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Rara, como encendida


Por Mariano Petrucci.


Rara, como encendida 

La de Buika es una verdadera historia de vida. La española, con raíces africanas, se coronó cuando Almodóvar la convocó para cantar en una de sus películas. Fue elegida como una de las “50 grandes voces”?de la música. Su éxito ahora llega a la Argentina.

La probabilidad de que Concha Buika pasara por este mundo sin pena ni gloria era escasísima; casi nula. Seguramente, ella se alzaría contra esta suposición, apelando a la unicidad del ser. Y le podríamos dar la razón, sí, pero no. María Concepción Balboa Buika es particular, arriba y abajo del escenario. Siempre lo fue. Y cuando alguien excede los cánones preestablecido –¿normales?–, y encima guarda en su bolsillo una pócima de talento, un Pedro Almodóvar puede echarle el ojo y pedirle que interprete un par de temas en una de sus películas (La piel que habito). Más aún, cargar sobre las espaldas la comparación con Nina Simone, Chavela Vargas y Cesária Évora (“Me siento muy pequeña cuando me ponen a la altura de las grandes”, aduce).    

A Buika –así, a secas– la llaman la “Perla Negra del Flamenco”. Dueña de una voz notable y abrumadora (alguien se nos adelantó y ya la describió a la perfección: “rocosamente aterciopelada”), supo ganarse un lugar hasta codearse con celebridades como Pat Metheny, Chick Corea, Bebo y Chucho Valdés, Charles Aznavour, Seal, Armando Manzanero y Nelly Furtado. Su discografía, que se remonta al año 2000, también dio que hablar: sus álbumes Mi niña Lola, Niña de fuego y El último trago fueron multipremiados, con la venia de los críticos que se deshicieron en elogios. 

Su más flamante placa, La noche más larga –donde debuta como productora general y donde continúa derribando los muros que rodean el flamenco y la copla– aparenta correr la misma suerte: la repercusión que está teniendo no solo ya la hizo aterrizar en los aeropuertos de España, Portugal, Suecia, Estados Unidos, México, Inglaterra, Holanda, Francia, Australia y Nueva Zelanda, sino que comenzó a apuntar para estos pagos, sumando a la lista a Chile, Uruguay y la Argentina. 

“El éxito no es lo que queremos que pase, sino cómo nos reconciliamos con aquello que, efectivamente, nos sucede. Esto es, aceptar el entorno y aceptarnos a nosotros dentro de este. En ese sentido, todos somos artistas; no solo el que pinta o baila. ¿Acaso vivir no es un milagro? Poder gozar de ello es el verdadero arte –filosofa–. A mí la música me eligió. Con  esa misión, la cuestión no pasa por querer, sino por deber. Yo me entregué a ella, como lo hago cuando entono una canción de Billie Holiday o Abbey Lincoln. Y voy de beso en beso y de escenario en escenario, ya que las metas son muy aburridas; son más entretenidos los caminos”.

Bien sabe Buika de veredas que no suele caminar cualquier hijo de vecino. Y no solo lo decimos desde una mirada musical, debido a ese estilo electrizante que rompe estereotipos, surcando las aguas del jazz y los ritmos afro-cubanos. No. La hoja de ruta de esta taurina, que en una semana soplará 42 velitas, incluye una infancia de marginalidad y algún que otro cachetazo (de los de verdad). 
Su padre, exiliado político de Guinea Ecuatorial, instaló a la familia en Palma de Mallorca. La multiculturalidad, al fin y al cabo, la hizo no ser de aquí ni ser de allá, como escribió Facundo Cabral. “Yo soy del mundo. Me lo pasé entre España, Inglaterra y los Estados Unidos. Chavela Vargas me dijo que las mujeres no tienen nación y que somos nuestra propia patria. 

Por eso soy libre, y encuentro la paz aquí y ahora. Esto tiene sus costos, claro, pero el estado es maravilloso. Siento todos los besos como el primero y todas las despedidas como definitivas. Será por eso que nunca regreso”, contestó en una ocasión. Le preguntamos por su niñez. “Era muy guay (léase divertida), chachi (estupenda)”, concede. Y sobre cómo las damas del clan la marcaron a fuego: “Las Buika somos muy fuertes. Kitailo es mi nombre tribal (lo lleva tatuado en su hombro izquierdo): lo heredé de mi abuela, quien me protege. En Guinea se conoce así al personaje de la Cenicienta. Tuvimos una unión hermosa a través del silencio, ya que ella prefería decir las cosas cantando. Por su lado, mi madre ha sido mi primer paso hacia todo en la vida. Es una princesa escondida. Nos sacó a flote sin llantos, lamentos ni quejas”.

Es paradójico que confiese que fue su mamá quien le enseñó –a ella y a sus siete hermanos– a confiar, a tener fe. Paradójico, porque quien le trasmitió la pasión por las fusas y corcheas tuvo que soportar el pronto abandono de su marido. Sin explicaciones. Así, porque sí. Pero Buika, que es Buika, nunca le esquivó al tema públicamente: “Él era un idealista, un intelectual, un revolucionario, pero se marchó de una forma… Se fue a comprar no sé qué y ya no volvió. Eso te deja muchas dudas. Yo tenía 9 años y me acuerdo de que era exigente, violento, totalitario. En el fondo, él era lo que combatía. Se lo comieron sus sueños, confundió necesidades con caprichos. Sinceramente, me dio igual que se fuera. No era imprescindible. Nunca fui melancólica ni trágica. No soy de las que exacerban el drama”.

Garganta con arena 

Particular, arriba y abajo del escenario. Se lo habíamos advertido. Arriba sorprende, a tal punto que la NPR (National Public Radio) de los Estados Unidos la proclamó como una de las “50 grandes voces” del planeta. Abajo también lo hace, cuando no se le cae ningún anillo en admitir que supo convivir de a tres: con el padre de su hijo y con otra mujer. “Me ‘partí’ de la risa con ellos, pero ya no estamos juntos. Y no me preocupa. No me cuesta vivir las relaciones ni tampoco asimilar que se terminan. Es tan fascinante disfrutar del amor como del desamor. A veces, separarse es la mejor manera de quedarse junto al otro para siempre. A futuro, planeo adoptar un guineano y casarme otra vez. ¿Con quién? ¡Conmigo misma! Jurarme que voy a respetarme y amarme, tanto en la salud como en la enfermedad, tanto en la pobreza como en la riqueza”, anticipó. Lo de la particularidad no era un eufemismo. Sí lo es que dentro de la cabecita de Buika funciona una fábrica de Oompa Loompa. Mientras gira por estos lares, la muchacha, como buena todoterreno, no se detiene: ya tiene entre ceja y ceja un nuevo CD y anda con ganas de publicar un postergado libro de poesías. “Se titula A los que amaron a mujeres difíciles y acabaron por soltarte. Yo me animo a todo. La palabra ‘imposible’ nunca estuvo en mi diccionario. No soy negativa ni suelo trabarme con los traspiés. Eso me haría débil, y no lo soy”, afirma. 

Resistente, valiente, enérgica. Arriba y abajo del escenario. Buika es consciente de que su figura puede despertar cierto tipo de cuestionamientos. Ella se los sacude como polvo, haciendo caso omiso, flameando su propia bandera: “Hay quienes hacen lo que suponen que a los otros les gustará. Eso es una limitación, y yo solo quiero ser real. No me interesa la aprobación de nadie. Tan solo hago lo que mi corazón pide. Los temerosos acaban dando miedo, y yo no pienso en ellos cuando canto. En mi mente solo estamos todos nosotros... Los que vamos detrás”. ¿Más datos para redondear su radiografía? Se crió oyendo a Pepe Pinto y Manolo Caracol. Reside en Miami Beach (aunque dar con ella allí sea una odisea). Manifiesta que le resulta increíble, aun hoy, que la gente (“la tribu”, como los bautizó ella) pague una entrada para escucharla. “Ne me quitte pas”, de Jacques Brel, le parece la expresión de amor más peligrosa y soberbia jamás vista. Y está a favor de que la música circule libremente por Internet. 

Buika está bien plantada. En el horizonte, ¿qué más? “Si tuviera que destacar algo de mi carrera es haberme dado cuenta de la bondad universal que encierra la música en sí misma. La música nos quiere a todos. Todos estamos juntos alrededor de ella, por y para siempre”, sostiene. Y concluye: “No creo en eso de los estilos, porque son jaulas, dictaduras. A mí me falta cantar de todo. Recién pasé los 40, soy una gran promesa (risas). Sí deseo lo que tiene Charlie Parker: deseo la eternidad”.

La voz de la libertad

Tratar de especular sobre cuáles serán sus próximos pasos puede transformarse en una misión imposible. Con Buika no hay guión. Pero sí puede resultar una experiencia enriquecedora echar un vistazo a sus discos, donde podrá toparse con verdaderas perlitas. Le recomendamos Buika (incluye “Nostalgias”), Mi Niña Lola, Niña de fuego, El último trago (con Chucho Valdés; versión exquisita de “Somos”), En mi piel (“Volver”, “Nos hizo falta tiempo”, “Volver, volver”) y La noche más larga (“Ne me quitte pas”, “Yo vengo a ofrecer mi corazón”, “La nave del olvido”).

Cuándo y dónde verla

Buika visitará la Argentina para estrenar su sexto álbum, La noche más larga, que contiene cinco temas de su autoría y versiones de canciones de Roque Narvaja, Fito Páez, Billie Holiday, Abbey Lincoln, Dino Ramos, Ernesto Lecuona y Jacques Brel. Acompañada por Ramón Porrina (cajón) y Vahagn Turgutyan (guitarra), la “Perla Negra del Flamenco” estará el 8 de mayo en el teatro Gran Rex (Av. Corrientes 857, CABA), el 10 en el teatro El Círculo (Laprida 1223, Rosario) y el 11 en el Espacio Quality (Av. Cruz Roja Argentina 200, Córdoba). La rosarina Sandra Corizzo, compositora, arregladora e intérprete que representa la nueva trova, abrirá sus shows.
Más información:
www.conchabuikamusic.com

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