¿Cómo es en la intimidad el nuevo rey del fútbol?


De oro


Por Por Mariano Petrucci.


De oro 
Pintón y fanfarrón, sí. Súper talentoso, aceptémoslo, también. El portugués Cristiano Ronaldo atraviesa su momento de gloria, después de ser elegido como el mejor jugador de 2013. Perfil del hombre que le robó la corona, al menos un año, a Lionel Messi

Hay anécdotas que a uno no solo lo pintan de cuerpo entero, sino que lo marcan a fuego para el resto de su existencia. Moldean, forjan el carácter. Plantan una semilla que, tarde o temprano, germina y rinde sus frutos. Para bien o para mal.

En el caso de Cristiano Ronaldo (el segundo nombre es en homenaje al presidente norteamericano Ronald Reagan), habría que remontarse hasta su preadolescencia e imaginarlo, por ejemplo, llorando casi todos los días cuando estaba alojado en una residencia de jugadores, alejado de sus padres y sus hermanos. La honestidad de los niños no sabe de crueldades: lo apodaron “llorón”, amén de ser el centro de las burlas de sus compañeros por su acento cerrado oriundo de Funchal, una localidad de la isla portuguesa de Madeira. Aislado, y preso de una timidez que le impedía destrabar esa situación, se dormía angustiado… aunque siempre con una pelota debajo del brazo. 

“Cuando arribó al Sporting de Lisboa tenía solo 12 años. Sufrió mucho la adaptación: había dejado su tierra natal, y desembarcó en una ciudad lejana y cosmopolita. Si no fuera por su fortaleza mental y por haber estado tan convencido de sus sueños, habría colgado los botines”, recordó su mentor, Aurelio Pereira.

Tres años después, más escollos a sortear: por un lado, se enteró de que su padre era alcohólico (murió en septiembre de 2005 por una insuficiencia hepática) y que su hermano era adicto a las drogas; por el otro; los médicos le diagnosticaron un problema en el corazón que podía poner en peligro su carrera. Su madre, María Dolores, autorizó la operación que lo dejó 0km.

Es para subrayar cómo CR7 –digámoslo: un mote bastante más marketinero que “llorón”– trocó adversidad por oportunidad. La suma de un revés y otro, y otro más, no menguó un ápice sus convicciones y los resultados están sobre la mesa: el jugador franquicia del Real Madrid se quedó con su segundo Balón de Oro (ya se lo había adueñado durante su etapa en Inglaterra, allá por 2008), relegando nada más y nada menos que a su archirrival futbolístico, nuestro Leo Messi.

Huelga contabilizar los trofeos personales que atesora en sus vitrinas, pero basta enunciar que es el quinto máximo goleador en la historia de “Los Merengues” (dejando en el camino a glorias como Emilio Butragueño y Hugo Sánchez), y que en su estadía en el Manchester United se convirtió en el amo y señor del planeta: conquistó, entre otros títulos, tres Premier League, una Champions y un Mundial de Clubes. En cuanto a la selección, llevó a Portugal a instancias inéditas en las Eurocopas 2004 y 2012, así como en el Campeonato del Mundo llevado a cabo en Alemania en 2006. Ah, y ya igualó a Pauleta como máximo goleador “luso”. ¿Quién duda de que lo superará en los próximos compromisos?

Querer, creer y poder. Acaso, tres pilares del ADN Ronaldo. Ya de purrete sorprendía a sus maestros por su terquedad para jugar a los dardos. Se fastidiaba porque nunca le acertaba al blanco, por lo que practicó y practicó hasta conseguirlo y ser infalible. “No se permitía perder al billar ni al ping pong”, coinciden sus exprofesores. Son los mismos que lo encontraron, más de una vez, en el gimnasio –solo y por las noches– ensayando gambetas… pero con ¡pesas! en sus rodillas para volverse más fuerte. Talento y sacrificio, en el mismo escalafón. ¿Será su secreto?
Ping pong 
Vicio: Morderse las uñas. 
Obsesión: No le gusta que fumen cerca suyo.
Un técnico en su carrera: Sir Alex Fergurson.
Un lugar: Islas Maldivas.
Una película: El silencio de los inocentes. 
Una actriz: Angelina Jolie. 
Intérpretes favoritos: Ivete Sangalo, Phil Collins, George Michael, Elton John.
Un deportista: Tiger Woods y Mike Tyson.
Una comida: La paella, el bacalao.
Otro deporte que practica: El tenis. 
Profesión frustrada: Pintor.
Puertas adentro 
Dentro de tres días, Cristiano Ronaldo dos Santos Aveiro cumplirá 29 años. Su realidad actual dista demasiado de la que atravesaba en ese seno familiar humilde, donde mamá cocinera y papá jardinero apenas podían cubrir sus necesidades y las de sus hermanos mayores, Elma, Cátia y Hugo. Hoy, el muchacho puede darse todos los gustos y, amante del shopping como es, despilfarrar de cinco mil a doscientos mil euros. “Puedo pasarme una hora para elegir la ropa con la que me voy a vestir. Me gusta lucir bien”, confesó este sex symbol de 186 centímetros de altura, que siempre está atento a las pantallas del estadio para chequear si el peinado se le corrió un poquito más para acá o para allá.

Para qué negarlo, quien festeja sus goles haciendo el gesto de “tranquilos, que yo estoy aquí”, es un tantito fanfarrón. Y eso es lo que no le perdonan varios de sus detractores. Pero este modelo disputado por las marcas más renombradas para sus campañas publicitarias, hace oídos sordos: “Me encanta que me abucheen. Cuando no lo hacen, me pregunto por qué no me están gritando. Será envidia, no sé; lo entiendo como parte del juego: los que me insultan son los que me piden autógrafos por la calle”.

No obstante, la vida privada de CR7 no es un canto a la ostentación: no es un adepto a las redes sociales (no son comunes las fotos íntimas en su Twitter o Facebook), es el primero en llegar y el último en retirarse de los entrenamientos, no toma alcohol, estudia inglés, es fanático del póker, y aseguran que por las noches de Madrid se lo ve poco y nada. ¿Será que Irina Shayk, esa rusa escultural con la que novia desde 2010, lo tiene cortito? “Hago ejercicios tres o cuatro horas diarias: complemento con stretching, natación y sesiones de masaje. Me acuesto lo más temprano posible para estar óptimo para la jornada siguiente. Es que la recuperación es esencial: ser un buen profesional es el 70% del éxito. Los pequeños detalles hacen las grandes diferencias”, comentó sobre su cotidianidad a la prestigiosa revista France Football.
No, no vaya preparando la estampita de “San Ronaldo”. No es para tanto. Algún que otro escándalo lo salpicó de cerca. Si en 2006 hizo ruido que fuera interrogado por la policía británica por una denuncia de acoso sexual (quedó absuelto por falta de pruebas), el cimbronazo fue peor cuando, hace menos de cuatro años, anunció que era padre de un niño. Lo llamativo es que se desconoce la identidad de la madre y los rumores alrededor del tema son múltiples: que la mujer con la que mantuvo el affaire ahora reclama reencontrarse con el menor, que falleció hace un tiempo… 

En fin, todas versiones que avivan el imaginario colectivo. De su paternidad, el astro, que tiene la tutela de Cristiano Ronaldo Jr., solo se limita a decir: “Soy un buen papá. A la mañana lo dejo en el colegio, almuerzo con mi madre y luego duermo la siesta con él. Al principio, todo fue un poco extraño, pero fui aprendiendo y uno se da cuenta de lo maravilloso que es y lo feliz que puede hacerte. Eso sí, la va a tener difícil por ser mi hijo, ya que tendrá mucha presión encima”. 
  
Yo, yo, yo. Así es nuestro amigo, nomás. Tómelo o déjelo: “Me fascina ser Cristiano Ronaldo. Yo voy con la cabeza alta, tengo una mentalidad ganadora y siempre miro hacia adelante”. Recientemente, recibió de las manos del presidente portugués, Aníbal Cavaco, la distinción “Gran Oficial de la Orden del Infante Don Henrique” por su presente deportivo y por su influencia a nivel mundial. Y se despachó ante los medios: “No me voy a dormir en los laureles. Ya sea con el Madrid o con Portugal, quiero todavía más. Ganar el Mundial sería la frutilla del postre. Sé que si trabajo mucho seré el mejor dentro del terreno. Quiero pasar a la historia del fútbol”.

Ya lo logró. Básicamente, porque no estamos ante ningún invento: CR7 será una leyenda. Como lo es el francés Michel Platini o el holandés Johan Cruyff. La FIFA ya lo eligió por sobre los demás futbolistas durante 2013. En cualquier otro momento, no solo habría sido el más destacado de una temporada en particular, sino que sería reconocido, con sólidos y justos fundamentos, como el número 1 absoluto. El destino le jugó una mala pasada: es contemporáneo de un extraterrestre llamado Messi.

Intimidades 

• Otro apodo de niño: “Avispa”, porque nadie podía agarrarlo en la cancha.
• Humor: Cuando pierde un partido, llega a su casa y no le gusta hablar con nadie.
• Profesionalismo: Horas después de que su padre falleciera, decidió jugar igual   para su selección, que competía, en aquel entonces, para clasificarse en el Mundial de 2006.
• Solidaridad: Subastó la Bota de Oro 2010-2011 (se le entrega al máximo goleador entre todas las ligas europeas) para recaudar fondos para los niños de Gaza, después de que la Franja fuera bombardeada por tropas israelíes. 
• Debilidad: Su madre. A modo de agradecimiento por haberlo apoyado desde un comienzo, la consiente en todo. Las cuentas bancarias de CR7 están a nombre de los dos. Instalada en Madrid, siempre está muy cerca de su hijo.


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