Bateas XL


Bateas XL


Por Mariano Petrucci.


Bateas XL 
Después de años en las sombras, los discos de vinilo vuelven a los primeros planos. El auge se comprueba en las auspiciosas ventas de reediciones y nuevas producciones, en las ferias de coleccionistas y en los sellos que apuestan a fabricarlos. Entretelones de un boom que regresó para quedarse.
Como los olores, hay sonidos que, inevitablemente, nos transportan a un instante, a un lugar, a una persona. Como ese crujido de huevo frito, que daba vueltas y vueltas. Quizá su calendario deba tener un par de hojas menos para recordarlo, pero cómo olvidar el ritual (casi sagrado) que se daba en torno a los discos de vinilo. 
 
¿No era que estaban extinguidos? Sí, pero no. Como ocurre con la moda, todo vuelve, todo se recicla. Y estas joyas musicales no son la excepción, ya que, de un tiempo a esta parte, experimentan una especie de revival, una segunda juventud. El fenómeno tiene varias aristas para comprenderlo: los relanzamientos de viejas ediciones, los artistas que se inclinan por presentar sus flamantes propuestas de esta forma, las congregaciones de coleccionistas, la aparición de bibliografía inédita sobre el tema, y los sellos que apuestan a fabricar discos de vinilo en la Argentina.
 
En referencia a este último punto, emerge como botón de muestra Hallo Discos. Sus responsables, Gastón Cuttica, José D’Agostino y Hernán Literas, siempre fantasearon con una idea que, finalmente, pudieron concretar. “Encontramos una máquina que permitía hacer vinilos de a pocas unidades”, dice Cuttica para introducir una historia que incluye al dueño de ese aparato, un tornero alemán que se la vendía… siempre y cuando la retirasen en la puerta de su mismísima casa, y después pasaran una jornada entera con él para aprender a usarla. Insólito. Pero, como el amor es más fuerte, Cuttica viajó y logró el cometido.

“La respuesta de la gente fue muy buena. A las veinticuatro horas que habíamos ofrecido el servicio, la casilla se inundó de e-mails pidiéndonos presupuestos y diciéndonos que hacía años estaban buscando algo así”, cuenta Cuttica. Y acota: “Los vinilos nunca dejaron de existir. Hay diversos factores que entran en juego. Es notorio que los hábitos de consumo y distribución musical ya no son los que eran, pero los formatos físicos persisten. Los que amamos escuchar música sentimos algo difícil de explicar al manipular un disco, un casete o un CD. Por otro lado, el arte gráfico del vinilo es muy, pero muy atractivo: los inserts con las letras y/o la información de la producción, los agregados, la dimensión de las fotos…”.

“Cómo no van a resurgir si los LP, EP y singles son algunos de los  objetos más bellos que haya creado el hombre”

Argumenta Mikel Barsa, quien, desde principios de los ochenta, organiza ferias internacionales de coleccionismo discográfico. “Otra razón indiscutible es la calidad y la calidez del sonido del vinilo. Al ser analógico, no pasa por un sistema digital que altere su frecuencia. Uno pude disfrutar de graves y agudos con una profundidad única… Hoy por hoy, ¡eso es incomparable! Digamos que los sonidos que emanan los vinilos nos acercan a las raíces de las emociones más recónditas del ser humano”, completa?Barsa.

Para conmemorar los veintiún años del estreno de la taquillera Jurassic Park, se lanzó un pack de vinilos con la banda sonora de la película, a cargo del talentosísimo John Williams (en su CV, se lucen sus composiciones para Tiburón, La guerra de las galaxias, ET, Superman, Indiana Jones, La lista de Schindler y  los films de Harry Potter, entre otras). Bailar en la cueva, la placa recién salidita del horno del cantautor uruguayo Jorge Drexler, también tiene su edición LP. Es que va in crescendo la cantidad de estrellas y grupos que se suman a esta movida: Pablo Krantz, Boom Boom Kid, Miranda!, No Te Va Gustar, la Orquesta Típica Fernández Fierro, Pablo Dacal y Satélite Kingston. 

Hasta Charly García se animó con su álbum 60x60. “Llegó un momento en el que todos los discos sonaban iguales. Así le sacan la pasión a la música. Cuando tocás una nota, transmitís una vibración, y eso proviene en estado puro desde un vinilo. Con el CD se pierde el sonido. Suena como el…”, plin, plin, plin. La frase de Charly se asemeja a una de Elvis Costello: “Hace veinte años que nos engañan con el compact disc”.

¿Realmente es así? ¿Hay tanta diferencia entre uno y otro? La cuestión, al parecer, pasa por la nitidez en la ecualización, por el rango dinámico… En resumen, por las preferencias entre lo analógico y lo digital. “Con el advenimiento del CD, se empezó a grabar todo más saturado, con mayor volumen”, aporta Cuttica. “Hagamos un paralelismo con el MP3, que tiene un sonido descuartizado. Se sabe que para facilitar su capacidad, las frecuencias se recortan, se comprimen… Afortunadamente, nadie colecciona  MP3. Esta es una batalla que se está ganando, gracias a que, cada vez más, los usuarios optan por el vinilo”, se alegra Barsa.

“Hace veinte años que nos engañan con el compact disc”  Elvis Costello.

Cómo cuidarlos 

- Almacenarlos en forma vertical. 
- Dentro del sobre interno primero y en la tapa de cartón después. 
- La pared donde se los apoya no deber tener humedad ni ser fría. 
- Así se evitan los hongos y las deformaciones.
- Mantenerlos lejos de la luz del sol para no decolorar su packaging.
- Limpiarles el polvo con una remera vieja o con un paño de algodón (nunca nada que deje pelusa). Se lo puede remojar con una solución con 50% de agua   destilada y 50% de alcohol isopropílico.  
- No depositar dedos ni uñas en el disco, así no se engrasan los surcos y no se perjudica su reproducción.
- Los rayones pueden mejorarse, pero no repararse completamente.

Sociedad vinílica 

Por moderno, por práctico y por su tamaño y durabilidad, el CD se transformó en el rey durante la década del noventa. Solo los DJ, los audiófilos y los melómanos resistieron en el ostracismo. Hasta ahora. Un estudio llevado a cabo por la BBC Mundo concluye que la venta de vinilos está creciendo cerca de un 40% año tras año. En la Argentina, el público interesado en ellos no se queda atrás: según los expertos, el mercado se triplicó. Y si bien estamos lejos del número de ventas que se da a lo largo y a lo ancho del planeta (seis mil millones de unidades en 2013), los más de cuarenta millones de pesos anuales que se mueven por estos pagos no son un dato para despreciar (claro que el hobby exige sus buenos billetes: el valor de los discos se extiende desde los $200 hasta los $2500, y una bandeja tocadiscos puede costar $3500).

Sí, señores: este objeto de culto goza de excelentísima salud. Basta patear la calle para constatar el boom. En Barcelona, la Feria Internacional del Disco celebró, en mayo pasado, su decimoséptima reunión, con más de tres millones de vinilos y CD. El famosísimo Record Store Day hizo lo propio un mes antes, con ediciones especiales de celebridades como David Bowie, Paul McCartney, Bob Dylan y Los Rolling Stones. A nivel nacional, pican en punta los puestos callejeros en parques emblemáticos y encuentros como los que lleva a cabo Barsa, titular de la empresa Starevents. “Desde 2009 hacemos la Feria Internacional de Coleccionismo Discográfico, basada en la compra, venta y canje de vinilos. El 15 y 16 de noviembre será la novena edición, en el porteño Centro Cultural Borges”, adelanta Barsa. Y justifica: “No hay dudas de que el vinilo regresó para quedarse, penetrando con fuerza en nuestra vida. Conozco muchos proyectos para abrir nuevas fábricas en distintos países. ¡Esta es una gran noticia! Lamento que las multinacionales, sin tener ningún motivo –salvo su avaricia–, hayan aniquilado el vinilo de sus catálogos, propiciando la gran crisis que atravesó. Que hoy se beneficien con este renacer… creo que no se lo merecen”.

El encanto radica en todo el protocolo que gira (nunca mejor dicho) alrededor de estos discos de doce, diez o siete pulgadas. “Es casi una ceremonia: hay que elegir el disco, extraerlo con delicadeza, colocar la púa sobre el surco… Requiere una participación de quien lo está escuchando, ya que uno está obligado a pararse por lo menos una vez para darlo vuelta. A la vez, es una pieza frágil, que debe maniobrarse con cuidado. Y la música está grabada sobre su superficie, por lo que si se daña, la reproducción se modifica”, enumera Cuttica. Barsa asiente y cierra: “Del vinilo hay que estar pendiente, hay que limpiarlo con meticulosidad y cumplir una serie de pasos. Lo mismo implica el equipo reproductor. Todo este proceso conlleva cierta disciplina. Vale la pena, ya que si hay una palabra que puede definir al vinilo es ‘magia’”.

Curiosidades 

- Se los llama así por el material que se utiliza para su fabricación. En sus inicios, también había de aluminio, plástico u otros componentes.
- Capacidad: 45 minutos aproximadamente.
- Forma de lectura/escritura: mediante vibraciones producidas por el roce entre el disco y la aguja.
- El proceso de grabación comprende siete pasos. Pese a su complejidad, hacer cada disco no demanda más de media hora.
- Nomenclaturas clásicas: LP (12 pulgadas), EP (10), single (7). 
- Ponete un disco, del fotógrafo Pablo Garber, es un libro que recorre la era del vinilo, a través de tapas emblemáticas.

Historia del vinilo
El padre de la criatura fue Emile Berliner. En 1887, inventó un sistema de grabación que no solo podía ser usado una y otra vez, sino del que podían hacerse varias copias a bajo costo. Así fundó una compañía para producir discos masivamente. A fin de promover las ventas, convenció a varios artistas de que grabaran con su creación. Uno de los que se animó fue el italiano Enrico Caruso, quien se convirtió en uno de los cantantes más famosos, al ser el primero en grabar y en “entrar” en los hogares. Luego, su método fue adquirido por la RCA. El 21 de junio de 1948, un equipo de la CBS presentó el disco de larga duración fabricado con una resina de polivinilo. El vinilo se impuso con rapidez por aumentar el tiempo de grabación y por su calidad de sonido (se eliminaron los ruidos del arrastre de la aguja sobre el disco de pizarra del gramófono de Berliner o sobre los cilindros de cera del fonógrafo de Thomas Edison).


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