ENTREVISTA


El Premio al esfuerzo


Por María Alvarado.


El Premio al esfuerzo 
La científica argentina Cecilia Bouzat ganó el premio L’Oréal-UNESCO For Woman in Science por sus investigaciones sobre la manera en que las células cerebrales se comunican entre ellas y con los músculos.

Pasión, empuje y esfuerzo es la receta para el logro de cualquier objetivo en la vida. Es infalible. Cecilia Bouzat (52) conoce muy bien estos ingredientes.  De pequeña, esta mujer de Bahía Blanca jugaba a las muñecas y, también, le fascinaban los juegos de química y explorar el mundo con su telescopio. Y lo que empezó como un juego se convirtió en su profesión y estilo de vida.  “En el secundario me di cuenta de que quería una carrera en la que tuviera que estudiar mucho y elegí Bioquímica. Me encantaba seguir investigando y profundizando lo que me iban enseñando, no quedarme con lo que me daban sino entender más allá. Lo que me apasiona de la investigación es que uno descubre algo en el mundo, que nadie sabía. Hacer ciencia con pasión es una forma de vida, pasa a ser parte de tus días y de tu familia que te acompaña”, cuenta la científica y madre de Camila (22) y Mateo (18).

Antes de terminar su carrera universitaria, se incorporó al Instituto de Investigaciones Bioquímicas de Bahía Blanca  –donde se desempeña actualmente– como alumna y para trabajar. Inquieta y curiosa por naturaleza, luego empezó un doctorado en la Universidad Nacional del Sur. Viajó a Estados Unidos para aprender la técnica de electrofisiología que le permitiría investigar la manera en que las células cerebrales se comunican entre ellas y con los músculos. “Me encantó la técnica que usaban. A los que la inventaron les dieron el premio Nobel. Esta técnica permite mirar y medir cómo funciona una molécula. Me pareció increíble y además muy difícil, y a mí siempre me gustaron los desafíos”. Durante su estadía en la Universidad de Yale, le propusieron que hiciera un posdoctorado. “Acepté hacerlo en la Clínica Mayo. Quería, también, aprender sobre técnicas de biología molecular que en ese momento se empezaban a usar mucho. Combinaría las dos cosas: biología molecular con electrofisiología”.

Cecilia sabe combinar su profesión y su vida privada. Arriba: De viaje con su familia. Abajo: Recibiendo el premio para mujeres científicas en la Sorbonne, París.

Si bien la propuesta representaba una gran oportunidad, no iba a ser una tarea sencilla porque Cecilia estaba casada y con una beba de 18 meses. “Mi marido pidió licencia en su trabajo y me acompañó con la beba. Fue un año de mucho trabajo pero muy productivo a nivel científico. Tenía muchísimo trabajo y poco tiempo para hacer un proyecto tan ambicioso. Mi marido se ocupaba de la beba y con mi sueldo vivíamos los tres. Cuando a él se le acabó la licencia, me quedé un tiempo sola con mi hija. Los últimos meses casi no dormía porque quería terminar el proyecto”. La audaz científica volvió a la Argentina. Una vez aquí, viajaba dos veces al año a los Estados Unidos para poder continuar con el proyecto. Luego de tres años, logró ingresar como investigadora al CONICET. “Pensé quedarme en Estados Unidos pero me tiró más estar cerca de la familia. En los primeros años, es más fácil hacer investigación en el exterior, porque hay más recursos y porque los argentinos somos muy bien vistos porque tenemos una personalidad que se adapta, somos creativos y sabemos manejarnos con pocos recursos. Hay que apoyar a los científicos, hay que apostar para que se queden en la Argentina dándoles atractivos como subsidios, cargos y becas”, acota.

Tiempo de cosecha

Saber esperar y sortear las inclemencias del entorno da sus frutos. Así, luego de mucho trabajo y esfuerzo, los trabajos de la científica se hicieron conocidos en el mundo, y pueden ser aplicados al estudio de distintas enfermedades, como los desórdenes neuromusculares y neurológicos, patologías como el Alzheimer, la esquizofrenia e, incluso, los comportamientos adictivos.  Para quien logró conciliar exitosamente la carrera laboral y la vida familiar, el año 2014 arrancó con una gran distinción, el premio L’Oréal- UNESCO For Women in Science. “Un día me llamó el presidente del jurado, el profesor Günter Blobel, que es premio Nobel, para avisarme que había sido seleccionada con otras cuatro mujeres”. 

Los premios, que se entregan a cinco mujeres por cada región del mundo, reconocen su contribución al avance de las ciencias. Cecilia es la ganadora por América Latina. “Es la distinción más importante de mi carrera, es un reconocimiento muy importante y un honor haberlo recibido y representar a la Argentina, y es un incentivo y una gran responsabilidad para seguir trabajando. Siento que tengo que llegar más lejos y ser mejor”. Además, como mamá y científica, el premio tiene un sabor especial: “Es un reconocimiento a la mujer porque quienes somos científicas y madres sabemos del esfuerzo que implica nuestro trabajo y el premio reconoce esto en un mundo tan demandante como es el científico. Creo que es posible ser científica y, además, buena madre. Y se puede ser una excelente científica, del mismo nivel que un hombre. Claro que implica más esfuerzo, porque la mujer tiene una relación más intensa con los hijos. Hay un esfuerzo físico, mental, emocional y psicológico. Más allá del tiempo en el laboratorio, siempre seguí los cuadernos y deberes de mis hijos, nunca falté a las reuniones de colegio”. Para terminar, Cecilia cuenta que muchas noches se desvela pensando en la resolución de un problema: “Si estoy haciendo algo que me gusta no me canso. Por el contrario, si no hago nada, sí me canso. Me encanta lo que hago y soy feliz con el trabajo. Aunque implicó muchísimo esfuerzo sé que valió la pena”.    

La clave 

La doctora Bouzat es reconocida por su investigación precursora, a nivel mole-cular, sobre la manera en que las células cerebrales se comunican entre ellas y con los músculos, y los mecanismos que desencadenan su contracción. Inventada por la científica, la asociación innovadora entre las técnicas de electrofisiología y de biología molecular, para registrar las comunicaciones neuronales, hoy es utilizada en numerosos laboratorios de todo el mundo. Las respuestas tienen repercusiones en los tratamientos de desórdenes neuromusculares y neurológicos, en patologías como el Alzheimer, la depresión y los comportamientos adictivos.
 

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