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Hawái, La isla del paraíso


Por Revista Nueva.


Hawái, La isla del paraíso
Ubicada en el corazón de la Polinesia y a unos cuatro mil kilómetros del punto continental más cercano, es el destino anual de más de siete millones de turistas. Este increíble archipiélago ofrece el vértigo de las olas que atrapan a los surfistas, el misterio de sus volcanes rugientes e, incluso, la solemnidad de la legendaria bahía de Pearl Harbor.

Refiere una leyenda del comienzo de los tiempos que fueron los inmortales Wakea y Papahanaumoku quienes crearon Hawái. Según la mitología de ciertos pueblos polinesios, Wakea era el Dios del Cielo y Papahanaumoku era la Madre Tierra. Se casaron y decidieron formar el universo dentro de una vasija hecha de calabaza. Así, la tapa de esa vasija dio lugar a los cielos, el jugo se transformó en las lluvias y las semillas fueron el sol, la luna y las estrellas. Finalmente, Papahanaumoku puso un huevo que, al abrirse, dejó salir las islas de Hawái. Y termina contando la leyenda que aquellas islas nacidas del huevo era tan hermosas que ambos dioses decidieron vivir allí, junto a los primeros humanos que las habitaron. 

Casi perdidas en la inmensidad del océano Pacífico, a algo más de cuatro mil kilómetros del punto continental más cercano, las islas de Hawái son un sinónimo inequívoco de paraíso. Este archipiélago, anexado políticamente a los Estados Unidos, comprende un aproximado de ciento treinta islas, de las cuales se destacan Maui, Lanai, Molokai, Niihau, Kahoolawe, Hawái y Oahu. En esta última, se encuentra Honolulu, capital del archipiélago y punto de partida para la mayoría de los siete millones de turistas que visitan cada año estas tierras.
Honolulu es una ciudad de enormes rascacielos y cientos de hoteles, cuya principal atracción es Waikiki, la playa más célebre de todo el Pacífico. 

Su fama data de los años treinta, cuando los norteamericanos de alto poder adquisitivo la convirtieron en un destino exclusivo. Tiempos en los que las mujeres eran obligadas a vestirse casi por completo al dejar la arena y en los que abundaban las lujosas casas privadas de algunos magnates y otras tantas estrellas de Hollywood. Hoy, aquellas casas dejaron su lugar a las grandes cadenas de alojamiento masivo, pese a que aún se conservan algunos sitios que permiten rescatar la nostalgia de esos días. Tal el caso del tradicional Moana Surfrider, clasificado como uno de los mejores hoteles históricos de los Estados Unidos, con sus casi ochocientas habitaciones para huéspedes y sus cuarenta y cuatro suites de increíble vista al mar.

Más allá de las fabulosas aguas y suaves arenas, es el atardecer lo que hace de Waikiki un sitio casi fantástico. Acercarse hasta la orilla y contemplar la puesta del sol tras el océano es una especie de redención sensorial que atrapa tanto a los espíritus como a las lentes fotográficas. Varillas de luz difusa flotando en el agua, olas golpeando contra la oscuridad de unos pocos yates recortados contra el último sol del día, una tajada de luna creciente apenas insinuada en un cielo todavía manchado de tonos rojos… todo parece preparado para dejarse inmortalizar por las cientos de cámaras que disparan tomas y contraluces. A corta distancia de Waikiki, en las afueras de Honolulu, se encuentra la bahía de Pearl Harbor, cuya mención remite a aquel 7 de diciembre de 1941 en el que los aviones y submarinos del imperio japonés atacaron la base naval estadounidense asentada en la bahía, causaron miles de muertos y hundieron o dañaron más de veinte naves de la flota estadounidense. 

En automóvil, por la carretera costera desde el centro de Honolulu, se tardan apenas unos cuantos minutos en llegar a Pearl Harbor. Allí, en la trágica bahía, se encuentra el Arizona Memorial, un insólito mausoleo levantado sobre el casco mismo del acorazado Arizona, el más emblemático de los barcos hundidos aquel diciembre de hace más de siete décadas. Jamás reflotados por las autoridades norteamericanas, los restos de las naves siguen sepultados bajo el agua, a los pies de un panteón de imperturbable blanco que testimonia tanto al óxido mutilado del buque como a los miles de marinos estadounidenses a los que sorprendió la muerte durante el bombardeo japonés y que fueran dejados allí, ahogados para siempre entre los hierros, como macabro homenaje a la memoria colectiva.

El paraíso de Mark Twain 

Más allá de las arenas de Waikiki y los espectros de Pearl Harbor, la isla de Oahu posee otras varias atracciones, como el valle de Waimea en el que las cascadas conviven con cientos de árboles tropicales y la espectacular bahía de Hanauma, un increíble santuario de la fauna marina de la Polinesia. A uno y otro extremo de la isla, estos sitios obligan a desplazarse con vehículos, por lo que es altamente recomendable alquilar algún auto. Claro está que Hawái no se termina en las atracciones de la isla de Oahu. En este archipiélago es posible encontrar tanto aguas tibias como nieves eternas o volcanes. Una maravillosa pluralidad, sin lugar a dudas.

A la hora de poner rumbo para otras islas, la primera opción que surge es la de visitar Maui, a la que se llega tras un corto vuelo desde Honolulu. De belleza fascinante, incluye entre sus atracciones, el volcán Haleakala y la bahía de Kapalau, un rincón destinado al cultivo de ananás. Paz, ocio, contemplación… todas estas sensaciones se acumulan en este sitio que alguna vez visitó Mark Twain y sobre el que su pluma escribió: “Llegué allí para estar una semana y me quedé cinco. Nunca pasé un mes más placentero ni me despedí de un lugar con tanta pena. En ningún momento pensé en ocupaciones, o me preocupé de tarea humana o en problema o angustia alguno, y la memoria de esto permanecerá en mí para siempre”. Algo más alejada de Oahu está la isla de Hawái, la más grande del archipiélago y que da nombre al conjunto insular. Al igual que al resto, sólo es posible llegar desde Honolulu en avión o en algún barco privado. 

Pero el costo bien vale la visita si se tiene en cuenta que aquí es posible encontrar las increíbles alturas del Mauna Kea, un volcán dormido que se eleva a más de cuatro mil metros sobre el nivel del mar, pero que posee la mayor parte de su estructura debajo del océano (sus seis mil metros adicionales la convierten en la montaña más alta del mundo, medida desde su base). Poblado de glaciares en la zona próxima al cráter, el Mauna Kea es un símbolo del archipiélago y el sitio elegido por quienes se acercan hasta la lejana Polinesia para esquiar, algo que es posible hacer en sus laderas. Por último, la isla de Niihau es la opción perfecta para los amantes de las fábulas. Este islote de poco más de ciento cincuenta metros cuadrados es propiedad de la familia Robinson que, en 1872, compró la isla al reino de Hawái por diez mil dólares en oro.

Habitada por menos de trescientas personas que trabajan en su mayoría para el rancho de la familia propietaria, Niihau es conocida como La isla prohibida, ya que, hasta hace unos años, el acceso estaba vedado para aquellos que no fueran familiares de los Robinson o trabajaran en su rancho. En la actualidad es posible llegar en excursiones limitadas que parten desde Honolulu. Allí, en la pequeña Niihau, hay quienes dicen que fue ese el lugar que eligieron los dioses Wakea y Papahanaumoku para vivir, después de que nacieran las islas de aquel huevo puesto por la Madre Tierra. En ciertas noches, se escuchan en el viento las voces de ambas deidades, agradeciendo por ese paraíso de islas que, según la leyenda, ambos formaron... 

La meca del surf 

Hawái es la capital mundial del surf. Año tras año, llegan hasta el archipiélago decenas de miles de jóvenes cargados con sus tablas y dispuestos a cabalgar las olas más famosas de nuestro Planeta que, especialmente en el invierno y sobre las costas del norte,  pueden ser gigantescas. Entre noviembre y abril, las olas superan los diez metros de altura. El sitio más tradicional para la práctica es Waikiki, donde hay numerosas escuelas de iniciación y se alquilan tablas de todo tipo y calidad. El mejor momento para quienes recién comienzan a practicar este deporte es entre mayo y octubre, cuando las olas son más suaves y no superan los dos metros de altura.

Velzyland es una playa repleta de palmeras en la que el oleaje suele ser mucho más bravío. Se dice que allí nació el surf, ya que en esas costas, allá por 1778, el capitán inglés James Cook vio por primera vez a los nativos isleños cabalgar el mar con tablas de madera talladas de los árboles más altos de Hawái. En la isla de Oahu hay playas famosas como Waimea Bay, Banzai Pipeline o Sunset Beach, sedes de los grandes eventos del surf, como la Triple Corona, el Haleiwa Internacional Open, el Bodyboarding Pipeline Pro o el Buffalo Big Board Contest. Los más osados pueden ir a Kaena Point, un lugar remoto al que se llega en barcos pequeños desde las costas de Oahu. Sus olas pueden alcanzar los quince metros.



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