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Sigue girando


Por Guadalupe Treibel.


Sigue girando 
El roller derby  es un deporte atípico que llegó hace poco a la Argentina y sigue sumando adeptas. Entre patines le contamos de qué se trata.

Es jueves y cae la noche (calurosa) en el Parque Chacabuco, que está de lo más concurrido: algunos trotan y corren, otros andan en bicicleta o caminan. Pasa un perro, dos, tres. Un grupo de adolescentes toca y baila; y hace murga. El candor de ritmos rioplatenses no suelta la batuta y su música se escucha a todo volumen. Por encima, la autopista cruza, con su sinfín de coches y camiones. A un costado, Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa se mantiene incólume, dando la nota paciente a la soliviantada atmósfera. Es jueves, sí, pero podría ser martes o viernes; es que todos días, de cara al playón, una veintena o treintena de mujeres irrumpe en la perenne monotonía, se calza coderas, rodilleras, muñequeras y patines (de cuatro ruedas, tipo quad) y entrena.

¿Patinaje artístico? ¿Carrera? Nada de eso: se trata del roller derby, el joven deporte (en la Argentina) que va cobrando asidero tribunero, ganando las voluntades de quienes se acercan a conocerlo o practicarlo y quedan irremediablemente prendidos. Oriunda de principios del siglo XX en Estados Unidos (la década del 20 más específicamente), la disciplina conoció su fama –y posterior derrumbamiento– en los años setenta, cuando se privilegió el espectáculo antes que el deporte. Y volvió a ser noticia en 2001, de la mano de una nueva camada norteamericana que revivió lo que hoy es una realidad: más de 1050 ligas amateurs en todo el mundo. Habemus roller derby? Habemus. Por doquier. 

Solo en nuestro país, más de veinte equipos o ligas (predominantemente femeninas, pero los varones también se han ido sumando) se distribuyen entre la Ciudad de Buenos Aires, el Gran Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba,  Salta, Tucumán, Mendoza, Neuquén, Chubut, por mencionar unas pocas latitudes… Y a nivel latinoamericano, son las número uno, superando a Chile, Perú, Brasil, Colombia, Costa Rica, Puerto Rico o México, otros sitios donde el deporte crece.  Con todo, la historia es inmediata: unas aguerridas chicas se enteran del juego a través de una película (Whip It, de Drew Barrymore) o de redes sociales, averiguan, se organizan y, autogestión mediante (el “hazlo tú mismo”, lema punk por excelencia, marca su leitmotiv), dan el puntapié inicial en 2010. Apenas cuatro años más tarde, los logros son tantísimos: varias ediciones del torneo intraligas Violentango y un seleccionado argentino que compitió en el mundial –la Roller Derby World Cup 2011– y que este año va por la revancha en la edición 2014. 


El chiste es justamente esquivar agarradas 
-entre saltos, piruetas y velocidad- y poner el cuerpo -de requerirlo la posición- para atascar a la otra. La destreza es innegable.

Así, con el fenómeno en franco crecimiento, los invitamos a sumergirse en este deporte y conocer a algunas jugadoras de la 2x4 Roller Derby, primera liga argentina en ser aceptada como miembro de la WFTDA (Women’s Flat Track Derby Association), que es el ente que regula este deporte a nivel global. Una pasión que no para de incorporar adeptas.    

Las reglas del juego 

Primero lo primero: el roller derby es un deporte de contacto y sumo impacto visual, principalmente femenino. No hay pelota ni goles, sino apenas puntos que se suman en carrera. El asunto, en resumidas cuentas, es así: sobre una pista ovalada, en dos tiempos de media hora, dos equipos de cinco jugadoras corren. La jammer, líder del grupo a la que se reconoce por dos estrellas en el casco, suma puntos al pasar a las bloqueadoras del contrario. El chiste es justamente esquivar agarradas –entre saltos, piruetas y velocidad– y poner el cuerpo –de requerirlo la posición– para atascar a la otra. 

Amén del deporte, la destreza es innegable, al igual que ciertos porrazos que obligan a avisar a los espectadores que lo ideal es no sentarse en primera fila… “Si una jugadora está tratando de bloquear a alguien del equipo contrario, debe tener cuidado de cómo lo hace, ya que solo se pueden utilizar algunas partes del cuerpo para ejecutar la tarea legalmente. Golpear con la cabeza, pegar piñas o empujar por la espalda está prohibido. Quienes comenten infracciones de este tipo son retirados por un minuto del juego”, detalla, en sus instrucciones, el acta del 2x4. En los setenta, dicen, se pegaba en serio. Piñas y patadas voladoras que, hoy en día, han sido reemplazados por tácticas limpias y una dinámica nutrida. 

“Es menos violento de lo que parece. Con el entrenamiento correcto, una sabe cómo caer, cómo balancear el peso para no lastimarse, por mencionar unas pocas cuestiones. De allí que los entrenamientos sean puntuales y el trabajo muscular, muy grande”, cuenta Romina Martínez, aka Turbo Negra, alias que identifica en la cancha a esta integrante de la liga 2x4. Porque, a saber: todas y cada una de ellas responde a su derby name. Está Hulka, Beetlejuice, Carla Skywalker… Y Mad Flaca (léase, Sabrina Vázquez), que explica: “Es parte del folclore. Generás un álter ego que te ayuda a entrar en un estado –más puro de vos misma– con el nombre que elegiste, y no tus padres. Ese es mi momento: cuando cumplo mi rol en la pista”. Yamila “Morocha Amorocha” Herlan coincide, y agrega: “El nombre tiene que ver con la personalidad de cada una o con alguna característica que nos es propia dentro de la pista. Nosotras siempre decimos: ‘Vos no buscás el derby name; el derby name te encuentra a vos’”.

“Es menos violento de lo que parece. Con el entrenamiento correcto, una sabe cómo caer, cómo balancear el peso para no lastimarse, por mencionar unas pocas cuestiones”.

Como también las encuentra la caracterización. Porque, además de los alias, está el maquillaje que muchas utilizan antes de cada partido. Sobre la cultura del lookeo, cuenta Herlan: “Algunas chicas lo hacen; otras no. Depende lo que sienta cada una. Nuestra compañera Hulka, por ejemplo, se pinta toda de verde”. Ojo, puede leerse cierta intención detrás del gesto: intimidar al contrincante. Y aquel que se inicie viendo clips en YouTube de distintos equipos del mundo verá que, en efecto, a veces cumple su función. “Si hubieras visto a las chicas del seleccionado de Nueva Zelanda en el Mundial 2011… Con la cara pintada como las tribus de sus tatarabuelos, haciendo el haka religiosamente y dos metros de altura, ¡metían miedo!”, recuerda Romina. 

Eclecticismo y apertura

Quizás una de las características más buenamente destacables del roller derby (hay tantas que es difícil contentarse con una) sea que, sobre todo, es un deporte inclusivo. Porque, si bien el reglamento indica la necesidad de ser mayor de 18 para adentrarse en sus bondades y competir, no hay una edad máxima para sumarse al juego. “En Estados Unidos, hay equipos donde madres e hijas juegan lado a lado. Acá todavía no, porque aún es incipiente. Pero ahora que hemos abierto cursos para chicos y adolescentes, estamos seguras de que va a repercutir en que más señoras se sumen”, advierte Turbo Negra.  

Tampoco el cuerpo tonificado y atlético es un “deber ser” para formar parte; mujeres de variopintos físicos y edades son prueba fehaciente de ello. Más aún: para comenzar, ni siquiera es un requisito saber patinar. “Lo importante es tener ganas de aprender. Aprendimos todo de cero, ensayo y error constante. Por eso, es natural para nosotras enseñarles todo a las que no saben absolutamente nada”, subraya Romina. Amas de casa, madres, diseñadoras gráficas, periodistas, paseadoras de perros, abogadas, entre otras ocupaciones y oficios, llenan las filas de la 2x4. “No hay distinción de edad, estética, preferencia sexual o rubro. Cuando el roller te agarra, te agarra, y pasás a formar parte de esta familia”, concluye la joven Sabrina “Mad Flaca” Vázquez.    

En las sabias palabras de Yamila se vislumbra el leitmotiv: “El límite se lo pone una. La clave es la autosuperación, la devoción. Acá no existe el ‘no puedo’. Hay chicas que llegaron sin saber patinar y hoy están en el seleccionado argentino”. Cortito y al pie: para algunos es un hobbie; para ellas, un estilo de vida.       

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