ACTUALIDAD


Historia pura


Por Revista Nueva.


Historia pura 

La mitología fenicia, el legado de Alejandro Magno y el genio artístico de los romanos convergen en las ruinas de Baalbek, una maravilla arquitectónica situada en el valle de Beqaa, en el Líbano. Un recorrido por los templos para asombrarse… y aprender.

En el valle que da nacimiento a los dos ríos de Siria –el Orontes, que fluye hacia el norte, y el Litani, que fluye hacia el sudoeste, entre las montañas del Líbano y el Anti-Líbano, donde las rutas desde Palestina, en el sur, Damasco, en el este, y la costa del mar, en el oeste, convergen para seguir hacia Hama en Siria– yacen las ruinas de Baalbek”. Así comienza el testimonio escrito de Robert Wood, el aventurero inglés que descubrió los templos de Baalbek en el año 1751, cuando exploraba el Levante mediterráneo. Wood no cabía en su asombro cuando encontró, en un valle despoblado, tres templos romanos de más de veinte metros de altura, en ruinas y olvidados, sostenidos por columnas por entre las que se veía la cordillera del Líbano. 

Wood no dudó en documentar lo que había visto y realizó ilustraciones detalladísimas del complejo, de cada templo y de las características griegas y romanas de la construcción. Desde entonces, las ruinas de los templos de Baalbek, a solo setenta y cinco kilómetros al este de Beirut, fueron admiradas y estudiadas por aventureros y arqueólogos, no solo por su atractivo, sino por su interés histórico y el esfuerzo que parece haber demandado su construcción. 
Sin embargo, debido a la inestabilidad política del país y el desarrollo limitado del turismo, Baalbek –que cuenta con apenas veinticinco mil habitantes y basa su economía en el cultivo de viñas y árboles frutales– se mantuvo al margen de los principales destinos turísticos. El complejo es visitado en su mayoría por libaneses y por los pocos turistas que se atreven a ir más allá de Beirut y las playas del norte. Esto contribuyó, en parte, a su conservación pero, al mismo tiempo, a que lo que una vez fuera el centro de peregrinación más importante de la región haya caído en el olvido.

Redescubriendo Baalbek

Visitar Baalbek es como emprender una travesía por el tiempo o asistir a una clase de historia antigua. Aunque no quedan vestigios materiales de los fenicios, su legado se encuentra, solapado, en la naturaleza de las deidades que inspiraron a los arquitectos griegos y romanos, y que hoy maravillan a quienes recorren el templo de Baco o admiran las columnas del templo de Júpiter desde el patio central. Los grafitti de nombres ingleses y franceses cavados en los grandes bloques de piedra por aventureros, allá por el siglo XIX, así como otras firmas más recientes en árabe, son reminiscencias de la época colonial y un souvenir de los tiempos modernos. Porque no todo es historia en estos templos. En las ruinas, por ejemplo, se lleva a cabo todos los años el Festival Internacional de Baalbek, el evento cultural más reconocido de Medio Oriente y el Mediterráneo. El templo de Baco fue el escenario de fondo para música y artistas de toda índole, desde el elenco del Royal Ballet o Plácido Domingo hasta el grupo de heavy metal Deep Purple, pasando por consagrados como Sting, Ella Fitzgerald o Gilberto Gil. Hasta allí se acercan los cuarenta mil espectadores que disfrutan de un ritual de primer nivel y se maravillan con una escenografía verdaderamente inigualable.

Lo mismo le sucedió a Wood al arribar al valle de Beqaa. Lo siguieron nuevos exploradores europeos y, luego, un contingente de científicos enviados hacia fines del siglo XIX por el Fondo de Exploraciones de Palestina. El emperador Guillermo II de Alemania ordenó las primeras restauraciones en 1898, de las que  Francia se hizo cargo después de la Primera Guerra Mundial, cuando lo que hoy es el Líbano pasó a formar parte del mandato francés en Medio Oriente. 
Luego de la independencia del Líbano, en 1943, los trabajos de restauración fueron supervisados por el gobierno nacional. El sitio arqueológico fue nombrado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1984. A pesar de la protección otorgada por las Naciones Unidas, las ruinas de Baalbek se encuentran hoy descuidadas y bajo el control de Hezbollah, una organización política y terrorista libanesa que instaló un museo y un centro de adoctrinamiento en la entrada.

Máquina del tiempo 

Los templos romanos de Baalbek que se pueden apreciar hoy se construyeron entre el siglo I y III d. C., y están dedicados a Júpiter (el dios romano del rayo), a su hijo Baco (el dios del vino) y a Venus (la diosa del amor y la fertilidad). Sus orígenes datan del tercer milenio a. C., cuando se asentaron los primeros pueblos cananeos. 

El conjunto de asentamientos que giraba en torno del templo estaba lejos de las rutas comerciales marítimas que los fenicios desarrollaron con el antiguo Egipto y Grecia, y por eso no llamaron la atención de los historiadores… hasta que Alejandro Magno pasó por allí en el siglo IV a. C. Así es como la primera documentación que existe de Baalbek data de ese tiempo, cuando el templo y los asentamientos  fueron rebautizados Heliópolis?(por Helios, el dios griego del sol).  En la época helenística, Heliópolis floreció como centro religioso. El templo de Baal o Helios fue reformado por las dinastías ptolemaicas y seléucidas, sucesoras de Alejandro Magno. Así se inició la construcción de un templo sobre una plataforma de tres piedras, de ochocientas toneladas cada una, llamado trilithon. Creer o reventar, la leyenda dice que fueron traídas y ensambladas por djinns o genios, es decir, seres entre ángeles y humanos de la mitología sumeria (y luego islámica) que poseen poderes sobrenaturales. Estudios físicos demostraron que las piedras pudieron haberse trasladado gracias al ingenio humano, encastrando ruedas de madera en los extremos de cada bloque, que eran tiradas por caballos o bueyes. 

Construcción y destrucción

El templo principal, que los griegos dejaron incompleto, fue terminado por el emperador romano Nerón y dedicado a Júpiter en el año 60 d. C. Construido sobre una gran escalinata, sostenido por cincuenta y cuatro columnas de diecinueve metros de alto y con un entablado de cinco metros decorado con guirnaldas y cabezas de toros y leones, el templo podía distinguirse desde varios kilómetros. Los emperadores siguientes construyeron el gran patio central a fines del siglo I, el templo de Baco en el siguiente y el de Venus a comienzos del siglo III. Entonces Baalbek se convirtió en un centro importante de peregrinación, en donde eran comunes los festivales de música en honor a Baco.

Con la difusión del cristianismo, Baalbek comenzó a decaer. A partir del reinado de Constantino y durante los siglos IV y V, se destruyeron paredes y estatuas, y se construyó una iglesia. En los siglos subsiguientes, Baalbek estuvo bajo el control del imperio de Bizancio, luego de Saladino, fue saqueada por los cruzados y los mongoles, y en 1516 pasó a formar parte del Imperio otomano. 
Estas invasiones y saqueos, sumados a varios terremotos, terminaron por destruir los templos de Júpiter y Venus. Milagrosamente, el templo de Baco aún sigue en pie. 

Vinos con acento francés y notas fenicias

Los ritos del vino celebrados en el templo de Baco hace dos mil años hacen eco en Château Ksara, una bodega fundada por sacerdotes jesuitas en 1857 en el valle de Beqaa, a unos veinte kilómetros de las ruinas de Baalbek. La elaboración de vinos combina la experiencia de enólogos franceses con la tradición vitivinícola de los fenicios, que comenzaron a cultivar la vid en lo que hoy es el Líbano hace más de cinco mil años, y exportaban a Egipto, Grecia y Cartago. Tanto el vino como el brandy y el arak se conser-van en pasillos subterráneos construidos por los jesuitas hace más de ciento cincuenta años (usados como refugio durante la guerra civil que el Líbano sufrió entre 1975 y 1990). La bodega sobrevivió los bombardeos en la zona y hoy es una visita obligada.

nueva, todos los domingos con:


El Norte La Capital Nuevo Diario El Día La Gaceta Rio Negro Primera Edición Uno - Mendoza Uno - Entre Ríos Uno - Santa Fe Diario Norte Puntal - Córdoba La Nueva Diario Democracia El Independiente Diario Norte