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Un superhéroe de leyenda


Por Carlos W. Albertoni.


Un superhéroe de leyenda
Batman, un boom editorial y cinematográfico, cumple 75 años. Creado por Bob Kane, fue en sus comienzos un justiciero oscuro y vengativo. En las décadas siguientes, su figura fue suavizada por los editores, hasta que en los últimos años volvió a ser el paladín impiadoso y atormentado de los inicios. Eterno.

Es otra noche, oscura como siempre. En un callejón, dos malhechores encañonan con sus armas a un hombre, lo golpean salvajemente, le arrebatan su billetera y escapan dejándolo tirado en el piso. Desde lo alto de un rascacielos, un encapotado los mira correr con el botín. Es un justiciero, un héroe vigilante, un vengador implacable. Como descolgándose del cielo negro, simulando ser un murciélago, el paladín se abalanza sobre la pareja de villanos. La lucha es breve; el final resulta predecible. Vence el bien, se rinde el mal. Ciudad Gótica descansa en paz. Una vez más. 

Batman, el superhéroe nocturno más famoso de la historia de los cómics, cumple 75 años. Creado por el dibujante Bob Kane y el guionista Bill Finger, el justiciero alado de Ciudad Gótica hizo su primera aparición en público en mayo de 1939, en el número 27 de Detective Comics, una revista que enseguida comenzaría a tenerlo como una de sus atracciones principales. Frío, intimidante, vengativo, casi asesino, aquel primer Batman tenía un perfil oscuro, originado en el atormentado recuerdo de la muerte de sus padres a manos de un delincuente, cuando era solo un niño. “La idea de presentar a Batman como un personaje oculto tras un aspecto de murciélago surgió de adaptar la idea del extraño diseño del orníptero de Leonardo Da Vinci a la historieta. Y funcionó muy bien, porque esa imagen sería su marca registrada por siempre”, señaló en su momento el neoyorquino Bob Kane, cuyos dibujos de trazos simples pero crudos caracterizarían al casi salvaje Batman de los inicios.

De todas formas, al poco tiempo de iniciarse la loable carrera antidelictiva de Batman en Ciudad Gótica, los editores de Detective Comics decidieron que las aristas del paladín debían humanizarse un poco más. Ello se debió a que las revistas de DC, la editorial que publicaba las aventuras de Batman, eran mayoritariamente leídas por niños, por lo que resultaba inconveniente mostrar un personaje demasiado violento. Así fue como Batman (detrás de la máscara, el atribulado millonario Bruce Wayne) se volvió menos rudo y ya en el número 38 de Detective Comics dejó de trabajar solo para empezar a estar acompañado por un tal Robin, el “Chico Maravilla”. 

Más comprensivo, menos atormentado y junto a un muy joven ladero con cara de bueno, el encapotado fue abandonando rápidamente su primitiva etapa de oscurantismo gótico. Ese cambio pareció ser el prólogo para el despegue definitivo de Batman como boom editorial, al punto de que, en la primavera de 1940, el superhéroe logró ser el protagonista de su propia revista. Y ese éxito vino acompañado de la aparición de archivillanos que se hicieron casi tan famosos como él: Gatúbela, El Pingüino, El Acertijo, Dos Caras y El Guasón, el más célebre de todos, entre otros. 

La popularidad de El Guasón (la maldad que ríe) fue tal que cuando Bob Kane decidió matarlo en una de las aventuras, el editor Whitney Ellswort lo obligó a cambiar aquel the end y prolongar indefinidamente la existencia del siniestro Joker. “Batman es un personaje rodeado por un entorno de enorme riqueza. Sin duda, es uno de los superhéroes que cuenta con uno de los universos más meticulosamente construidos, tan solo comparable con el del Hombre Araña. Posee una mitología de creaciones secundarias y villanos casi únicos”, señala el historietista Rodolfo Santullo, autor de novelas gráficas largamente elogiadas y fanático de Batman desde pequeño. 

A merced de la censura 

Tras los tiempos de oro que significaron para Batman los años cuarenta, la década del cincuenta fue, digámoslo así, nefasta. La censura, disfrazada bajo el pomposo nombre de Comic Code Authority, cambió el rumbo de la historieta: la convirtió en algo suave e insulso, con personajes tan olvidables como el Bati-Sabueso, la Bati-Mujer y el grotesco Bati-Mito, un duende vestido como el encapotado. Sin embargo, a pesar de los imperdonables sacrilegios perpetrados por dibujantes y guionistas, el paladín quiróptero se mantuvo firme como un verdadero fenómeno editorial. “Como ha sucedido con otros personajes del universo superheroico, los cambios han caracterizado las diferentes épocas de Batman. Sin embargo, pese a esos cambios, es un personaje que ha sabido mantenerse siempre auténtico a través del tiempo. Su esencia ha sido –y sigue siendo hoy– una de las más atractivas del género de los superhéroes”, indica Santullo.

El final de los años sesenta le permitiría a Batman volver a ser Batman. El inicio de su resurrección se produjo en 1969 cuando el guionista Denny O’Neil y el excelente dibujante Neal Adams se hicieron cargo del personaje y decidieron regresarlo a sus orígenes violentos y desalmados. Desapareció Robin y revivió la venganza obsesiva, el odio, la criatura nocturna que atemoriza. El resultado le permitió a Batman subirse otra vez al pedestal de la gloria superheroica. Después de O’Neil y Adams, el justiciero de Ciudad Gótica atravesó nuevamente tiempos de vaivenes, deambulando de artista en artista, entre ellos los talentosos Berni Wrightson, Jim Aparo y Michael Golden. Los logros fueron aislados, pero mantuvieron vivo al héroe hasta que Frank Miller tomó la posta a mediados de los años ochenta para llevar a Batman a su etapa más siniestra, potenciando al máximo las ideas oscuras de Bob Kane y la dupla de O’Neil y Adams. 

En 1986 apareció The Dark Knigth Returns, una de las máximas joyas del cómic, que narra la historia de un Batman agobiado por sus traumas, sexagenario, impiadoso. Es el comienzo de una nueva época para el paladín, que logra saltar a las pantallas de los cines a través de grandes películas dirigidas en una primera época por Tim Burton y, recientemente, por Christopher Nolan (en el medio, hubo dos films malogrados a cargo del director norteamericano Joel Schumacher, en los que, llamativamente,?George Clooney y Chris O’Donnell no estuvieron a la altura del dúo dinámico más famoso). 

También es el tiempo en el que, como nunca antes después de sus inicios, Batman vuelve a ser aquel justiciero oscuro de hace setenta y cinco años. “Sin duda, Batman es un personaje que ha servido, a lo largo de las décadas, para legitimar el género superheroico. Un justiciero que ha traspasado su propio mundo y ha conquistado otros mundos, tanto culturales como sociales”, concluye Santullo. Para él, al igual que para tantos otros seguidores, la historia del quiróptero de Ciudad Gótica es una leyenda. Y se sabe: como toda leyenda, no morirá jamás. 

 El héroe que llora

La vida de este superhéroe dista mucho de ser un camino de rosas. Tal vez sea eso lo que logre que el personaje resulte tan cautivante. Para empezar, su decisión de convertirse en Batman tiene su explicación en el asesinato de sus padres, del cual es testigo cuando era apenas un niño. Más tarde, sufrió la muerte de Jason Todd, el segundo Robin, en la historieta “Una muerte en la familia”. El responsable de este acto fue El Guasón, así como de la parálisis de Batichica (Barbara Gordon, hija de su amigo el comisionado Gordon) y la muerte de Sarah Essen-Gordon (esposa del comisionado).  El súmmun de su tormento fue cuando en el cómic “La caída del Murciélago”, el malvado Bane le quebró la columna y lo dejó postrado en una silla de ruedas. Obvio, Bruce Wayne se recuperó y Batman volvió a vestir el manto para alegría de sus fans.  

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