TENDENCIA


Las nuevas estrellas del entretenimiento


Por Carolina Cattaneo.


Las nuevas estrellas del entretenimiento 

Las hay épicas, de detectives, zombies y médicos; locales y extranjeras. Gracias a Internet y al cable, están disponibles para que el público las consuma como y cuando quiere. ¿Por qué las series se convirtieron en un producto cada vez más atractivo?

Una noche de verano, su mejor amigo la fue a visitar y le propuso distraerse con una serie. Ella hacía tiempo que prácticamente había dejado de mirar televisión porque casi nada le parecía atractivo como para perder una o dos horas frente al aparato. Poco convencida, Laura (35) aceptó la propuesta y decidió pasar el rato mirando un programa por Internet. No sabía que, al cabo de los casi 55 minutos que duraba aquel primer capítulo de la serie  Homeland, enseguida querría ver otro, y otro, y otro más, hasta llegar a la tercera temporada en pocos días y esperar, desde entonces, el anuncio de que la cuarta estaba cerca. 

Algo de ese formato en grajeas de alto e inmediato impacto la llevó a que, desde el verano, llevara vistas cuatro series completas y otras cinco empezadas, a que mirara hasta cuatro capítulos juntos, a que rechazara algunas invitaciones por quedarse puertas adentro mirando una nueva serie y a acostarse de madrugada por “engancharse” con un sinfín de episodios. Poco a poco, o no tanto, se sumergió en el mundo de las series y de los seriéfilos, un universo con palabras, reglas y lógicas de cambio y progreso propias. Un universo diverso y prolífico que viene experimentando un baby boom cualitativo y cuantitativo.

¿Pero qué tienen las series que cada vez suman más adeptos? ¿Qué hace que la historia de un diputado norteamericano en el Parlamento o en la Casa Blanca, como en House of Cards, sea para un argentino algo tan adhesivo? “Se está dando un cambio drástico en la forma en que consumimos entretenimiento. Esto no ocurre solo en la Argentina”, explica Adriana Amado Suárez, doctora en Sociología. 

La antigua afición por las historias televisivas –que empezó con Rosa de lejos y continúa hoy con programas como Avenida Brasil– llevó a esta docente universitaria a convertirse en una analista e investigadora de medios de comunicación. Desde ese plafón, dice que el fenómeno de las series y las nuevas formas de consumir entretenimiento tienen mucho que ver entre sí, porque ambas van de la mano con la posibilidad de dar con esos contenidos cuando y como queremos, gracias a que la oferta tecnológica nos permite bajar contenidos de Internet, “encargarlos” a los canales de cable y verlos de acuerdo con nuestra disponibilidad –y no con la grilla que impone la señal–, o mirarlos vía streaming a través de plataformas pagas. 

Entre los argentinos, las series ocupan el tercer lugar (43%) en el podio del tipo de programa más visto por televisión, después de los noticieros (73%) y de las películas (50%), de acuerdo con la Encuesta Nacional de Consumos Culturales que dio a conocer en mayo la ex Secretaría de Cultura de la Nación. En nuestro país, además, es alto el consumo de cable: el 68% de los hogares está abonado a algún servicio de este tipo, mientras que el 13% paga TV digital.

“El público que se ha ido de la televisión se volcó, más que a las películas, a las series. La disminución del rating de la televisión abierta se lo debemos, en gran parte, a ellas”, afirma Paula Vázquez Prieto, licenciada en Ciencias de la Comunicación, editora de la página hacerselacritica.com y, por supuesto, seriéfila. Para Amado Suárez, hay todo un sector social de gustos más intelectuales que no miraba televisión por considerarla pobre y que se dejó seducir por las series. Por otro lado, cree que la industria acertó en dar con un formato apto para estos tiempos: “Atravesamos procesos sociales y vivimos en sociedades más desmembradas, más desestructuradas, más estresadas, trabajando más horas, en las que el entretenimiento se convirtió en una necesidad vital”.

Atracones de capítulos

PFH es el seudónimo que eligió un consultor de marketing de 44 años para ser presentado en esta nota. Él, soltero y sin hijos, cuenta que siempre fue un amante del cine y de la televisión. PFH es lo que en Estados Unidos llaman binge watcher: binge quiere decir “atracón” y watcher, “el que mira”. Una traducción sería “el que consume capítulos de una serie en jornadas maratónicas”. PHF lo explica con un ejemplo: “Me vi la primera temporada de Lost en un fin de semana; y he llegado a bajar los capítulos a las seis de la mañana, verlos en la compu y luego ir a trabajar. También, vi casi toda la primera temporada de 24 en una maratón de casi dieciocho horas; grabé todos los capítulos de Seinfeld en VHS cuando la daba Sony los fines de semana –eran como diez o doce horas ininterrumpidas los sábados y domingos–, y varias locuras más”. 

¿Puede esta atracción tornarse peligrosa? En diciembre pasado, el diario español La Vanguardia se hizo eco de un estudio de la empresa Neuromarketing Labs para la señal Fox y la empresa de telefonía Vodafone. El informe decía que series como The Walking Dead o The Big Bang Theory eran capaces de generar en el espectador síntomas físicos de adicción similares a los que genera una droga. Además, aseguraba que un espectador podía segregar hormonas relacionadas con un efecto calmante; y que, cuando dejaban de verlas, podían reaccionar como lo hace un adicto en abstinencia.

“Se trata de una adicción cuando la vida de la persona comienza a verse afectada. No duerme o lo hace muy poco, pasa menos tiempo con las personas con las que convive, deja de comer o se alimenta mal, o vuelve rápido de una salida para ver ‘ese’ capítulo. Dicho de otro modo, cuando siente que debe ver la serie porque no verla le genera displacer, irritabilidad o malestar”, explica la licenciada en Psicología y especialista en adicciones María Kriwet. 

Pero esto no quiere decir que las actividades relacionadas con la diversión y el uso del tiempo libre sean malas en sí mismas. “Por el contrario, tienen que ver con el esparcimiento y con el descanso: dan la posibilidad de salirse del propio mundo por un rato. El problema es cuando el individuo ya no puede decidir cuándo y cómo hacerlo. ¿La solución? Buscar verlas regulando tiempos y necesidades propias. Sería bueno recordar que no nos perdemos de nada si dejamos para otro momento la continuidad y el suspenso”, aclara Kriwet.

Adiós al héroe

Para Vázquez Prieto, el gran cambio en el mundo de las series se dio en 2000, cuando dio un salto de calidad y se despegó del formato estandarizado de los noventa.  “Incorporaron una estructura más cinematográfica, con mayores despliegues de producción. Pasaron a ser historias más ambiciosas e incorporaron nuevos géneros, como el de la ciencia ficción o el terror. Las series demostraron que podían estar a la altura de cualquier película”, advierte. 

La serialización y los capítulos que terminan siempre al borde del abismo son los grandes responsables de que sus seguidores no puedan despegarse. “En dramas como Mad Men o Homeland, que tienen una estructura global –a diferencia de sitcoms como Friends, con lógicas de unitario–, el capítulo termina y uno sabe que el siguiente continuará a partir de ahí”, dice Vázquez Prieto. El seriado consiste, según explica, en dividir el gran relato en episodios y en tratar a cada uno como a una pequeña estructura narrativa con una introducción, un nudo y un clímax. “Lo que hacen es suspender el desenlace: en el momento de alta tensión, la serie se interrumpe”, completa la especialista. 

La casi desaparición de la figura del héroe-protagonista y el factor sorpresa funcionan como otros dos eficaces ganchos atrapa-público. Sus personajes principales pueden ser oscuros, corruptos o criminales (como el Frank Underwood de Kevin Spacey en House of Cards o el Walter White de Bryan Cranston en Breaking Bad), pero ser altamente atractivos. La serie Game of Thrones apostó a la imprevisibilidad, rasgo que, quizá, la convirtió en un fenómeno capaz de cautivar a casi dieciocho millones de espectadores, como ocurrió en el quinto episodio de la cuarta temporada en sus distintas repeticiones y por las diferentes plataformas. En esta historia épica donde varias familias se enfrentan por un trono a sangre y sexo, los personajes principales mueren sin aviso previo. Por esta razón, algunos le atribuyeron la inauguración de una nueva forma de hacer drama televisivo. 

¿Evasión o empatía?

“Hoy casi no vi a mi familia. Me pasé el sábado encerrada viendo True Detective”. Ya no es raro escuchar decir esto a una mujer urbana, de 32 años, dueña de un local de gastronomía y madre de un nene de 2. Tampoco es raro escuchar a otra mujer, profesional, contar que se acostó a las tres de la mañana de un día laboral por quedarse mirando Orange is the New Black. O estar esperando por empanadas en una rotisería y escuchar a otro cliente monologar, como quien habla de un viejo conocido, del narco colombiano Pablo Escobar, personaje que inspiró El patrón del mal.

Cada vez más, las series se discuten entre amigos, se comparten con la pareja, se entronizan o se vapulean por Facebook. ¿Qué busca su público? “Catarsis –responde Amado Suárez–. Busca retirarse un rato de sus pensamientos para ocuparse o emocionarse con algo que no es lo suyo. Para los griegos, esto era tan fundamental que el ciudadano debía obligatoriamente ir al teatro; lo entendían como una forma de asimilar problemas que, de otra manera, no eran comprensibles. Cuando te metés en una serie, lo hacés en el conflicto humano. La ventaja es como la de leer una buena novela: además de pasar un rato abstraído del estrés diario, se observan problemas cotidianos desde una perspectiva emocional. Porque las series no apelan a la razón, interpelan al hígado”. 

Otra respuesta a la pregunta de por qué gustan tanto las series quizás esté en el discurso que Kevin Spacey dio, en agosto de 2013, durante el Festival de Televisión de Edimburgo. El actor y productor ejecutivo de House of Cards dijo: “Cuando la historia es suficientemente buena, la gente puede ver algo tres veces más largo que una ópera. La audiencia ha hablado: quiere historias. Está muriendo por ellas”.  Y si lo dijo Spacey… ¿O era Frank Underwood?

Series que hicieron y harán historia (parte I)*

•Alfred Hitchcock presenta:
 Adaptó cuentos clásicos a capítulos unitarios. El primer episodio fue en 1955.
•La dimensión desconocida: Realizaba una lectura crítica de la realidad en los
Estados Unidos. Influyó a cineastas como Steven Spielberg y Martin Scorsese.
•Twin Peaks: Inauguró un cambio en la estética y en el modo de producción.
•Expedientes secretos X: Cambió el paradigma de producción en la TV en los noventa. Introdujo el relato clásico y determinó el concepto de mitología en las series. 
•24:Es la serie hija del post 11 de septiembre de 2001. Aprovechó el tiempo real y el lenguaje paralelo con el cuadro por cuadro y la pantalla dividida. 
•Seinfeld: Llevó al extremo todos los elementos de la sitcom. 
•Lost: Introdujo el uso del flashback y del fashforward. Inició la explotación de foros y redes sociales.
*Por Pablo Manzotti, crítico de cine y especialista en series. Columnista del programa de radio No somos nadie, de FM Metro 95.1.

Series que hicieron y harán historia (parte II)*

•Los Soprano: Marcó un nuevo concepto de drama a partir de actuaciones muy realistas, como la de James Gandolfini.
•Breaking Bad: Probablemente, la mejor serie de todos los tiempos. Es la que más exprimió el lenguaje audiovisual (planos, puntos de vista, montaje paralelo) y el nuevo concepto de héroe.
•Mad Men: Hizo de la estética de época un elemento clave en el relato.
•House of Cards: Marcó un antes y un después en el concepto del video on-demand.
•The Walking Dead:La adaptación del comic para TV es de lo mejor que se haya hecho en la historia del lenguaje audiovisual.
•Game of Thrones: Populariza un género de culto, como la narrativa épica, y genera millones de fans.
•Los simuladores:Su director, Damián Szifrón, fue el único en la Argentina que respetó el formato de series estadounidenses pero con fuerte identidad local. 
•Sherlock: Buen aprovechamiento del lenguaje audiovisual y la posibilidad de llevar un relato clásico (en este caso, de Arthur Conan Doyle) a la Londres actual.
*Por Pablo Manzotti.

nueva, todos los domingos con:


El Norte La Capital Nuevo Diario El Día La Gaceta Rio Negro Primera Edición Uno - Mendoza Uno - Entre Ríos Uno - Santa Fe Diario Norte Puntal - Córdoba La Nueva Diario Democracia El Independiente Diario Norte