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La pintura es un juego


Por Mariano Petrucci.


“La pintura es un juego” 

Rómulo Macció, uno de los artistas contemporáneos más importantes de la Argentina, se luce en una muestra con obras inéditas. Faro para las generaciones venideras, se confiesa y define: “Acción y  reflexión van a la par”. Esta entrevista podría haber pasado a la historia por faltarle su ingrediente principal: la voz del protagonista. Porque la pintura es un oficio mudo, una ciencia oculta. O sea, no se cuenta, ni se explica. Su lenguaje se exhibe, se contempla, y ya. Y si hay poesía en ella y conmueve, es un milagro. ¿Qué es eso de entrar en una exposición y preguntar por el artista en cuestión para que nos aclare qué es lo que quiso hacer? Vade retro. Al menos, no lo intente si se lo cruza a Rómulo Macció. 


“Lo que tengo que decir lo digo pintando. Si tengo que agregarles palabras a mis obras, ¿para qué pinto?”. Pero ahora que no lo tenemos enfrente, nos animamos a contradecirlo. Macció, con 83 años espectacularmente llevados, aún tiene mucho para hablar, discurrir, opinar. Aunque él, un referente indiscutido de la pintura nacional, considere lo contrario (y hasta rezongue un tantito). Para empezar, nos reúne su última muestra, Repertorio, en la que presenta treinta y cinco obras inéditas, de mediano y gran formato, del período que se extiende de 2008 a la actualidad. Y, amén de ello, nos sumerge en el debate el testimonio del curador Renato Rita: “La obra de Rómulo difunde, con inusitada calidad y precisión, la vigencia de la pintura como reveladora de las problemáticas contemporáneas. Despojada de toda intención de pertenencia a tal o cual ‘ismo’, rige con particular estilo el paradigma pictórico argentino, conservando el denodado esfuerzo para sostener su libertad con histórica pose”.     


El tándem “pintura”/“reveladora”/“problemáticas contemporáneas” es letal. ¡Para qué…! “No se puede creer que alguien incida en la sociedad porque pone colores y formas en un espacio plano”, se despacha Macció. Y sigue con su diatriba: “No me parece que quien se enfrenta con una tela en blanco para pintar lo que puede, lo que le sale o lo que se le dé la gana esté pensando en la ‘problemática contemporánea’. La pintura poco tiene que ver con problemas sociales o de emergencia pública… salvo que pinte panfletos”. Intacto. La lengua filosa luce tan inalterable como esa pasión que lo transformó en uno de los representantes más destacados del emblemático movimiento de los sesenta, denominado Nueva Figuración, en el que compartía cartel con Ernesto Deira, Luis Felipe Noé y Jorge de la Vega. Pero no se entusiasme, porque Macció tampoco quiere ahondar en “lo que hice hace más de ¡cincuenta años!”. Menos que menos en sus pasos en el ámbito de la publicidad –cuando tenía 14 años– y las artes gráficas; de sus decoraciones y escenografías teatrales; de su primera exposición en la Galería Galatea, allá por 1956; de los grupos Boa o Siete Pintores Abstractos; de los premios De Ridder, Konex o Instituto Di Tella; o de sus logros a lo largo y a lo ancho del planeta.   


No. Este autodidacta por antonomasia, desea posar la mirada sobre Nuevo grito, esa obra de más de tres metros de ancho, con una cabeza pintada de casi dos metros de alto. Es palpable la influencia del noruego Edvard Munch en la sala donde está montada Repertorio. “Aunque, sinceramente, no me gusta ninguno de mis trabajos. Si estuviera conforme con ellos, no mejoraría”, acepta Macció, quien prefiere que no se sepa la fecha en la que hizo tal o cual obra (“El arte no tiene tiempo o es siempre contemporáneo”, suele argumentar).


–¿Qué significa pintar para usted? 

–Para mí es un juego. Yo lo paso genial pintando. Me hace bien al alma y al cuerpo, ya que, a la vez, es un ejercicio físico. Me siento un privilegiado: trabajo en lo que me da placer y, además, puedo vivir de eso. ¿¡Qué más puedo pedir!? La pintura nace en la cabeza. A mí se me van armando imágenes en el “bocho” que, en la tela, terminan sorprendiéndome. “Es cosa mental”, dijo Leonardo Da Vinci. El corazón le pone la emoción; la mano, ejecuta. En mi caso, acción y reflexión van a la par.


–¿Por qué alguna vez llamó a sus pinturas “vómitos del alma”?

–La pintura fue y es una expresión natural del hombre, como cantar o bailar. La pintura es intuición, sentimiento. “Vómitos del alma” es sacar aquello que tenés guardado.


Gánico


Durante su trayectoria, Macció se abocó a las figuras fraccionadas en líneas y planos gigantescos; a la expresión  gestual; las raíces de nuestra inmigración; los dibujos enmarañados en signos y garabatos; la estructuración del espacio; los personajes estereotipados; los ojos que se multiplican; los rostros que se desdoblan o se superponen; la visión del espejo que duplica la imagen; y las ironías sobre la percepción (introduciendo manos largas, extendidas más allá de los límites del marco). “No existe la pintura abstracta”, desafía Macció.?Y prosigue: “Siempre represento algo: figuras humanas o geométricas, manchas, formas, colores, animales… Siempre es una representación. Pinté sobre temas urbanos, acuáticos, retratos, paisajes y cosas que salieron de mi imaginación. Todo está en el ser humano, en el agua, el fuego, la naturaleza. Nunca pensé en el valor estético”.


–¿Y por qué pinta, Macció?

–Pinto porque no puedo dejar de hacerlo. El arte te da demasiada libertad. Eso no quita que, a veces, puedas hasta padecerla.


Para este taurino nacido el 29 de abril de 1931, la inspiración emerge de lo que a uno lo rodea, del universo interior. Temperamental como pocos, reconoce que tiene el pecado capital de la pereza. Que es haragán, que puede estar meses sin pintar. Que cuando “está en blanco” no lo pasa nada mal. Que sus allegados hasta lo tienen que obligar para que vaya al taller. Eso sí, una vez en su salsa, se entrega por completo. Los resultados están a la vista: basta pasear por la calle Dr. Enrique del Valle Ibarlucea y admirar los murales entre las columnas del estadio de Boca Juniors (un verdadero homenaje a los colores del club). Allí hay alegorías a Benito Quinquela Martín, a Juan de Dios Filiberto, al tango, a los inmigrantes, al carnaval, a “La 12”. Nada es casualidad. Su elogiada exhibición Pinturas de contaminación y olvido constaba de un conjunto de paisajes referidos al barrio de La Boca y al Río de La Plata. “Ya no vivo en La Boca; sin embargo, hay poesía en la ‘decrépita’ Boca, cuna de grandes como Miguel Carlos Victorica, Quinquela Martín, Miguel Diomede, Fortunato Lacámera… ¿Qué quedó de aquello? Un museo donde todavía se pueden apreciar excelentes pinturas”. A Macció le encanta Buenos Aires como también la Banda Oriental. “Soy rioplatense y ecuménico. De nostalgia o patriotismo, ¡nada!”, vocifera.


–En un momento de la charla nos dijo que “el arte es universal y personal: no tiene fronteras”. ¿A qué se refiere?

–A que el artista nace en cualquier lugar de este mundo. Eso es un don natural. Estamos en el tiempo y en el espacio. La pintura, como todo arte, pasa la barrera del tiempo. Salvador Dalí manifestó: “La política es la anécdota de la historia”. Yo digo que la política pasa, el arte queda.


María Gainza, crítica de arte y escritora, calificó a Federico Manuel Peralta Ramos como una suerte de Marcel Duchamp porteño. Representante del dadaísmo y de la vanguardia sesentista, Peralta Ramos inventó una “nueva religión”, a la que bautizó “Gánica”. “Gánico” puede traducirse como alguien que hace lo que tiene ganas. Macció es “gánico”. Siempre hace lo que le place. Cuando, como y donde quiere. Tómelo o déjelo.


Confieso que he expuesto


Su trabajo se extiende durante décadas y décadas de carrera, con creaciones que pueblan tanto colecciones locales como el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (en Madrid) o el Museo Guggenheim de Nueva York. También se destacó en las bienales de San Pablo y Venecia, en el Centro de Relaciones Interamericanas (Nueva York), en los museos de arte moderno de México DF y París, en la sala Saint Jean (Hotel de Ville, París), en el Instituto Ítalo-Latinoamericano (Roma), y en el museo José Luis Cuevas (México DF). Por estos pagos, se lució en el Instituto Di Tella, en la Fundación PROA y, claro, en el Centro Cultural Recoleta.


Cuándo y dónde


Repertorio comprende la producción de los últimos años del prestigioso artista (“Le puse así porque las pinturas tratan los temas míos de siempre”, deslizó Macció). La muestra mantendrá sus puertas abiertas hasta el 3 de agosto, en la sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta (Junín 1930, CABA).

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