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Rescate emotivo


Por Romina Cadenas.


Rescate emotivo
Bicis desgastadas mecánica y estéticamente, y rodados que pasaron años abandonados son furor hoy en los talleres de restauración que proliferan por todo el país. Una tendencia en alza que mezcla pasión y nostalgia, lo vintage con lo actual.

 Nadie habría imaginado que aquella estructura con dos ruedas de igual diámetro y dispuestas en línea resultaría ser el vehículo del futuro. Es que en este siglo XXI, la bicicleta adquiere un gran protagonismo como el medio de transporte más saludable y legítimo en materia de bienestar. El acto de pedalear –solos, en familia o con un grupo de amigos– invadió las calles de las grandes ciudades: bicisendas que permiten conectar el hogar y los trabajos, automovilistas que empiezan a familiarizarse con la idea de compartir las grandes avenidas con los ciclistas y parques como circuitos claves para disfrutar el fin de semana son algunos de los contextos donde el andar se impone. 

Esa es la razón por la que si las entrañables bicicleterías habían pasado a ser un decorado obsoleto del barrio, en la actualidad cobran una fuerza inusitada. Y de su mano, aunque en otro escalafón, se resignifican los talleres que restauran esas joyas que marcaron nuestra infancia, la adolescencia, la adultez… en fin, la vida entera. Restaurar es volver a poner una cosa en el estado o circunstancia en que se encontraba antes. De eso se trata el trabajo en Born in Garage, un taller mecánico de bicicletas en Colegiales, Ciudad de Buenos Aires. Aquí no se comercializan bicipartes, sino que se desarrolla un taller de culto que valora el oficio y respeta el estilo de cada época.

Santiago Oliver, mecánico y fundador del taller, explica: “Se trabaja con bicicletas que tengan valor histórico, tanto familiar como en sí mismas. Se respetan las normas de fabricación, según las distintas innovaciones que fueron surgiendo en su respectiva década”. Y agrega: “La restauración puede ser estética –basada en la originalidad del producto–, o mecánica y estética, con agregados modernos o repuestos contemporáneos para que la bicicleta se convierta en un híbrido entre vintage y actual”. 
Hágalo usted mismo: Talleres comunitarios (parte I) 

La Fabricicleta es parte también de la tendencia de volver a las dos ruedas y se presenta como un taller comunitario en el que cada uno arregla sin cargo. A partir de la convocatoria de bicicletas abandonadas, herramientas, partes de modelos antiguos y voluntarios, se inició una interesante movida para compartir experiencias entre distintas generaciones. No tienen la necesidad de vender, sino la convicción de restaurar lo que merece ser recuperado. Más info en lafabricicleta.blogspot.com.ar

El desafío de enmendar, recuperar y estabilizar rodados también se experimenta cerca de la cordillera, en Mendoza, a través de las manos artesanas de Mauro Sánchez. “Las bicicletas clásicas no tienen ‘obsolescencia programada’: son factibles de restaurar y sus repuestos pueden ser económicos. Claro que hay modelos que ya no se fabrican, como las Aurorita o las ruteras con caños de acero, pero pueden ser repintadas fácilmente: con paciencia, lijas y aerosoles. Es una buena manera de empezar a pedalear sin dispensar tanto dinero y, a la vez, con estilo, personalizando la bici con colores y accesorios para convertirla así en un objeto único”, afirma Mauro, responsable de Bike Station Mendoza.

La tendencia de reutilizar lo antiguo dándole una impronta moderna creció considerablemente los últimos años. El modelo más solicitado es la Aurorita plegable. Uno de los abanderados de este estilo vintage es el Club Retro Aurorita (CRA), un grupo social de encuentro para bicicletas plegables de cualquier marca, año y condición. La consigna de esta comunidad (que llega a todas las latitudes del país a través de la red social Facebook) es publicar datos curiosos, historias, videos e información sobre este tipo de bicicleta en particular. 
De dueño a artista
Ser capaces de entrar en comunión con quien desea recuperar un rodado es la clave del éxito de los talleres que restauran bicicletas. En este proceso se destacan dos variables: el tiempo y el diálogo. Para eso, hay que dedicarles horas de trabajo a los detalles de armado y reparación de cuadros, pulidos y cromados, pintura, ebanistería (guardabarros, cajones, carros) y talabartería (asientos y accesorios de cuero). Y siempre bajo la mirada atenta de quien entrega su tesoro para rescatar.  

“Cada cliente tiene un gusto estético y un estilo de vida particular, que, sumados a las posibilidades que ofrecen la ciclomecánica y la experiencia, dan como resultado una pieza de arte única”, detalla Santiago, de Born in Garage. Mauro, de Bike Station Mendoza, adhiere: “Se conversa con el cliente para conocer sus necesidades, por donde andará con la bici y cuál es la postura que busca sobre ella. Asimismo, si lo que desea es una restauración ‘original’, buscando que el rodado quede lo más parecido posible a cuando salió de fábrica, o un reestiling de una bici abandonada para ponerla en condiciones. El proceso de restauración es una sumatoria de voluntades y expectativas que se ve coronada con la finalización del trabajo. Después, se sigue de cerca el funcionamiento de las bicis restauradas para darles soporte técnico si lo necesitaran”.
Hágalo usted mismo: Talleres comunitarios (parte II)
La Bicicueva es un taller comunitario de autorreparación de bicis que promueve el uso de la bicicleta como medio de transporte. De entrada libre, gratuita e irrestricta, favorece el intercambio y reciclaje de información, bicipartes y trabajo. La consigna es que todo el conocimiento producido en el taller pueda difundirse y multiplicarse para fomentar la participación activa en el espacio. 
Más info en labicicueva.blogspot.com

Por su parte, la dupla conformada por Diego Chiri y Ezequiel González –tienen su local de ArtCycle en la ciudad de Rosario– incluye entre sus objetivos principales que el resultado final de su trabajo sea una pieza única que fusione un estilo nuevo con un diseño antiguo, creando y siguiendo una tendencia vintage.

“El primer paso, acaso el más difícil del proceso, es buscar las bicicletas en lugares diferentes. Luego, verificamos el estado de las piezas que se pueden reciclar y las que deben reemplazarse. A continuación, se busca el color. Al final del proyecto, ultimamos detalles como el asiento y puños de cuero grabados, y la colocación de accesorios como canastos, campanitas y faroles retro”, especifica Diego. Paradójicamente, los que montan un taller de restauración de viejos rodados son jóvenes profesionales que practicaron el oficio desde chicos, viviendo la pasión de sus abuelos de cerca. Así se fueron familiarizando con este mundo tan encantador, re significando diseños pero, asimismo, estilos y formas de vida. 
Los restauradores coinciden en que su mayor ganancia no está en la venta comercial, sino en la satisfacción de que el producto final termine asemejándose a una obra de arte. Una bella y única pieza de distinción entre tanto ruido de motores que invaden las grandes ciudades. Entonces, a pedalear se ha dicho. 



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