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Señales positivas


Por Agustina Tanoira.


Señales positivas
Gracias a la neuroplasticidad es posible entrenar la mente. En su último libro, la psicóloga Celia Antonini, asegura que las señales de tránsito son de gran ayuda para gestionar los pensamientos y emociones, y orientarnos hacia una vida más plena.

Señales de alerta: la de No retomar invita a lamentarse por los hechos del pasado; la de Calle sin salida, a no dejarse avasallar por el miedo; la de Peligro, a reconocer que nuestra baja autoestima no nos llevará a buen puerto, y la de Exceso de velocidad, a cuidarnos de la omnipotencia, la soberbia, el narcisismo, el orgullo y la vanidad, sentimientos de superioridad que no conducen a otra cosa que a estrellarnos y pagar el costo de ser despreciados y evitados por quienes nos rodean. Para la psicóloga Celia Antonini, especialista en depresión, estos indicadores nos ayudan a saber exactamente dónde nos encontramos y si esa posición nos llevará –o no– por el camino apropiado para vivir una vida plena. Por eso, tituló a su último libro GPS mental para llegar a donde quieres, y se valió de este sistema de posicionamiento global para orientarnos acerca de cómo están ubicados nuestros pensamientos, emociones, creencias, y nuestra autoestima. “Lo hice con señales porque uno se olvida de sí mismo, pero las señales de tránsito están ahí y uno no puede evitar verlas; y si uno puede incorporarlas como ayuda, es posible hacer un gran trabajo”, explica. “Con estos veintisiete carteles ya no hay más excusas”, agrega.

Pare. Revise sus sueños. Cuestiónese a dónde quiere llegar y si está en el camino adecuado.

–¿Por qué nos cuesta tanto?
–Porque lo más difícil es la posibilidad de mirar la propia actividad mental: no miramos lo que pensamos, no estamos atentos a ello. 

–¿Estar atentos significa que deberíamos ser más reflexivos?
–No, porque el reflexivo se vuelve sobre el contenido de sus pensamientos, mientras que estar atento a lo que uno piensa implica ver el camino que uno tomó para llegar adonde está.

–¿Y por eso el GPS?
–Claro, porque la mente está configurada exactamente igual que un mapa de calles. Cada uno de nosotros tiene su propio mapa mental que fue conformando a través de la educación que recibió, las creencias, la personalidad, etcétera. Lo increíble es que de la misma manera que cuando uno va de su casa al trabajo toma siempre el mismo camino, cuando uno piensa, lo hace siempre de la misma manera. Esto va formando una marca, un sendero, un surco que uno recorre automáticamente.

–¿Es difícil cambiar el recorrido una vez que se ha formado esta huella?
–Sí. El tema es que para modificar estos recorridos, uno tiene, primero, que estar atento. Porque hay algo que juega en contra de nosotros, y es que el cerebro es vago, al cerebro no le gusta trabajar, y, por eso, siempre repite los mismos caminos.

–¿A qué se debe esto?
–Es una cuestión química, es pura y exclusivamente un funcionamiento del cerebro. El cerebro es el hardware, es el lugar donde se asienta el software, que es la mente, nuestros pensamientos. Siguiendo con esta comparación tecnológica, uno debería hacer actualizaciones permanentes de los circuitos. Esto es químico, lo que juega en contra no es la mente sino lo químico.

Bifurcación: La toma de decisiones. Cada una puede alejarnos o acercarnos a nuestros objetivos. 
Elegir cambiar 
La licenciada Antonini afirma que es posible reconfigurar nuestro mapa mental. ¿Hace falta hacerlo con ayuda? “No necesariamente”, responde. “La ayuda solo se necesita cuando uno tiene una enfermedad, porque estas –la depresión, las fobias, los ataques de pánico, un trastorno obsesivo y otras­– quitan la posibilidad de opción. No hay alternativas. La persona enferma no puede optar: una persona que está deprimida no puede elegir ‘tener un buen día’. La enfermedad te inhabilita. Uno tiene el deseo de estar bien, pero ninguna posibilidad”. 

Antonini insiste en que gracias a la plasticidad que tiene el cerebro cada uno de nosotros puede rediseñar nuevos circuitos y transformar el cerebro en una plataforma que nos lleve directamente a concretar nuestros sueños y deseos.

–¿Qué se puede cambiar?
–Dentro del campo de la conciencia y mientras no haya una enfermedad mental, todo puede revertirse. Ahora cambiar depende de cada uno. 

Pendiente ascendente: Autoexigencia. “El paisaje donde vive corre por su cuenta”.

El camino del bienestar

“El malestar y el bienestar están en nuestra cabeza. Aquello que nos dijeron, lo que creemos y la interpretación que hacemos sobre quiénes somos es el resultado del delineamiento que le hicimos a nuestra vida”, dice Antonini y remarca que la mente tiene la particularidad de ser una gran productora de obstáculos.

–¿Cuáles serían esos obstáculos?
–Mirá, todos queremos ser queridos por los demás, pero muchas veces creemos que para lograr ser aceptados tenemos que ser de una determinada manera. Ahí es donde comienza el camino del malestar: cuando nos sentimos aceptados no por lo que somos sino por la imagen que damos.

–¿Entonces?
–Naturalmente, el ser humano compara lo que desea ser con lo que es, y esa brecha determina el nivel de malestar que uno tiene. Así funciona la cabeza. Te doy un ejemplo: cuando vos imaginás tus vacaciones, las pensás ideales, no se te ocurre pensar que va a llover todos los días… Uno piensa idealmente, y la vida no es eso. La vida pasa por otro lado. 

Ceda el paso: A las situaciones que no puede modificar. Si el costo es mayor que el beneficio, hágase a un lado en forma inmediata.

–¿Cómo se hace para romper el círculo del malestar?
–Si podés manejar tu cabeza, entonces, podés lograr el bienestar.

-¿Qué es el bienestar?
–Bienestar no es que te vaya bien, sino sentirte bien más allá del resultado. Las cosas no salen siempre como nosotros habríamos querido, pero si estamos conformes con todo lo que hicimos, debemos sentirnos bien.

–¿Qué es lo que hay que cambiar para tener una vida de bienestar?
–Las creencias acerca de lo que a uno le molesta. Nada más. No es difícil pero sí requiere tiempo, trabajo y conciencia. La gente que piensa y siente negativamente lo hace en forma automática, de la misma manera que quienes tienen pensamientos y emociones positivas. Por eso, es necesario cambiar una automatización por otra. 

Salida de emergencia: Rescátese. Hágalo cada vez que se encuentre en una emergencia emocional.
–¿Cambiar nuestras creencias es lo que nos permite a nosotros ver las cosas de otra manera?
–¡Claro! Una persona que está deprimida o tiene una baja autoestima, cuando sale al mundo solo ve situaciones que le confirmen su malestar. ¿Las encuentra? Por supuesto. Uno solo confirma aquello que cree que es. Cuando esto no lo satisface, debería empezar a cuestionarse. Por eso, si tuviera que dar un consejo diría: cuestiónense todo, porque modificar la creencia es lo que reconfigura la mente. Pero, ojo, el cuestionamiento debe partir de uno mismo, no de los demás.

–¿Existe la posibilidad de cambiar lo que sentimos?
–Uno no puede evitar sentir, pero sí puede determinar la duración de la emoción y modificar la creencia en la que se funda. Si yo me siento fea y alguien me sugiere que todos los días repita frente al espejo: “Soy linda”, “Soy linda”, “Soy linda”, aunque lo haga infinitas veces si no cambio mi creencia cuando me pregunten cómo me siento, voy a decir: “Fea”. La clave del cambio es creérsela, cuestionar la propia creencia. Sin este cuestionamiento siempre me voy a sentir igual.

–¿Por esa razón es que se trata de un trabajo muy personal?
–Sí, porque no es posible cambiar al otro, pero sí a uno mismo a partir de un trabajo constante y continuo. Si bien es cierto que todo el tiempo nos suceden cosas que nos impactan, depende de nosotros qué hacer con eso. El grado de malestar y el tiempo de duración dependen de cada uno. Lo malo es que nos decidimos a cambiar recién cuando algo nos duele mucho; lo bueno es saber que dentro del campo de la conciencia es posible modificar cualquier cosa.


Teléfono: Pida ayuda. Recuerde: la mayor fortaleza radica en poder mostrar las propias debilidades. Destacado 
Fitness emocional 
Según Antonini, el mayor problema es que nadie nos dice cómo funciona nuestra cabeza y las trampas que encierra. Para peor, en general, el psiquismo nos lleva a lugares de malestar. “¿Por qué? Porque  siempre sentimos que nos falta algo, siempre comparamos lo real con lo ideal”, explica.
Ayudar a pensar bien, a salir del laberinto, es lo que hace Celia a diario con sus pacientes, y los provee de circuitos saludables.“La mente es un músculo que hay que ejercitar, y los cambios no se ven enseguida. Todos los días hay que dedicar un tiempo a qué estamos pensando, a qué caminos recorremos, etcétera”, explica. “Es un fitness mental. Si vos todos los días te entrenas ,va a haber un momento en que automáticamente te vas a sentir mejor. Pero es un trabajo que exige esfuerzo trabajo, voluntad y constancia. De igual manera que uno cuida y ejercita su cuerpo, debe hacerlo con sus emociones”, concluye.  
Resetear la mente 
Cada vez es más común la educación emocional en las escuelas argentinas. “Desde los 5 años se les enseña a los niños a manejar sus emociones, a reconocer qué les sucede cuando se pelean con otros chicos, a tratar de gestionar sus sentimientos adecuadamente y a controlarlos, así como a generar emociones positivas”, confirma Antonini. Y agrega que culturalmente la educación está hecha para el malestar: la culpa, el miedo a portarse mal, el tema de qué puede llegar a pasar si no hacemos lo que corresponde nos condicionan desde la infancia. “Yo lo pongo en el libro: en la niñez hay más de 100.000 noes y frases que forjan nuestra personalidad”. Y agrega: “Se cree que tenemos alrededor de 50.000 pensamientos al día y que la mayoría de ellos son negativos, de modo que si fuéramos capaces de ser conscientes de ello, estaríamos empezando ya a corregir el problema”.



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