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Con memoria y humor


Por Agustina Tanoira.


Con memoria y humor
Enrique Pinti no necesita  presentaciones. A los 74 años, y con más de cincuenta de carrera, le sobran credenciales. Se trata de un artista audaz que hizo de todo: desde obras infantiles y para adultos hasta sketches, monólogos, comedias musicales, music halls y shows de café-concert. Es súper reconocido como actor, humorista, director, dramaturgo y escritor de varios libros. Y si bien sobresalió en todos los rubros, siempre se destacó por su magistral uso de la palabra. 

Observador meticuloso y orador agudo, tiene la capacidad de exponer con humor e inteligencia lo que muchos piensan y no se animan a expresar –o no saben cómo–. Sus monólogos, al igual que los del genial Tato Bores, tienen esa actualidad impactante que lleva a la reflexión. En una entrevista reveló el porqué de sus certeros diagnósticos sobre la realidad nacional: “El humorista piensa mal; y cuando piensa mal, acierta”, manifestó. Y advirtió: “En el mundo de la política hay que saber leer los pequeños gestos”. Su último libro tiene mucho de esto. En Del 25 de mayo al desmayo. La historia argentina, qué tormento, reúne una antología de textos escritos de 1973 a la actualidad, en la que dibuja un recorrido por nuestra historia desde entonces. Y también se hace la pregunta que nos hacemos muchos: “¿Por qué teniendo tantas cosas buenas a nuestro favor, más tarde o más temprano, terminamos en bancarrotas, desvalorizaciones y, lo que es peor, en peleas improductivas?”. El último texto de Pinti no pretende servir de oráculo inapelable ni volverse una melancólica diatriba en la que sugiere que todo tiempo pasado fue mejor. No. Es, simplemente, una crónica acerca de nosotros mismos, que, finalmente, nos incita a involucrarnos como ciudadanos, pero también nos lleva a reflexionar y a reír. Es una invitación a pensar, a sacar conclusiones, a desarrollar una actitud crítica. 

Por eso, ya desde el primer capítulo escribe: “No debemos  dejar que la historia la cuenten solo los políticos, sociólogos, antropólogos y guerreros triunfantes”, y se despacha con una crónica de recuerdos que sus padres y abuelos le contaron acerca de la Revolución de 1890, de las fiestas del Centenario de la Revolución de Mayo, de la irrupción  triunfal del tranvía a caballo, de la Corrientes angosta que nunca dormía, de los años veinte, de la década infame, de los asesinatos en el Senado de la Nación, de las rebeliones patagónicas, de los ingleses y sus empresas, y del dolor colectivo por la muerte de Carlos Gardel, entre otros hechos que marcaron nuestra historia. Todo tiene que ver con todo. Sobre la Revolución de Mayo que hoy se celebra, rememora aquella jornada lluviosa, con todo el piso mojado y la ciudad convertida un gran barrial. Y manifiesta que fueron los golpes que se dieron los parroquianos al salir a la calle cuando empezaron a escucharse los primeros murmullos de la revolución los que ocasionaron la conmoción cerebral que produjo el coágulo que tenemos adentro todavía. “Hay pueblos que, por la mitad de lo que nosotros hemos hecho, Dios los borró del mapa. A nosotros, no. Está todavía parado ahí diciendo: ¿lo hacen de malos o de boludos?”, escribe. Con humor e ironía, Pinti asegura que se sigue sorprendiendo de que el mundo cambia permanentemente, pero que aquí… aquí todo sigue igual. “La historia es una calesita”, sostiene. Por eso, insiste en la importancia de revisar nuestras conductas, ya que las revoluciones no violentas son las que verdaderamente perduran. “A mí me parece que es mucho más potente, rica, importante y, en última instancia, más exitosa la marcha y la movilización que se hacen con absoluto y total pacifismo. Porque, además, en este tipo de protesta participa todo el mundo”, detalla.

Aunque reconoce que vivir en el pasado es perjudicial, asegura que ignorarlo es suicida. Y asume la responsabilidad de “los veteranos” de informar sobre todo lo que les pasó a lo largo de su niñez y su juventud. “La memoria es una de las mejores cosas que tenemos. Pero, como la energía atómica, es imprescindible usarla para saber que las bajezas humanas no tienen épocas mejores y peores. La grandeza del hombre aflora en todos los períodos históricos por más malos que parezcan”, asume Pinti. Y remata: “Esa grandeza es lo que hace el sueño de un futuro mejor”.  Este artista con mayúsculas confiesa que, si bien no es un entendido en historia argentina, aprovecha la oportunidad para hablar de nosotros mismos, para pensarnos como argentinos y como ciudadanos del mundo. “Compro todos los diarios y leo todo para ver qué desentraño”, confiesa al mismo tiempo que considera que lo que sucede en nuestras vidas cotidianas son “coordenadas que, muchas veces, no se juntan ni se armonizan ni se tocan”. Y que el vertiginoso transcurrir de la vida no nos deja tomar conciencia acerca de nuestro destino: “Vivir la propia vida con armonía es un buen camino, pero tenemos que ser conscientes de que cada olvido, cada renuncio, cada distracción de nuestro ‘ser histórico’, más tarde o más temprano, puede llevar al ‘ser cotidiano’ a los peores infiernos”. 

Como parte de una vida más responsable y comprometida, Pinti alerta sobre los peligros del chimenterío, los rumores –cada vez más malintencionados, tendenciosos y cotizados en el mercado informativo–, la desinformación y el amarillismo. Aunque todo esto no sea una exclusividad propia de los argentinos, atenta contra nosotros mismos. “Ya se sabe que vivimos en un mundo donde el respeto, la privacidad y la responsabilidad no son predominantes. Pero sería hora de poner un poco de atención a las consecuencias de algunas noticias lanzadas por el simple y único afán de conseguir el revuelo necesario a fin de facturar y ser famoso a cualquier precio”, sostiene.  Pinti cierra cada capítulo con una reflexión donde afirma cosas tales como que los cambios no son malos, que escándalos hubo siempre, que tenemos que asumir nuestros gustos, que debemos ser capaces de hacer autocrítica…. Y así, con ironía y su lenguaje mordaz, hace las veces de una voz en la conciencia que nos interpela y nos obliga a reflexionar. A la fuerza. “Lo mío es una crónica humorística que expresa mi sentimiento y mi manera de ver la vida”, desliza. Y completa: “Son reflexiones de un argentino de setenta y cuatro años, que se equivocó, se equivoca y, gracias a Dios, se seguirá equivocando, pero que siempre dirá lo que para él es verdad, lo que vio y oyó, lo que le contaron y lo que constató pragmáticamente”. Al concluir su libro, en el que no escasean la sátira y la parodia, uno podría pensar que, al margen de las ideologías, los partidos, las afinidades y las posturas, su gran mensaje es que no hay que pelearse por política. Él mismo lo asegura: “No vale la pena”. Y si Pinti lo dice…

Dónde verlo 

Estrenada en Broadway en 1934 con el nombre de Anything Goes, Vale todo es la versión vernácula del genial Cole Porter. Allí, Enrique Pinti comparte escenario con Florencia Peña y Diego Ramos. Se trata de una comedia delirante que transcurre en un viaje en crucero desde Nueva York hasta Londres. Allí, bajo la dirección de Alejandro Tantanian, Pinti interpreta a Moonface Martin, un mafioso perseguido por la justicia, que ayudará al protagonista a conseguir su propósito de enamorar a una supuesta rica heredera. Una típica aventura de enredos, dinámica y con momentos muy divertidos, que ya se presentó en varias ciudades de nuestro país (más información en es la.facebook.com/ValeTodoMusical). Además, es jurado en el programa Tu cara me suena y está actualizando su obra Salsa criolla, un espectáculo emblemático dentro de la historia del teatro argentino, que se estrenará en abril del próximo año en el Teatro Liceo, celebrando los treinta años de su estreno.

Pinti, el escritor

Alguna vez contó que comenzó a escribir de chiquito... Escribía cuentos, horrorosos cuentos lacrimógenos donde todos morían al final. Incluidos los lectores. Luego, se inclinó por lo humorístico. Es que el humor fue una constante en su vida. Entre sus libros, se destacan Salsa criolla, Palabra de Pinti, los argentinos de la A a la Z, Sostiene Pinti: cómo somos los argentinos, Del Cabildo al shopping. Pesadillas de la historia argentina, Crema rusa y Las cosas por su nombre. El último, Del 25 de mayo al desmayo. La historia argentina, qué tormento, es un libro inteligente, audaz y desafiante en el que, una vez más, hace un original repaso de la historia nacional.

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