Rebeldes con causa


Rebeldes con causa


Por Agustina Tanoira.


Rebeldes con causa 
Defienden la libertad individual y cuestionan los “códigos establecidos”. Los nuevos rebeldes creen que es posible vivir la vida que desean. En su último libro, el filósofo Luis Diego Fernández perfila a aquellos que hacen su revolución.

La crisis global de 2008 fue el detonante. Ver aquellos movimientos, como el de los Indignados o el Occupy Wall Sreet –así como los cacerolazos en la Argentina–, empezó a despertar sus primeras inquietudes. ¿Qué estaba sucediendo? “Eran hechos que no tenían nada que ver los unos con los otros”, aclara Luis Diego Fernández. “Eran búsquedas distintas”. Pero, entonces, este filósofo comenzó a percatarse de que, así como algo sucedía en el plano político, también en un plano más micro empezaban a surgir nuevas formas de vida.

“Veía a mi alrededor, a partir de amigos, de contactos y por experiencias propias, que la gente, cada vez más, buscaba una forma de vida alternativa”. De estos hechos, del producto de sus clases de Filosofía y de otros temas en los que venía trabajando hacía tiempo –y que tienen a la libertad como eje central– fue delineando el contenido de Los nuevos rebeldes. Artífices de sus propias formas de vida, un ensayo en el que lo que este filósofo, cineasta y escritor intenta hacer es una “foto” de este momento histórico. 

La idea de este libro, explica, es entender, a partir de herramientas filosóficas, por qué surgieron estas “formas de rebeldía” que, de alguna manera, cuestionan, por un lado, las normas establecidas, pero también los conceptos de autoridad, de poder y de representación.

–¿Cómo podríamos definir, entonces, a estos nuevos rebeldes?
–El concepto de rebeldía lo trabajé a partir de autores como Camus y Michel Onfray –con su política del rebelde–, que plantean el concepto de rebeldía a partir del no. Lo que percibo en estos nuevos rebeldes es que hay un no: el no a una familia tradicional, a una pareja tradicional, a un trabajo tradicional y a una determinada forma de hacer política. El tema es ver, a partir de ahí, como articulan el sí y por dónde empiezan a diseñar lo que quieren.


Cómo son 
• Critican el consumismo.
• Se niegan a trabajar en relación de dependencia.
• Rechazan la comida chatarra.
• Entienden la amistad como vínculo clave.
• Valoran la experiencia como forma de conocimiento.
• Comparten la ausencia de cinismo.
• Buscan una identidad al margen del Estado.

–¿Por eso lo de “formas de vida alternativas”?
–Sí, porque son aquellas que están por fuera de la norma en un sentido. Hay mucha gente que hace otras búsquedas.

–¿Es difícil rebelarse en un mundo en el que los mandatos son más laxos?
–Cuando uno dice “rebeldes”, piensa en esos personajes icónicos de la década del sesenta, y si bien es cierto que actualmente es mucho más viable permitirse vivir de otra manera, también es cierto que todavía hay una norma, una forma de vida más legitimada. También es verdad que la división entre la cultura mainstream y la contracultura hoy es más difusa, no es tan tajante, y en esto inciden las redes sociales e Internet, donde todo el mundo participa.

–¿En qué forma lo hacen?
–Para mí Internet es un especie de monstruo sin una gran cabeza. Aunque hay determinadas plataformas y sitios que tienen más peso, existe un poder mucho más distribuido. Internet es un dispositivo anarquizante: cualquiera puede subir contenidos, tener acceso y comunicar lo que piensa. Antes había pocos que emitían –los medios tradicionales: la tele o los diarios– y muchos que recibían. Con las redes todos somos potenciales emisores y esto, de por sí, cambia un poco el concepto de autoridad, de jerarquía, de poder.

–¿Pero si todos tenemos autoridad, entonces, nadie tiene autoridad?
–Lo que ocurre es que las redes tienen una doble mirada: allí cada uno afirma su singularidad, su individualidad, su avatar, pero en un marco comunitario, dentro de una red social. Así es como el individuo y lo colectivo se potencian. Los dos.

Personajes 

Fernández dedica una sección del libro a definir a los distintos tipos de rebeldes. “Ya sea porque se niegan a trabajar en relación de dependencia, a comer comida chatarra, a respetar la monogamia o a seguir un dogma religioso, los nuevos rebeles intentan evitar diferentes tipos de coerción”. Además de Lady Gaga, los Indignados y los hackers, están los surfers. Para ilustrar esto último, el autor cuenta la historia de los hermanos Azulay, dos jóvenes que surfearon el pacífico americano, desde Los Ángeles hasta Chile, en una vieja camioneta y con solo sus tablas de surf a bordo. 

–¿En qué sentido esta historia ilustra una rebeldía?
–En las diferentes formas de rebeldía y de negación a algo. El caso de los surfers ilustra el no a una cierta forma de vida. Hay una construcción mítica en relación con este deporte: el vínculo con la naturaleza, la soledad, la vida comunitaria. Además, se afirman ciertos valores que no son típicamente mercantilistas o de consumo. Estos chicos hicieron todo el recorrido viviendo, básicamente, de la amabilidad de la gente, del trueque. Casi no manejaron dinero. De alguna manera, lo que quise mostrar con ese caso es que se puede ser feliz sin los valores que supuestamente son requeridos para ello: el consumismo, el estatus social y demás.

–¿Se puede?
–Sí. Lo interesante era abrir esos espacios de libertad. Hay una frase de Nietzsche que aparece en el libro,“crearse libertad”, y lo que pienso es que muchas veces uno se pone más trabas de las que finalmente terminan apareciendo. 

–¿Cómo se crea libertad?
–Esta posibilidad no es tan compleja. Es simplemente animarse a seguir el propio deseo. Con los surfers quería retratar eso: una forma de microrresistencia, o la resistencia desde un lugar individual. Una idea que está en algunos filósofos, como Deleuze y Guattari, y que es la posibilidad de generar espacios propios, con ideas y valores que no suelen ser los de la mayoría. Ese es el gesto rebelde. Para mí, en el fondo, lo que subyace es otra cosa: es un tema ético.

–¿Cómo sería eso?
–Ethos significa “modo de vida”. Lo que creo es que la gente vive mal. No se trata de un problema de izquierda o derecha, ni de quién gobierna, sino que es un problema de malestar. Hay mucho malestar, mucha neurosis, mucha agresividad.

Microrresistencia y libertad 

“Crearse libertad es crear la propia forma”, escribe Fernández. La libertad se crea de prácticas y conductas. ¿Qué tenemos que crear? Modos de vida. “Reinventando la forma en que habitamos y nos vinculamos. 

Crear, primero, es resistir y, luego, salir de allí de una manera solar y afirmativa. Un decir no que luego clama por decir sí”, agrega. La libertad, en principio, es una microrresistencia y esta pasa por formar espacios propios. Crear espacios de autogestión o autonomía dentro del mismo sistema en el que uno vive. La clave está en la forma en que uno vive, en la no dependencia de determinadas cuestiones, en poder trabajar en forma propia. En Internet esto se ve permanentemente: muchos rebeldes marcan la posibilidad de comunicar el producto de su trabajo. Para concluir, Fernández advierte: “La rebeldía no es anticapitalista. No hay una oposición necesariamente porque a lo que uno se opone es a determinadas formas de vida cristalizadas o normalizadas, pero no esencialmente a un mercado”. La pregunta que uno debería hacerse es qué forma de vida quiere vivir.

–¿Y?por qué creés que esto sucede y se da así en pleno siglo XXI?
–Entre otras razones, porque se vive una vida que no se quiere vivir. Se siguen determinadas pautas sociales, normas, estatus, dinero, que quizá no es verdaderamente lo que uno quiere. Es como que uno es llevado por inercia a repetir formas de vida.

–¿Vidas que no son plenas?
–Sí. Lo que veo ahí es un dolor. Un malestar fuerte al que la política representativa no está dando una respuesta. El tema es ver dónde encontrarla: ¿en la política o en uno? A veces, tengo esa impresión: que se reclama algo que, en realidad, modificarlo depende de uno mismo y de la vida que uno elige vivir. Los nuevos rebeldes lo que tienen en común es que siguieron su deseo.

–¿Ese es el verdadero trasfondo?
–Claro, ser honesto con el propio deseo, más allá del deseo mayoritario. La pregunta es por la forma de vida. Creo que ese es el gran dilema que estamos atravesando y por eso se ven tantos ataques de pánico, tantas ventas de psicofármacos, tantas búsquedas en la religiosidad, el misticismo. 

–¿Cuáles creés vos que son los valores principales que mueven a estos nuevos rebeldes?
–Al final del libro enumero algunas características: la ausencia de cinismo, por ejemplo. Eso está buenísimo: particularmente, estoy harto del cinismo, de ese gesto cínico, como patotero, como cool. Y estos chicos, en su gran mayoría, son cero cínicos. Hacen un elogio de la autenticidad, de la verdad. Tampoco hay odio, hay un discurso más amoroso, en el buen sentido. Por otra parte, hay una crítica muy fuerte al concepto de doble moral: decir una cosa y hacer otra. 

–¿Sos un ejemplo??Digo, ¿considerás que seguís tu deseo?
–Sí, pero, sinceramente, me llevó un tiempo. Siempre quise escribir. Ese fue mi deseo y lo tuve claro desde chico. Estudié cine y filosofía, y siempre estuve vinculado a los libros: fui librero y trabajé años en la industria editorial hasta que empecé a escribir. 

–¿Y ya vas por tu tercer libro?
–Sí, no seguí el camino tradicional académico. Quiero escribir para más gente, como Juan José Sebreli, Tomás Abraham y Michel Onfray. Encuentro mayor libertad ahí. Estos personajes no son clásicos divulgadores, sino que son intelectuales que tienen su pensamiento popular que llega a la gente. No bajan el nivel. Hay una idea y un lenguaje llano, y quiero eso. 

–¿Eso está bien visto desde el punto de vista académico?
–Y no, la verdad que no. Somos los rebeldes de la Academia.

Luis Diego Fernández 

Primero estudió cine y luego se licenció en Filosofía (UBA) con diploma de honor. Nunca dudó de que lo suyo es la filosofía. 

“Me fascina y hoy puedo decirte que es lo que me apasiona realmente”, confiesa. Se define como un popular antipopulista, porque no escribe sobre temas populares aunque sí tiene vocación popular. Desde hace tiempo, su línea de investigación es el hedonismo y el pensamiento libertario. 

“Creo que ahí había un lugar vacante y entré. Primero en forma intuitiva y ahora en forma más programática. Y veo que cada vez hay más gente interesada en estos temas”, cuenta.

Hace diez años que escribe para distintos medios. Empezó haciendo críticas a libros de Filosofía y ahora escribe artículos sobre cine y filosofía. Además, hace cinco años que dicta cursos, seminarios en universidades, cursos de posgrado y, ahora, cursos on-line. Los nuevos rebeldes... es su tercer libro.


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