INVESTIGACIÓN


Soy soltero... ¿y qué?


Por Aneris Casassus..


Soy soltero... ¿y qué? 

Tienen más de 30 años, viven solos, están comprometidos solo con su profesión y destinan su dinero a viajes, regalos y amigos. Los singletones pisan cada vez más fuerte en nuestro país. El cortometraje de una directora argentina trata la temática: llegó a The New York Times y es furor en Internet.

Se despertó de madrugada y miró el celular. Eran las 4.19. Muy tarde. Se había quedado dormida para el casamiento de su última amiga soltera. A los 35 años, Paula Schargorodsky pasaba a ser  la única del grupo que aún no se había casado y –casualidad, sueño profundo o traición del inconsciente– no había estado para verlo. Ese día, Paula se acordó del montón de casetes que guardaba rotulados en una caja, una de las pocas cosas que sobrevivió a sus múltiples mudanzas de vida nómade de directora de cine. Así nació 35 y soltera. Paula contaría en una película sus desventuras amorosas e intentaría develar por qué aún estaba sola. Lo que no sabía era que The New York Times le encargaría un cortometraje a modo de adelanto y que se viralizaría de tal forma que lo llegarían a ver cientos de miles de personas en todo el mundo. 

En los siete minutos que dura el corto, Paula repasa momentos compartidos con sus exnovios e imágenes de los casamientos de sus amigas, muestra el desorden de su casa y se enfrenta a diálogos como estos: 
–Paula: Se casa todo el mundo, abuela…
–Abuela de Paula: Se casa todo el mundo y vos no sé…estás ahí… papando moscas. Es muy feo quedarse sola.

El video generó gran identificación entre los solteros de treinta y pico  hartos de que les pregunten “¿Cuándo vas a sentar cabeza?” y a quienes no les interesa seguir los mandatos culturales ni responder a las presiones sociales que indican que si se llega a esa edad sin haber pasado por el registro civil… el mundo se viene abajo. La nueva categoría ya tiene un nombre: los especialistas la denominan singletones. Son solteros de más de 30 que viven solos… y disfrutan de ello. “Hasta hace una década, ser soltero, estar solo o ser impar tenía mala prensa y hasta había quienes lo ocultaban. En los últimos años, los singles crecieron en cantidad y en libertad de mostrarse sin que eso signifique que ‘les falta’ compañía”, dice la psicóloga Adriana Guraieb, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA). 

La experta explica que la tendencia empezó en Europa –especialmente en Londres–, pero que pronto se fue expandiendo por el planeta hasta llegar a la Argentina. De hecho, el último de los censos indicó que, por primera vez, hay en el país más cantidad de solteros que de casados: son 15,6 millones contra 14,5 millones –incluyendo separados, viudos y divorciados–. O sea, representan el 52% del total de la población mayor de 14 años censada. La cifra creció respecto al censo de 2001, cuando el porcentaje de solteros era 45,3%. “Todas mis amigas se fueron casando, teniendo hijos, y yo quedé como la marginal. Había elegido otra vida y  estaba súper feliz con esa determinación, pero cada vez que había un casamiento, me empezaba a replantear ciertas cosas”, cuenta Paula, por Skype, desde la India, a donde viajó para filmar una parte de la película que espera poder estrenar a mediados de año en algún festival de cine internacional.

Y prosigue: “El corto generó mucha empatía. De alguna forma, encontré en una historia personal una historia generacional. Los que tenemos treinta y pico y estamos solteros somos una nueva categoría sociológica. Es una nueva opción válida que antes no existía”, agrega. 

La soledad, ¿buena compañía? 

Para la abuela de Paula, quedarse solo es algo feo. Y, hasta ahora, la mayoría siempre había pensado así. Pero algo está cambiando. La soledad empieza a ser, para muchos, lo mejor que les puede pasar en la vida y no están dispuestos a ceder ni un milímetro de su libertad. “No le temen a la soledad, están muy comprometidos con su trabajo o desarrollo profesional, tienen un buen pasar económico y no se plantean la convivencia aunque tengan pareja. Pasan mucho tiempo con ellos mismos y aspiran a lograr lo que más anhelan: la libertad individual, la autonomía en las decisiones, el respeto por el propio espacio. Para ellos, soledad no significa aislamiento, ni encierro. Por el contrario, viajan, arman grupos sociales y pueden sostener una pareja estable, pero sin proyecto de casamiento ni de compartir el mismo techo”, indica Guraieb. 

La psicóloga María Gabriela Fernández coincide: “En general, se podría decir que si llegan a esa edad sin haber armado una pareja, es también, o sobre todo, porque les gusta que así sea. Les cuesta renunciar a la libertad y a hacer las cosas a su manera.  Lo pasan muy bien sin pareja. Disfrutan de la propia soledad y también de la compañía cuando quieren y por el tiempo que quieren. Invierten su tiempo, dinero y energía en amigos, mascotas, hobbies, trabajos y deportes”. Claro que para Fernández, en algunos momentos, la soledad puede volverse incómoda. “Pesa en esas circunstancias en las que sería muy lindo y hasta necesario tener un compañero: cuando me siento mal, cuando tengo que tomar una decisión importante, en el momento de irme de vacaciones. No siempre los amigos están disponibles. Uno toma contacto con esa soledad que pesa –que no es la que se disfruta– y provoca cierta angustia”. 

El riesgo está en que uno se va acostumbrando a hacer las cosas a su manera y le resulta cada vez más difícil lidiar con otro. “Lo malo es, sin duda, algo que quienes están solos no advierten: el otro es quien nos flexibiliza y nos hace crecer, ya que en lo cotidiano tenemos, permanentemente, que vérnosla con esa otra persona que nos pone límites, que reclama y, a la vez, cede. Los que están solos terminan siendo más rígidos, crecen mucho dentro de determinados parámetros y en otros no. Pueden seguir siendo igual a sí mismos sin ningún tipo de transformación. Y, como todos sabemos, esto no es bueno”, acota la psiquiatra Graciela Moreschi. 

“Hasta hace una década, ser soltero, estar solo o ser impar tenía mala prensa; había quienes lo ocultaban. Hoy hay cada vez más singles”. Adriana Guraieb

¿Quiénes se llevan mejor con la soledad? Fernández responde: “Las mujeres suelen llevarse mejor. Se acomodan con más suficiencia en este fin de camino donde hubo mucho de postergación y de priorizar a otros. Así, pasan a disfrutar de usar el tiempo y realizar actividades que siempre anhelaron, pero que, por distintas razones, no pudieron concretar. Los hombres no se llevan tan bien con la soledad, les es más difícil identificar sus gustos y moverse sin un back up atrás”.

¿Y la familia?

Si el interrogante “Y vos… ¿cuándo te vas a casar?” les incomoda, el “¿Cuándo vas a tener un bebé?”… los espanta. Para los singletones, la familia no es un objetivo por alcanzar. “No es vista como una realización, sino como una carga que les impedirá u obstaculizará su libertad”, afirma Moreschi. Y completa: “De alguna manera, la sociedad actual incentiva este tipo de elección. No hay proyectos futuros, todo es hoy. El imperio del ahora, podríamos llamarlo. El hedonismo es bien visto y aquellos que lucen marcas y objetos que son emblemas de un buen nivel social son ‘ganadores’. Para ser un ganador, hay que tener un buen auto, el último modelo”. 

Sin embargo, pareciera ser que, tarde o temprano, todos buscan con quien compartir sus días. Moreschi aclara el panorama: “Los hombres que pasan los 50 sí quieren estar en pareja. A esa edad desean convivir. Saben que ellos no tienen reloj biológico y los años están a su favor. Este es el juego social de esta época”.

“El otro es quien nos flexibiliza y nos hace crecer, ya que en lo cotidiano tenemos que vérnosla con esa otra persona que nos pone límites, que reclama y cede”.

Hasta Paula cayó en las redes. La directora y protagonista de 35 y soltera confiesa que está en pareja y que, si bien no es acérrima defensora de aquello de pasar por el altar o por el registro civil, no descarta dar el sí. “Lo que critico es la cuestión de apurarse, de que hay una determinada edad para cada cosa. Me resulta súper interesante mantener ciertos aspectos de la individualidad y también tener un espacio para compartir”, defiende. ¿Cuáles son las ventajas y desventajas de estar soltera o en pareja? Paula lo sintetiza con una frase: “Cuando vas solo, vas rápido. Cuando vas acompañado, vas más lejos”.

De directora a protagonista 

En 35 y soltera, la directora Paula Schargorodsky le pone su rostro al proyecto. Cuando se le ocurrió la idea, nunca imaginó que terminaría siendo la protagonista. Dice que se fue dando naturalmente, que la historia lo empezó a pedir, y, de repente, se encontró fren-te a la cámara y narrando la historia con su voz en off. “Fue bastante inconsciente. Me resistí hasta que me di cuenta de que era el camino natural. Quería usar mi historia como excusa para hablar de algo más generacional”, desliza. Expuso su vida y también a su entorno. Aparecen en la película sus papás separados después de treinta y tres años de matrimonio, su abuela, sus amigos y, por supuesto, cada uno de sus exnovios. Antes, les pidió permiso. “Ellos me conocían y sabían que yo era un poco freak. Siem-pre andaba con una cámara en la mano filmando todo. Me encontré con diferentes parejas y me permitieron usar el material. Lo interesante fue descubrir algo que me había quedado fuera de cuadro: su versión de por qué nuestra relación se había terminado”.  

Consumidores de ocio 

Con un sueldo en el bolsillo exclusiva-mente para ellos, los solteros de más de 30 suelen ser buenos consumido-res de ropa, tecnología, viajes y entretenimientos. No tienen que pensar en pañales ni cuotas de colegios. “Disfrutan del ocio. El dinero que en el formato tradicional se invierte en la educación de los hijos, pueden destinarlo a conocer el mundo, hacer un máster, tener lo último en electrónica, ropa de marca o muebles de diseño”, dice la psicóloga Adriana Guraieb. Un estudio de Mindshare a través de los datos de TGI da cuenta de que el nivel de penetración de las actividades relacionadas con el ocio suele ser mayor entre los solteros de entre 30 y 40 si se lo compara con los casados de la misma edad. Gastan más, por ejemplo, en pasajes de avión, en ir a bailar, en asistir a espectáculos musicales, en salir a tomar algo o en pagar una entrada al cine.

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