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Soy voluntario


Por María Alvarado.


Soy voluntario
Aportar un granito de arena para que algo cambie. Involucrarse en la realidad del que sufre como si fuera propia. Hacerse cargo, no mirar a un costado, ser valientes, comprometerse. De eso se trata la solidaridad. Historias de algunos de los millones de voluntarios que donan su tiempo y recursos sin pedir nada a cambio.

Nunca pensé que Conin tendría 59 sucursales en el país y seis en el extranjero. Dos en Paraguay, dos en Perú y dos en Gambia, en África Ecuatorial; y ya se iniciaron acciones para abrir Centros de Prevención en Guatemala, México, y Mozambique”, confiesa el doctor Abel Albino, quien lucha contra la desnutrición infantil y es uno de los principales referentes en materia de solidaridad. Su fundación es una de las que más ha crecido. “Nunca soñé que de 5000 seguidores por Internet pasaríamos, con Argentina Urgente, a 55.000. En Mendoza se anotaron 400 voluntarios y 8000 en todo el país. Creo que el peor enemigo de la solidaridad es la desconfianza, pero si uno genera confianza, la gente es solidaria a rabiar. Estamos orgullosos de todos ellos. Cuando llenábamos los camiones que salían hacia el norte, la bondad de la gente me hacía llorar. Es precioso ver y sentir ese latido. ‘El hombre es capaz de todos los honores, y de todos los horrores’, todo depende de lo que pongamos en su mochila”.

Soledad Gettas (39) es una de esas voluntarias de las cuales Albino está orgulloso. Tucumana y madre de seis hijos (de entre 2 y 17 años), preside el centro Conin Nutrir, en Yerba Buena, Tucumán. Jamás pensó que su tiempo se estiraría de tal manera que pudiera estar al frente del centro sin descuidar a su numerosa familia. “En un encuentro de familias en Córdoba escuché al doctor y me quedé enganchada con la idea de ser voluntaria, ¡pero nunca me imaginé que podría hacer algo tan protagónico! Cuando volví a Tucumán, Conin acababa de cerrar ahí. Entonces, lo llamé a Albino para contarle que estaba re desinflada porque yo quería colaborar. Él me respondió: ‘Bueno, tendrá que abrir uno usted’. Casi me infarto porque me parecía totalmente imposible lo que este hombre me estaba diciendo”.

Quien en un primer momento pensó que tenía solo un par de horas semanales disponibles terminó abriendo en el 2009 el centro Conin, junto a un grupo de amigas. “Mirando para atrás, creo que todo fue gracias a la providencia de Dios. Las cosas se dieron de una forma que solo de su mano es posible. Cuando Albino me dijo de abrir el centro, yo le dije bromeando: ‘Doctor, ¿a usted quién le ha dicho que yo me voy a hacer cargo?’.  Y el me respondió: ‘A mí me lo dijeron de arriba’. Cuándo estábamos buscando el edificio, fuimos al municipio y salió a la vereda el intendente y preguntó: ‘¿Qué necesitan?’. Nunca más lo vimos en la vereda y nunca más nos encontramos. Ese día nos dio una mano enorme para largarnos y nos pagó el alquiler de una casa por los dos primeros años”.

La Fundación Nutrir es atendida por cuarenta voluntarios y una sola persona rentada que vive y cuida el centro. Dentro de los voluntarios está el equipo de profesionales (exigido por Conin para hacer la franquicia solidaria), que incluye un pediatra, una nutricionista, un trabajador social y un estimulador. Pese a ser un trabajo no rentado y contra toda lógica empresaria y corporativa (en la que a mayor sueldo, mayor cargo y responsabilidad), su trabajo es sumamente importante y urgente. Ella y el resto de los voluntarios atienden a cincuenta y dos familias con niños desnutridos y de bajo peso. Se trabaja con la madre, quien asiste acompañada de sus niños menores de 5 años. A pesar de que su trabajo como presidenta implica múltiples tareas, a Soledad le gusta estar en contacto con las familias. “Estar adentro del centro es lo que más me gusta, voy a fraccionar alimentos, a dar una charla y todo lo que haga falta. Creo que si no compartís y no estás en el día a día, después no podés salir a pedir plata porque no lográs contagiar lo que se vive ahí dentro. Conozco a muchas de las familias; a las primeras las tengo grabadas en el corazón. Nos queremos de verdad porque siendo madre comparto las cosas de igual a igual. Yerba Buena es una ciudad chica, así que también me las cruzo por la calle. Son nuestras vecinas”.

Además de los bolsones de alimentos que cada familia recibe todas las semanas, los niños tienen controles semanales para ir viendo su evolución: “Los alimentos que les damos nos aseguran que las mamás puedan cumplir las consignas de los profesionales. Es muy importante que la mamá asuma el rol protagónico en esa casa y se dé cuenta de que el futuro de sus hijos depende de ella. Ella tiene el rol de cambiar la historia. Además asisten a talleres de cocina, costura y alfabetización porque una mamá tiene que poder leer una receta”. Las madres, agradecidas por tanta entrega y servicio, responden con una asistencia perfecta. “Ellas están esperando el día que les toca para venir y eso para nosotras es súper gratificante. Sabiendo que les exigimos y que vienen a educarse, es muy lindo que lleguen con tantas ganas y alegría. Muchas tuvieron una vida dura, en la que de niñas no jugaron ni se divirtieron.

Nosotros las mimamos, les damos el té a la tarde y el desayuno a la mañana. Les preguntamos por sus cosas, estamos pendientes”. Soledad invita con su vivo ejemplo a sumarse como voluntario y a donar dinero, insumos y alimentos. “Tucumán tiene mucha necesidad y nuestro trabajo no se va a terminar. Hay muchos barrios donde trabajar. Necesitamos más colaboradores porque siempre tenemos gente en lista de espera. Cada vez que sumamos a una familia, lo hacemos con el compromiso de que vamos a poder sostenerla hasta que tenga el alta; por eso las vamos incorporando poco a poco”. 

¿Por qué sumarse como voluntario? Soledad responde: “La vida te cambia para siempre cuando te involucrás en este tipo de actividades y ¡ganas muchísimo! Los que decidimos comprometernos en estos temas y lo hacemos con responsabilidad y a largo plazo somos los que ganamos. No trabajás solo por el beneficiario, también lo hacés por vos. Hay gente que te dice: ‘No tengo tiempo’, ‘Tengo muchos hijos’. Y a mí el tiempo no me sobra para nada, pero si realmente querés, al tiempo te lo buscás y te lo hacés. La mayoría de las voluntarias que somos mamás vamos con nuestros chicos ahí y de algún modo ellos se van sumando. Es una linda manera de hacerlos ver qué es lo importante”. Y finaliza: “El tema de la desnutrición es un tema que vence. Llega un momento en que caduca y no tiene marcha atrás en los niños. El cableado neuronal realiza su mayor desarrollo en el primer año de vida. Y si no se desarrolló en ese primer lapso, no lo hace nunca más. Cuando ese niño llega al colegio, no está en las mismas condiciones que sus compañeros. Si llegamos a tiempo, revertimos esa situación. Abel, en esa famosa charla, dijo: ‘Si hay un niño con hambre, no hay otra prioridad’. De Abel admiro su coherencia. Lo que dice lo vive en todos los sentidos. No tiene ambiciones personales; quiere el bien común. Eso cada vez se ve menos”.

“Creo que el peor enemigo de la solidaridad es la desconfianza,   pero si uno genera confianza, la gente es buena y solidaria a rabiar”. Albino

Ana María Juarez (44) es otra voluntaria que se enamoró de la obra de Conin y se convirtió en su fiel seguidora y colaboradora. Abogada y madre de dos hijos, cree que todos tenemos algo para aportar y dar, cada uno desde su lugar. “La mínima tarea es importante. Albino cita una frase de la madre Teresa de Calcuta que dice: ‘El fruto del amor es el servicio y el fruto del servicio es la paz’. Cuando servís a otro tenés paz. Además, contribuir en algo, aunque sea con un granito de arena, hace que mejore algo para que el mundo sea mejor para todos. Hablar con el doctor Albino te conmueve. El gran amor que pone en esta obra te contagia. Transmite esperanza, alegría, le pone un amor enorme a lo que hace, que te moviliza. Tiene mucha convicción y principios que mantiene a lo largo de toda su trayectoria en la fundación”.
A esta salteña que vive desde muy pequeña en Buenos Aires siempre le interesaron los temas que tuvieran que ver con el bien común: “Siempre me involucré en temas comunitarios, en la ciudad, en mi club, en mi consorcio. Cuando me enteré de la obra de Conin, me di cuenta de que había que ponerse a trabajar ya en esto y decidí dedicarle todo ese tiempo que destinaba a otros temas de la comunidad. Lo que más me impacta es que se trabaja desde un abordaje integral del niño y la familia, preservando el cerebro de los niños de manera que puedan integrarse a la sociedad con igualdad de oportunidades. 

Todos coincidimos en que la educación es lo más importante, pero para que la educación sea posible es necesario que los niños tengan su cerebro intacto. Yo no sabía, antes, que la desnutrición infantil genera debilidad mental. Esta obra es tan importante que no es casual que cada vez haya más centros Conin y haya más voluntarios”.

Ana María creía que podía colaborar en la difusión del trabajo de la fundación y en el asesoramiento legal. “Yo colaboraba en el Preconsejo Consultivo de la Comuna Dos de la Ciudad de Buenos Aires e iba como vecina a participar. Entonces, con un grupo de amigas y de gente del Preconsejo se nos ocurrió difundir la obra de la fundación realizando charlas en las Comunas de la Ciudad de Buenos Aires. Pedí una entrevista en una oficina de Conin en la Ciudad y le llevamos la propuesta de difusión y la de hacer un proyecto para que la metodología de Conin se implementara como política de Estado en los Centros de Primera Infancia de la Ciudad”. Después de tres meses de que el proyecto quedara en stand by, el colegio de su hijo organizó una conferencia en la que el doctor Albino era uno de los disertantes. “Decidí ir para conocerlo personalmente y presentarle la propuesta. Y no bien se la comenté me dijo: ‘Adelante, súmese a Conin’. Así formamos un grupo de cuatro mujeres amigas y empezamos a dar charlas en la Comuna 2, luego en la Comuna 1 y, finalmente, pudimos implementar la metodología Conin en cinco Centros de Primera Infancia en la Ciudad de Buenos Aires, a través del centro Conin Pequeños Pasos”. 

“Creo que si no compartís y no estás en el día a día, después no podés pedir plata porque no lográs contagiar lo que se vive ahí adentro”. Gettas

Paralelamente, la voluntaria y un grupo de amigas organizan eventos en barrios cerrados y countries para recaudar fondos, y asesora a Conin en temas que tengan que ver con lo legal, como los convenios que realiza la Fundación con otras organizaciones gubernamentales y no gubernamentales. “Como tengo mi propio estudio jurídico, organizo mis tiempos. Para mí es un placer colaborar. Creo que cada uno tiene que ayudar desde lo que puede y sabe hacer. Para mí Conin es algo permanente, es como un teléfono abierto. ¿Por qué lo hago? Porque creo que un mundo mejor es posible si todos aportamos algo al servicio del otro. ¿Qué recibo a cambio? La paz de la que hablaba la Madre Teresa de Calcuta”. 

Más infoConin (Cooperadora de la Nutrición Infantil): www.conin.org.ar, info@conin.org.ar Fundación Nutrir en Tucumán: fundaciónnutrir@gmail.com.ar   

 

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