Investigación


Clases al revés


Por Tamara Smerling.


Clases al revés
¿Cómo funciona el Flipped Classroom en España? ¿De qué se trata esta nueva metodología donde los docentes y los alumnos intercambian saberes por igual? ¿Puede aplicarse en la Argentina? Sus ventajas y polémicas. Los especialistas debaten.

En la escuela primaria, en el colegio secundario o en la universidad, la cuestión pasaba por prestar atención en clase, tomar algún que otro apunte y dedicarse a hacer las tareas en casa: un trabajo práctico, una monografía de diez páginas, un ejercicio de Matemática, un experimento para Biología, una composición literaria… Todo de acuerdo con la edad.  Sin embargo, ahora existe un nuevo método donde todo ese bagaje de tradiciones se invierte por completo. Se estudia con videos en el propio hogar, los deberes se hacen pero en el pupitre del aula –donde se afianzan los conceptos más importantes– y el docente –que participa de debates con colegas a través de la Red– intercambia saberes con sus alumnos. Digamos que es una especie de “guía” que lleva la atención de los estudiantes a determinadas áreas. 

Las “clases al revés” o “clases invertidas” son un fenómeno que pica en punta en el mundo. En España, este método se conoce como Flipped Classroom. La técnica, en definitiva, es bien simple y apunta a romper con los modelos tradicionales de enseñanza. Para ello, se vale de una herramienta fundamental: las nuevas tecnologías. 


Las “clases al revés” o “clases invertidas” son un fenómeno que pica en punta en el mundo. En España, este método se conoce como Flipped Classroom.


“En la escuela del futuro, el docente, mediante conferencias virtuales, hace llegar la información básica sobre determinado tema. Luego, en clase y todos juntos, se elabora el conocimiento, a través de la práctica”, se lee en el portal español theflippedclassroom.es. Respecto del proyecto, sus creadores argumentan: “Está abierto a la participación de docentes y educadores de todos los niveles de enseñanza, con inquietudes por cambiar la educación y que esté acorde con las demandas sociales y culturales de este siglo”.

Isabel Gutiérrez Porlán, Linda Castañeda Quintero y José Luis Serrano Sánchez, de la Universidad de Murcia, escribieron en su artículo “Más allá de la Flipped Classroom: ‘dar la vuelta a la clase’ con materiales creados por los alumnos”: “Desde hace muchos años venimos proclamando la necesidad de un cambio de roles en el que el docente pierde su papel tradicional de fuente única de información (información que está en la Red), lo que refuerza la idea del docente como facilitador, mediador y orientador del aprendizaje del alumno. Es el momento de llevar a la práctica ese cambio de roles”.

El debate llegó hasta estos pagos y lo que se discute es la aplicabilidad del método en las aulas argentinas. Para la doctora Silvia Porro, que dirige el grupo de investigación de Didáctica de las Ciencias en la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ), tranquilamente podría ponerse en práctica en nuestro país. “De hecho, no se necesita nada que no tengamos a mano en cuanto a la tecnología. Es más, seguramente ya estemos utilizando este tipo de métodos donde el docente cambió su rol tradicional, pero quizá no los estemos llamando de esta manera. A veces, los nombres son una moda y resulta que algo ya se está haciendo desde hace tiempo, pero no se sabe que, en otro lado, se llama de cierta manera’”, dice la docente. Por su parte, la psicóloga y docente Clara Schejtman opina que la horizontalidad en los procesos de aprendizaje es un tema complejo: “Considero que los procesos de aprendizaje –es decir, enseñar y aprender– se enriquecen con la identificación de figuras portadoras de saber, que ocupan un lugar de ‘ideal’, y con las cuales se produce un intercambio afectivo. 

Si bien es importante utilizar la tecnología y tener en cuenta las diferencias individuales en los procesos de adquisición de saberes, es primordial la valorización de las figuras de transmisión que producen un fuerte impulso motivacional hacia el avance de conocimiento más dificultoso, que incluye el pensamiento abstracto. De hecho, Alberto Kornblihtt, biólogo argentino que ganó, recientemente, el Konex de platino y de brillantes, le agradeció a su profesora de Botánica del secundario que haya iniciado en él el deseo de saber y de investigar”.
Radiografía del método
En las escuelas secundarias españolas, algunos docentes suman el Facebook a sus clases. Otros aprovechan las virtudes de Wikipedia (que las tiene) para presentar problemáticas a sus estudiantes. En las universidades, la educación virtual crece a pasos agigantados con clases interactivas, foros de debate y videos didácticos. No son pocos los que están utilizando recursos como la herramienta Powtoon (que permite la creación de videos a modo de animaciones en los que se pueden integrar diferentes personajes, objetos y textos), o los que echan mano a Flickr, Twitter, Geolocalización, Licencias Creative Commons, Dropbox o Google.


“Considero que los procesos de aprendizaje se enriquecen con la identificación de figuras portadoras de saber, que ocupan un lugar de ‘ideal’”. Clara Schejtman


Silvia Feitelevich,  psicóloga, docente y miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina, aplica las estrategias del Flipped Classroom tanto en sus clases de grado como de posgrado. “Lo novedoso es que se las está organizando y articulando en una modalidad específica. Esto está orientado a una mejora del aprendizaje en pleno siglo XXI, respetando las nuevas subjetividades, que son producto, entre otras causas, del impresionante de-sarrollo de las tecnologías. ¿Qué mejor, entonces, que hacer uso de la diversidad de propuestas tecnológicas para superar los antiguos escollos que nos planteaba el aprendizaje del pasado?”, se pregunta. Y concluye: “Lo interesante del método Flipped Classroom es que hay un cambio importante en las funciones del docente y el alumno. Tal vez, sería mejor denominar al alumno ‘aprendiente’, para despegarnos de la antigua idea de pasividad y sumisión que marca –aun hoy, en algunas instituciones educativas– la posición del alumno como aquel ‘que no sabe’ versus ‘el que sabe y tiene el poder’ –o sea, el profesor–. En la actualidad, ambos aprenden, intercambian y generan una situación creativa, clase por clase”.
No sé cómo puede resultar 
• La tecnología brinda posibilidades nuevas para que el aprendizaje pueda ser más dinámico y “divertido”. Lo que no sé es cómo puede resultar que el maestro funcione como un par de sus alumnos. Los niños necesitan un adulto que esté al frente de la clase y mantenga cierto orden, para que no se produzca el caos entre las múltiples posibilidades que ofrece Internet. También sabemos que habrá algunas asignaturas que se podrán estudiar con este método, pero otras no. Por ejemplo, Matemáticas, Química o idiomas requieren una mayor participación del docente y parece difícil que funcionen con esta metodología. Está comprobado que el interés que despiertan las materias está influenciado por el profesor que las dicta. Así lo relatan quienes cuentan cuál fue el profesor que los estimuló en su vocación y la elección de la carrera. La tecnología es una herramienta más, pero el factor humano y un buen maestro es lo esencial. 
*Por la doctora Sara Zusman de Arbiser, miembro titular de la Asociación 
Psicoanalítica Argentina. Especialista en niños, adolescentes y familias.  
La aplicación es factible
• No acuerdo con la parte que reduce las tareas para el hogar a mirar un video de cuatro o cinco minutos, ya que supone que el intercambio o el trabajo en el aula puede prescindir de los contenidos disciplinares como materia prima. Pero esa objeción no se refiere al uso real, concreto, sino a lecturas de trabajos que promueven la estrategia. No obstante, la aplicación del método es posible en todos los niveles. Es decir, llevar al hogar las tareas más pasivas –leer, mirar– y dejar para el aula las más activas –producir, debatir–. La modalidad de “aulas extendidas” o “expandidas” podría ser el soporte natural para esto, y sería posible ponerlo en práctica en los institutos de formación docente que cuentan, desde hace varios años, con aulas virtuales. 
*Por Juan Carlos Asinsten, experto en entornos virtuales de aprendizaje, especialista en diseño y comunicación, profesor y coordinador del posgrado internacional de Virtual Educa.

Más información:
www.theflippedclassroom.es



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