producto; es una cualidad que no tiene tiempo ni edad y que puede transformarnos, ofreciendo una excitante chance para hallar horizontes nunca ante explorados”.

Quiero vivir la vida 

El de Ernesto es un caso típico que se puede encontrar a la vuelta de cualquier esquina. En un principio, la satisfacción fue absoluta. Pero con el correr de los días, le empezaron a “caer las fichas” y lo que era algarabía se volvió desasosiego, ansiedad, nerviosismo, malestar. Se le generó un vacío que se tradujo en desmotivación. “La depresión afecta a 350 millones de personas en el mundo, y la jubilación es una de las causas que se presenta como un desencadenante de esta enfermedad. La depresión posterior a la jubilación puede darse a los días de dejar de trabajar, a la semanas o al año –diagnostica Ré–. No son pocos los individuos de 60 y pico o 70 años con disminución del interés o de la capacidad para el placer; pérdida o aumento del peso o del apetito; perdida del sueño, con insomnio o hipersomnia; cambios en la actividad psicomotora con agitación o retraso psicomotor; cansancio sintomático; pérdida de la autoestima; sentimientos irracionales de infravaloración, culpa o autorreproche”. 

Pero el doctor aclara: “Esto es tratable, gerenciable y revertible con un buen pronóstico: el primer paso de la solución es admitir y reconocer que se está ‘herido’. La recuperación se aborda multidimensionalmente, a partir de la combinación de doce disciplinas: psicoeducación, afrontamiento, técnicas de relajación, restructuración cognitivo-comportamental, psicoterapia, medicación, normalización del sueño, cambio de estilo de vida, alimentación, sentido vital, espiritualidad y abordaje con otras ciencias humanas”. En opinión de Sabella, la jubilación actúa como barrera demarcatoria que deja a los involucrados “afuera” del “círculo privilegiado” de la productividad. “Por el solo hecho de haber cumplido 60 –si nos referimos a ellas– o 65 años, pasan a engrosar las filas de los llamados ‘pasivos’, obligándolos a replegarse sobre sí mismos y a un reposo forzoso; de alguna manera, se los margina de la sociedad. 

Lo que se denomina ‘acceso al viejismo’ es una imagen negativa y distorsionada de esta etapa, producto de creencias que nada tienen que ver con la realidad”, esgrime. Y profundiza: “Desde el ámbito terapéutico se propone lo siguiente: transitar la tercera edad es caminar sin la desesperación del tiempo que se escapa, sin la angustia por el cuerpo que ya no se tiene, y sin el capricho de aferrarse a lo pasado como símbolo de lo mejor que se tuvo en la vida”. Tener apertura al cambio, cuestionar los pensamientos obsoletos que se deben desechar, ser flexibles y eliminar apegos son algunas de las claves para poder tomar las riendas ante este reto. “Para lograr que la jubilación sea un estímulo positivo, se debe asimilar que el empleo quedó atrás porque ya se cumplió con el cometido. Los que quieran seguir trabajando, ¡adelante!, pero esto tiene que ser como un complemento de su tiempo libre. Por eso, deben construir su identidad sobre la base de lo que desean sin depender de nada ni nadie, porque la gente más efectiva es la que le dedica el tiempo que merece a cada cosa y goza cada hora, cada minuto, cada segundo”, cierra Sabella.  

Buenas ideas, parte I 

Para Juan Pablo II, la solidaridad era la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común. Es decir, por el bien de todos, pero también por el de sí mismo. Es que la solidaridad es como un boomerang: va y vuelve. Así también lo entienden muchos que dejaron su trabajo de toda la vida y, con tiempo libre, deciden dedicar sus horas a arremangarse por el prójimo. Últimamente, fueron de público conocimiento dos casos. El primero: un grupo de jubilados unió sus fuerzas para conseguir ropa, calzado, alimentos no perecederos y útiles para una escuela rural en el departamento de Anta, en Salta. El segundo: el Centro de Jubilados y Pensionados Provinciales de Paraná donó pañales para adultos internados en hospitales públicos. Quizá los ejemplos sirvan de inspiración y, paralelamente, de ayuda para aquellos que buscan un nuevo resquicio donde “marcar tarjeta”.

Buenas ideas, parte II 

Algunas alternativas para seguir sintiéndonos útiles y productivos:

•Dedicarle más tiempo a la familia, profundizar los afectos.
•Hacer esos viajes que nuestras obligaciones siempre pospusieron. El tiempo ahora está de nuestro lado.
•Anotarse en cursos cortos para aprender nuevos conocimientos y habilidades. Ideas: gastronomía, jardinería, computación, idiomas, arte.
•Hacer lo propio con talleres, cursos, conferencias, seminarios.
•Darles rienda suelta a los hobbies, como la música, la pesca, la lectura o la pintura.
•Animarse con un emprendimiento propio, con horarios flexibles y sin presiones. 
•Hacer actividades en conjunto: inscribirse en grupos para hacer ejercicio físico, correr, bailar. De esta manera, se mantiene el compromiso con algo en particular y con los compañeros en general.

Claves* 

*Saber que jubilarse no significa inhibirse para desarrollar otras tareas.
*Aprender a cambiar permanentemente: se pueden encontrar estímulos en nuevas opciones de cambio.
*Estar dispuestos a emprender otras actividades: hoy se sabe que una persona puede cambiar de actividad y trabajo de tres a cinco veces en un período de treinta o cuarenta años; por lo tanto, es imprescindible flexibilizar los gustos a nuevos desafíos.
*Cumplir con propuestas o ideales que por el trabajo quedaron pospuestos en otros momentos de la vida.
*Abrirse al diálogo social y con amigos: especialmente, encontrarse con jóvenes para potenciar nuevas creatividades.
*Por el doctor Roberto Ré, médico especialista en Psiquiatría, miembro fundador de la Asociación Argentina de los Trastornos de Ansiedad (AATA) y director de la Red Sanar.

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