INVESTIGACIÓN


Yo amo a mi mundo


Por Agustina Tanoira.


Yo amo a mi mundo 

La sustentabilidad está por todas partes: en la moda,  en la arquitectura, en la gastronomía, en el turismo y en los festivales culturales. Hoy, esta forma de vida, que promueve cuidar el medio ambiente, crece en adeptos. Si cambiamos los hábitos, todos nos beneficiamos.  

Aunque es cada vez más común que algunas celebrities –como Gisele Bündchen, Leonardo DiCaprio, Natalie Portman y Brad Pitt– presten su imagen para apoyar causas eco-friendly, y aunque las grandes marcas hagan originales campañas para concientizar sobre la importancia de cuidar el planeta, la sustentabilidad no es una moda pasajera. Ser sustentable es muchísimo más que eso, porque implica hacerse cargo del impacto que nuestros hábitos tienen en el planeta. 

Ser sustentable es una forma de vida. “Básicamente, una persona que lleva una vida sustentable es aquella que invierte tiempo en saber quién es y, a partir de ahí, trabaja para lograr ser quien quiere ser”, dice Lucas Campodónico, director de Ecomanía, una ONG que se propone estimular el desarrollo sostenible e invertir su energía en difundir dos conceptos que él considera claves: el consumo responsable y la responsabilidad conjunta. 

Ser sustentable es una forma de vida y es uno de los desafíos más importantes en la actualidad, ya que encontrar el equilibrio entre una especie y los recursos del entorno redunda en una mejor calidad de vida para todos. ¿Pero por qué es urgente hacerlo? “De manera acelerada estamos consumiendo recursos básicos que tienen gran impacto en nuestra calidad de vida, a una velocidad mucho mayor que aquella a la que la naturaleza los puede renovar”, explica Rodrigo Herrera Vegas, ingeniero y cofundador de Sustentator, una empresa que ofrece soluciones medibles y pragmáticas para transitar el camino hacia la sustentabilidad. 

“La ecología consiste en cuidar el medio ambiente por el solo hecho de cuidarlo; en cambio, la sustentabilidad apunta a cuidarlo de manera tal que los seres humanos podamos continuar como especie”, comenta Herrera Vegas. Digámoslo en pocas palabras: es una cuestión de supervivencia. Por eso, la sustentabilidad ha pasado de ser algo bueno que podemos hacer a algo que todos debemos hacer sin pérdida de tiempo.

Con conciencia 

“Ser verde” se dice de muchas maneras: significa reciclar, reusar y reducir, pero también, comer frutas y verduras locales y de estación, y desenchufar los aparatos eléctricos que no se usan; significa consumir menos, no usar bolsas de plástico y ahorrar luz, pero igualmente, moverse en bicicleta, ahorrar agua, preferir marcas comprometidas con el medio ambiente, lavar con agua fría, secar la ropa al sol y moderar el uso del aire acondicionado y la calefacción. Una vida sustentable es una vida con mayor conciencia. “Sí, lo primero que hay que hacer es tomar conciencia. Para eso es necesaria la información. La información genera conciencia que puede transformarse en un cambio de hábitos”, confirma Campodónico. 

En la era de las computadoras y los smartphones los recursos para la información no escasean. Hay de todo: desde libros, videos y revistas especializadas hasta aplicaciones y festivales de cine. El Green Film Fest, por ejemplo, apunta a concientizar a través de la cultura, y ofrece un programa de películas con propuestas de energías renovables, consumo responsable, cambio climático, conservacionismo, acciones de reciclaje, y experiencias y filosofías de vida de personalidades comprometidas con toda la temática ambiental. 

Si de cambiar hábitos se trata, Rodrigo Herrera Vegas opina así: “El consumo responsable es la clave. Cada vez que ponemos algo en el carrito de supermercado, nos tenemos que preguntar qué impacto tuvo al fabricarse, al trasladarse, y qué efectos va a tener en nuestra propia salud”, expresa, y explica que el hábito más fácil de cambiar es el que tiene que ver con el transporte. “La peor huella posible es la de trasladarse todos los días solo en un vehículo grande (tipo 4x4). Hay que aprovechar para compartir el viaje (carpool) entre varias personas. Pero mejor es aprovechar el transporte público o andar en bicicleta”, recomienda. “El otro hábito relativamente fácil de incorporar es el de la separación en origen de los residuos. Tener dos tachos en la cocina, uno verde y uno negro, ayuda, y facilita el trabajo de los recolectores urbanos en los lugares donde se encuentran”.

El plus de la sustentabilidad 

Afortunadamente, la sustentabilidad se está convirtiendo en un requisito para crear valor, razón por la cual nadie quiere quedarse afuera. En materia de arquitectura, el secreto está en lograr un buen diseño bioclimático, de modo de evitar consumos excesivos de energía, e incluir tecnología amigable con el ambiente. Un buen ejemplo es la casa que el estudio de arquitectura Point construyó en medio de la montaña en la provincia de Salta y muy cerca del casco histórico de Cachi. 

Mediante tecnología actual y mínimo mantenimiento, con materiales locales como el adobe, su climatización se basa en el aprovechamiento de energía solar, captada a través de paneles, lo que permite la calefacción y la provisión de agua caliente. Leo Lotopolsky, uno de los arquitectos responsables de este proyecto, distinguido con el Premio Carrier de la XIV Bienal de Arquitectura de Buenos Aires, explica: “Entendimos que no todo es medible. Se puede medir cuánto cuesta la energía, cuánto se consume, cuánto se ahorra, pero lo que no se puede medir es el aire puro en los pulmones, así como la satisfacción de habitar un lugar mejor”. 

La moda y el diseño tampoco son ajenos a esta nueva conciencia. Los materiales reciclados, los diseños reutilizables, la responsabilidad en la producción, el uso de textiles biodegradables y el trabajo justo se incluyen  cada vez más en la agenda de los creadores. También hay marcas comprometidas, modelos activistas y diseñadores que destacan enfáticamente sus propuestas éticamente producidas. Stella Mc Cartney es una de estas diseñadoras y una gran referente, ya que no utiliza cuero ni pieles en sus propuestas. Hace algunos días, deslumbró con diseños realizados con lana 100% sustentable (la proveedora es una empresa argentina). Una periodista especializada declaró recientemente: “Esto no es una moda. Una moda está destinada a morir. Esto es un movimiento”. 

Un mundo mejor 

“Haz sustentable tu aldea y harás sustentable el mundo” podría ser una buena máxima o la inspiración para empezar a transitar el camino de la sustentabilidad. En la Argentina ya existen varios emprendimientos que empiezan a materializar el cambio. En poco más de veinte hectáreas, los habitantes de las ecovillas Gaia, ubicadas en la localidad de Navarro, provincia de Buenos Aires, llevan a la práctica cotidiana un modo de vida que respeta la naturaleza. Allí practican los principios de la permacultura como base del diseño general del lugar y hacen un buen uso de la tierra y de los flujos de energía. ¿Cómo transpolar esto a las grandes ciudades? En Brasil, Curitiba puede ser un buen modelo a imitar. 

Por su arquitectura, el ahorro energético y de recursos hídricos, la disminución de la contaminación auditiva, la existencia de un sistema de movilidad sustentable y la configuración de sus espacios públicos (verdes, recreativos y funcionales) en 2010 –y por segundo año consecutivo– fue premiada con el Globe Sostenible City Award como la ciudad más sustentable del planeta. ¿Y por casa cómo andamos? “Creo que el concepto de consumo responsable está en pañales”, dice Herrera Vegas. “A nivel individual todavía no es fácil porque no tenemos suficiente información. A nivel corporativo, las empresas que tienen mucho que esconder, evitan por supuesto brindar información y las demás están empezando. 

Es alentador, sin embargo, ver que las corporaciones ya están presentando sistemáticamente reportes de sustentabilidad y responsabilidad corporativa”. Y Campodónico agrega: “Sí, el mundo se está haciendo más sustentable pero reactivamente. Deberíamos lograr que la transformación sea activamente. ¡Prevenir es más inteligente que curar!”. Tomemos conciencia de una vez. Sumémonos al cambio y sintonicemos con una vida más comprometida y responsable. Es una necesidad y una urgencia en el planeta en el que vivimos.

Día Mundial del Agua 

Aunque el 89% de la población mundial posee acceso al consumo de agua potable (según cifras de Unicef y la Organización Mundial de la Salud de 2012) 800 millones de personas viven diariamente sin este suministro. Debido a que este recurso es la fuente principal para la vida en la Tierra, y se está deteriorando rápidamente, en 1992 la Conferencia de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y el Desarrollo declaró que el 22 de marzo fuera el Día Mundial del Agua. Este año, se realizó ese día en Villa Mercedes, provincia de San Luis, el III Congreso Internacional del Agua. Con la presencia de prestigiosos expertos locales de todo el mundo, se reflexionó acerca de la temática del agua y la energía. ¿Su objetivo? Repensar acciones que conduzcan al camino del progreso sustentable. 

Para sumarse a esto proponen algunas prácticas que todos podemos incorporar. A saber: no dejar correr el agua mientras nos lavamos los dientes o las manos; bañarse con ducha y nunca más de cinco minutos; no dejar canillas goteando; usar agua de lluvia para regar las plantas; no tirar aceite por las cañerías, y, por último, enjabonar los platos con la canilla cerrada y luego enjuagarlos todos juntos al final.
 
Ayuda verde

Si la información es el primer paso para despertar una conciencia ambientalista, las aplicaciones son el secreto mejor guardado para estar en todo. Por eso, ¡si hay voluntad, no hay excusas! Aquí, algunas “ayudas” para cambiar la cabeza.

• GreenMEter monitorea cómo usar el auto de manera más eficiente.  
• GoGreen aconseja a diario sobre el cuidado del medio ambiente y los modos de consumir responsablemente.
• JouleBug es un juego social que ayuda a medir cómo se desperdicia energía.
• iGo Vampire Power Calculator permite medir cuánta energía se desperdicia con aparatos que están enchufados a la corriente eléctrica, pero no se están usando. 
• iRecycle permite enterarte de qué se puede hacer para reciclar. 
• NoiseWatch es una aplicación que posibilita conocer el nivel de contaminación acústica del lugar donde te encontrás.
• A partir de una foto tomada con el celular, Fuel Calculator analiza las características contaminantes presentes en el ambiente donde estás.

Reciclar es la clave 

Nave Tierra es una auténtica casa autosustentable –la primera de toda Latinoamérica–. Queda en Ushuaia, Tierra del Fuego, y fue diseñada por el arquitecto americano Michael Reynolds e impulsada por la actriz y cantante Elena Roger y su esposo, Mariano Torres, integrantes de la Fundación NAT (Naturaleza Aplicada a la Tecnología). Además de ser construida a partir del reciclado de materias primas, también tiene capacidad de calefaccionarse, refrigerarse, utilizar agua de lluvia, energía eólica y solar, e incluso reciclar sus propios residuos. Debido a que en su construcción se usaron materiales que no están legislados para tal fin, Nave Tierra no puede ser habitable. Lo positivo es que su construcción es mucho menos costosa.

Qué es el desarrollo sustentable

En 1987, una comisión de distintas naciones encabezada por la doctora Gro Harlem Brundtland, entonces primera ministra de Noruega, elaboró un informe –que actualmente se conoce con su apellido– que contrastaba la postura de desarrollo económico actual con la de sostenibilidad ambiental. ¿Su objetivo? Analizar, criticar y replantear las políticas de desarrollo económico globalizador, y reconocer que el actual avance social se está llevando a cabo a un costo medioambiental altísimo. 

En este informe, que originalmente se llamó Nuestro Futuro Común, se utilizó por primera vez el término “desarrollo sustentable”, definido como aquel que satisface las necesidades del presente sin comprometer las necesidades de las futuras generaciones. Este se funda en tres factores: sociedad, economía y medio ambiente, e implica pasar de un desarrollo pensado en términos cuantitativos –basado en el crecimiento económico– a uno de tipo cualitativo, donde se establecen estrechas vinculaciones entre aspectos económicos, sociales y ambientales.

Qué hacer 

• Cultivar una huerta. 
• Separar la basura.
• Comer alimentos orgánicos.
• Trasladarse en bicicleta o en medios de transporte públicos.
• Usar bombitas de bajo consumo.
• Apagar la luz que no se está usando.
• Elegir elementos de limpieza poco agresivos (como bicarbonato de sodio o vinagre).
• Hacer compost con los desechos orgánicos.
• Reutilizar bolsas.
• Consumir, en lo posible, lo producido localmente.
• No cargar el celular toda la noche. Con algunas horas es suficiente.

Apaguemos la luz 

La Fundación Vida Silvestre Argentina aspira a un mundo en el cual el ser humano se desarrolle en armonía con la naturaleza. Por eso, hace campaña para que el próximo sábado 29 de marzo, a las 20.30, apaguemos la luz y aboguemos por un uso racional de la energía. 

Para más información: 
www.vidasilvestre.org.ar.

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