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Paraíso animal


Por Revista Nueva.


Paraíso animal 
Un viaje fuera de lo común, ideal para conocer a los animales más asombrosos del planeta y convivir con ellos. Cuando Charles Darwin visitó las islas, las describió como un insólito paraíso.

Parecen colosos de una fábula. Bajo su enorme coraza, apenas asomando la cabeza, van moviéndose lentas por entre los cactus. A sus espaldas, las olas rompen contra las rocas de un acantilado. Las tortugas gigantes son uno de los animales más asombrosos. Endémicas de las islas Galápagos, son el símbolo inequívoco de este archipiélago ubicado en el océano Pacífico al que el célebre naturalista inglés Charles Darwin describió como un insólito paraíso. El científico, que estuvo en 1835, quedó maravillado por una fauna y una flora que jamás había visto en el mundo. Darwin creyó haber encontrado en aquellas islas las respuestas para la teoría del origen de las especies que lo haría inmortal. 

Las Galápagos están ubicadas a poco menos de mil kilómetros de las costas de Ecuador, país al que pertenecen desde 1832. El archipiélago es una enorme reserva de diversidad biológica en la que habitan casi dos mil especies endémicas, entre ellas las famosas tortugas terrestres gigantes a las que vulgarmente se les ha dado el nombre de tortugas de Galápagos. Junto a esos lentos colosos conviven lagartos marinos de formas prehistóricas, iguanas enormes de colores amarillos que destellan bajo el sol, cormoranes que han perdido para siempre la capacidad de volar y grandes aves a las que se conoce como “fragatas”, que inflan desmesuradamente sus buches rojos en la época del apareamiento. Un mundo de especies extrañas que siempre promueven el asombro.

Declarado en 1979 por la Unesco Patrimonio Natural de la Humanidad, el archipiélago de las Galápagos es casi en su totalidad un enorme Parque Nacional, ya que desde 1959 el gobierno ecuatoriano determinó que el 97,5% de su superficie fuera un área protegida. Las zonas no afectadas como zonas reservadas son ocupadas por las pocas concentraciones urbanas que hay en las islas. Entre ellas, Puerto Ayora, la principal población de las Galápagos, que queda en la isla de Santa Cruz y donde viven cerca de quince mil personas. En Ayora se aloja la enorme mayoría de los doscientos mil turistas que cada año llegan a las islas en vuelos de una hora y media que parten regularmente desde el aeropuerto José Joaquín Olmedo de Guayaquil. 

Puerto Ayora, cuyo nombre recuerda al presidente ecuatoriano Isidro Ayora, que gobernó el país entre 1929 y 1931, posee una ubicación privilegiada a orillas de la Bahía de la Academia. Es una ciudad con una muy importante infraestructura hotelera, que cuenta en su periferia con la Estación Científica Charles Darwin, un centro de investigaciones biológicas creado en 1964, principal encargado de monitorear la conservación de los recursos naturales de las islas. Allí, en ese centro, se encuentran numerosos ejemplares de especies protegidas de tortugas gigantes y lagartos terrestres, dos de los principales representantes de la singular fauna de las islas Galápagos. Abierta al turismo, la estación contaba hasta hace muy poco con el Solitario George, la más emblemática de las tortugas gigantes de las Galápagos, que murió el año pasado sin dejar descendencia. Originaria de la isla Pinta, ubicada al norte, esta tortuga era la última de la especie Geochelone abingdoni, una de las catorce que habitaban originalmente el archipiélago y de las que ahora quedan tan solo diez. 

El centro neurálgico de la ciudad es su colorido puerto, donde conviven decenas de barcos de pescadores y yates con vastas legiones de iguanas marinas, pelícanos, garzas, piqueros de patas azules y lobos marinos. Desde este puerto parten diariamente varios pequeños cruceros que realizan largas navegaciones por algunas de las islas principales y hacen recorridos que pueden llegar a durar dos semanas. Estos permiten conocer lejanos rincones del archipiélago, como la pequeña Genovesa, una isla con forma de herradura que es considerada por el turismo la más espectacular de cuantas conforman el archipiélago. Genovesa es conocida también como “la isla de los pájaros” por la gran cantidad de aves que la habitan, entre ellas una extraña especie de gaviotas de cola bifurcada que son las únicas en su tipo que tienen hábitos de caza nocturnos. 
Especies en peligro
Los cruceros que parten de Puerto Ayoras suelen tomar rumbo hacia el oriente, en dirección a la isla de San Cristóbal, la mayor del archipiélago. Dos horas de navegación bastan para llegar hasta esta isla donde se halla Puerto Villamil, una encantadora aldea de poco más de tres mil habitantes a la que muchos turistas han encontrado como alternativa de alojamiento en lugar de la más populosa Puerto Ayora. En Isabela se encuentran decenas de lagunas salobres en las que habitan enormes colonias de flamencos, grietas marinas donde pueden avistarse fácilmente tintoreras nadando en el agua turquesa y enormes volcanes activos como el Alcedo, el Darwin y el Wolf. Estos volcanes son también un símbolo de la geografía de las Galápagos, ya que la totalidad del archipiélago es de origen volcánico y su área es considerada una de las zonas eruptivas más activas del planeta. 


En las islas se han contabilizado más de 5000 especies, de las cuales las más emblemáticas son las iguanas marinas de inequívoco aspecto prehistórico y las enormes tortugas terrestres que llegan a pesar más de 400 kilos y cuya expectativa media de vida es superior a los 100 años.


Otra de las islas es Española, la más antigua del archipiélago, que se formó hace más de trescientos millones de años. No tiene asentamientos humanos estables y está rodeada de bandadas de albatros de Galápagos, una de las seis especies en peligro de extinción que viven en el archipiélago junto con el pinzón del manglar, la iguana rosada, el lechoso de Santiago, el petrel de Galápagos y la damisela de Galápagos. Pese a los constantes controles de las autoridades del Parque Nacional, las poblaciones de estas se encuentran en situaciones alarmantes, casi terminales, como la del petrel de Galápagos, cuya población era de más de veinte mil individuos hace veinte años y hoy apenas si supera el millar. Este ave de plumaje gris y blanco, que habita en las zonas altas de cinco de las islas del archipiélago, fue uno de los animales estudiados especialmente por Charles Darwin en aquel viaje a Galápagos que cambiaría para siempre la historia de la ciencia natural. Un destino lejano, tan exótico como único, en el que las tortugas gigantescas parecen colosos de alguna extraña fábula.

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