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El nuevo mapa de la familia


Por Mariano Petrucci.


El nuevo mapa de la familia
El 15 de mayo se celebra el Día Internacional de la Familia. La fecha invita a la reflexión. Aquí, las modificaciones en su estructura, los modelos que llegaron para quedarse, el rol actual de los padres y los desafíos para el futuro.

Hogar. La palabra viene del vocablo latino focaris, que, a su vez, deriva de focus, es decir, fuego. Antiguamente, quienes residían en una casa se reunían bien pegaditos a las llamas para calentarse y alimentarse. Allí, cada individuo sentía cobijo, seguridad, calma. “La familia es el hogar”, sentencia la doctora Patricia Debeljuh, directora ejecutiva del Centro Conciliación Familia y Empresa, del IAE Business School. El doctor Abel Albino, director y fundador de CONIN, va más allá y sostiene: “La familia es la única escuela de humanidad”.  

La coincidencia en remarcar lo relevante de la cuestión no es casual, sino que responde al vigésimo aniversario de la proclamación del Día Internacional de la Familia, instaurado por la ONU para cada 15 de mayo. No solo eso: la organización internacional eligió a 2014 como el Año Internacional de la Familia, para analizar y promocionar políticas sobre esta temática.  “La familia no solo es una de las instituciones más antiguas de la humanidad, sino que es una de las que tiene mayor incidencia en la vida de las personas. En la actualidad se debate cómo se vio afectada por las variaciones sociales que acontecieron”, diagnostica Debeljuh. 

A propósito, la revista The Economist publicó un artículo en el que concluía que no es que la familia esté agonizando, sino que lo que varía –o varió– es el modelo y su configuración. “De cincuenta años a esta parte, los cambios en el seno familiar fueron los más profundos de los últimos veinte siglos. Así es como influyeron en toda su estructura, impactando en la sociedad –considera Debeljuh–. Hay factores que lo explican: el retraso en la edad de casarse, el aumento de la cohabitación como alternativa al matrimonio, el descenso del número de hijos –y la mayor distancia entre ellos– y el incremento de nacimientos fuera de una pareja estable”. 

Aquí, un punto y aparte, ya que las separaciones y los divorcios también meten la cola en el fenómeno. “En la Argentina, la tasa de ambos creció un 300% en solo cuarenta años: en 1980, había 423.000 personas divorciadas en todo el país; de acuerdo con el último censo, hoy son 1.764.400”, explica Debeljuh. Y continúa: “Aun así, los divorciados siguen siendo un porcentaje bajo de la población: menos del 5,8% de los argentinos –se incluye a los separados– en comparación con 35,6% de casados, 33,5% de solteros y 18,2% de personas en pareja. En 2001, los casados representaban el 40,8%; los solteros, el 33,9%; los unidos, el 13,9%; y los divorciados, el 4,8%”. 

–¿Será que hay nuevas familias?
–Lo que hay son nuevas formas de convivencia. Aunque prevalece la familia nuclear, aparecen más que antes las llamadas “ensambladas” –separados y divorciados, con hijos, que constituyen otra familia–, las “monoparentales” –integradas por solo uno de los cónyuges, en general la mujer, con los hijos a cargo– y las “unipersonales” –una sola persona, comúnmente ancianos–. Asimismo, ya no encontramos tantos hogares “extendidos”, característicos de otras épocas, donde vivían varias generaciones juntas. Traducido: el mapa de la familia ya no es el mismo.

–En ese mapa, ¿cómo juegan las crecientes familias disfuncionales? ¿Ponen en jaque a la institución?
–El hecho de que tengamos esta problemática no significa que la familia esté en crisis. Puede que lo estén las personas que la conforman o que, con el transcurso de los años, surjan condiciones que les impidan asumir el compromiso para sacarla adelante. Lo que resulta evidente es que la familia necesita de una planificación, que implica seriedad y responsabilidades compartidas. Es imposible improvisar una familia. Solo así evitaremos el riesgo de tener, como sucede a menudo, familias disfuncionales.

“La familia es capaz de sobrevivir a cualquier cambio, ya que está dotada de una cualidad muy valiosa: la adaptabilidad. La modernidad está imponiendo otros paradigmas”.

Una investigación llevada a cabo por el centro que dirige Debeljuh, se enfocó en las expectativas de la Generación Y. El resultado: la determinación de los jóvenes de fundar su familia. “Toda generación es fruto de sus predecesoras y heredera de los patrones culturales y los contextos sociales. Pero, a diferencia de las anteriores, las generaciones del siglo XXI tienen valores y principios distintos, tanto en lo personal como en lo profesional: los domina el corto plazo; todo pasa y caduca muy pronto. Sin embargo, este ritmo vertiginoso no les dificulta razonar; al contrario, se destacan por su actitud reflexiva”, describe Debeljuh. 

Paradigma XXI

La familia tipo ya no existe. O, al menos, no como a la vieja usanza. Hasta los hijos ya no se procrean (exclusivamente) de la manera tradicional: hay bebés producto de ovodonaciones, bancos de semen, fertilizaciones in vitro y hasta vientres alquilados. ¿Habrá que barajar y dar de nuevo? “Los estudios económicos demuestran que la familia formada por padre y madre e hijos son las que mejor funcionan para darle estabilidad a una sociedad. Pero no podemos pasar por alto que, en este último tiempo, surgieron, por ejemplo, las uniones civiles del mismo sexo”, abre el panorama Debeljuh. “La familia es capaz de sobrevivir a cualquier cambio, ya que está dotada de una cualidad muy valiosa y, diría, casi única: la adaptabilidad. Todos precisamos un lugar donde crecer; hasta ahora, no se inventó otro mejor que la familia. Pero es claro que la modernidad está imponiendo otros paradigmas”.

–¿Esto se extiende a los roles de los padres? Pensemos en el hombre y su lucha entre dos modelos: el vigente, que acorta distancias con su hijo; y el pasado, que prioriza la autoridad.
–Es que pasamos del papel habitual del varón como proveedor y sostén financiero de la casa a una mayor participación de la mujer en el ámbito público. Paralelamente, estamos pasando de una menor presencia de la mujer en el hogar a un mayor involucramiento del varón en los quehaceres cotidianos y en el cuidado de los hijos. Estas dos caras de la moneda enriquecen por igual: no se reemplazan, pero se complementan. Esta realidad, a la que todavía nos estamos acostumbrando, sienta las bases de la co-rresponsabilidad. Hoy, entendemos que la tarea de “hacer familia” y “conquistar el mundo exterior” se potencia cuanto interactúan padre y madre.

–Patricia, ¿cuál es el mayor desafío que afronta la familia del futuro? 
–Que cada integrante alcance su de-sarrollo y madurez. Hay que abocarse, especialmente, a los hijos, quienes deben saber que la felicidad se construye de la mano del amor y no del egoísmo. Es crucial instruirlos en la capacidad de ser responsables y consecuentes en sus decisiones. O sea, formarlos en hábitos y en virtudes. 

–En la investigación que hizo con el Centro se lee que, en muchos casos, los chicos no quieren “repetir la historia de sus padres”. ¿Es desalentador?
–Sí. No obstante, la familia es un valor importante para ellos. Allí está la clave de un fenómeno que no es, meramente, local. La valoración de la familia como tendencia cultural en Europa le permite afirmar al filósofo y sociólogo francés Gilles Lipovetsky que la familia es la única institución por la cual la gran mayoría de los europeos declaran estar dispuestos a sacrificar todo. Incluso, su propia vida.  

Lo primero es la familia*

La familia es el ámbito adecuado para el desarrollo individual porque allí se produce la entrega más incondicional de afecto, conocimiento, valores y creencias. Dentro de la familia, la persona es considerada y querida por lo que es, y no por lo que tiene o puede llegar a dar. No existe otro entorno que pueda aportar tanto con tanta generosidad. Para la ONU, es el marco natural en el que sus integrantes se benefician del soporte afectivo, financiero y material indispensable para su crecimiento y expansión, y donde se cuida a las personas ancianas, a los discapacitados y a los enfermos. La familia se transforma, pero sigue siendo la estructura capaz de responder a las necesidades de siempre. Eso no ha cambiado a lo largo de la historia de la humanidad.
*Por la doctora Patricia Debeljuh.

Independencia y abuelazgo 

A propósito del Año Internacional de la Familia, en marzo pasado, en el Salón Azul del Senado de la Nación, se discutió sobre los tiempos que corren… y los venideros. Con Renata Kaczmarska, coordinadora del Programa de Familia de la ONU, a la cabeza, los temas giraron en torno al papel actual de la familia. Ignacio Socías, de la Federación Internacional para el Desarrollo Familiar, planteó dos temas interesantísimos. En primer lugar, marcó el retraso en las nuevas generaciones a la hora de independizarse de sus padres: “A esto lo llamo la transición del síndrome del nido vacío al síndrome del nido lleno”. Por otro lado, reflexionó sobre los abuelos: “Hoy se les está exigiendo a los abuelos algo que no les corresponde. El envejecimiento activo se ve frustrado al tener que cumplir el rol de padres”. Para pensar.


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