ENTREVISTA


El hacedor de satélites


Por Ana Claudia Rodríguez.


El hacedor de satélites 
Al llegar a la NASA, en 2010, Emiliano Kargieman notó algo raro: la tecnología utilizada era de posguerra. Por eso, este argentino se propuso innovar en el espacio y llegar hasta el cielo.

Cuando el programa de correo electrónico se abre para enviar un mail a Emiliano Kargieman, el casillero de “asunto” ya empieza a trazar su perfil: la frase Join to revolution (Únete a la revolución) aparece automáticamente. Y es que, ya de muy joven se empezaba a atisbar en Kargieman ese espíritu emprendedor que, desde siempre, lo hizo nadar a contracorriente para derribar los límites convencionales. Cuando era adolescente, Emiliano eligió como plataforma de su rebelión lo que en esos años, los noventa, explotaba con desparpajo: la tecnología. 

Y fue un hacker incansable y curioso hasta que con sus amigos fueron contratados por la DGI (Dirección General Impositiva) para proteger virtualmente al organismo estatal. Así es como Emiliano no había cumplido los 20 años y ya tenía su propia empresa encargada de comercializar software de seguridad (entre otros clientes, tenía a Apple). Después, en 2006, apoyó empresas tecnológicas en la región. Las detectaba, invertía y las hacía crecer. Ahora Emiliano, con sus 38 años, revela que la filosofía que sustenta sus pasos es “La do-ocracy, no pensar tanto las cosas. Lanzarse a la acción”. 

–En 2011 fundaste Satellogic, una empresa que desarrolla tecnología espacial y que puso en órbita, en 2013, el primer nanosatélite de la historia argentina. ¿Cuál fue el momento en el que te empezaste a interesar por el espacio?
–Buscando ideas para un nuevo proyecto, me di cuenta de que la tecnología espacial de la NASA era anticuada, con tecnología de posguerra. Pantallas con números en fósforo verde, como en las viejas computadoras… Cualquier teléfono inteligente utiliza hoy tecnología más sofisticada. Si bien en el período de los años sesenta la agencia espacial asumió grandes riesgos (pusieron al hombre en la Luna, por ejemplo), en general ha sido un sector dominado por una mentalidad adversa al riesgo, conservadora, con poca tolerancia al fracaso. Eso ha provocado que la innovación permease de una manera mucho más lenta. Pero ahora parece que las empresas privadas están dispuestas a asumir ese riesgo y será por esa vía que la industria espacial se modernizará.

–Tu empresa se suma a este panorama de innovaciones.
–Sí, nosotros estamos en una fase experimental, pero ya lanzamos en 2013 dos nanosatélites: Capitán Beto (un homenaje a Luis Alberto Spinetta) y Manolito (el personaje de Mafalda).   Calculamos que en este 2014, para abril o mayo, estaremos lanzando desde Rusia el Piloto Pirx (esta vez el equipo de Kargieman rinde tributo a un personaje de ficción, un astronauta, del escritor polaco Stanislaw Lem). El último nanosatélite se encargará de grabar videos y tomar imágenes de la Tierra en alta resolución.

–¿Cuáles son las aplicaciones a las que se destinarán esas imágenes?
–Ayudarán a monitorear, en tiempo real, varias actividades. Imaginá poder vigilar las fronteras y los vehículos en movimiento, detectar incendios forestales, seguir la pista a piratas somalíes o identificar la onda expansiva de un tsunami.    

–¿No existía hasta ahora la posibilidad de fotografiar desde el espacio? 
–Sí, existía, pero lo que nosotros pretendemos es democratizar este servicio: hacerlo más accesible tecnológicamente y menos costoso. Los satélites de observación de la Tierra actuales pueden tomar una imagen cada tres días; nosotros estamos trabajando para crear una plataforma de unos quince satélites, de modo que se pueda hacer una foto cada cinco minutos.

“En la próxima década, probablemente haya un pequeño boom del turismo espacial, por lo menos para gente de gran poder adquisitivo”.

–¿Y cuál es la diferencia de precios?
–Nuestros nanosatélites no llegan al millón de dólares, mientras que los equivalentes tradicionales valen cientos de millones de dólares.

–Al volverse más accesible el lanzamiento de satélites, ¿no habrá una saturación de objetos en el espacio?
–Se calcula que existen unos veintidós mil objetos, desde la fase de un cohete hasta un tornillo. Parece mucho, pero el espacio es muy grande. En el futuro tendrá que estar regulado. En cuanto a los nanosatélites de Satellogic, tienen un tiempo limitado: dan vueltas tres años y luego entran en la atmósfera, donde se desintegran. 

–¿Qué dimensiones tienen estos nanosatélites? 
–Pesan unos dos kilos y tienen el tamaño de una caja de zapatos, aunque el Piloto Pirx será un poquito más amplio, de unos veinte centímetros más de lado. No solo son más baratos que los convencionales, sino también más pequeños y más ágiles. 

Al escuchar el discurso de Kargieman, parece que los emprendimientos requieren solo el talento de quien los abandera y que es casi automático su desarrollo y su éxito. Pero en el detalle de la historia, Emiliano demuestra que, además de genialidad y pasión, hay mucho trabajo. (Ver recuadro).

Salvar la Tierra

“Existe la posibilidad de que rompamos nuestro planeta; por eso, hay que hacer un back-up de la Tierra en algún lado, del material genético y de su biosfera. Debemos tener la capacidad de salir para explorar otros lugares” dice Emiliano. 

–¿Por eso, como has dicho muchas veces, es necesario democratizar la tecnología espacial?
–Sí, esa es una de las razones, pero también porque podremos garantizar la supervivencia de la especie si entendemos qué es lo que está pasando con la salud de nuestro planeta, cómo se va modificando en el tiempo y cuál es la manera de resolverlo. Hablo del estado del agua, del calentamiento global, la difusión de plagas y enfermedades… Democratizar, además, porque esta tecnología dejaría de estar en manos exclusivamente de los países ricos y las grandes corporaciones. Se popularizaría y masificaría. Y cuando el uso se masifica, aparecen cosas maravillosas. Hace muy poco un artista coreano lanzó un satélite pensado solo como una obra de arte, sin ninguna funcionalidad... Sin duda está cambiando la relación que tenemos con el espacio. 

En diez años, turismo espacial

–¿Cómo pronosticás el estado del sector a corto y medio plazo?
–En los próximos años habrá más satélites y más lanzadores, y también más aplicaciones. Ahora mismo hay un gran universo de nuevos emprendimientos que están empezando a surgir y que van a modificar nuestro vínculo con lo espacial (se está estudiando cómo generar energía en el espacio usando packs solares fuera de la Tierra, o bien cómo explotar materias primas provenientes de asteroides u otros planetas menores). En la próxima década, probablemente haya un pequeño boom del turismo espacial, por lo menos para gente de gran poder adquisitivo. Habrá una base permanente en la Luna y, quizás, un sistema de transporte más o menos periódico en un circuito extralunar. En los próximos treinta o cincuenta años, ya podemos pensar en una colonia habitada fuera de la Tierra. 

–En ese futuro, ¿tu empresa estará construyendo naves espaciales?
–Estrictamente, ya hacemos naves espaciales. No ponemos personas dentro, pero esa no es la única manera de explorar el espacio. Con la telepresencia, a través de realidad virtual, podemos comandar una nave espacial o un robot en la Luna y, de alguna manera, indagar también.  

–Y en ese futuro, ¿te ves trabajando aún para inventar cosas nuevas?
–Lo que ocurre es que tengo mucha curiosidad por ver cómo van a desarrollarse las cosas. Y como dice Alan Key, la mejor manera de predecir el futuro es hacerlo. Yo de chiquito era  fanático de la ciencia ficción y tengo muchas ideas de posibles futuros para la humanidad. Hay algunos de esos escenarios que me gustaría vivir y otras distopías que, en cambio, me gustaría alejar. Construir el futuro es lo que más me gusta. 

Cómo logró su objetivo espacial

Su relato es así:
 1) Tras observar a la NASA por dentro, Kargieman encontró la brecha en la tecnología espacial. 
2) Planteó ante algunos expertos posibles innovaciones; el revés fue monumental. 
3) Se encerró en la sede de Houston, seis meses, para estudiar cómo hacer viable su propuesta. 
4) Cuando lo consiguió, volvió a la Argentina, consiguió seis millones de dólares del Ministerio de Ciencia de la Nación y el apoyo del INVAP. Hoy, en la página de web de Satellogic está el resultado: un equipo de diez personas, dos nanosatélites en órbita y, en su mesa de consejeros, un exalto cargo de la NASA.

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