INVESTIGACIÓN


Sí, quiero (de nuevo)


Por Mariano Petrucci.


Sí, quiero (de nuevo) 
El fenómeno empezó a cobrar notoriedad de la mano de las celebrities internacionales. Ahora, la moda llegó al país y cada vez más parejas se animan a renovar los votos matrimoniales. De qué se trata esta práctica que le hace frente al creciente número de divorcios.

El cuento, que no es cuento, revolucionó toda España. La mediática jueza Mercedes Alaya ocupó la portada de los diarios y revistas más importantes del continente europeo, pero no por alguna de las investigaciones que la lanzaron a la fama (cuenta hasta con su propio club de fans en Facebook), sino por renovar sus votos matrimoniales… ¡treinta años después de haberse casado! En su querida Sevilla, lució un vestido tasado en más de tres mil euros y le volvió a dar el sí a Jorge Castro, su compañero de ruta.

Aunque las estadísticas nos den vuelta la cara de una bofetada (según el rincón del país donde nos situemos, hay de uno a dos divorcios cada dos o tres casamientos), para muchos, como canta John Paul Young: “El amor está en el aire”. Al igual que la popularísima Alaya, cada vez más hombres y mujeres se animan a repetir la experiencia de pasar por el “altar”. Las celebrities pican en punta en cuanto a este fenómeno, pero quienes no se peinan delante de los flashes tampoco se quedan atrás. ¿Moda o realidad? “Si las pautas culturales marcan las distintas etapas de la adultez –trabajar, casarse, tener hijos, esperar los nietos–, la restauración del acuerdo amoroso entre las partes está exenta de lo esperable. 

Cada día nos invita a transformar el lazo con el otro para que no se convierta en objeto de la monotonía. Y aunque la rutina es inevitable porque forma parte de la cotidianidad del hogar, siempre es factible intercalar actos inéditos que sorprendan y traigan consigo otros aires”, define Walter Ghedin, médico psiquiatra y sexólogo. Y remata: “Reproclamarnos como amantes no solo es renovar los votos con la persona, sino con todo el sistema de acciones que esa persona suscita y ofrece para compartir: honestidad, empatía, sentido del humor, inteligencia, etcétera”.

“Parejas creativas”. Así las llama la licenciada Beatriz Goldberg. Y las describe: “Están en la vereda de enfrente de las ‘parejas estáticas’. Manejan la noción del eterno noviazgo, por lo que apuestan a edificar el vínculo a cada minuto, sorteando los obstáculos que aparecen. Dialogan permanentemente, no le temen al ‘face to face’. De alguna manera, remixan la concepción clásica del amor”. 
La autora del libro Quiero estar bien en pareja sostiene que la inestabilidad actual en las relaciones se produce, en varios casos, desde el bendito segundo en el que cada uno se calza el anillo. Creer o reventar. “Muchos se casan advirtiendo que puede haber una fecha vencimiento. Es como que se atajan. ¡Es insólito! O están quienes lo hacen para formar una familia, pero, con el paso del tiempo, contemplan la opción de separarse como la puerta de entrada al ocio, al placer, al descontrol”, explica la experta en Psicología. 

“El deseo de renovación tiene que gestarse desde haber perdido la idealización del comienzo, haber tolerado las frustaciones... y seguir sintiendo una llamita encendida. Esto nace de un balance. Como hecho social, es un hito que sobresale”.Ricardo Rubinstein

Según los especialistas, no hay una sola razón para reeditar los votos. Los diferentes motivos se extienden desde celebrar un acontecimiento representativo (el primer aniversario de casados o cualquiera de ellos, las bodas de plata o las de oro) hasta la superación de una crisis o una instancia desoladora. 

Guillermo Andino fue un pionero por estos lares: a más de trece años de contraer matrimonio con Carolina Prat, el conductor organizó una reunión íntima en su propia casa para comprometerse, una vez más, con la madre de sus dos hijas. “Nos reelegimos para seguir apostando por nuestros sueños y proyectos. Cuando te casás, terminás agotado con los preparativos y no podés aprovecharlo ciento por ciento. Ahora sí supimos lo que estábamos festejando y éramos conscientes de eso. Esta unión movilizó muchas más emociones que la primera, porque fueron testigos de ella Sofía y Victoria”, confesó la exmodelo.

“Esta ceremonia reactiva y potencia a su antecesora”, admite Goldberg. Y resume: “Otorga seguridad a los miembros de la pareja, que recapitulan su historia como si se trasladaran en el túnel del tiempo. Es un revival de lo que se atravesó de la mano del otro, pero no melancólicamente, sino con miras al futuro”.

Contratos y pactos 

Para Ricardo Rubinstein, médico psicoanalista y psiquiatra, la pareja tradicional mutó, significativamente, en las últimas tres décadas. Los vínculos tienden a ser fugaces, más fáciles de disolver. “Esto, por un lado, permitió liberarse de relaciones tortuosas, malas elecciones y convivencias forzadas. Por otra parte, logró que las cosas fueran más líquidas o light. Lo que sucede es que los nuevos modelos de relacionarse también están en una fase y en un período de transición”, sentencia quien integra la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) y es full member de la Asociación Psicoanalítica Internacional (API). 

“El deseo de renovación tiene que gestarse desde haber perdido la idealización del comienzo, haber tolerado las frustraciones… y seguir sintiendo una llamita encendida. Esto nace de un balance. Como hecho social, es un hito que, en pleno siglo XXI, sobresale. ¿Cuál es el momento propicio? Esa es una sensación exclusiva de los involucrados. Pero es una señal de fortaleza vincular, de decir: ‘Aquí estamos y vamos a redoblar nuestro compromiso’”, ahonda Rubinstein.

En la variedad está el gusto, entonces. Puede darse en el primer año de matrimonio, a los diez o a los treinta, cuando los hijos hacen su camino al andar… “Muchas parejas se reencuentran cuando los chicos ya volaron del nido o, por lo menos, cuando estos ya están crecidos y son autónomos. Este es un instante crucial para mirarse a los ojos y preguntarse: ‘¿Y ahora qué hacemos de nosotros?’”, grafica Ghedin. Tranquilos, porque ensaya una respuesta: “Para arribar al recontrato afectivo habrá que haber acunado dos valores fundamentales: el respeto mutuo y la comunicación franca. Asimismo, ese proceso conlleva la puesta en marcha de desafíos como salidas ‘de novios’, viajes, recupero de la vida social, mayor intimidad, reconexión sexual. Pero, cuidado, porque esto no debiera ser un intento de resucitar el pasado, ya que eso es un imposible: se trata de enriquecer el presente y confiar en el porvenir. Seguramente, cada uno tiene sus deberes y obligaciones; sin embargo, lo que se instala como prioridad es la necesidad de estar juntos”.

Otro de los objetivos a los que apunta la renovación de votos es a no rendirse ni bajar los brazos ante un traspié sentimental. Y a combatir, de cierta manera, preceptos que imponen las relaciones modernas. “Lamentablemente, muchas personas cosifican la pareja y, simbólicamente, la consideran como si fuera un electrodoméstico. ¿Qué quiero expresar? Que si no funciona, en vez de repararlo, se cambia. Como se hace con un artículo. Claro, es más sencillo sacar un clavo con otro, que replantear cuáles son las actitudes que debo modificar y cuáles son mis responsabilidades en los problemas que tengo con el prójimo. Cultivamos una idea pasiva sobre nosotros mismos. 

Descansamos en frases como ‘Vamos a ver cómo se da o cómo pinta’, ‘Según la convivencia, nos casamos o no’... No nos movemos por nuestros propios medios. Volver a comprometerse es, justamente, lo contrario: hay que escaparse del ‘estado off’. Es imperioso rehacer los pactos que habíamos establecido anteriormente, aunar criterios y no caer en sobreentendidos que ocasionan malos entendidos. Ya lo dijo Heráclito: ‘No nos bañamos dos veces en las aguas de un mismo río, ni siquiera una vez’”, profundiza Beatriz Golderg. 

“Volver a comprometerse es escaparse del ‘estado off’. Es imperioso rehacer los pactos que habíamos establecido anteriormente, aunar criterios y no caer en sobreentendidos que ocasionan malos entendidos”. Beatriz Goldberg

La “media naranja” y la fusión indisoluble en “la salud y en la enfermedad” (o “en el dolor y en la felicidad”) hicieron que los vínculos se estiraran hasta en la más extrema adversidad. No hace falta llegar a esos límites si la planta se riega a diario. “En la era de la virtualidad, la perdurabilidad del amor pasó a ser un valor en descrédito. La ilusión que entraña, en un principio, el devenir en pareja requiere estrategias concretas. Más que nunca, los hombres y las mujeres que deciden llevar adelante una relación deben estar atentos a la siguiente premisa: todo vínculo se construye de a dos. Y más allá de los paradigmas preconcebidos sobre la convivencia o el matrimonio, el nexo generado entre las partes será único, singular, producto de lo que cada uno aporte. Con el amor solo no basta. El amor precisa acciones”, concluye Ghedin.

Ellos lo hicieron 

Las celebrities del espectáculo fueron las primeras en volver a dar el sí. Tras trece años de matrimonio y varios achaques en la salud de ambos, Michael Douglas y Catherine Zeta-Jones se distanciaron. Ahora, el rumor es que la reconciliación incluirá la renovación de votos. Victoria y David Beckham siempre estuvieron a la vanguardia. Siete años después de su boda (en 1999), reafirmaron su compromiso ante sus íntimos. El DJ David Guetta hizo lo propio, en 2012, con su esposa senegalesa, Cathy. Mariah Carey no se queda atrás en la tendencia: lo hace cada año con su marido Nick Cannon. Otros casos: Beyoncé y Jay-Z, Thalia y Tommy Mottola, y Salma Hayek y François-Henri Pinault. No todos tuvieron finales felices: así lo confirman Jennifer Lopez y Marc Anthony, Heidi Klum y Seal, y Madonna y Guy Ritchie. Pero ¿quién les quita lo bailado?

Ideas para celebrar

Al no ser una ceremonia legal, no hay una sola manera de festejar.  
•Intimidad: los invitados tienen que ser solo familiares, amigos y aquellos que fueron testigos cercanos de la historia de la pareja. A la vez, uno de ellos puede oficiar como maestro de ceremonia. 
•Votos matrimoniales: recuperar los que se dijeron en la boda y reafirmarlos, aggiornarlos o cambiarlos por completo.
•Lugar: puede volver a ser en una iglesia… como no. El propio hogar es una de las opciones más elegidas. Un día de campo es otra alternativa. 
•Ambientación y vestimenta:nada mejor que suene música  afín a los gustos de la pareja. Hay quienes repiten el vestuario del casamiento; otros prefieren un look más descontracturado.

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